Manipulación de embriones y células madre

La autonomía del embrión humano

Desde la concepción el embrión progresa sin interrupción según el programa trazado en su genoma. Así, llega a ser sucesivamente (sin intervención directiva desde fuera) cigoto, mórula, blastocito, embrión implantado, feto, niño, adolescente y adulto. Si esto acontece en la fecundación natural, ¿por qué no sucedería lo mismo en la clonación? El mismo Wilmut, creador de Dolly reconoce que: “cuando se crea un embrión,  se pone en “piloto automático”en su desarrollo inicial”.  Si el embrión fuera un “cúmulo de células”, no tendría autonomía propia y unitaria.

Las propiedades que caracterizan el desarrollo embrional humano son:

1) Coordinación: “El desarrollo embrional, desde la fusión de los gametos o “singamia”, hasta la aparición del disco embrional (14 días en adelante), es un proceso que manifiesta una secuencia coordinada y requiere la interacción de una actividad molecular y celular, bajo el control del nuevo genoma”. Esta propiedad implica una rigurosa unidad del sujeto que se está desarrollando.

2) Continuidad: La singamia inicia un nuevo ciclo de vida. “Hay una diferenciación ininterrumpida y progresiva de un individuo humano bien determinado, según un plan único y definido que comienza desde la fase de cigoto”. Esta continuidad implica y establece la unicidad del nuevo sujeto humano.

3) Gradualidad: Es un desarrollo permanentemente orientado desde la fase de cigoto hasta la forma final. Todo embrión humano mantiene su propia identidad, individualidad, unidad.

A partir de lo mencionado podemos deducir que el embrión vivo, desde el momento de la fusión de los gametos, no es un racimo de células, sino un individuo humano real en desarrollo.

¿Cómo valorar moralmente la investigación y experimentación con embriones?

El ser humano ha de ser respetado como persona desde el primer instante de su existencia

Desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Todos los avances en la Biología Molecular reconocen que en el cigoto, ya está constituida la identidad biológica de un nuevo individuo humano, con sus características ya bien determinadas. Por tal motivo, este ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción, y ha de ser defendido en su integridad, cuidado y sanado, como cualquier otro ser humano. Se le deben reconocer los derechos de toda persona humana, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente: derecho a la vida.

La investigación médica debe renunciar a intervenir sobre embriones vivos, a no ser que exista la certeza moral de que no se causará daño alguno a su vida y a su integridad ni a la de la madre, y sólo en el caso de que los padres hayan otorgado su consentimiento, libre e informado, a la intervención sobre el embrión. Se desprende de esto que toda investigación, aunque se limite a la simple observación del embrión, será ilícita cuando, a causa de los métodos empleados o de los efectos inducidos, implicase un riesgo para la integridad física o la vida del embrión.

Cualquier experimentación que pretenda verificar el efecto de un determinado tratamiento (farmacológico, quirúrgico, etc.) sobre embriones vivos es ilícita, porque implica un grave delito contra su dignidad de ser humano.

Cuando se trata de cadáveres de embriones o fetos humanos, éstos deben ser respetados “como los restos mortales de cualquier otro ser humano”. Las posibles intervenciones con embriones no vivos son lícitas siempre y cuando se respeten las siguientes condiciones: certeza de muerte, consentimiento de los padres, exclusión de cualquier complicidad con un aborto voluntario, evitar peligro de escándalo y rechazo de prácticas comerciales.

El hecho de mantener con vida embriones humanos, in vivo o in vitro, para fines experimentales o comerciales, es completamente contraria a la dignidad humana. En la fecundación in vitro, no se transfieren todos los embriones al cuerpo de la mujer; por lo que algunos son congelados y otros son desechados. La Iglesia, del mismo modo que condena el aborto provocado, prohíbe también atentar contra la vida de estos seres humanos. “Resulta obligado denunciar la particular gravedad de la destrucción voluntaria de los embriones humanos obtenidos in vitro con el solo objeto de investigar, ya se obtengan mediante la fecundación artificial o mediante la fisión gemelar. Comportándose de tal modo, el investigador usurpa el lugar de Dios y, aunque no sea consciente de ello, se hace señor del destino ajeno, ya que determina arbitrariamente a quién permitirá vivir y a quién mandará a la muerte, eliminando seres humanos indefensos”[1].

El “rescate” de los embriones congelados

Se plantea, indudablemente, el gran problema ético sobre la actitud que hay que tener respecto de los embriones que ya han sido congelados injustamente: ¿qué se debe hacer con ellos? No es lícito producir embriones in vitro y mucho menos producirlos voluntariamente en número excesivo, de modo que sea necesaria la crioconservación. Ésta parece ser la única respuesta razonable a la cuestión de la congelación de embriones. El modo  antinatural en que estos embriones han sido concebidos y las antinaturales condiciones en que se encuentran, no pueden hacernos olvidar que se trata de criaturas humanas, y por esto se nos pide intervenir para resolver de modo éticamente aceptable el desagradable dilema.

“Una vez que los embriones son concebidos in vitro, existe por cierto la obligación de transferirlos a su madre y solamente ante la imposibilidad de una transferencia inmediata se podrían congelar, siempre con la intención de transferirlos apenas se hayan presentado las condiciones. En efecto, el seno materno es el único lugar digno de la persona, donde el embrión puede tener alguna esperanza de sobrevivir, reanudando espontáneamente los procesos evolutivos artificialmente interrumpidos.[2]

Si no se puede encontrar a su madre, o ésta rechaza la transferencia, se considera la posibilidad de transferir los embriones a otra mujer. Se trataría de una adopción prenatal diferente de la maternidad sucedánea y de la fecundación heteróloga con donación de ovocitos: aquí no se daría una lesión de la unidad matrimonial ni un desequilibrio de las relaciones de parentesco pues el embrión se encontraría, desde el punto de vista genético, en una misma relación con ambos padres adoptivos.

En el caso de los embriones congelados tenemos un ejemplo impresionante de los confusos laberintos en los que se aprisiona una ciencia cuando se pone al servicio de intereses particulares y no del bien auténtico del hombre, únicamente al servicio del deseo y no de la razón. Por esto, debemos redoblar nuestro compromiso por la defensa de la vida, respondiendo a las problemáticas emergentes con soluciones incluso audaces, pero siempre respetuosas de los valores de las personas y de sus derechos nativos, sobre todo cuando se trata de los derechos de los débiles y de los últimos.



[1] SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, DV, II, 5.

[2] Cf. M. FAGGIONI, O.F.M., “La cuestión de los embriones congelados”, en L’Osservatore…, 30 de agosto de 1996, 9 y 11.

Técnicas de reproducción asistida

Las técnicas de “reproducción asistida” se emplean cuando uno o ambos cónyuges tienen problemas de esterilidad y no puede lograrse la capacitación del sistema reproductivo por medio de otros tratamientos alternativos (microcirugía, medicación, métodos naturales para determinar los períodos fértiles, etc.). En nuestro tiempo, este problema se plantea con más urgencia pues se calcula que entre el 10-15% de los matrimonios tienen problemas de esterilidad[1].

Antes de abordar los aspectos morales de las diferentes técnicas de reproducción, debemos recordar que la fecundación es un don y una tarea esencial, exclusiva y personal de los esposos legítimos en un acto auténticamente conyugal, por lo que es lícito ayudarlos en esta tarea pero no suplantarlos. Esta tarea conyugal se limita a poner las condiciones para que se produzca la fecundación, mientras que el “hecho” de la fecundación trasciende a los cónyuges siendo un don de Dios (a través de la naturaleza).

Decimos, ante todo, que se trata de una obra esencial (es decir, un deber; ser cónyuge implica asumir la responsabilidad de llamar a la vida nuevos seres, puesto que la conyugalidad está ordenada como a su fin próximo a la procreación), exclusiva (porque sólo el matrimonio da derecho a poner los actos sexuales que son la condición para que pueda darse la posibilidad de una concepción), personal (es decir, no puede ser delegada a otros en ninguno de sus aspectos: ni delegar el acto sexual en una tercera persona, ni delegar el dar alguno de los dos gametos, ni delegar la gestación del nuevo ser concebido). El matrimonio sólo da a los cónyuges el derecho a ejercer los actos que pueden dar origen a  una vida humana, pero no propiamente un derecho a tener hijos; una vez puestos estos actos, puede ser que el hijo venga o no venga. El hijo, en este aspecto, es un don; y cuando no se lo considera tal, pasa a ser visto como una propiedad y un objeto, no un sujeto de derechos (como, en efecto, es) sino el objeto de los derechos de otro (los padres). No tener derecho al hijo, no significa que sea ilegítimo desearlo; por el contrario, el deseo de un hijo es algo natural y muy bueno; pero no puede convertirse en exigencia.

La tarea de los esposos es poner las condiciones para la fecundación. Esto significa que ellos deben poner de su parte un acto de “auténtico amor conyugal”, es decir, un acto provisto de sus dos dimensiones naturales: la unitiva y la procreativa. Así como es ilícito querer la unión eliminando deliberadamente la procreación (anticoncepción), es también ilícito querer la procreación al margen de la verdadera unión (física, afectiva y espiritual) de los esposos. Esta unión de ambos aspectos lo exige, ante todo, la dignidad de los cónyuges, que no pueden ser reducidos, ni reducirse ellos, a “animales reproductores”.  Sólo un acto de amor mutuo (sexual, afectivo y espiritual) puede ser considerado el clima adecuado a la dignidad del ser humano concebido. Cuando no es así, el hijo pasa a ser fruto de un acto técnico (de los esposos y del equipo que interviene) y de intereses varios: no sólo el deseo del hijo por parte de los padres, sino el interés científico o económico o experimental del equipo, el satisfacer un vacío de paternidad, etc.

Finalmente, los esposos pueden ser ayudados pero no sustituidos en esta tarea. Hay una distinción esencial entre “ayudar” y “suplantar” a una persona. El acto médico es respetuoso de la dignidad de las personas cuando se dirige a ayudar o facilitar el acto conyugal. Por tanto, se trata de actos previos (en preparación) y/o posteriores al acto conyugal (para ayudarlo a continuar el proceso naturalmente comenzado). En cuanto al acto conyugal en sí mismo, se dice simplemente que debe ser realizado de modo normal. “Modo normal” implica: 1º la unión sexual “humano modo”, al modo humano[2]; 2º con deposición de las células germinales masculinas en el interior del aparato genital femenino; 3º con retención de las mismas por parte de la esposa (se califica de “antinatural” el que la mujer intente expulsarlas artificialmente mediante lavajes u otras técnicas).

Podríamos añadir a todo lo dicho una alusión a las circunstancias del acto (aunque el juicio moral debe atender principalmente al fin y al objeto). Entre las circunstancias que rodean cualquier técnica, se ha de tener en cuenta que siempre deben respetar la intimidad de los esposos (no pueden desvirtuar el acto conyugal como acto de amor y donación mutua), deben apuntar como finalidad a ayudar a la vida humana, deben contar con razonables probabilidades de éxito (si en una técnica el porcentaje de fracasos supera el de los abortos espontáneos de los procesos naturales –se calcula en un 25%–, ya no sería lícito, pues no es lícito poner libremente las condiciones de un acto que implique riesgos más grandes que los que tienen lugar en la naturaleza). También deben tenerse en cuenta los gastos y sacrificios extraordinarios que implica una técnica (es difícil justificar procedimientos altamente costosos incurriendo, en muchos casos, en una clara injusticia social); y finalmente, se debe contar con el consentimiento informado de los esposos respecto de todos los sacrificios, posibilidades limitadas de éxitos y de fracasos, etc.

Diversas intervenciones en el proceso de la fecundación

  1. Inducción de la Ovulación

Las pacientes que presentan fallos en el eje hipotálamo-hipofisario pueden cursar con alteraciones menstruales o con ausencia de menstruación, asociadas a fallos o a ausencia de ovulación.  La mayoría de las pacientes de este grupo presentan anovulación, disfunciones del eje hipotálamo-hipofisario, con alteraciones menstruales o mujeres que presentan ovario poliquístico. Cuando aparentemente la única causa de esterilidad de la pareja es ésta, se intenta estimular la ovulación utilizando:

  • Citrato de clomifeno, que actúa directamente sobre el hipotálamo, para que éste ordene a la hipófisis producir las hormonas que estimulan el ovario (FSH y LH).
  • FSH y LH, que actúan directamente sobre el ovario, promoviendo el desarrollo de los folículos que contienen los ovocitos.
  • Bromocriptina, reservada para los casos de esterilidad por hiperprolactinemia, que condiciona la respuesta de la hipófisis.

El término Técnicas de Reproducción Asistida se reserva para las técnicas que requieren intervención médica para favorecer la fertilización. Los diversos casos que pueden plantearse en la fecundación asistida y artificial, dependen de las distintas conjugaciones de cuatro elementos: quién aporta el gameto masculino (el cónyuge o un donante extramarital), quién aporta el gameto femenino (el cónyuge o una donante extramarital), el lugar dónde tenga lugar la fecundación (in vitro o in corpore), y quién lleva adelante la gestación (la madre natural que aporta el óvulo, la mujer del matrimonio en que va a nacer a partir de un óvulo donado, o una gestante alquilada). De aquí que puedan darse cuatro especies distintas de intervenciones sobre la fecundación:

2. Inseminación artificial homóloga (AIH, del inglés “artificial insemination by husband”)

Esta técnica está dirigida a la obtención de una concepción humana a partir de los gametos de dos esposos unidos en matrimonio legítimo, mediante la transferencia en las vías genitales femeninas (“in corpore”) del esperma del marido, previamente obtenido (generalmente por masturbación).

Está indicada en los casos en los que el recuento de espermatozoides móviles (REM) está por debajo de lo normal, disfunciones ovulatorias, imposibilidades coitales, factores cervicales, parejas portadores de HIV. La tasa de embarazos se encuentra entre el 15 y el 20 % por ciclo.

La técnica consiste en la estimulación ovárica mediante medicación hormonal (gonadotropinas) diariamente, a la vez que se realizan controles para comprobar el número y el desarrollo de los folículos. Cuando la respuesta ovárica es la adecuada, se administra otra medicación (HCG) que desencadena la ovulación. A las 24 y 48 horas se procede a la inseminación, preparando previamente el semen en el laboratorio mediante técnicas como el Swin-up. La muestra de semen se deposita en el interior del útero a través de una cánula de aproximadamente 2 mm de grosor. A continuación la paciente abandona la clínica y debe consumir progesterona en comprimidos.

Por todo lo dicho, la inseminación artificial es una técnica claramente ilícita ya que el procedimiento técnico no implica el acto sexual conyugal, y la intervención técnica es tal que desnaturaliza el acto. Por tal motivo, estamos ante una separación de los significados del acto conyugal y la intervención es sustitutiva e ilícita.

3., Inseminación artificial heteróloga (AID: “artificial insemination by donor”)

Estas técnicas buscan una concepción a partir de gametos provenientes de un donante ajeno al  matrimonio, con transferencia de los gametos en las vías genitales femeninas. La donación puede ser del óvulo femenino o del esperma. Esta técnica es claramente ilícita e intrínsecamente injusta. El motivo es que supone la separación del significado unitivo del procreativo en el acto conyugal. De hecho no se trata de un acto conyugal propiamente dicho, pues la unión no se produce entre los gametos de los esposos, sino que aparece una persona “ajena” al matrimonio.

Atenta contra el concepto de familia monogámica, para convertirse en “plurigenitorial”, es decir, con multiplicidad de “padres”. Además tiene consecuencias negativas para el hijo, puesto que presentará dificultades en la “identificación” con su padre o con su madre (según quien sea el donante) ya que el verdadero/a es desconocido para él, mientras que no tiene vínculos biológicos con quien hace el rol de padre o madre en su familia.

También hay que señalar la mentalidad eugenésica que hay detrás: la donación de semen supone la creación de “bancos de semen”, los cuales, como es lógico, se estructuran con una marcada tendencia eugenésica: buscando “semen seleccionado” y apuntando a una selectividad biológica. Además, se aumentan los riesgos de consanguinidad y problemática genética: por razón de los bancos de semen, puede verificarse que un mismo acto de obtención de semen puede servir para diversas inseminaciones dando lugar a hijos consanguíneos por parte de padre.

4. Fecundación in vitro homóloga (FIV homóloga)

Este tipo de fecundación artificial es comúnmente conocida como FIVET (fecundación in vitro y transferencia de embriones). La fecundación in vitro homóloga o intraconyugal es la que se realiza fuera del cuerpo de la mujer (in vitro), entre cónyuges legítimamente unidos en matrimonio, con células germinales propias (no por donante) y con gestación en la misma madre.

Las indicaciones principales son: obstrucción tubárica bilateral, endometriosis en un estadio avanzado, casos de factor masculino en los que el REM no sea apto para la inseminación artificial o casos en los que haya fracasado.

El tratamiento comienza con la administración de un fármaco (análogos de la LHRH) que frenan la actividad ovárica. En el ciclo siguiente, después de la menstruación, se estimula el ovario con gonadotropinas, para obtener una ovulación múltiple. En el momento adecuado se administra HCG y entre 36 y 40 horas después se procede a la extracción ovocitaria. Antiguamente, ésta se realizaba mediante laparoscopia, en la actualidad se realiza por punción transvaginal, guiada ecográficamente, bajo anestesia. A continuación se produce la fecundación en una placa con un medio de cultivo adecuado, fecundando los ovocitos con el semen previamente capacitado. Entre dos y cinco días después, se seleccionan dos o tres de los mejores embriones y se implantan al interior del útero. La transferencia se realiza a través de una cánula guiada ecográficamente. La segunda mitad del ciclo se apoyará con progesterona oral. Se realiza prueba de embarazo a los 14 días de la recuperación ovocitaria.

La fecundación artificial extracorpórea puede tener dos dimensiones: terapéutica y experimental. Demás está decir que bajo el aspecto terapéutico descansa siempre en último término el experimental. Desde el punto de vista terapéutico se la presenta como una solución a muchos casos de infertilidad femenina y masculina insuperables por otros métodos.

La técnica de la FIV es altamente complicada, particularmente luego de la transferencia del embrión al útero. Exige una múltiple manipulación:

  • Sobre la mujer: hay que tener en cuenta todos los pasos previos a la obtención de los óvulos, como laparoscopia, exámenes ultrasónicos, exámenes hemáticos, exámenes urinarios, correlaciones con el moco cervical.
  • Sobre el hombre: también se realiza una serie de experimentaciones e investigaciones para observar la capacidad fecundante de su semen. La obtención del semen se realiza una hora y media antes de la fecundación (normalmente por masturbación) a menos que se recurra a semen congelado.
  • Sobre los gametos obtenidos: el óvulo es colocado luego en una placa de cultivo durante algunas horas, y se efectúa la fecundación con elevada cantidad de espermatozoides. La transferencia de los embriones se realiza cuando éstos han alcanzado un desarrollo de 4-8 células o 8-16. La transferencia se realiza por vía transcervical y transuterina.

En cuanto al porcentaje de éxito, hay que decir que: la obtención del ovocito maduro tiene un 95% de éxito; la fecundación in vitro un 90%; el inicio del desarrollo un 58,8%; los embarazos iniciados, un 17,1%; y los embarazos conducidos a término un 6,7%. Por tanto, técnicamente hablando, la pérdida de embriones oscila entre el 93-94%. Tal vez estas cifras estén ya superadas (téngase en cuenta que según evoluciona la técnica, estos datos son cambiantes), pero en cualquier caso jamás llegan a las cifras previstas en la naturaleza. A esto hay que añadir que la fecundación in vitro no se realiza sobre un solo óvulo, sino sobre varios, aunque, en caso de tener éxito, no se transfieren todos al útero sino entre uno y tres. El resto, son congelados, o usados como material de experimentación, guardados como material de recambio o simplemente desechados después de un tiempo de crioconservación en nitrógeno líquido a -196 °C.

5. Fecundación in vitro heteróloga (FIV heteróloga)

Este tipo de fecundación viene propuesta e indicada en caso de patologías como los casos de esterilidad debida a la imposibilidad de producir gametos sea por parte del hombre como de la mujer. En estos casos se recurre al donador o donadora. Asimismo, habría que colocar dentro de esta categoría los casos en que interviene la así llamada “madre sustituta”, incluso cuando los gametos pertenezcan a una pareja unida en legítimo matrimonio, ya que interviene un tercer factor en un momento que no es ajeno al desarrollo natural del que va a nacer, sino en un momento esencial cual es la gestación.

Una técnica de reproducción asistida diseñada para mujeres que presentan alteraciones para producir óvulos es  la “ovodonación”. Se necesita que una donante anónima done sus óvulos y  simultáneamente la paciente receptora debe preparar su endometrio para recibir un embrión fertilizado. Para ello durante 14 días se medica para preparar el endometrio para la anidación. Cuando donante y receptora están preparadas, se extraen los óvulos se fertilizan in vitro con el semen de la pareja receptora, y se transfieren los embriones al útero de la receptora.

Otra técnica de fecundación in vitro es la Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides (ICSI). El procedimiento previo de estimulación y preparación del ciclo es igual al de la FIV, cambiando la técnica de fertilización de los ovocitos. Una vez obtenidos los ovocitos mediante punción transvaginal, se liberan de las células que los rodean. Los ovocitos maduros se micro inyectan, es decir, se introduce, con una pipeta de microinyección, un espermatozoide en el interior de cada ovocito en un intento de emular el proceso natural del espermatozoide. Entre 2-5 días después, igual que en la FIV, se transfieren los mejores embriones al interior del útero. De igual manera, suplementaremos la segunda mitad del ciclo con progesterona.

El juicio  de estas técnicas es evidentemente negativo sumándose en este caso los argumentos que hemos indicado para la fecundación in vitro homóloga, y los indicados para la inseminación heteróloga. En cuanto a la figura de la “madre sustituta”, que es la que lleva a término por encargo de terceros la gestación de uno o más embriones fecundados in vitro con óvulo y esperma de personas que lo encargan, hay que decir que quiebra una vez más la unidad matrimonial, y crea entre el gestado y la gestante (a partir de la relación biológica durante su desarrollo) una relación particular que luego es cortada en el momento del nacimiento. Se determina así la manipulación de la corporeidad del hijo que recibe el patrimonio genético de dos personas, mientras recibe la sangre, la nutrición y la comunicación vital intrauterina (con consecuencias en el nivel psíquico) de otra persona.


[1] Cf. D. BASSO – J. BURONI – H. MOSSO – F. MERCHANTE – C. MOSSO – J. HECHT, Problemas éticos sobre la reproducción humana, Ed. Paulinas, Buenos Aires 1995, 194.

[2] quiere decir “sin violencia”, como un acto humano voluntario y racional.

Homosexualidad

Varón y mujer

La homosexualidad es una anomalía que consiste en la desviación de la atracción afectivo-sexual, por la cual el sujeto experimenta una inclinación hacia personas de su mismo sexo, pudiendo mantener relaciones. Esta desviación puede responder a causas puramente morales o causas morales y psicológicas. En cromosomas, hormonas sexuales y constitución física los homosexuales son normales. Hubo un tiempo, el de Freud, en que se pensó que se debía a factores hereditarios, pero esta hipótesis hoy ha sido científicamente desechada. Los homosexuales son biológicamente normales, lo que no es normal es el ejercicio de la homosexualidad. Es de advertir que el homosexual tiene instintos heterosexuales; lo que ocurre es que se le bloquean por alguna razón, que puede ser un complejo de inferioridad. Quienes de verdad se empeñan en luchar contra ese complejo, aun en casos de transexualidad, en uno o dos años acaban con sus obsesiones. Para dar la impresión de normalidad, hay quien asegura que quizá uno de cada cinco hombres tiene ‘tendencias’ homosexuales, pero las estadísticas lo desmienten y ponen de manifiesto que en realidad no pasan de un uno o dos por ciento.

En la pubertad, puede tratarse de un fenómeno transitorio. Hay casos en que la homosexualidad arraiga en los primeros años de juventud. Este hecho ha llevado a algunos a pensar que no tiene sentido procurar desarraigarla. La teoría más en boga es que la homosexualidad se basa en una perturbación del llamado ‘sentido de identidad sexual’. La realidad demuestra que los homosexuales están afectados no sólo en su faceta sexual, sino en todo su mundo emotivo. Su vida emotiva coincide mucho, por ejemplo, con la de tipo ansioso, compulsivo o depresivo, caracterizada por depresiones, nerviosismo, problemas relacionales y psicosomáticos. No son capaces, en determinados aspectos de su vida emotiva, de madurar y de ser adultos y, pese a querer aparentar jovialidad y alegría no son felices interiormente. La causa no está en la discriminación de la que se quiere acusar a la sociedad que les haría ‘víctimas’ de ella, sino en fuerzas que actúan en el interior mismo de los interesados (…)

Las personas con tendencia homosexual se dividen en varias categorías, de las cuales las más importantes son los llamados homosexuales esenciales y los ocasionales.

  • Homosexuales esenciales son quienes están sujetos a un instinto casi compulsivo que los orienta hacia personas de su propio sexo.
  • Homosexuales ocasionales son aquellos que, conservando sus tendencias homosexuales, buscan relacionarse afectiva o genitalmente con personas de su mismo sexo por motivos superficiales (aventuras, dinero o falta de pareja de otro sexo).

A su vez, tanto en unos como en otros es necesario distinguir la tendencia hacia personas de su mismo sexo y el acto homosexual (bajo cuyo concepto no solo se incluyen los actos externos físicos sino también los actos plenamente consentidos de deseo y pensamiento). 

El acto homosexual es intrínsecamente desordenado y de malicia objetiva. Por acto homosexual se entiende tanto los actos externos consumados (relaciones genitales  y toda clase de actos incompletos, como caricias, besos, etc.) como también los actos internos de deseo y pensamientos plenamente consentidos. De todos estos actos hay que decir que son intrínsecamente desordenados, es decir malos por su objeto moral. Desde el punto de vista moral esto significa que ninguna circunstancia, ni finalidad, ni consecuencia; puede hacerlos moralmente buenos o justificados.

Desde el punto de vista de la razón, la inmoralidad de los actos homosexuales se pone de manifiesto en que tales actos están absolutamente desposeídos de la finalidad procreativa que es propia del acto sexual humano (y la cual no puede ser excluida voluntariamente). Niegan asimismo, la complementariedad entre el varón y la mujer, que está inscripta en la naturaleza humana. Los actos homosexuales son una violación de las estructuras del cuerpo humano. Finalmente es un acto antisocial porque de suyo no contribuye con la generación de nuevos hijos para la sociedad.

Uno de los argumentos que utilizan los activistas homosexuales es el de alegar que la inclinación homosexual es algo innato, que no es un desorden psicológico o enfermedad y que, por lo tanto, la actividad homosexual es un “derecho humano” que la sociedad debe respetar[1]. Sin embargo, los estudios realizados en torno al tema no demuestran con suficiente claridad que la homosexualidad tenga un origen genético, hormonal, neurológico o cerebral. A lo sumo, las conclusiones de los poquísimos estudios que alegan tales causas se apoyan sobre evidencias muy débiles. En 1992 se llevó a cabo un estudio sobre la homosexualidad, fruto de más de 30 horas de investigación. En dicha investigación, llevada a cabo por computadoras, se estudiaron más de 3,400 artículos publicados desde 1975 hasta ese año en búsqueda de las causas biológicas, genéticas y hormonales de la homosexualidad. Solamente en dos de esos artículos, ambos muy especulativos, se intentaba identificar la causa de la homosexualidad como algo de índole genético, biológico, hormonal o neurológico[2].

Los bien conocidos terapeutas, Masters y Johnson, afirmaron en su libro Human Sexuality (pp. 319-320), que “la teoría genética de la homosexualidad ha sido en general descartada hoy en día” y que “a pesar del interés en posibles mecanismos hormonales en el origen de la homosexualidad, ningún científico serio hoy sugiere que pueda existir una simple relación de causa y efecto”.

Sin embargo, gran parte de la comunidad científica se ha convertido en aliada de los homosexuales militantes, hasta el punto de que la Asociación de Psicología del Estado de Washington ha llegado a oponerse a la terapia que busca cambiar la orientación homosexual en heterosexual. Esta asociación alega, aun habiendo pruebas de lo contrario[3], que no hay evidencia de que la orientación homosexual se pueda cambiar aunque fuese deseable hacerlo, y se opone a tal terapia de conversión porque “refuerza el negativismo social hacia la homosexualidad”. Esta desafortunada claudicación de una parte de la comunidad científica ante la presión política pro homosexual no es nueva. Ya en 1973, la Asociación de Psiquiatría de EE.UU. había retirado la homosexualidad de la lista de los desórdenes de su Manual de diagnósticos bajo la presión de activistas homosexuales, aunque no llegó a decir que era normal, como la heterosexualidad[4].

En conclusión, la evidencia científica no ha demostrado que la homosexualidad sea el resultado directo de causas biológicas, genéticas o neuro-hormonal. Lo más que se puede decir es que pudiera existir alguna base genética, hormonal, neurológica o cerebral que predispone a la homosexualidad. Esta pudiera inclinar a unas personas más que a otras al homosexualismo, pero no obligarlas a practicarlo. Los estudios contemporáneos han mostrado que el alcoholismo puede tener una base orgánica que predispone a unas personas más que a otras a ese problema. Sin embargo, sabemos que las personas afectadas son libres de buscar ayuda y curarse. John Schlafly, al reconocer que era homosexual, declaró que “la inclinación [homosexual] no es algo que la persona escoge, pero todos sí tenemos la opción de qué hacer con respecto a tal inclinación”. Además, suponiendo que hubiese alguna base genética, biológica u hormonal en la inclinación o comportamiento homosexual, eso no justifica un comportamiento que, como veremos a continuación, es de por sí dañino para el ser humano y para la sociedad.

Consecuencias médicas del comportamiento homosexual

Una de las maneras de percibir la maldad intrínseca de un tipo de comportamiento es constatando las consecuencias negativas que dicho comportamiento tiene para la salud mental o física. Casi siempre un comportamiento inherentemente malo tiene consecuencias negativas, debido a su desviación del uso correcto de las funciones naturales. Tal es el caso del homosexualismo.

Lo que hemos acabado de afirmar se demuestra observando las consecuencias de las relaciones sexuales anales, las cuales son típicas del homosexualismo en casi un 90% de los casos[5]. Durante las relaciones heterosexuales el esperma normalmente no puede penetrar las paredes interiores de la vagina, ya que ésta está protegida por una mucosa especial para que los virus no penetren, además de que tiene múltiples capas. El recto, por el contrario, tiene sólo una célula de espesor y, además, por estar destinado a asimilar los últimos alimentos útiles, contiene vasos linfáticos extremadamente desarrollados, que reabsorben casi todo (incluso los medicamentos y los virus). Esta disposición no es peligrosa porque este conducto normalmente no se abre excepto para descargar su contenido sin dejar entrar nada. Sin embargo, cuando se hace un uso anti natural del mismo se le abre la puerta a muchos virus que normalmente no tendrían casi oportunidad de éxito. Esto se debe a que el esperma penetra fácilmente la pared del recto, rompiéndola o magullándola y produciendo daños inmunológicos. Esta práctica comúnmente produce entre los homosexuales, además de trauma en el recto, un gran intercambio de fluidos del cuerpo con un acceso casi directo de sustancias infecciosas al torrente sanguíneo. Debido a todo esto, las relaciones sexuales anales y otras prácticas (que por pudor no mencionamos aquí), son las formas de contacto sexual más eficientes de contagiar ciertos tipos de hepatitis, SIDA, sífilis y una serie de enfermedades que se trasmiten a través de la sangre. No es extraño que, aun antes de la aparición del SIDA, ya el 90% de los hombres homosexuales promiscuos estuvieran infectados de Hepatitis B y de otras enfermedades, con su sistema inmunológico deteriorado[6].

Además, muchas de estas prácticas insalubres ocurren en sitios extremadamente anti higiénicos, como baños o espectáculos pornográficos. Y como cada año hasta el 25% de los homosexuales viaja a otro país, este dañino intercambio de gérmenes se produce en muchas partes del mundo[7].

Otro factor que agrava la trasmisión del SIDA y de otras enfermedades por contacto homosexual, es el número elevado de diferentes compañeros que tienen los homosexuales. Los estudios al respecto informan que el 43% de los hombres homosexuales admiten haber tenido relaciones sexuales con 500 hombres; el 28% con más de 1000 y los casi “monógamos” con 10 ó menos en toda su vida[8]. La anomalía psicológica y la esterilidad de las relaciones homosexuales, caracterizadas por el autocentrismo y la búsqueda del placer sin responsabilidad, hacen que la “monogamia” entre homosexuales o lesbianas sea casi imposible[9].

Si bien es cierto que los casos de SIDA están aumentando con más rapidez últimamente entre los heterosexuales[10], hay que tomar en cuenta que los factores biológicos y sociales relacionados con el homosexualismo crearon un contexto ideal, en EE.UU. y en otros países del primer mundo, para la trasmisión del SIDA hacia el sector heterosexual de la población. Una vez que el grupo de más riesgo (los homosexuales promiscuos), alcanzó su punto de saturación (un gran número de sus miembros ya están infectados y continúan siendo promiscuos entre ellos), una ola de infección contaminó a otros grupos de menor riesgo a través de hombres bisexuales y del uso intravenoso de drogas[11]. Sin embargo, la población homosexual sigue siendo el grupo con mayor número de víctimas de SIDA en esos países. En 1992, el 83% de los casos de SIDA en hombres blancos de los EE.UU., tuvieron lugar entre los homosexuales 20 y en Europa los hombres homosexuales constituyen más del 85% de todos los casos de SIDA[12].

Las consecuencias negativas, tanto físicas como mentales, del estilo de vida de los homosexuales y las lesbianas, han dado como resultado un promedio de longevidad bastante más bajo que el resto de la población. Esto se debe no sólo al SIDA, sino a que los ataques al corazón, el cáncer, las fallas hepáticas y otras enfermedades y peligros (como el suicidio y los accidentes), son bastante más frecuentes entre ellos. Comparados con los heterosexuales, los homosexuales tienen 8 veces más propensión a contraer hepatitis; 14 veces más la sífilis y 5,000 veces más el SIDA. En efecto, un estudio reciente ha mostrado que menos del 2% de los homosexuales alcanzan los 65 años de edad. En cambio, en el resto de la población masculina la edad promedio para morir de un hombre casado era de 75 años y el 80% viven más de 65 años. Para los hombres solteros o divorciados la edad promedio era de 57 y el 32% alcanzó una edad mayor. Entre las lesbianas que murieron, la edad promedio era de 45 años y sólo el 26% murió de edad avanzada. En cambio, en el resto de la población femenina la edad promedio de muerte para las mujeres casadas era de 79 y el 85% alcanzó los 65 años. Para las mujeres solteras o divorciadas, la edad promedio de muerte fue 71 y el 60% alcanzó una edad mayor. El examen de la distribución por edades de los homosexuales en las publicaciones científicas, desde 1858 hasta 1992, sugiere un patrón similar de longevidad[13].

Aspectos legales y matrimonio homosexual

El matrimonio homosexual: ubicando la cuestión

El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer. Esta verdad puede ser descubierta por la razón humana. Está escrita en la ley de la naturaleza y en el lenguaje del cuerpo y del espíritu humano. Es una verdad enaltecida desde el principio de los tiempos. No se necesita tener fe religiosa para ver que el matrimonio es una relación única entre un hombre y una mujer. Lo que define esta relación es el hecho de que se trata de una sociedad basada en la complementariedad sexual. Ésta hace posible la realización de los dos fines equivalentes del matrimonio: el amor mutuo entre esposos y la procreación de los hijos. Ninguna otra relación humana, sin importar cuánto amor o cariño haya ni cuán generadora sea, puede adjudicarse este propósito ni cumplirlo.

Dado que el matrimonio es una estructura social fundamental basada en la naturaleza humana, ni la Iglesia ni el estado pueden cambiarla en lo fundamental. El matrimonio, y la familia que éste produce, es una sociedad que precede a todas las demás sociedades. Es una institución que no poseemos, sino que hemos recibido. Esto no significa que la Iglesia y el estado no puedan regular el matrimonio, por ejemplo poniendo límites de edad mínima, pero sí significa que no somos libres de alterar su estructura básica.

El matrimonio de un hombre y una mujer hace una contribución única a la sociedad. Es el patrón fundamental para las relaciones entre hombre y mujer. Es el modelo de la manera en que las mujeres y los hombres viven de forma interdependiente y se comprometen, para toda la vida, a buscar el bien del otro. La unión también sirve al bien de la sociedad. De ella emana la siguiente generación, al proporcionar la familia las mejores condiciones para criar a los hijos, esto es, la relación amorosa y estable de un padre y una madre presente sólo en el matrimonio. Otras relaciones pueden contribuir al bien común, pero no realizan en un sentido completo lo que hace el matrimonio[14].

¿Debería haber matrimonio entre personas del mismo sexo?

Algunas personas buscan localizar la cuestión dentro del marco de los derechos individuales y la justicia. La enseñanza católica afirma la dignidad de las personas homosexuales y pide que sean tratadas con respeto. Esto significa, entre otras cosas, que el estado puede crear leyes para proteger los derechos de estas personas y para proporcionarles beneficios sociales. Algunos ejemplos incluyen medidas para asegurar el acceso a puestos de trabajo, vivienda, cuidado médico, derecho a tener propiedad en común y la potestad de tomar decisiones médicas por la otra persona. Existen beneficios y derechos que deben estar garantizados para cada persona. Pero el remedio para casos específicos de injusticia – falta de beneficios o de derechos-no puede ser una injusticia aún mayor, es decir, cambiar la definición del matrimonio.

El matrimonio está dirigido al servicio del bien común, no a proporcionar derechos y beneficios dentro de esa relación. No es, pues, necesario ni incluso deseable alterar una estructura social fundamental para proteger los derechos individuales y otorgar a todos los ciudadanos sus legítimos beneficios sociales.

El matrimonio es un consentimiento personal y también social. Lo que se reconoce legal y socialmente no es sólo el consentimiento personal sino también un consentimiento social que contribuye al futuro de la sociedad al tener y criar hijos. Aunque no todas las parejas casadas tengan hijos, la relación entre un hombre y una mujer tiene el potencial inherente de crear hijos.

Permitir a las parejas del mismo sexo casarse cambiaría la definición de matrimonio hasta tal punto que dejaría de ser matrimonio. La procreación no es sólo el fin del matrimonio sino que es esencial a la institución. Además, la complementariedad y riqueza de la diferencia sexual es esencial para la expresión del amor conyugal.

¿Por qué nos encontramos ante este fenómeno?

Algunos grupos buscan con gran interés el que se legalice (como si fuese equivalente al matrimonio) la unión de personas del mismo sexo. En diversos lugares las autoridades han reconocido cierto valor a las “uniones de hecho” entre personas homosexuales o lesbianas. En otros se está buscando que sea posible, en el registro civil, dejar de lado cualquier consideración sobre el sexo de los contrayentes a la hora de registrar un matrimonio, lo cual abriría la puerta a una especie de reconocimiento del matrimonio entre homosexuales. En otros, se quiere reconocer, de modo explícito, que no hay diferencia entre la unión de personas de distinto sexo y la unión de personas de igual sexo, como aconteció recientemente en nuestro país.

¿Por qué nos encontramos ante este fenómeno? Porque los grupos de presión que quieren defender los “derechos” de los homosexuales piensan que ganarán mucho para su causa si consiguen que sus defendidos puedan acceder al matrimonio civil. Sin embargo, el reconocimiento como “matrimonio” de estas parejas homosexuales puede llevar a un resultado bastante diferente del que se buscaba. Es un dato evidente que la unión basada en la vida afectiva y sexual entre dos personas del mismo sexo es constitutivamente estéril, es decir, incapaz de cualquier fecundidad biológica. Esto da a entender que en las uniones homosexuales nos encontramos ante algo distinto de un matrimonio, pues lo que define al matrimonio es precisamente el hecho de que se unan, en un compromiso de amor, dos personas sexualmente complementarias y, por lo mismo, potencialmente capaces de generar nuevas vidas humanas.

La complementariedad permite a quienes se unen en matrimonio la apertura a la vida y una riqueza en su diversidad que permite construir una educación equilibrada a los hijos que puedan nacer de su amor. La palabra “matrimonio” va a ser usada de ahora en adelante para nombrar otras uniones que no son matrimonio. Habrá que preguntarse, entonces, si podrían unirse bajo esa nueva noción de matrimonio dos hermanos, o un padre y su hija, o un grupo de amigos.

Nos toca a los cristianos, en esta nueva situación cultural, dar una imagen clara y valiente de la belleza de la unión esponsal. Cada matrimonio (entendido según su definición auténtica, la unión indisoluble y exclusiva entre un hombre y una mujer) está llamado a ofrecer al mundo el testimonio de un amor que se da sin límites, para siempre, en los momentos de alegría y en los de prueba, con esa generosidad que permite el nacimiento de cada nuevo hijo.

La comunidad cristiana, aunque no puede aceptar los actos homosexuales y menos aún los “matrimonios” entre personas del mismo sexo, tiene que respetar a quienes, por diversos motivos, se encuentran en una condición de homosexualidad que, si no es superada a través de una correcta ayuda psicológica, les impide vivir la vocación al matrimonio. Esta situación no obstaculiza a los homosexuales el poder realizarse en otras formas de amistad y de afecto que son posibles entre los seres humanos[15].

Adopción por homosexuales

La Academia Americana de Pediatría publicó en su revista “Pediatrics” una declaración en la que apoyaba el derecho de homosexuales y lesbianas de adoptar a los hijos de su compañero, alegando que “los niños nacidos o adoptados por un miembro de pareja del mismo sexo, merecen la seguridad de dos padres legalmente reconocidos”. Y para justificar tal afirmación, la Academia puntualizaba: “un número suficiente de estudios sugiere que los hijos de padres homosexuales tienen las mismas ventajas y expectativas de salud, adaptación y desarrollo que los hijos de heterosexuales”.

Seguramente los pediatras, con el loable fin de velar por la salud infantil, tomaron en consideración las ventajas de tener dos seguros de salud y dos ayudas sociales por fallecimiento del progenitor. Incluso, la pensión de alimentos y las visitas en caso de separación de la “pareja”. Pero no está de más preguntarse cuál es el verdadero bienestar de un niño en estos casos. Porque, salvo que las cosas cambien, el interés del niño es el centro de toda ley de adopción, que aspira a darle lo más parecido al hogar que no conoció.

Paradójicamente para estos especialistas, la pareja de un hombre y una mujer unidos en matrimonio y viviendo con su progenie bajo el mismo techo, es decir, la familia tal como todos la entendemos y vivimos desde que el hombre es hombre, es sólo una alternativa más, producto de costumbres repetidas, y tan válida (o, tal vez, menos) como cualquier otra “forma de organización de la vida íntima”.

Pero veamos los hechos: ante el argumento de que “denegar a las parejas homosexuales el derecho de adopción es una discriminación” habría que responder que es  necesario distinguir entre dos conceptos: el trato desigual y la discriminación. La discriminación sería un trato desigual no justificado. Por ejemplo, es acorde con los criterios de justicia el trato desigual de la ley que exige el pago de un impuesto de renta proporcional a la riqueza del declarante. Del mismo modo, una persona de baja estatura no puede alegar “discriminación” al ser rechazada como jugador de basquetbol. O una persona con problemas de visión, para puestos donde esa cualidad es relevante. En el caso que nos ocupa, la homosexualidad de los adoptantes es una característica relevante para la educación y desarrollo de un niño.

¿Por qué? En primer lugar, porque estudios científicos serios muestran que los niños de hogares homosexuales son cuatro veces más propensos a buscar su identidad sexual experimentando con conductas homosexuales. Tomemos en cuenta otro dato: la más alta tasa de suicidio en EEUU se produce entre los adolescentes con tendencias homosexuales. Conociendo las enormes presiones que derivarían de una identidad sexual confusa, permitir esa adopción equivaldría a colocar a esos niños, de por vida, una carga traumática con tal de reafirmar socialmente los derechos gays.

En segundo lugar, está comprobada la mayor promiscuidad de las uniones homosexuales, que se rompen cuatro veces más que las heterosexuales. Imaginemos de nuevo las consecuencias sobre los niños, tan necesitados de estabilidad. ¿Cuántos padres o madres podría llegar a tener un solo niño? Asimismo, para un buen desarrollo de su personalidad, los niños necesitan contar con modelos de identidad masculina y femenina. ¿Cómo podrán llegar a entender la complementariedad entre los sexos? ¿Cómo vivirán su propia sexualidad? ¿Encuentran ustedes una respuesta adecuada a la pregunta “por qué mis amigos tienen papá y mamá” o bien “qué es una mamá”?

En definitiva, los niños no pueden ser utilizados como instrumento para la reivindicación de los derechos de un grupo social, ni la adopción es una institución que pueda regirse por los criterios de la corrección política.

Conclusión

En la vida cotidiana no son pocas las personas que reducen aún más el significado de sexo refiriéndose con esa palabra solamente a los genitales o empleándola únicamente para referirse al  acto sexual (tener sexo, hacer el sexo). Este enfoque reduccionista es tal vez consecuencia del empobrecimiento del sentido y significado de la sexualidad para el ser humano contemporáneo, lo cual a nuestro juicio constituye también la raíz de nocivos fenómenos, entre los que se encuentran la infidelidad matrimonial, la promiscuidad, la prostitución, la pornografía, la expansión todo tipo de desviaciones sexuales, la propagación acelerada de las infecciones  de transmisión sexual, así como el incremento de la violencia sexual entre otros, elementos estos que degradan a la sexualidad humana degradando por ende en último término al ser humano  mismo.

Se torna pues imprescindible una intensa labor educativa, coordinada entre los diversos sectores de nuestras sociedades (escuelas y demás instituciones docentes, organizaciones intermedias, medios de comunicación social, Iglesia e instituciones gubernamentales), que les permita a las personas de nuestro tiempo descubrir y  asumir el  verdadero sentido y significado de su sexualidad, única forma quizás, de encarar de forma satisfactoria las difíciles problemáticas en este campo. En este sentido la familia tiene una influencia decisiva en el posterior desarrollo sexual del niño, y es, precisamente por ello, la instancia social que tiene mayor significado en la educación sexual, incluso aunque se hable poco de sexualidad dentro de ella.

Exige esta realidad, una activa tarea de prevención, cuidando responsablemente los modelos que se proponen a nuestros hijos y alumnos. Es necesaria una reacción positiva de presentar como modelos aquellas personas que han sido y son ejemplos dignos de imitar para bien personal y de toda la sociedad.

“…el eros ebrio e indisciplinado no es elevación, « éxtasis » hacia lo divino, sino caída, degradación del hombre. Resulta así evidente que el eros necesita disciplina y purificación para dar al hombre, no el placer de un instante, sino un modo de hacerle pregustar en cierta manera lo más alto de su existencia, esa felicidad a la que tiende todo nuestro ser.

…entre el amor y lo divino existe una cierta relación: el amor promete infinidad, eternidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Pero, al mismo tiempo, se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni « envenenarlo », sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza…”[16]


[1] Trudy Hutchens, “Homosexuality: Born or Bred?”, Family Voice (June 1993): 14; William A. Henry III, “Born Gay?”, Time (July 26, 1993): 36-39.

[2] Estudio citado por la Dra. Dawn Siler, de la Seattle Pacific University, en una conferencia titulada “Are Homosexuals Born or Made?”, el 13 de mayo de 1991, en su clase de Sexualidad Humana.

[3] John F. Harvey, O.S.F.S. The Homosexual Person. New Thinking in Pastoral Care (San Francisco: Ignatius Press, 1987), 76.

[4] Citado en Cal Thomas, “Gays’ Root Cause: Genetics or Choice?,” The Miami Herald (miércoles 7 de octubre de 1992): 17A.

[5] Citado en el artículo de Cal Thomas.

[6] Corey, L. y K.K. Holmes, “Sexual Transmission of Hepatitis A in Homosexual Men,” New England Journal of Medicine (1980): 435-438.

[7] Dr. Jerome Lejeune, “Engaño sobre el amor,” Escoge la Vida (noviembre/diciembre 1989): 2; Corey L., y K.K. Holmes. Mangilit, G.W., et al., “Chronic Inmune Stimulation by Sperm Alloantigens,” Journal of the American Medical Association 1984: 251:237-238; Cecil Adams, “The Straight Dope,” The Reader (Chicago: 28 de mazo de 1986); D.G. Ostrow et al., Sexually Transmitted Diseases in Homosexual Men (New York: Yorke Medical Books, 1984), 204; Gene Antonio, AIDS: Rage & Reality, Why Silence Is Deadly (Dallas: Anchor Books, 1992), 67.

[8] “Consecuencias médicas de lo que hacen los homosexuales,” folleto educativo del Family Research Institute, Washington, D.C., 1992.

[9] Ibid.

[10] Harvey, 46-47, 100-104.

[11] Antonia Novello (Cirujana General de los EE.UU.) en el Medical Tribune, 3 de octubre de 1991.

[12] Gene Antonio, 50-51, 66-70.

[13] CDC, HIV/AIDS Surveillance, abril de 1992.

[14] Fragmento de El matrimonio homosexual: ubicando la cuestión Autor: Richard McCord | Fuente: Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

[15] Fragmento de: “Matrimonios” del mismo sexo  Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net.

[16] Carta encíclica Deus Caritas est. S.S. Benedicto XVI. 4,5.

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¿SE PUEDE CURAR LA HOMOSEXUALIDAD?

Mucha gente no sabe que la génesis psíquica de esta condición sexual carece en absoluto de misterio y que su terapia es posible. El método que he utilizado consta de dos partes: la primera consiste en hacer adquirir al interesado una visión clara de la propia identidad y de su propio mundo afectivo; la segunda, en afrontar esa situación. Llevamos a las personas a reírse de sí mismas (el humorismo puede ser muy saludable) y a la adquisición de hábitos positivos: valentía, honestidad consigo mismo, autodisciplina, capacidad de amar a los demás; así, hasta lograr que el homosexual pierda sus hábitos neuroinfantiles.

Es esencial neutralizar la autoconmiseración crónica. Es obligado decir que:

- En un treinta por ciento de los casos, la curación es completa: acaban desarrollando actitudes y hábitos sexuales normales y afectivos y una vida emotiva adulta. Por supuesto, una curación sólo sexual no sería una curación completa.

- Otro treinta por ciento de personas cambia más o menos gradualmente, pierde sus obsesiones homosexuales y asume una actitud emotiva nueva, aunque no lo suficiente para poder hablar de curación completa.

- Hay otros que progresan con extremada lentitud por su estado neurótico grave, pero también éstos, si son ayudados por una asistencia y un tratamiento constructivos, adquieren fuerza y coraje y poco a poco van perdiendo sus depresiones, nerviosismos y ansiedades.

RESPONSABILIDAD DE LOS EDUCADORES

Los complejos homosexuales se pueden evitar educando a un muchacho como muchacho y a una chica como tales. No se pueden intercambiar y mezclar las cosas. Una total identificación, la total identidad de roles que quiere cierto feminismo exacerbado es absurda. Los sacerdotes y educadores tienen un papel importantísimo cuando aportan al crecimiento psicológico una contribución mucho mayor de la que a veces son conscientes. Cuidado con creer que todo ‘amor’ es bueno; hay formas de amor compasivas y neuróticas que revelan una personalidad dividida en sí misma y que necesitan una guía moral firme y segura. Los pacientes que viven su fe de manera positiva tienen las mayores esperanzas de un cambio radical en su homosexualidad: ésta es mi experiencia de años.

El problema de la homosexualidad es presentado en una injustificada atmósfera de fatalismo. La homosexualidad sigue siendo vista por la mayoría de la gente a la luz de prejuicios e ideas preconcebidas, infundadas y superadas de las que, por desgracia, no están ausentes profesionales (médicos, sociólogos, psicólogos, sacerdotes, periodistas). Si a ello añadimos la falta de puesta al día de la Psiquiatría y de la Psicología, se crea una situación de la que se aprovecha la estrategia de la emancipación de homosexuales militantes, flanqueada por el ‘establishment progre’ occidental que pretende hacer creer que la homosexualidad es una variante normal de la sexualidad humana, que homosexual se nace y que no se puede cambiar. A todos ellos no les vendría mal una mejor información.

LA FALACIA DE LA RESIGNAClÓN

Los responsables mejoran poco a poco las situaciones concretas. Hay directores espirituales que animan correctamente a los homosexuales a vivir la castidad y el dominio de sí mismos, pero de hecho consideran que es imposible desarraigarla. Es muy equivocada la actitud de no pocos hombres de Iglesia que, de buena fe, pero víctimas probablemente de la escasa difusión de las experiencias terapéuticas, consideran que el mejor modo de ayudar a los homosexuales es enseñarles la resignación y la aceptación del sacrificio que supone su situación, en lugar de animarles y ayudarles a salir de ella, con paciencia y perseverancia.

Además de ignorancia, demuestran ingenuidad, ya que es dificilísimo, por no decir imposible, convivir con las propias tendencias homosexuales sin dejarse arrastrar por ellas. El camino de la curación de los homosexuales no pasa por la compasión y mucho menos por la aceptación de su situación como ‘normal’. Es impresionante y doloroso constatar cuántos médicos, terapeutas, sacerdotes, psicólogos ignoran el deseo de cambiar que tienen muchas personas con tendencias homosexuales. La afectividad desviada no es más que un aspecto de una personalidad inmadura. La terapia debe apuntar a enseñar al paciente a reconocer y combatir toda una gama de expresiones deego-centrismo infantil, de temores, complejos de inferioridad, reacciones consolatorias, afectaciones y autocompasiones. En la esfera afectiva crecemos cuanto mayor es la confianza en nosotros mismos como hombres o como mujeres con plenitud y felicidad. Un psiquiatra holandés que militaba en el movimiento de emancipación homosexual cuenta la curación de una lesbiana gracias a un sacerdote dotado de buen sentido psicológico, que le dijo: ‘¡Si es que tú te has quedado en cuando eras una niña … ! ‘. Su proceso de cambio duró un tiempo, pero acabó reconociendo ante el psiquiatra que su problema había desaparecido ‘como una pierna amputada, que no vuelve’.

G. J. M. VAN DEN AARDWEG
(MUNDO CRISTIANO)

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Apostolado de la Iglesia Católica para la atención espiritual de personas con atracción al mismo sexo.

Para más información ingresa a: http://www.courage-latino.org/

Sexualidad humana

Algunos creen que en el tema de la sexualidad “lo único natural es lo espontáneo”, pero se equivocan seriamente porque olvidan, o no tienen muy presente, que el ser humano es pensante; que planifica su vida desde que tiene el uso de razón; planifica su día de trabajo e inclusive sus días de descanso, para aprovecharlos a pleno.  Lo natural en el ser humano es la racionalidad.

Amor y sexualidad

La persona es capaz de amor superior: no el de concupiscencia, que solo ve objetos con los cuales satisfacer sus propios apetitos, sino el de amistad y entrega, capaz de conocer y amar a las personas por sí mismas. Un amor capaz de generosidad, que genera la comunión entre las personas, ya que cada uno considera el bien del otro como propio.

La sexualidad es un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar, y vivir el amor humano. Feminidad y masculinidad son dones complementarios, en cuya virtud la sexualidad humana es parte integrante de la concreta capacidad de amar[1].

En este marco hemos de hacer referencia a la virtud de la castidad. Nuestros adolescentes y jóvenes han de saber que la castidad es posible. También es muy importante saber que la castidad se construye y es “parte” de un conjunto de virtudes que deben ir juntas. Quien busca sólo la castidad no la encontrará. La madurez humana a nivel natural es consecuencia del desarrollo armónico de todas las virtudes humanas.[2] Y esta es tarea para llevar a cabo desde la más tierna infancia. Una vez le preguntaron a un santo cuando había que empezar a educar a los hijos; a lo que sabiamente respondió: -“15 años antes de que nazcan”. Con lo cual hacía referencia a la necesidad de la formación integral de los jóvenes, previo a iniciar su vida conyugal. Nunca es tarde para reeducar o reeducarse, pero si hablamos de lo ideal, convengamos que una esmerada educación producirá mejores “frutos”.

La castidad es fundamental para la educación del carácter. El joven o la joven que llegan al noviazgo y se encaminan al matrimonio no pueden eludir la obligación de ayudar a su futuro cónyuge a educar su carácter. La maduración psicológica es un trabajo de toda la vida. Consiste en forjar una voluntad capaz de aferrarse al bien a pesar de las grandes dificultades. Así como los padres se preocupan de ayudar a sus hijos a lograr esta maduración, también el novio debe ayudar a su novia (y viceversa) y el esposo a su esposa. Quien no trabaja en esto no sólo es un impuro sino que puede llegar a ser un hombre o una mujer despersonalizados, sin carácter.

El sentido de la donación

En cuanto a la modalidad de relacionarse y abrirse a los otros, la sexualidad tiene como fin intrínseco el amor, más precisamente el amor como donación y acogida, como dar y recibir. Cuando dicho amor se actúa en el matrimonio, el don de sí expresa, a través del cuerpo, la complementariedad y la totalidad del don; el amor conyugal llega a ser entonces, una fuerza que enriquece y hace crecer a las personas y, al mismo tiempo, contribuye a alimentar la civilización del amor; cuando por el contrario falta el sentido y el significado del don en la sexualidad, las personas se usan como si fueran cosas.

En esta línea, Juan Pablo II, en la Familiaris Consortio llega a afirmar que «la donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona…; si la persona se reservase algo… ya no se donaría totalmente».

La donación entre los esposos es total cuando incluye: todo cuanto se tiene (cuerpo, alma, afectividad, presente y futuro); de modo exclusivo (es decir, a una sola persona con exclusión de todas las demás); en estado perfecto (no disminuido o deteriorado voluntariamente); para toda la vida (lo cual es garantizado sólo tras el compromiso público que se da en el consentimiento matrimonial). Estos elementos sólo pueden ser vividos en el matrimonio válidamente celebrado.

Virginidad y Celibato

Quienes han ingresado voluntariamente en el estado de virginidad consagrada o de celibato, viven su pureza en la forma más elevada. El fin primordial de la virginidad y el celibato es el amor a Dios y a sus cosas o empresas. Es la forma más elevada de renuncia al mundo, por valor del servicio y amor divinos, para conformarse con su Esposo Jesucristo.

Inseparabilidad de los significados unitivo y procreador del acto conyugal

El acto conyugal, por su íntima estructura, mientras une profundamente a los esposos, los hace aptos para la generación de nuevas vidas, según las leyes inscritas en el ser mismo del hombre y de la mujer. Salvaguardando ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el acto conyugal conserva íntegro el sentido de amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima vocación del hombre a la paternidad. Existe una inseparable conexión entre estos dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador…

El amor se ordena entonces a dar la vida, a ser fecundo. Sin embargo, la fecundidad por la cual los esposos se convierten al mismo tiempo en padres y madres debe ser también una dimensión «humana», es decir, guiada por la razón y por la virtud que la perfecciona en el plano del obrar: la prudencia. De aquí que el Magisterio de la Iglesia hable de “paternidad y maternidad responsables”.

Paternidad y maternidad responsables implica diversas cosas[3]:

Ante todo, el conocimiento y respeto de los procesos biológicos de la procreación, es decir, el descubrir con la inteligencia las leyes biológicas que forman parte de la persona y que se ordenan a dar la vida. Los esposos deben esforzarse por conocer su íntima naturaleza.

En segundo lugar, comporta el dominio de la inteligencia y de la voluntad sobre las pasiones y las tendencias del instinto en lo que tiene que ver con la vida sexual. Es decir, implica adquirir las virtudes morales (castidad, dominio de sí, etc.).

En tercer lugar, se señala como ejercicio de la paternidad y maternidad responsables la decisión respecto del número de hijos o la regulación de la natalidad, y lo hace en términos que hay que ponderar: a) Puede tratarse, ante todo, de una decisión ponderada y generosa de tener una familia numerosa o bien; b) También puede tratarse de una decisión de evitar un nuevo nacimiento (durante algún tiempo o por tiempo indefinido); decisión que debe ser tomada: a) por graves motivos; b) y en el respeto de la ley moral.

Cada matrimonio debe tener tantos hijos cuantos en conciencia formada y delante de Dios vea que Dios quiere, siempre manteniéndose abiertos a la vida en cada uno de sus actos conyugales. Amor y vida son, por consiguiente, los valores centrales que están en juego en el amor conyugal. Y esos valores son evidentemente de suma importancia.


[1] Sexualidad Humana. Verdad y Significado. Consejo Pontificio para la familia.Pág.12.

[2] David Isaacs. La educación de las virtudes humanas. EUNSA. 1991

[3] Idem. en “matrimonio y familia”

 

El hombre: persona

Toda ciencia (como es la biomedicina) y toda ética, suponen una relación con la antropología, no sólo porque se ocupan del hombre o del mundo del hombre, sino porque plasman sobre el hombre (paciente o investigado) la visión del hombre que tiene el científico. Lo mismo se diga de la ética y de la bioética: según sea la visión antropológica tal será la visión ética sobre los problemas analizados. Para esto, será necesario definir una antropología adecuada, que es “aquella que trata de comprender e interpretar al hombre en lo que es esencialmente humano”. Por lo tanto, hace falta aquí delimitar varios principios claves que han de guiar  toda la reflexión moral de la bioética.

 

El hombre como totalidad unificada

“El hombre es una unidad substancial de alma y cuerpo”. Se oponen a este aserto todos los reduccionismos, es decir, todas aquellas teorías que “reducen” la naturaleza del hombre ya sea negando el alma o reduciendo el cuerpo a pura apariencia.

Contra todo esto, debemos afirmar que el hombre es una “totalidad unificada”, es decir: cuerpo y alma unidos substancialmente: “esa naturaleza es al mismo tiempo corporal y espiritual. Cada persona humana, en su irrepetible singularidad, no está constituida solamente por el espíritu, sino también por el cuerpo, y por eso en el cuerpo y a través del cuerpo se alcanza a la persona misma en su realidad concreta. Respetar la dignidad del hombre comporta, por consiguiente, salvaguardar esa identidad del hombre.

La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la ‘forma’ del cuerpo; es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza.

 

El hombre es “persona”

La persona es fruto de un acto creador de Dios, quien crea e infunde el alma en cada ser humano. El acto generativo de un hombre y una mujer no dan razón de las superioridades que tiene el ser engendrado por ellos respecto de los seres engendrados de la unión de cualquier pareja de animales irracionales: no explica que este nuevo ser sea espiritual, inteligente y con voluntad. El ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas.

Al decir que el hombre es persona, estamos diciendo que es una “sustancia individual de naturaleza racional”. Lo que caracteriza a esta  sustancia individual, a diferencia de otras sustancias individuales (como el perro y la mosca), lo que la hace ser como es y obrar del modo como obra, es la racionalidad.

Al observar los vegetales y los animales… ¿Alguno de ellos es capaz de conocer las cosas en lo que “son” más allá de su apariencia sensible? ¿Alguno es capaz de hacer ciencia? ¿De conducirse, guiar sus propios actos, planeándolos por anticipado? ¿De renunciar a lo placentero por un bien mayor? ¿De amar y valorar la familia, la Patria o a Dios? Estas operaciones de inteligencia y voluntad, nos muestran, por el modo de operar, que la naturaleza del hombre, de la persona, es racional.

 

Características constitutivas

a)      Esta persona humana es compuesta. Materia: cuerpo y Forma: alma. Alma espiritual, incorpórea  y subsistente. Si bien la persona humana es compuesta, hay en ella una unidad esencial y existencial. Es una “totalidad integrada” y ordenada jerárquicamente. Un montón de ladrillos no es una totalidad, una casa sí lo es.

b)      La persona humana es limitada, finita. Limitada en el tiempo: nacemos y morimos. Además cada uno de nosotros no es todo lo demás, hay otras realidades que también son, que están más allá de nuestra individualidad real.

c)       El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, esta imagen divina no es univoca y perfecta, sino análoga e imperfecta.[1] La persona humana no es perfecta. En cada uno de nosotros hay imperfecciones. Pero hay también una posibilidad real de perfección. Nuestra naturaleza no tiene actualizadas, realizadas, todas sus posibilidades; pero tiende a ello. Y en ese tender a la perfección se desenvuelve la vida humana. Aquí está el profundo sentido de la educación.

d)      El hombre es un ser con interioridad.  Lo cual nos demuestra que es:

  • Capaz de reflexión, de un abandono de los objetos externos y una vuelta, un giro sobre sí, un giro sobre su interioridad psíquica.
  • Capaz de juzgar, es decir, de afirmar o de negar algo. Puede juzgar las cosas que son y como son. Se trata de juicios provenientes de la contemplación del orden dado. También puede juzgar lo que debe ser y lo que se debe hacer. Este es un juicio práctico. La razón establece un orden donde no existía.
  • Capaz de proyectar, en el sentido de elaborar un proyecto en su interioridad. Hay una conducta pensada, proyectada, juzgada en la interioridad, previa a la conducta vivida.

e)      El hombre es un ser capaz de guiar su propia vida. Nace con un proyecto vital específico… pero hay una diferencia fundamental entre él y los otros seres vivos. El hombre elabora su propio proyecto, y lo vive después; conduce su vida concreta y da sentido a sus actos. Y esto es posible dada su capacidad para conocer el fin, y conocer los medios adecuados para alcanzar ese fin. Y el hombre es el único ser vivo capaz de conocer fines y juzgar cuál es el medio más adecuado y más conveniente para alcanzarlos.

f)        El hombre es un ser capaz de elegir. Es posible elegir:

  • El “modo” de realizarnos como personas.
  • Los distintos medios para alcanzar los fines [2]intermedios y el fin último
  • Los fines intermedios

Sin embargo  No podemos elegir:

  • El fin último de la naturaleza humana: la felicidad. Para poder hacerlo tendríamos que ser sus autores, y de hecho no lo somos.
  • El fin último sobrenatural, ni
  • El Bien Común.

 

El conocimiento, y la búsqueda de estos fines y medios tienen una estrecha relación con la ética. La persona humana lleva en su naturaleza inscrita una ordenación obligatoria, necesaria, al bien común universal que es Dios y al bien común de la sociedad, que está por debajo y es más particular que aquel bien que subordina a sí cualquier otro.

El hecho de compartir todos los hombres la común naturaleza humana, tiene importantes consecuencias:

1°) las personas humanas compartimos un único e idéntico fin último; y 2°) los preceptos éticos son universales, es decir, se aplican por igual a todos los hombres, de todos los tiempos y bajo cualquier circunstancia. Todo esto fue, es y será así, mientras la naturaleza humana siga siendo la misma; y si cambiara, ya no seríamos persona humana, sino otra cosa diferente, a la cual habría que aplicarle sus propias reglas… Sin embargo, no todos admiten un fin último común –hay personas a las que por su estilo de vida, esto parece resultarles sumamente inconveniente.

Las maravillas de la naturaleza, tras una simple y atenta observación, tanto el macro como el microcosmos, sólo pueden explicarse, aceptando un orden asombroso y una Inteligencia Ordenadora, de una naturaleza muy superior a las posibilidades de la humana.

Sería impensable que ese maravilloso orden de la Creación, no se aplicase a la criatura más noble –el ser humano-. Ahora bien, todo orden implica –necesariamente-, un fin; que es -precisamente-, el criterio ordenador.

Por nuestra libertad –capacidad de hacer el bien o no hacerlo-, los seres humanos podemos auto-proponernos múltiples y subjetivos fines, muchos de los cuales –a su vez-, son medios para alcanzar otros fines superiores. Pero esa multiplicidad de fines no puede ser una cadena infinita; alguno tiene que ser el último, en cuanto meta final de la vida humana; o, lo que es lo mismo, el fin primario que ordena y da sentido, a la totalidad de la vida y actos de cada hombre. Y como nuestra naturaleza es común, dicho fin también –necesariamente- lo es.  Además, es experiencia universal que todas las personas buscamos ardientemente la felicidad, entendida como la pacífica posesión del bien. La felicidad es, pues, el fin último natural del hombre.

La discrepancia radica en cómo obtenerla, pero no en que todos la buscamos, o en que no sea el fin último de la humanidad. Parece experiencia universal indubitada, que la felicidad no está en ninguna cosa, ni en la sumatoria de todas ellas; sino más bien en la propia satisfacción, al realizar constantemente el bien, y éste en sentido objetivo.

Por tanto, la ética es el conocimiento de lo bueno –para realizarlo-, y de lo malo –para evitarlo-. Tiene estrecha relación con el último fin, que es el que marca la bondad objetiva, la cual, a la postre, es la único que puede hacernos felices.

 

Orden Natural y comportamiento humano.

Al estar estudiando actos humanos,  hemos de conocer la naturaleza humana para saber de las leyes que la rigen. Esa naturaleza no es resultado del azar ciego, que sostiene el materialismo, sino que posee un Orden, una jerarquía que se manifiesta en todos los seres y todos los fenómenos.

El hombre siempre se ha admirado de la regularidad de la marcha de los planetas, del ritmo de las estaciones, de la generación de la vida. Todo lo cual nos evidencia que hay una naturaleza y que existe un orden en ella, a lo que llamamos orden natural.

Cicerón nos enseña que hay un orden de la naturaleza con tres caracteres fundamentales:

a)      Es objetivo, pues no depende de “la opinión general”, ni de los “decretos de los imperantes”, ni de las “sentencias de los jueces”, todos ellos elementos subjetivos y cambiantes. El bien y lo justo no dependen de la conveniencia o capricho.

b)     Es universal, pues atañe a todos los hombres -mujeres y varones-, de todos los tiempos, lugares y demás circunstancias; pues la naturaleza humana es común a todos.

c)      Finalmente dicho orden de la naturaleza es inmutable, pues nuestra naturaleza -esencia-, no cambia. El mismo Cicerón no era ni más ni menos hombre que ninguno de nosotros, aunque por sus excepcionales cualidades, probablemente nos supere a todos en ellas; pero esas habilidades son elementos accidentales, y no hacen propiamente a la humanidad de ninguna persona, sólo la califican.

 


[1] Antonio Royo Marin. Dios y su obra. BAC. Madrid.1963

[2] El fin último y los fines intermedios pueden ser conocidos  por la inteligencia. Por la voluntad, adherimos a ellos o nos alejamos de los mismos.

 

Encarnizamiento terapéutico

La vida, propia y ajena, es un valor y un don, frente al cual el hombre debe comportarse como administrador y no como señor absoluto. Esto impone el respeto y el cuidado de la misma. Por lo dicho, el rechazo de los medios habituales y necesarios para conservarla (como por ej. la nutrición, el descanso) equivale a una autodestrucción que viola los derechos divinos. Pero, cuando la muerte es algo inminente e irreversible, el hombre no está obligado a conservarla a todo costo y por cualquier medio porque la disolución de la vida es algo natural e inevitable. Así, “la interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el ‘encarnizamiento terapéutico’. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad, o sino por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.[1]

En un caso de coma “irreversible”, quedando firme la obligación de las curaciones ordinarias, no se está obligado a practicar el empleo de medios particularmente dolorosos u onerosos para el paciente, condenándolo a una prolongación de su agonía. Prolongar la vida puramente aparente y totalmente artificial, después que las funciones cerebrales hayan cesado completa e irreversiblemente, sería una ofensa al moribundo y a su muerte.



[1] Catecismo…, n. 2278; Compendio, n. 471.

Naturaleza de la muerte

“El hombre, que no es dueño de la vida, tampoco lo es de la muerte; en su vida, como en su muerte, debe confiarse totalmente al ‘agrado del Altísimo’, a su designio de amor… La enfermedad no lo empuja a la desesperación y a la búsqueda de la muerte, sino a la invocación llena de esperanza…” [1]

La muerte, desde el punto de vista filosófico, consiste en la separación del cuerpo y del alma. Una vez que el cuerpo y el alma se separan, no tendremos una sola forma cadavérica que substituya de manera definitiva y estable al alma espiritual, sino que en el cadáver se va produciendo una ‘sucesión continuada’ de formas substanciales hasta la última reducción material, esqueleto óseo o cenizas.

Científicamente hablando, “una persona está muerta cuando ha sufrido una pérdida total e irreversible de la capacidad para integrar y coordinar todas las funciones del cuerpo –físicas y mentales– en una unidad funcional”.[2] Dicha definición enfatiza que la capacidad para coordinar las funciones físicas y mentales tiene que haber sido perdida en todo sentido, y que este estado debe ser irreversible. Es una capacidad exclusiva del organismo el unir y coordinar las funciones mentales y físicas en una unidad que no puede ser reemplazada por medios artificiales o por tecnología médica.

Es importante enfatizar que las funciones físicas del cuerpo de un individuo no son eliminadas instantáneamente, sino en forma sucesiva -una vez que el cerebro ha dejado de funcionar-. Algunas de ellas, como la respiración y la actividad del corazón, cesan casi instantáneamente, pero estas funciones pueden ser sostenidas por un tiempo limitado, generalmente no más que unos pocos días, con la ayuda de medios artificiales. Algunos reflejos espinales pueden sobrevivir por algunos días aun después de un cese completo e irreversible de todas las funciones cerebrales”.

Este concepto científico de muerte es plenamente compatible con la noción filosófica, es más… parece ser su traducción clínica, pues es el alma, como forma substancial del cuerpo (forma única de la persona humana) la que coordina y unifica todas las funciones de la persona humana. La separación del cuerpo y del alma debe redundar precisamente en la descoordinación total e irreversible de todas las funciones mentales y físicas del sujeto.

La muerte no puede conllevar adjetivos. Una persona está viva o está muerta”.[3] Por lo tanto, no puede hablarse de “muerte cerebral”, “puesto que también tendríamos que hablar de una muerte cardíaca, o una muerte pulmonar, etc.

El problema consiste en determinar con exactitud cuáles son los signos físicos o biológicos que  constituyen un indicio de la pérdida total e irreversible de todas las funciones.

 

 

CRITERIOS PARA VERIFICAR LA PÉRDIDA TOTAL E IRREVERSIBLE DE TODAS LAS FUNCIONES

No vamos a considerar aquí el criterio para corroborar el advenimiento de la muerte que sostienen quienes aceptan la “muerte aparente”. Para estos, la muerte puede considerarse ocurrida cuando se constata la pérdida irreversible de la conciencia (pérdida de la capacidad de relación). Es evidente que esto no es la muerte… por lo tanto, proceder a cualquier acción contra la persona que se encuentra en tal estado puede constituir una auténtica eutanasia positiva.

 

Fuera de éste podemos señalar dos posiciones:

  1. El criterio cardio-respiratorio como criterio directo: aceptarán sólo la detención del corazón como “signo” de la muerte avenida. Los que defienden esta posición niegan tanto la validez de los signos, como el mismo criterio de muerte encefálica. Por este motivo consideran que la extracción del corazón latiendo constituye un delito de homicidio culposo por imprudencia.
  2. El criterio de la pérdida total e irreversible de todas las funciones: La posición que define la muerte como pérdida total e irreversible de todas las funciones mentales y físicas, etc., tal como lo hemos puntualizado más arriba, reconoce dos criterios, uno directo y otro indirecto.
  • Criterio indirecto relacionado con el corazón: “La pérdida total e irreversible de todas las funciones cerebrales, implica un paro cardíaco y respiratorio, de más de 15 a 20 minutos como regla. Durante este tiempo, el tejido cerebral sucumbe irreversiblemente debido a la falta de oxígeno. De aquí que el criterio “indirecto” es siempre suficiente para probar una pérdida total e irreversible de todas las funciones cerebrales. El criterio indirecto, no es siempre válido en nuestros días ya que la respiración y la actividad cardíaca pueden ser mantenidas artificialmente, aunque todo el funcionamiento cerebral haya sido perdido irreversiblemente. De todas maneras, el criterio indirecto de muerte ha sido y permanecerá aplicable en el futuro en más del 99% de las muertes”.
  • Criterio directo de muerte relacionado con el cerebro: Este criterio es usado en un número reducido de pacientes, generalmente bajo cuidados intensivos, en los que la actividad cardíaca y pulmonar es mantenida artificialmente por medio de un respirador. Según Obiglio sería usado en un 0,2-0,7 % de las muertes. Este criterio es usado en pacientes que han sufrido un infarto total de cerebro, también mal llamada, según hemos dicho, muerte cerebral.

 

La definición dada por la Pontificia Academia de las Ciencias[4] fue la siguiente: “una persona está muerta cuando ha sufrido una pérdida irreversible de toda capacidad de integrar y de coordinar las funciones físicas y mentales del cuerpo”. La muerte sobreviene cuando:

  1. Las funciones espontáneas cardíacas y respiratorias cesaron definitivamente
  2. Se verificó el cese irreversible de toda función cerebral

 

Así, la detención definitiva de las funciones cardio-respiratorias conduce muy rápidamente a la muerte cerebral, siendo este último el verdadero criterio de la muerte.

Como vemos, el momento de la muerte es un acontecimiento que ninguna técnica científica o método empírico puede identificar directamente. Pero la experiencia humana enseña también que la muerte de una persona produce inevitablemente signos biológicos ciertos, que la medicina ha aprendido a reconocer cada vez con mayor precisión. En este sentido, los ‘criterios’ para certificar la muerte, que la medicina utiliza hoy, no se han de entender como la determinación técnico-científica del momento exacto de la muerte de una persona, sino como un modo seguro, brindado por la ciencia, para identificar los signos biológicos de que la persona ya ha muerto realmente.


[1] JUAN PABLO II, EV, 46.

[2] Comité para la Definición de la Muerte”, del grupo de trabajo de la Pontificia Academia de Ciencias, reunido en la Ciudad del Vaticano en 1989.

[3] Cf. H. OBLIGIO, “A propósito de una definición sobre la muerte…”, 3-4.

[4] La Pontificia Academia de las Ciencias no es órgano del Magisterio Pontificio, ni compromete a éste con sus conclusiones.

 

Endocrinología y ciclo menstrual

Existe una íntima conexión entre el sistema nervioso central (SNC) y el endocrino (regulación hormonal).  Tan íntima que es en el eje hipotálamo-hipófisis donde se inician y desencadenan los procesos fisiológicos del ciclo menstrual.

Hormonas hipotalámicas

El hipotálamo es una glándula endocrina que forma parte del diencéfalo y se sitúa por debajo del tálamo. Libera al menos nueve hormonas que actúan como inhibidoras o estimulantes en la secreción de otras hormonas en la adenohipófisis, por lo que se puede decir que trabaja en conjunto con ésta.

El hipotálamo produce la hormona antidiurética (ADH) que actúa sobre los riñones y regula el balance de agua en el cuerpo. Además, produce la oxitocina, la cual acelera el número de contracciones en el parto, contribuye a la reubicación del útero luego del parto y estimula a las glándulas mamarias a secretar leche. En los hombres se desconoce su funcionalidad, pero se la asocia con los genitales externos y con receptores de la vesícula seminal.

Aparte de las dos hormonas de acción directa mencionadas, el hipotálamo secreta diversas hormonas o factores que regulan la secreción de hormonas hipofisarias.

Hormonas hipofisarias

La hipófisis o glándula pituitaria es la glándula que controla el resto de las glándulas, entre ellas la tiroides. Es una glándula compleja que se aloja en un espacio óseo llamado silla turca del hueso esfenoides, situada en la base del cráneo, en la fosa cerebral media, que conecta con el hipotálamo a través del tallo pituitario o tallo hipofisario.

La hipófisis está formada por tres partes:

-          Lóbulo anterior o adenohipófisis: es responsable de la secreción de numerosas hormonas (ver más adelante).

-          Hipófisis media o pars intermedia: induce el aumento de la síntesis de melanina de las células de la piel.

-          Lóbulo posterior o neurohipófisis: almacena a las hormonas ADH y oxitocina secretadas por el hipotálamo.

Hormonas sintetizadas por la adenohipófisis

Las demás hormonas son hormonas tróficas que tienen su efecto en algunas glándulas endocrinas periféricas:

La LH y la FSH son denominadas gonadotropinas, ya que regulan la función de las gónadas. La regulación de la secreción de las hormonas hipofisiarias se realiza mediante un mecanismo de retroalimentación negativa el cual se establece entre el hipotálamo, la hipofisis y los receptores específicos para cada hormona, localizado en los órganos diana. El proceso se realiza en el momento en que el sistema nervioso central recibe un estímulo, el hipotálamo recibe parte de ese estímulo y actúa sobre la hipófisis, a su vez, el hipotálamo secreta las respectivas hormonas en la adenohipófisis o libera las de la neurohipófisis; estas se incorporan a la circulación, viajan por medio de la sangre y son captados por receptores específicos ubicados en los órganos diana, un ejemplo es la captación de la TSH por parte de los lóbulos tiroideos de la glándula tiroides. En ese momento el órgano diana, que en todo caso es cualquiera de las glándulas endocrinas comienzan a secretar sus propias hormonas, con lo que se envía un estímulo al sistema nervioso, específicamente al hipotálamo, o directamente a la hipófisis con lo cual se contrarresta el estímulo inicial.

Hormonas Ováricas

Las hormonas ováricas son los estrógenos y progestágenos, que son las hormonas femeninas producidas por los ovarios, cuya producción va disminuyendo luego de la menopausia.

Los estrógenos inducen fenómenos de proliferación celular sobre los órganos, principalmente endometrio, mama y el mismo ovario. Sobre el endometrio, actúan coordinadamente con los gestágenos, otra clase de hormona sexual femenina que induce fenómenos de maduración. Los estrógenos presentan su mayor concentración los primeros 7 días de la menstruación. Al regular el ciclo menstrual, los estrógenos afectan el tracto reproductivo, el urinario, los vasos sanguíneos y del corazón, los huesos, las mamas, la piel, el cabello, las membranas mucosas, los músculos pélvicos y el cerebro. Los caracteres sexuales secundarios, como el vello púbico y el axilar también comienzan a crecer cuando los niveles de estrógeno aumentan.

Los progestágenos, también conocidos como progestógenos o gestágenos, son hormonas con un efecto similar a la progesterona, el único progestágeno natural. Todos los demás progestágenos son sintéticos, y entre ellos encontramos al levonorgestrel (la llamada “píldora del día después”). Todos los progestágenos tienen propiedades antiestrogénicas (es decir, revierten los efectos de los estrógenos del cuerpo) y antigonadotrópicas (es decir, inhiben la producción de esteroideos sexuales en las gónadas).

Ciclo menstrual

El ciclo sexual femenino humano (o ciclo menstrual) es el proceso mediante el cual se desarrollan los gametos femeninos (óvulos u ovocitos) y se producen una serie de cambios dirigidos al establecimiento de un posible embarazo. El inicio del ciclo se define como el primer día de la menstruación y el fin del ciclo es el día anterior al inicio de la siguiente menstruación. La duración promedio del ciclo es de 28 días, aunque ésta puede ser más larga o más corta. La menstruación es un proceso cíclico fisiológico de las mujeres sexualmente maduras que ocurre con una cadencia media aproximada de veintiocho días, aunque el 90% de las mujeres tiene ciclos entre 23 y 35 días. Durante la menstruación se produce un sangrado vaginal fruto de la descamación de la capa funcional del endometrio, como consecuencia de la brusca deprivación hormonal al final del ciclo femenino, cosa que se presenta si no se ha producido la implantación de un blastocito.

Reconocimiento de la fertilidad

Ordenamiento de la sexualidad a la procreación

En todo momento el acto sexual de los esposos debe ser idóneo para expresar el mutuo amor (su intención unitiva) y al mismo tiempo debe respetar la capacidad procreativa que la naturaleza le otorgue.

El principio fundamental de la Humanae Vitae es que los dos significados deben mantenerse juntos en cada acto y nunca separarse voluntariamente; por lo tanto siempre que se usa la sexualidad de un modo pleno (acto sexual) debe estar presente: la unión real (no solo el cuerpo sino el afecto y el espíritu) y la apertura a la procreación que es propia del momento elegido por los esposos para realizar sus actos sexuales.

La anticoncepción se trata de una acción que desvirtúa substancialmente –y por lo tanto gravemente- la naturaleza de la sexualidad y de la conyugalidad, por cuanto separa las dos dimensiones o significados del acto conyugal; en los casos de los anticonceptivos que tienen un efecto abortivo, además, se suma el agravante de un homicidio calificado.

 

Cultura de la vida: alternativa a la necesidad de espaciar nacimientos por causas graves

El Papa Juan Pablo II expresa: «Hay que excluir aquí que pueda ser calificada de ‘responsable’, desde el punto de vista ético, la procreación en la que se recurre a la anticoncepción para realizar la regulación de la natalidad. El verdadero concepto de ‘paternidad y maternidad responsables’, por el contrario, está unido a la regulación de la natalidad honesta desde el punto de vista ético»

«Cuando los esposos, mediante el recurso a la anticoncepción, separan estos dos significados que Dios Creador ha inscrito en el ser del hombre y de la mujer y en el dinamismo de su comunión sexual, se comportan como ‘árbitros’ del designio divino y ‘manipulan’ y envilecen la sexualidad humana, y con ella la propia persona del cónyuge, alterando su valor de donación ‘total’. Así, al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, la anticoncepción impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal».

Se pueden hallar más confirmaciones de la gravedad moral objetiva de la anticoncepción prestando atención a algunas características que ese comportamiento ha asumido en nuestro tiempo. La difusión en las masas de la anticoncepción ha sido el primer paso de un camino de muerte. De allí ha derivado pronto una vasta «mentalidad anticonceptiva» es decir, una amplia actitud de rechazo de todo hijo no querido, abriendo así el camino a una gran aceptación social de la esterilización y del aborto. A su vez, esto está constituyendo la premisa para la aceptación social de la eutanasia y de su legitimación jurídica.

La anticoncepción ha desempeñado y desempeña un papel muy importante en el desarrollo de la asoladora «cultura de la muerte», cuyas víctimas se cuentan por decenas de millones cada año. Una cultura que, además, envilece la sexualidad humana y desvirtúa el amor incluso en su forma más sublime, como es el amor materno, cuando confiere a la madre el absurdo derecho de matar al niño que lleva en su seno. Cultura que ha llegado hasta la modificación del significado de las palabras, para con ello, confundir y poder lograr sus propósitos con menor resistencia social (para citar solo un  ejemplo: llamando anticoncepción artificial a los dispositivos intrauterinos, cuyo mecanismo de acción es probadamente abortivo, al impedir la anidación en el endometrio, del embrión cuya vida ya tuvo inicio varios días antes).

Los cónyuges que eligen la anticoncepción, lo sepan o no, contribuyen a consolidar y potenciar en su fuente esa cultura de la muerte. Teniendo esto en cuenta hay que decir que es ilícito procurar un buen fin (evitar el riesgo para la salud) o cualquier otro fin que se evidencie, con el mal medio de la anticoncepción artificial. Recordemos lo visto anteriormente respecto de la necesidad de bondad tanto en el objeto, como en el fin o la circunstancia. La anticoncepción es mala en sí, pues separa los dos aspectos que son intrínsecos al acto conyugal: el unir a los esposos y al mismo tiempo y volverlos potencialmente fecundos. En cambio es lícito buscar un buen fin (por ej. evitar el peligro para la vida) a través del uso honesto de los ritmos naturales[1]. Estos actos son buenos porque en este caso los esposos se limitan a conocer una disposición natural (es decir, causada por el Creador) que son los ritmos naturales de la mujer, para servirse de ella (cf. HV,16); en este caso los esposos se reconocen “no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien administradores del plan establecido por el Creador” (Humanae vitae, 13).

Hay que tener en cuenta que los métodos naturales no son  anticonceptivos, sino “no-conceptivos”: no van “contra la concepción” (ni la impiden ni la destruyen) pues consisten simplemente en abstenerse de los actos sexuales conyugales en los períodos que la mujer reconoce como fecundos.[2] Tener o no tener relaciones sexuales matrimoniales es algo que pertenece a la libertad de los cónyuges; pero, si deciden tenerlas, deben ser una expresión de su amor, que como ya vimos, es inseparablemente unitivo y procreador. El hecho de saber de antemano que no podrá haber una concepción, puesto que la mujer no es fértil en ese momento, no quita al acto conyugal su sentido procreador, que no depende del resultado alcanzado. Este significado es originario en el acto conyugal, y para que éste quede privado de él hace falta una manipulación artificial que lo deforme, cerrándolo a la transmisión de la vida.

Por otro lado recordemos el tema de la necesidad de graves motivos para utilizar el recurso de los días infértiles, de lo contrario, podría ser utilizado como anticonceptivo en la intención, la cual, sin embargo, no conduce en la práctica a actos anticonceptivos, sino a abstenerse de la realización de actos que puedan conducir a la concepción de una vida nueva: no priva a ningún proceso de su natural eficacia generadora. Existe por tanto, una diferencia objetiva respecto a la acción anticonceptiva, porque es muy distinto privar un acto de sus potencialidades, que no realizarlo. El desorden moral del recurso inmotivado a los ritmos de infertilidad femenina consiste en haber tomado una decisión negativa sobre los hijos, que no corresponde a su misión. Existe la diferencia de hacer positivamente el mal y no realizar el bien debido.

Los métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad se colocan en el contexto más amplio de la educación de las virtudes, propio de una antropología correcta. Exigen no sólo el conocimiento de sí mismos sino el aprendizaje del dominio de sí mismos. Por ello estos métodos son educativos del carácter. En esencia, los “métodos naturales” son solamente un método de diagnóstico de los periodos fértiles de la mujer lo cual permite la abstinencia de las relaciones sexuales cuando justificados motivos de responsabilidad exigen evitar una nueva concepción. De este modo, se constituyen en un medio para que los cónyuges modifiquen su comportamiento sexual mediante la abstinencia. De este modo, se trabaja en la capacidad de dominar, controlar y orientar los impulsos de carácter sexual. Supone la práctica de la virtud de la castidad conyugal, constituyéndose esta en una de las razones fundamentales de la bondad de estos métodos, pues la adquisición y la práctica de las virtudes en general y de la castidad en particular son esenciales para el autentico amor conyugal.

El juicio moral, por lo tanto, que se examine no solo el objeto sino además el fin y la circunstancias. La decisión de recurrir a los métodos naturales implica un juicio prudencial por el cual los esposos juzgan que no es prudente aquí y ahora poner los medios para concebir un nuevo hijo.

La cultura de la muerte, es fruto de la cultura del egoísmo que envenena el corazón del hombre. La solución está en la instauración de una nueva cultura de la vida, pero esta ha de brotar de corazones generosos, con Dios y con los demás, en la familia y la sociedad, generosos con el don de la vida misma. Esta cultura de la muerte ha visto como gran medio para lograr sus objetivos, tergiversar el sentido de la sexualidad (que sintetizamos en los puntos anteriores). Nunca una educación de la sexualidad estará completa, ni será del todo proveedora de significados, y por lo tanto eficaz, si no está integrada en  la educación para el amor; teniendo siempre como marco los valores humanos.


[1] Dice S.S Pablo VI: “Si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio sólo en los períodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales” (Humanae vitae, 16).

[2] R.P. Miguel Ángel Fuentes. idem

 

Gestación

¿Desde que momento puntual podemos empezar a hablar de VIDA HUMANA?

Y la respuesta nos la da el genetista, Dr. Jerome Lejeune:

“. . . cada uno de nosotros tiene un comienzo muy preciso, y es el momento de la concepción.  Sabemos, y la genética y la zoología están ahí para decírnoslo, que existe un lazo entre los padres y los hijos. Y este lazo está formado por una larga molécula que podemos analizar, la molécula de ADN, que transmite la información de padres a hijos, de generación en generación.

En cuanto el programa se escribe en el ADN, tan pronto como se encuentran los 23 cromosomas transportados por el espermatozoide con los 23 transportados por el óvulo, ya tenemos reunida toda la información necesaria y suficiente para expresar todas las características del nuevo ser . . .

Entonces queda definido un nuevo ser humano porque su constitución personal y su constitución humana se encuentran completamente formuladas.(2)

Esta primera célula, el cigoto, una célula extraordinaria, única, es ya, desde el primer momento masculina o femenina. Es único, porque nunca antes en la historia de la humanidad ha existido este ser humano, y nunca más, volverá a existir otro igual que este.

Esta célula, además, esta completa, lo cuál significa que nada más se agregará desde este momento hasta la muerte, nada, salvo oxígeno y elementos nutrientes.

Ya desde la Primera Conferencia Internacional sobre el Aborto (octubre de 1967) que se llevó a cabo en Washington D.C donde se reunieron personalidades mundiales de los campos de la medicina (obstetras, ginecólogos, genetistas, bioquímicos, etc.), las leyes, ética y ciencias sociales. La conclusión a la que llegaron fue:

“Nada se añadirá a este nuevo ser humano, excepto tiempo, nutrición y oxígeno. Está ahí en su totalidad, a la espera de recorrer cada una de las etapas del desarrollo”. (3)

El espermatozoide se une con el óvulo para formar una sola célula.

Esta célula única contiene el complejo diseño genético para todos y cada uno de los detalles del desarrollo del ser humano.

El jovencísimo ser humano, justo después de la fecundación, se divide en 2 células ( blastómeros), una de ellas se vuelve a dividir en dos ( pasamos por un estadio de 3 células), luego se llega a 4 y se continúa por múltiplos de 2. (4)

¿Cómo se desarrolla esta vida humana en el seno materno?

Breve reseña de aproximadamente 9 meses de gestación.

Mes Primero: La primera célula al cabo de unas horas se divide, y luego de otras pocas horas las divisiones continúan de una manera ordenada conforme este pequeño racimo de células viaja a través de la Trompa de Falopio hacia el útero, donde el tejido uterino ha sido preparado para la implantación.  Hay más de 100 células en el embrión cuando este pequeñito ser llega al útero a los 7 a 10 días después de la fertilización.

Día 20: los fundamentos del cerebro, la espina dorsal, y el resto del sistema nervioso ya han sido establecidos.

Día 21:  el corazón comienza a latir de manera regular.

Día 28: la columna vertebral, el resto del esqueleto y los músculos se están formando; los brazos, las piernas, los ojos y las orejas comienzan a notarse.  Al mes de edad, el embrión es 10.000 veces más grande que el original óvulo fertilizado, y continúa desarrollándose rápi­damente.  El corazón bombea crecientes cantidades de sangre a través de este sistema.  La placenta forma una barrera única que deja separada la sangre de la madre, pero permite que la comida y el oxígeno pasen al bebé.

Mes Segundo: A los 35 días el bebé nonato tiene todos sus dedos formados. Ondas de actividad cerebral pue­den detectarse al día 40.  El cerebro está con­trolando 40 juegos de músculos lo mismo que los órganos.  La mandíbula se forma, incluyendo la raíz de los dientes en la encía.  Los párpados se cierran en este período para proteger el desarrollo de los ojos del bebé, muy sensibles a la luz, y los reabrirá al 7° mes.  El estómago produce jugos digestivos y los riñones han comenzado a funcionar.  El pequeñito ser humano responde al tacto.  A las 8 semanas el bebé en desarrollo recibe el nombre de feto, palabra del latín que quiere decir “el Joven” o el  “vástago”.

Mes Tercero: Sus huellas digitales son únicas son ya evidentes y nunca se modificarán.  El bebé ahora duerme, despierta y ejercita sus músculos: volteando su cabeza, doblando los dedos de sus pies, abriendo y cerrando su boca,  y a veces chupándose el pulgar.  Cuando cierra su palma de la mano puede hacer un puño apretado.  El “respira”  líquido amniótico para ayudarse a desarrollar su sistema respiratorio.  A las 12 semanas todos los órganos y sistemas de su cuerpo ya están funcionando.  Su única actividad mayor desde este momento hasta que nazca será crecer, incrementar su tamaño.

Mes Cuarto:  Para el final de este mes (16 semanas) el bebé tiene de 20 a 25 cm de estatura y pesa 227 gramos o más.  Sus oídos están funcionando, y hay evidencia de que el bebé oye la voz y el latido del corazón de su mamá, así como ruidos externos.  El cordón umbilical se ha convertido en una maravilla de la ingeniería, transportando 300 litros de líquidos al día terminando un viaje completo de líquidos cada 30 segundos.  Debido a que el bebé es más grande, usualmente su mamá comienza a sentir los movimientos de su niño durante este mes

Mes Quinto:  La mitad del tiempo de embarazo ha transcurrido ya.  El bebé  tiene 30 cm. de largo.  Si un sonido es especialmente fuerte o desagradable, él puede reaccionar saltando asustado.  Los bebés que nacen prematuros en este estado de desarrollo (19 a 20 semanas) están sobreviviendo en proporciones mayores debido a los avances de la tecnología médica.

Mes Sexto:  Comienzan a funcionar las glándulas sebáceas y sudoríparas. La delicada piel del bebé en desarrollo, está protegida del fluido amniótico que le rodea mediante un ungüento especial llamado vernix caseosa. Si el bebé naciese en este mes y recibiera los cuidados necesarios, podría sobrevivir.

Mes Séptimo:  El cerebro del bebé tiene ya casi tantas células como tendrá al nacer.  El bebé nonato utiliza cuatro sentidos: la vista, el oído, el gusto y el tacto.  En estudios se ha demostrado que el bebé reconoce la voz de su mamá.

Mes Octavo:  La piel comienza a engrosarse, con una capa de lípido guardada debajo de ella para aislante y para reserva alimenticia.  Se incrementan los anticuerpos.  El bebé toma casi 4 litros de líquido amniótico al día.  Ha estado orinando ya desde hace algunos meses.

Mes Noveno: Hacia el fin de este mes, el bebé está listo para nacer.  La duración promedio del embarazo es de 280 días, contados desde el primer día de la última menstruación de la mamá, pero hay muchas variaciones.  Ya para este tiempo el corazón del niño está bombeando 1140 lt. de sangre al día.  En respuesta a señales del cerebro, el niño dispara el mecanismo del proceso de parto y así ocurre el nacimiento.

En la generación de las 45 divisiones celulares que ocurren antes de ser adultos, 41 han tenido lugar en el vientre materno.  Solo habrá cuatro más: durante el resto de la niñez y antes de la adolescencia.  En términos de desarrollo, nosotros pasamos 90 % de nuestras vidas en el vientre materno.

Mira imágenes del desarrollo intrauterino, con ecografías 4d

Biología del desarrollo prenatal

Fecundación

Durante una relación sexual los espermatozoides entran en contacto con el moco cervical e invaden el canal cervical. A las 2 horas los que no han penetrado en el moco son destruidos por el pH ácido de la vagina, el cual es amortiguado durante unos minutos por el líquido seminal. El paso por las trompas se hace gracias al impulso de los flagelos y a las ondas rítmicas de las trompas (desde el istmo hasta la ampolla). En el istmo se acumulan los espermatozoides debido a una secreción viscosa, que los libera de forma intermitente. El momento de la fecundación se produce cuando el espermatozoide penetra en el ovocito y se fusionan los pronúcleos, dando lugar al cigoto o huevo fecundado. Comprende varias fases:

  • Encuentro de los gametos: El ovocito está rodeado por la zona pelúcida y por el cúmulo. Los espermatozoides llegan del istmo en oleadas. Conservan su poder fecundante durante tres días. El espermatozoide entra en contacto con el cúmulo y libera hialuronidasa, que es capaz de disgregar el cúmulo. El paso entre las células del cúmulo y de la matriz extracelular se hace gracias al impulso del flagelo.
  • Interacción con la zona pelúcida: Los espermatozoides se ponen en contacto con la zona pelúcida, gracias a glucoproteínas de esta zona (IR específicos de especie) y proteínas de la membrana plasmática de la cabeza del espermatozoide (ZP1, ZP2, ZP3). Esta fijación desencadena la reacción acrosómica, en la que una enorme concentración de calcio produce la fusión de las membranas que va seguida de su ruptura con liberación de enzimas acrosómicas que hidrolizan la zona pelúcida y producen un túnel a través del cual el espermatozoide llega al espacio perivitelino. -
  • Fusión de los gametos y activación del ovocito: El primer espermatozoide que llega al espacio perivitelino produce la fusión con el ovocito, que gracias al calcio se activa. El ovocito es capaz de incorporar la cabeza al citoplasma. -
  • Reacción cortical y terminación de la meiosis: Inducidos por el calcio, los gránulos corticales del citoplasma del ovocito salen fuera de la célula, formando una capa alrededor de la membrana. Se liberan enzimas hidrolíticas que producen cambios en la zona pelúcida que la hacen impermeable a los demás espermatozoides. Se pone en marcha la meiosis II del óvulo. Los dos pronúcleos se sitúan de forma excéntrica en el citoplasma del ovocito fecundado. Se replica el DNA y por los microfilamentos, emigran hacia la zona central del citoplasma. Se produce una profase y pierden sus membranas. Se intercambia el material genético femenino y masculino y se originan las dos primeras células del embrión.

¿Desde qué momento puntual podemos empezar a hablar de VIDA HUMANA? Existen numerosos testimonios científicos, pero por razones de espacio, citamos a uno indiscutible. Jerome Lejeune, descubridor del trisomía 21 o síndrome de Down, profesor de Genética de la Universidad de Paris sostiene: “En cuanto los 23 cromosomas del espermatozoide se encuentran con los 23 cromosomas el óvulo, toda la información necesaria y suficiente esta allí, reunida en el ADN (Ácido Desoxiribo Nucleíco) para determinar todas las cualidades de un nuevo ser humano. No se trata de una opinión, de un postulado moral o de una idea filosófica, sino de una verdad experimental. La fecundación in vitro lo ha demostrado: si antes, en la probeta, no es un ‘bebé’ ¿para qué, entonces, implantarlo en el útero? Si el ser humano no comienza con la fecundación, no comienza nunca. Ningún científico informado puede indicar un solo dato objetivo posterior a la constitución de un nuevo ADN como hecho del que dependa el inicio de una vida humana. El endometrio no genera al ser humano; solo lo recibe y lo nutre. Afirmar  que la vida humana comienza después de la fecundación, no es científico. Es una afirmación arbitraria, fruto ideologías o intereses ajenos a la Ciencia. El cigoto, fruto de la fusión de las dos células germinales, es un individuo distinto del padre y de la madre, con una carga genética que tiene el 50%  de cada uno de los progenitores”. Esta primera célula, el cigoto, único y extraordinario, contiene el complejo diseño genético para todos y cada uno de los detalles del desarrollo del ser humano. El cigoto es único, porque nunca antes en la historia de la humanidad ha existido este ser humano, y nunca más, volverá a existir otro igual que este. Esta célula, además, está completa, lo cual significa que “nada se añadirá a este nuevo ser humano, excepto tiempo, nutrición y oxígeno. Está ahí en su totalidad, a la espera de recorrer cada una de las etapas del desarrollo”.[1] Esta célula es, desde el primer momento, masculina o femenina. El jovencísimo ser humano, justo después de la fecundación, se divide en 2 células (blastómeros), una de ellas se vuelve a dividir en dos (pasamos por un estadio de 3 células), luego se llega a 4 y se continúa por múltiplos de 2.[2] A partir de aquel instante inicial de la concepción, el crecimiento y desarrollo del embrión atraviesa una concatenación de procesos vitales que son determinados por su propio código genético. Esto nos permite reconocer que cada nueva vida no es un ser humano potencial, sino un ser humano con potencialidades. Por ser autónomo, el movimiento de segmentación y diferenciación lo hace por sí mismo, en un proceso coordinado, continuo y gradual.

¿Por qué se niega el momento real de la fecundación? La afirmación de que el ser humano se inicia en la implantación, no cuenta con el respaldo de la Ciencia. Es una afirmación gratuita, infundada y criminal que hacen las personas o las instituciones abortistas para poder negar el asesinato de los seres humanos que abortan (“no es aborto, dicen, porque el aborto se da sólo desde el embarazo, y éste existe sólo desde la implantación”). Como si se les ocurriera decidir que mientras no nazca, no es humano… El término ‘pre-embrión’ no tiene fundamento científico; como tampoco tendría un ‘pre-ADN; porque es la fecundación el momento en el que se genera una nueva vida humana con su propio ADN, el código irrepetible y original de cada vida humana. El que rechace esto, no rechaza un dogma religioso, sino una verdad científica. Si se impide la vida del huevo cigoto, se mata a un ser humano, microscópico, pero humano. Todos los humanos, comenzamos nuestra vida a este nivel molecular. En el instante mismo en el que se unen las dos células germinales portadoras del ADN de nuestros padres, Dios interviene creando e infundiendo nuestra alma al resultado de esa fusión molecular. Tan indiscutible, incuestionable, contundente e incontrovertible es este hecho biológico que Dios mismo, enemigo de toda arbitrariedad, lo respeta. Basta que la unión de las células se dé, para que Él indefectiblemente  infunda el alma al nuevo ser, sin cuestionarse sobre si ‘eso’ fue fruto del amor casto de los esposos o de una brutal violación. Más aún: Dios no quiere que los seres humanos sean ‘re-producidos’ como terneros por dinero en un laboratorio, sino que sean ‘pro-creados’ por amor en casto acto conyugal por los esposos (como Él mismo creó a Adán y Eva: por puro amor). Sin embargo, basta que los hombres hayan respetado la ley biológica (¡ay!… lamentablemente no la moral) uniendo un espermatozoide y un óvulo en condiciones que se garantice la viabilidad, incluso en un laboratorio, para que Él se ‘someta’ a ese hecho físico y a esa ley natural que Él mismo estableció, y cree un alma para esa fusión de las dos células germinales, lograda en artificialmente dentro de un tubo de ensayo… ¡Dios respeta el inicio biológico a nivel molecular de la vida humana, creando un alma e infundiéndola a lo que, en contra de sus sabios preceptos, el hombre logró en el laboratorio! Como testimonio de esto, la Iglesia ni siquiera cuestiona la dignidad, incluso de los seres humanos ‘re-producidos’ en los laboratorios; ellos son tan dignos como cualquiera. La Iglesia no discrimina; los abortistas sí. El abortista es arbitrario ante los hechos científicos; Dios, y con Él la Iglesia, no. En conclusión: la vida humana siempre comienza con la fecundación, no con la implantación. Allí, a nivel molecular, comienza la vida, y la dignidad de cada ser humano, y los mismos derechos humanos, allí comienzan. Allí comenzamos todos.

DIU

Los DIU, también llamados “dispositivos intrauterinos” consisten en una pieza en forma de “T” que se coloca en el interior del útero con un fin abortivo. Los soportes pueden ser de acero, cobre, plástico, polietileno, o combinaciones, a las que se le suele adaptar un filamento de cobre enroscado en forma de espiral alrededor de dicho soporte, o que contiene una cierta cantidad de progestínico. Su mecanismo de acción es impedir la implantación del embrión humano en la cavidad uterina (endometrio).

 

La implantación del embrión puede ser impedida por tres mecanismos:

Efecto mecánico: la introducción del DIU causa en la mucosa de la cavidad uterina la reacción frente a un cuerpo extraño. Se produce una inflamación, que determina la liberación de glóbulos blancos o de células endometriales que ejercen una acción nociva sobre los espermatozoides o sobre el embrión, de modo que impide su implantación y el proseguimiento del embarazo. Por lo dicho, el DIU es netamente abortivo.

Efecto biológico del cobre: el ion cobre sustituye al ion zinc, que es constitutivo esencial de diversos sistemas enzimáticos, principalmente presentes en los mecanismos de respiración celular y necesarios para las reacciones fisiológicas que conducen a la fecundación y posterior  implantación del óvulo fecundado. El cobre produce así una inhibición en relación con diversas enzimas endometriales por lo cual es alterado o bloqueado totalmente el pasaje de la fase proliferativa (primera mitad del ciclo menstrual) a la fase secretiva del endometrio, indispensable para garantizar una correcta implantación del embrión. El cobre también aumenta la fluidez del mucus endometrial, lo que obstaculiza también la implantación del blastocisto, tendiendo a resbalar por las paredes uterinas sin tomar contacto estable con ellas.

Por el efecto hormonal de la progesterona: produce una atrofia glandular que impide la implantación del blastocisto. Esto no es otra cosa que una potenciación de la acción abortiva. La progesterona también volvería denso el mucus cervical, haciéndolo difícilmente penetrable por los espermatozoides.

Se ha discutido mucho sobre cuál es el principal efecto en los dispositivos intrauterinos: si la acción espermicida o la acción abortiva. El Dr. Joseph A. Spinato, de la Cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Louisville, recopilando bibliografía al respecto concluye: “la inhibición de la implantación del óvulo fecundado es el principal mecanismo (sino el exclusivo) de acción del DIU”. Por tal motivo, “colocarlo a una paciente sin advertirle previamente el mecanismo abortivo del DIU es una injusticia legal que viola el “consentimiento informado” obligatorio en todas las legislaciones, incluso en las que aprueban estos medios y el mismo aborto[1].”

Entre los efectos colaterales que produce el DIU se señalan: menstruaciones dolorosas, menorragia, calambres durante o después de la colocación del DIU, aumento de pérdidas vaginales. Entre las complicaciones algunas son particularmente severas: riesgos de graves infecciones pélvicas, de embarazos ectópicos, de infertilidad, de perforaciones del útero durante la inserción o después de ella, abortos espontáneos cuando el embrión se implanta a pesar de la presencia del DIU, infecciones uterinas.


[1] Cf. J. SPINATO, “Mechanism of action of intrauterine contraceptive devices and its relation to informed consent”, American Journal of Obstetrics and Ginecology (marzo 1997) 503-506.

Métodos de barrera

Se consideran métodos de barrera tanto a los métodos físicos de barrera (como el preservativo), cuanto los métodos químicos (espermicidas, que son sustancias que se colocan en la vagina antes de la relación sexual impidiendo el pasaje de los espermatozoides al útero, formando una barrera física y además inmovilizando y destruyendo los espermatozoides dentro de la vagina) y también los métodos mixtos (combinando una barrera física parcial –como el diafragma vaginal– con métodos químicos, es decir, espermicidas).

Todos estos métodos caen bajo el mismo juicio moral que ya realizamos para la anticoncepción en general, salvo que no son abortivos. Desde el punto de vista médico y sociológico debe señalarse que estos métodos –en particular el preservativo que es el más difundido– por su aparente inocuidad (propagada por los medios de comunicación y las grandes empresas que hay detrás de ellos) son responsables de una desenfrenada promiscuidad sexual (prostitución, adulterio, fornicación, homosexualidad), del aumento de muchas enfermedades de transmisión sexual (por ejemplo, en el 15% de los actos heterosexuales no impide la transmisión del SIDA, lo que aumenta al 30% en los actos homosexuales) y preparan el terreno a la mentalidad abortista, en cuanto se realiza un acto sexual cerrado a la vida.

Las políticas gubernamentales, casi a nivel mundial, están realizando grandes esfuerzos para difundir el uso del preservativo, con la confianza de que ello frenará el SIDA. Hoy por hoy, muchas personas sospechan que estos procedimientos que las campañas insistentemente ofrecen para proteger del SIDA, no ofrecen una seguridad total, y que lo del “sexo seguro” es un mito. A continuación, presentamos un análisis de esta cuestión, pues una multitud de estudios científicos no llega al ciudadano, que sí recibe, al contrario, una publicidad engañosa.

Defectos de los preservativos:

Inseguro.

El preservativo es un medio que algunos venían utilizando como contraceptivo y para disminuir el riesgo de contraer enfermedades sexuales. El axioma de contraceptivo seguro en los años ’70 era el contraceptivo hormonal y, casi sin efectos secundarios, mientras que los preservativos se rechazaban porque eran poco seguros, antinaturales, y disminuían la sensibilidad. Sin embargo, actualmente, el axioma que nos venden es el contrario. Hoy el preservativo supuestamente es un método seguro y se previene contra las píldoras hormonales por sus efectos secundarios. ¿Cuál es la realidad?

Según los estudios, unos dicen que el uso del preservativo para prevenir la transmisión del SIDA falla en un 10% de ocasiones, mientras que otros estudios aseguran que este porcentaje llega al 30%. Se hacen comparaciones con el riesgo de quedar embarazada usando preservativo y el riego de contraer el VIH, y se afirma que este último es mayor que el primero pues se puede quedar embarazada unos pocos días al mes, mientras que el contagio del VIH puede darse en todo momento, todos los días del mes.

El descubridor del origen del Síndrome de Down, ya fallecido, decía en 1989. “Con el preservativo quedan embarazadas aproximadamente un 10% de las mujeres al cabo de un año de uso. Si no es una barrera infranqueable para los espermatozoides, menos aún lo será para el virus del SIDA, que es 500 veces más pequeño. Como puede suponerse, decir que el preservativo es eficaz para prevenir el SIDA es un absurdo (…). Un sodomizador seropositivo hará correr un riesgo de por lo menos uno entre diez de contraer la enfermedad mortal,…, por lo que es totalmente imposible calificar de mal menor un comportamiento tan peligroso para otro ser humano”.

Fallos mecánicos de los preservativos.

Además de la posibilidad de rotura o desplazamiento, está claro que el preservativo sólo puede ser eficaz “cuando se utiliza de modo correcto”, cuando se dan las condiciones óptimas. En la práctica, hay siempre un amplio margen de usos defectuosos. En este sentido existen conocidos estudios donde se describen con detalle los numerosos casos de fallo del preservativo. Pero, curiosamente se sigue equiparando “prevención” con “buen uso del preservativo” sin que la eficacia de tal instrumento sobre la epidemia haya sido estadísticamente demostrada. Es más, debido a diversos factores que intervienen en la transmisión, esta eficacia es indemostrable.

Hay dos estudios de Trussel et al. en 1992 que informan de frecuencias de roturas y deslizamiento del 14.6%. En el primer estudio, los autores resumen: “Un estudio prospectivo empleando dos marcas de preservativos encontró que, de 405 preservativos empleados para las relaciones sexuales, el 7.9% o se rompió durante la relación o al retirarse, o se resbaló durante las relaciones; ninguno de estos hechos está relacionado con el tipo de preservativo. El 7.2% se resbaló al retirarse; no se encontró relación entre el deslizamiento del preservativo y su marca o el uso anterior de preservativos, pero era significativamente más alto cuando se usó algún lubrificante adicional”.

En el segundo estudio, en la revista Family Planning Perpectives, se dice: “Los investigadores observan que la alta frecuencia con que los preservativos se resbalan y se caen al retirarse -17% de los preservativos que no se habían roto, se habían caído durante las relaciones- indica un alto nivel de mal uso. Indican también, que un mejor empleo puede ser difícil de conseguir, pues todas las mujeres que participaron habían recibido instrucciones escritas y verbales sobre su empleo adecuado.”

El tema de la práctica del sexo anal por parte de los homosexuales es mucho más claro en lo concerniente a la tasa de fallos y al riesgo de contagio. Durante esta relación anal, por razones anatómicas el roce es mayor, por lo que los preservativos deberían ser más gruesos para ser algo más seguros. Pero lo que ocurre es que cuanto más grueso, menor es su aceptación.

Las estadísticas en los países Occidentales mostraban que el riesgo de contagio de VIH más claro para un hombre es la droga por vía intravenosa y la homosexualidad. Unos datos extremos que avalan esta conclusión fueron obtenidos en 1993 en la ciudad de Nueva York en la que de 4352 casos de SIDA en hombres, 2687 mantenían relaciones sexuales con hombres pertenecientes a grupos de riesgo, 261 habían usado drogas intravenosas y tenían relaciones sexuales con hombres, 2 habían mantenido relaciones sexuales con mujeres de grupos de riesgo. En España, en un estudio de la asociación Stop SIDA realizado conjuntamente con el CEESCAT de Cataluña en 1993 y 1995 revela que una proporción relativamente importante de los gays declaró haber tenido accidentes en el manejo de los preservativos (32% roturas y el 15% deslizamientos).

Si ahora pasamos a analizar las relaciones sexuales precoces, entre adolescentes, hay informes que revelan que el fallo de los preservativos empleados como contraceptivo puede ser de hasta el 50%. Si esto es así, ¿cuánto fallarán en la prevención del contagio de VIH?.

Otro dato significativo que muestra en la práctica, los fallos del preservativo, se veía reflejado por un comunicado del Centro Dator, de Madrid, lugar donde en mayor cantidad se eliminan a niños antes de nacer en España. Decía un titular del diario el País 20-8-2000 que “La mitad de las jóvenes que abortan declaran rotura del preservativo”. Haciendo cálculos, sabiendo que en España alrededor de 50.000 niños se les impide nacer, que otros felizmente nacen, y que la muestra de Dator es para jóvenes hasta 25 años, nos haremos una idea de cuanto falla el preservativo para evitar un embarazo que no se desea. No conviene olvidar, que la transmisión del SIDA ocurre cualquier día del mes.

La eficacia del preservativo femenino es incierta. Un estudio de la Universidad de Alabama analizó un total de 1.464 usos por parte de 210 parejas monógamas masculinas/femeninas. Los investigadores compararon los índices registrados relativos a fallos de los preservativos con la exposición al semen por parte de las mujeres, medidos en función de los niveles de antígeno específico a la próstata (AEP), evaluados con dos criterios de medición distintos. El 7% de las mujeres mostró exposición al semen con ambos criterios, y el 21% con uno de los criterios. Para las mujeres que declararon no haber observado fallos de los preservativos, la cifra fue del 5% y del 19%, respectivamente. Los investigadores afirmaron que estas proporciones, relativamente elevadas, “indican que las apreciaciones individuales subestiman la frecuencia de fallos con los preservativos”.

Poros en los preservativos.

El primer estudio serio sobre la fiabilidad de los preservativos fue realizado en 1987 por la FDA (Food and Drug Administration) entidad del gobierno de EE.UU. que se encarga de la aprobación de medicamentos, prótesis, aditivos alimentarios, etc. Realizó una prueba de pérdida de agua, en la que el preservativo se llenaba con 300 ml. de agua, y se observa durante un minuto, para ver si pierde. Se acepta que tiene un nivel de calidad aceptable cuando la tasa de fallo por permeabilidad al agua no excede en un 4 por 1000. Los lotes que exceden este criterio son retirados de la venta. Se estudiaron 430 marcas con 102.000 preservativos, 165 fabricadas en EE.UU. con 38.000 preservativos, y 265 marcas extranjeras con 64.000 preservativos. Los resultados fueron que no tenían un nivel suficiente de calidad el 12% de las marcas de EE.UU. y 21% de las marcas extranjeras. En estas investigaciones de la FDA sobre la seguridad de los preservativos como preventivo del SIDA, se afirmaba concluyendo que “el uso del preservativo no se relaciona de forma significativa con la protección contra el contagio”. Rechazos producidos, por ejemplo en 1991, incluían las marcas “Ramses Extra Strength” (marzo de 1991) debido a “Cantidad inaceptable de orificios y fisuras de anillo”, “Saxon Wet Lubricated” (mayo de 1991) por no pasar el control de calidad de la FDA, y las que citaba The New York Times en noviembre de 1991. En muchos países en los que se han tomado la molestia de controlar la calidad, se han producido rechazos de marcas. Aún, con todo, no deja de ser penoso que con un 4 por 1000 de casos de permeabilidad al agua, sean puestos a la venta.

Al aceptarse esta tasa de defectos, la probabilidad de fallo en una pareja que utilizase el preservativo como método anticonceptivo sería de un 20,8 % anual si mantuviesen relaciones sexuales una vez a la semana, y de un 41,6 % si mantuviesen relaciones sexuales dos veces por semana.

En 1995 se retiraron de las farmacias americanas unos preservativos de plástico de la empresa London International Holdings Inc., después de haber estado a la venta desde 1991, año en el que la FDA diera el visto bueno a las pruebas de laboratorio que garantizaban la impermeabilidad del material utilizado (índice de fracaso menor del 2%). Pruebas independientes realizadas por el Instituto Nacional de la Salud Infantil y el Desarrollo Humano, arrojaron un índice de fallos mucho más alto: el 14% (una de cada siete veces). Los preservativos de plástico son utilizados por las personas alérgicas al látex (5-7% de la población).

En Francia, en abril de 1994, la revista del Instituto Nacional del Consumo afirmó, en un número especial dedicado a los preservativos, que de 28 marcas puestas a prueba, 12 debían “ser evitadas” por inseguras frente al riesgo de contagio del SIDA. La prensa francesa, haciéndose eco de la revista, dice que “en materia de preservativos, aunque la reglamentación francesa está entre las más rigurosas del mundo, no parece todavía suficiente cuando está en juego la vida”. Los resultados comunicados por la revista mensual 50 Millones de Consumidores arrojan dudas sobre la calidad de los preservativos comercializados en Francia por esas doce marcas: “algunos preservativos se rompen, otros son porosos”.

En México, en la revista del “consumidor”, de febrero de 1996, apareció un reportaje especial sobre la calidad de los preservativos. La investigación incluyó 26 marcas, tanto importadas como de manufactura mexicana. Las pruebas de verificación de calidad se basaron en la Norma Oficial Mexicana NOM-016-SSA1-1993, la cual establece las especificaciones sanitarias que deben cumplir los preservativos de hule látex. Se realizaron distintas pruebas, para analizar los defectos visibles y orificios no visibles. Se llevaron a cabo análisis para verificar la inexistencia de defectos visibles, tales como: orificios, rasgaduras, roturas, escurrimientos de material, partes débiles, bordes distorsionados, etc. Se encontraron con que las marcas sheik elite, ramses sensitol y trojan plus tenían una calidad regular. Para analizar los orificios no visibles se llenó el producto con la cantidad de agua señalada en la norma, para corroborar que después de manipularlo por un tiempo específico, aquel no presentara fugas de agua. Bajo ese patrón de calidad resultó que las marcas therso, flash, cowboy studded y sheik elite ribbed tuvieron una calificación de regular y las marcas everything y sico sensitive el resultado fue deficiente.

Un servicio de la agencia “UN Wire” informó (16-2-2000) que un grupo de consumidores de Hong Kong, había encontrado muchos defectos en los preservativos. Según el Consejo de Consumidores de Hong Kong más de la tercera parte de los preservativos adquiridos en el territorio son inseguros. El Consejo compró unos 27.000 preservativos de 66 marcas diversas para su examen.

En España, no hubo legislación de control de “calidad” de los preservativos hasta Noviembre de 1991 (normas UNE), con lo que se podía vender sin ninguna exigencia ni fecha de caducidad. La Unión de Consumidores hizo un estudio en 1990 de diversas marcas utilizando el mismo test de agujeros al agua, y el 27% de las marcas no tenían un nivel suficiente de calidad. En Marzo de 1992 se publicó otro estudio de la Unión de Consumidores realizado con 10.000 preservativos de los 20 modelos que se venden, que representan el 75% del mercado, y la conclusión fue que el 50% no superó las pruebas realizadas con los criterios de la Unión Internacional de Consumidores, a pesar de que el 96% cumplía las normas UNE aprobadas. El 23 de Mayo de 1994, la Directora General de Farmacia y Productos Sanitarios, Regina Revilla, como consecuencia de una campaña de revisión del mercado tuvo que anunciar la inmovilización de hasta 32 marcas de preservativos. Todas las marcas implicadas incumplían las especificaciones técnicas dispuestas por el R.D. 1688/1991 de 22-11. En Abril de 1998, en la revista Ciudadano, se ponía de manifiesto que de un estudio realizado con gran cantidad de preservativos vendidos en los Sex Shop, esas empresas que tanto contribuyen al SIDA, el 51% no cumple las normas técnicas. Es un signo de lo que quieren al fin y al cabo las empresas del látex: vender al máximo.

Las pruebas de permeabilidad han mostrado que el látex no es impermeable a las partículas del VIH; Carey y al. realizaron un estudio sobre la efectividad de los preservativos de látex bajo condiciones simuladas de uso, determinando que el preservativo reduce el riesgo de transmisión del VIH, pero no lo elimina totalmente, ya que observaron 29 fugas de tamaño del VIH en 89 preservativos examinados.

Los guantes quirúrgicos de látex, necesarios para el control de la infección, a menudo son permeables: no es raro que los cirujanos se encuentren sangre en las manos, y la solución práctica es llevar dos pares de guantes. Esta costumbre no parece práctica ni aceptable con los preservativos.

Otro estudio sobre la eficacia preventiva de los preservativos fue publicado en noviembre de 1994 por un experto holandés, el Dr. Johanes Lelkens, profesor emérito de anestesiología en la Universidad de Maastricht, quien advertía que los profilácticos más seguros no se libran de agujeros ranuras y orificios mucho más grandes que el tamaño de los virus. Según el Dr. Lelkens, los preservativos no logran evitar embarazos en un 12%, y su tasa de fallo es mucho mayor a la hora de frenar el virus del SIDA, cuyo tamaño es treinta veces menor que la cabeza de un espermatozoide. El VIH es un pequeño disco de 0.1 micras de diámetro. Actualmente los tests eléctricos de permeabilidad de los preservativos son capaces de localizar agujeros de entre 10 y 12 micras, es decir, agujeros de 100 a 120 veces más grandes que el virus del SIDA.

¿Qué ocurre con los agujeros más pequeños?. Simplemente los test no los localizan. En 1990, los profesores G.B.Davis y L.W.Schoroeder realizaron orificios de 1 micra de diámetro ( 10 veces mayor que el tamaño del VIH) a preservativos que habían pasado los test de control. El 90% de ellos volvieron a pasar la prueba como si no tuvieran agujeros. El experimento similar dirigido por R.F. Carey en 1992 llegó a conclusiones similares. En 1992 Carey introdujo microesferas de poliestireno del diámetro del VIH en preservativos que habían superado el test antes citado de la Federal Drugs Administration (USA). Los sometió a variaciones de presión análogas a las que se producen en una relación sexual: un tercio de ellos perdió entre 0.4 y 1.6 nanolitros. En una relación sexual de dos minutos con un preservativo que pierde 1 nanolitro por segundo, pasarían 12.000 virus.

Pero no hace falta practicar los agujeros: en muchos casos ya existen. Así lo constató C.M.Roland, del “Naval Research Laboratory” de Washington: “la superficie de los preservativos aparece como una superficie cubierta de cráteres que tienen un diámetro de alrededor de 15 micras, y con una profundidad de 30. Más importante aún para la transmisión del SIDA es el descubrimiento de canales de 5 micras de diámetro que traspasan la pared de parte a parte. Es decir, que existen pasillos que comunican el interior y el exterior del preservativo con un diámetro de 50 veces mayor que el VIH.” Esto mismo también fue confirmado por el científico Cecil H. Fox, del Instituto Nacional de Salud de Maryland, y afirmaba que en el látex, la goma del preservativo existen poros que permiten el paso del VIH, visibles por microscopía electrónica.

Inútil.

Si tanto se ha hablado del preservativo, si tantas campañas se han hecho, ¿cuál es el problema?, ¿por qué sigue el SIDA transmitiéndose?, ¿por qué preocuparse? Pues porque se comprueba que esa no es la solución. En la psicología masculina hay un rechazo inconsciente a reducir la sensibilidad, y además en plenos momentos de pasión “parar” para ponérselo, aunque se esté totalmente concienciado, muchas veces no se hace. Pasa como con el coitus interruptus, que es un método no aprobado por la OMS, ya que en teoría es seguro, pero en la práctica no funciona.

Parecen descubrirse intereses políticos en las campañas sanitarias contra el SIDA, manipulando la verdad y engañando a los enfermos: la verdad no está en los preservativos, ni en las jeringas desinfectadas. Estas son mentiras, mentiras a veces pronunciadas por motivos políticos por parte de los responsables, y sin embargo al ciudadano se le oculta que a los enfermos de SIDA les espera la muerte, y muchos de ellos morirán en la miseria, en el abandono, cubiertos de heridas, tal vez enloquecidos.

La revista JANO, revelaba que cuando hay conductas de riesgo no se escucha la recomendación de usar preservativos, según los datos de diversos estudios. Un editorial de ésta revista decía: “Hay que situarse en el ambiente en el que suelen vivir frecuentemente esas personas. Para un drogadicto que esté viendo morir a su alrededor a sus amigos y conocidos por sobredosis, hepatitis-B u otras infecciones, enfermar de SIDA es un riesgo más que no le lleva a cambiar de conducta. En el ambiente de miseria física, mental y moral en que se mueven tiene poca trascendencia que exista una posibilidad más de defunción”.

En la revista Área+ de Junio de 1997 se dice que las que “las prostitutas, después de mucho insistir, suelen usar los preservativos con sus clientes, si estos no insisten en lo contrario, pero lo más normal es que no lo hagan con su pareja porque es una forma de diferenciar el sexo por dinero del sexo por amor. El tema del preservativo es uno de los temas más difíciles”. En esta misma revista Rafael Manzanera reconoce que en el tema de los preservativos “nos hemos equivocado, porque hemos pretendido hacer unas campañas de prevención a partir de nuestros propios presupuestos ideológicos, intelectuales y culturales, que no tienen nada que ver con los de las personas que viven a diario sobre una cornisa a una altura de siete pisos. Y la realidad nos dice que los nuevos casos de SIDA son principalmente de componente heterosexual, muy vinculadas a parejas UDPV”.

Francisco Parras, director del Plan Nacional sobre el SIDA, declaró en marzo de 1999 que “le apena que exista todavía gente que tiene contactos con profesionales del sexo masculino o femenino, y se niegan a utilizar el preservativo”. Por su parte, el 1996 el Plan Nacional sobre Drogas realizó una encuesta para ver el uso del preservativo en las relaciones sexuales ocasionales, y halló que: “únicamente el 37.7 % de los que mantuvieron relaciones sexuales ocasionales en ese año, habían utilizado preservativo sistemáticamente, y entre los casados sólo el 13,4 % “.

En agosto de 1998 el Ministerio de Sanidad de España publicó un estudio en el que se determinaba que el 80% de los españoles conocen correctamente los mecanismos de transmisión del SIDA. También reconoce que los jóvenes y las mujeres siguen asumiendo riesgos en las “relaciones” imprevistas, a veces por presión de su “pareja”. Para Sanidad resulta una paradoja, que aún sabiendo que con los preservativos están más protegidos, hay jóvenes que asumen riesgos. La conclusión que saca Sanidad, fiel a sus principios, es que hay que bombardear aún más; no se plantea que en la educación de costumbres esté la solución, no. Todos somos muy dados a jugar con el riesgo, lo malo es que se hace realidad esa sentencia tradicional de la India: “Una vez que se está en la boca del tigre, es inútil tomar precauciones”.

Las encuestas que aportaba Sanidad en Julio de 1999 en la presentación de la campaña de aquellas fechas, señalaban que más de la mitad de los jóvenes españoles entre 15 y 19 años mantenían relaciones sexuales con parejas ocasionales. De ellos, el 30 por ciento de los varones y el 41 por ciento de las mujeres no usaron preservativo. Según la directora del Centro de Enfermedades de Transmisión Sexual de Granada, a pesar de las campañas de promoción llevadas a cabo, en el caso de los primeros contactos sexuales de los jóvenes, la utilización es inferior al total, y alcanza sólo a poco más de la mitad de los casos, y no siempre de forma sistemática.

Unos estudios tras otros están demostrando la inutilidad del preservativo para parar el SIDA. Otro, aparecido en el periódico Le Monde, 15-VI-95 publicado por la Agencia Nacional de Investigación sobre el SIDA, de Francia, hablaba sobre la particular gravedad de la epidemia de SIDA en los departamentos franceses de las Antillas y Guayana. En la Guayana francesa el porcentaje de infectados era seis veces y media más que en el conjunto de Francia. Esa gravedad va unida a la extendida promiscuidad heterosexual y a la importancia de la prostitución. La extensión de la epidemia no puede achacarse a la ignorancia. La encuesta demostraba que los principales modos de transmisión del SIDA son ampliamente conocidos. La proporción de usuarios de preservativos es igual en las Antillas que en la metrópoli. Sin embargo, sólo la mitad de los hombres y un tercio de las mujeres que corren el riesgo de ser contaminados por el virus decían haber utilizado preservativos en los últimos doce meses. Los investigadores del ANRS mostraban su “sorpresa al comprobar hasta qué punto la epidemiología de la transmisión del virus del SIDA está relacionada con el comportamiento sexual de la población de estos territorios”. Y se concluía que era urgente elaborar una nueva estrategia de prevención.

En Yaundé, Camerún, en 1993, se celebró la VII Reunión Internacional sobre el SIDA con expertos médicos y sanitarios. Fue una reunión en la que participaban unos trescientos congresistas y, se distribuyó al final, un cuestionario para que se indicase, entre otras cosas, si se había tenido relaciones sexuales durante los tres días que duró la reunión con personas que no fuesen pareja estable. De los encuestados, el 28% contestó que sí, y de estos, una tercera parte dijo que no había tomado “precauciones” alguna para evitar contagios. Si esto ocurre entre personas “concienciadas”, ¿qué ocurrirá entre la base del pueblo?. ¿A qué fueron a Camerún?, ¿a hacer turismo sexual?, ¿a llevar el SIDA a Camerún, o a llevarse el SIDA del Camerún?.

El pueblo normal, el africano, recibe también la presión de las campañas, sin ningún resultado. Si en algún sitio las campañas para frenar la epidemia del SIDA están mal adaptadas a la cultura local, ese lugar es África. Allí esta más del 70% de los seropositivos de todo el mundo y, la transmisión heterosexual es la predominante. Se constató en la conferencia que las campañas pro-preservativo son absolutamente ineficaces en África. Así lo reconoce también la propia OMS: “Por diversas razones, los africanos en general, no utilizan los preservativos en sus relaciones sexuales. Y los que lo hacen, es solamente para planificar el número de hijos. Recientes estudios realizados en el África sub-sahariana establecen que sólo un 1% los emplean”. Y es que a pesar de las cifras cada vez más alarmantes sobre la enfermedad, el hombre de la calle sigue sin inmutarse, pensando que se trata de asuntos europeos.

Así lo reconoce también María Francisca Basarán de Médicos sin Fronteras :”Introducir los preservativos en las relaciones sexuales en Africa es culturalmente muy difícil, y no se trata primordialmente de una cuestión religiosa o moral”

En la conferencia mundial sobre el SIDA de Vancouver, en 1996, se reconocía que es una paradoja que mientras los investigadores acaban sabiendo casi todo del SIDA y logren terapias más eficaces contra el VIH, los mensajes preventivos no “calen” en la gente, y menos en las que mantienen prácticas de riesgo. En los países anglosajones, puede que subsista el moderno imperativo ético de la autodeterminación y de responsabilidad personal, que obliga a responsabilizarse totalmente de las consecuencias de los propios actos, lo que aconseja evitar situaciones de riesgo. Sin embargo, casi en el resto del mundo, por ejemplo los países mediterráneos aflora un cierto neofatalismo. No se piensa en las consecuencias de los actos, quizá porque se piensa que lo que sea sonará. De ahí, que se vive al día: se comparten jeringuillas usadas, se aceptan parejas ocasionales sin cuestionar su historial, y se mantiene a los jóvenes entretenidos con la explosiva mezcla sexual de ignorancia y permisividad. Así se logra que quien caiga víctima de la enfermedad parezca que fue por la fatalidad supersticiosa, por voluntad divina o porque quizá lo merezca.

Según informaba la CNN, Pedro Chequer responsable oficial del SIDA en Brasil, a la vista de que después de intensas campañas pro-preservativo desde 1983, los estudios oficiales hablan de que el 76% de la población no usa preservativos en sus relaciones sexuales, dice que “esas cifras nos están haciendo pensar en una nueva estrategia de prevención”. El citado informe sobre los hábitos sexuales de los brasileños, que se publicó en esas fechas, revelaba que un creciente número de brasileños bebe alcohol antes de las relaciones, el 44% de los jóvenes, lo que reduce su percepción del riesgo.

Durante un congreso de Medicina Tropical y Salud Internacional que se celebró en Sitges.(Enero 2000), se hizo público un estudio que informa que el 50% de los viajeros a “paraísos sexuales” no usa preservativo. El estudio, realizado en el Hospital Clínico de Barcelona a partir de mil historias clínicas de viajeros que hicieron alguna consulta en la unidad de medicina tropical, señala que uno de cada cinco viajeros mantuvo relaciones sexuales durante el viaje con parejas no habituales, la mayor parte personas autóctonas del país visitado. El estudio, con el que se quiso conocer el grado de protección de los viajeros para evitar enfermedades de transmisión sexual y comprobar si alguno de ellos contrajo una de estas enfermedades, señala que únicamente el 47 por ciento de los hombres y el 60 por ciento de las mujeres utilizaron el preservativo. Por lo que respecta a los contagios, en 9 viajeros se diagnosticaron enfermedades asociadas a las relaciones sexuales: tres seroconversiones en viajeros a India, Brasil e Indonesia, un caso de pediculus pubis, 4 casos de escabiosis en personas que visitaron Cuba, Guinea Ecuatorial y Sudáfrica, y un caso de vulvovaginitos contraído en Senegal.

Según el Departamento de Defensa de los EE.UU., el ejército estadounidense es el que tiene mayor índice de enfermedades de transmisión sexual (ETS) de los países desarrollados. Cada año se producen en el mundo 333 millones de contagios de este tipo de enfermedades, de los que 15,3 millones corresponden a Estados Unidos. La población militar es la de mayor incidencia, con entre dos y cinco veces más riesgo de contraerlas, cifra que se eleva a 50 veces más en caso de conflicto. La cuestión les preocupa especialmente porque las ETS son cada vez más virulentas y resistentes a los fármacos y, además, provocan lesiones que facilitan el contagio del SIDA. Por eso, se ha sabido que van a adoptar medidas, y estas no pueden ser nunca impopulares, por lo tanto, a lo de siempre, promocionar entre los soldados los preservativos. Pero no esperan demasiado de esta medida porque, según Bill Calbert, presidente del Comité de Prevención de ETS, del Departamento de Defensa de los EE.UU, sus soldados saben perfectamente cómo se transmite el SIDA y, sin embargo, sólo el 42% de los encuestados utilizaron el preservativo en el último contacto sexual: “Parece haber una clara desconexión entre lo que saben y lo que hacen”, añadió Calbert, quien explicó que el programa de ayuda que van a poner en marcha incluye también orientación sobre abstinencia y relaciones monógamas, algo es algo. Ya se ve que sirven de muy poco las teorías cuando fallan los valores. ¿Es honrado incitar a los jóvenes a la promiscuidad con esos programas de “educación” sexual que se limitan a promover un sexo “seguro y sin riesgos” y no estimulan la afectividad de los jóvenes hacia el autodominio y el amor comprometido? En sexualidad no basta la información técnica, se deben atender las esferas de los sentimientos y el espíritu. Quienes castran alguna de esas parcelas pagan las consecuencias.

Inmoral.

En unos años en los que domina la picaresca, la corrupción, y el afán del pelotazo, la moral y la ética de las actuaciones humanas parece que ha quedado en desuso. Nos dicen que algo es bueno en tanto en cuanto me satisface a corto plazo, siempre que la policía no descubra mi delito, o en cuanto favorece mi bolsillo. Lejos de todo subjetivismo, las normas morales parecen contemplarnos como esas grandes montañas que se ríen de los humanos, pues éstos, dedicados a sus prisas y gustos, creen que las montañas dejaron de estar allí. Alguien dijo hablando del SIDA, que Dios perdona siempre, el hombre a veces, pero la naturaleza nunca. Las leyes morales no están más que para hacer posible, con su cumplimiento, la salud y la felicidad del hombre en su medio.

No es imprescindible considerarse cristiano, basta con advertir que también existe una ética de la naturaleza, una ética ecológica, en base a la cual unos actos pueden considerarse buenos, y otros malos. La contaminación de un río es éticamente malo, y reciclar o aprovechar la energía solar es bueno. Los actos entre las personas que facilitan la propagación de una enfermedad son éticamente reprobables. Los actos entre personas que deshumanizan el sentido de la sexualidad, también son reprobables. Si se apuesta, por lo tanto, por medidas como la de usar el preservativo, que no son seguras, que hacen que se multipliquen los actos peligrosos de propagación del SIDA, y que desvirtúan la sexualidad humana, usando un sentido de la ética meramente ecológico, debemos decir que es negativo para el hombre.

Otro criterio muy útil de moralidad, al margen de creencia religiosas, sería el considerar si estamos a favor o no de la monogamia. La poligamia se ha ido reduciendo a medida que las civilizaciones se han desarrollado, pero lo cierto es que muchos sectores de la población están volviendo a costumbres sexuales que se creían superadas, volviendo a la poligamia, o a la poligamia alternante. Aquí está por lo tanto, un criterio más de moralidad, la monogamia. No se puede ser indiferente, son muchos logros sociales los que se derribarían si la monogamia se dejara optativa ; y el logro que ahora estamos deseando que no sea destruido es el de la salud de las personas, cuestión de vida o muerte: casi nada.

Quien se considere cristiano, perteneciente a una civilización occidental en la que el cristianismo ha sido motor de civilización y progreso, podría considerar escritos y declaraciones de la jerarquía de la Iglesia. Juan Pablo II en la Conferencia Internacional sobre el SIDA que se celebró en el Vaticano en Noviembre de 1989 dijo: “Es moralmente ilícito propugnar una prevención del SIDA basada en medios y recursos que violan el sentido auténtico de la sexualidad, y que son un mero paliativo para un malestar profundo, en el que está en juego la responsabilidad de los individuos y de la sociedad. Y la recta razón no puede admitir que la fragilidad humana, en vez de ser motivo para empeñarse más, se traduzca en pretexto para una cesión que abra la vía a la degradación moral”.

La encíclica Humanae Vitae dice lo siguiente: “Queda patente que el uso del sexo tiene un fin altísimo y nobilísimo que no debe desvirtuarse separándolo de la procreación: es decir, de los actos de suyo aptos para que pueda derivarse una nueva vida; todo acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida. Por eso, más adelante añade, sería intrínsecamente deshonesto: “Toda acción que en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación “.

La Iglesia Católica, en un comentario titulado ‘Prevención del SIDA, aspectos de la ética cristiana’, señaló que ‘buscar la solución al problema del contagio promoviendo el uso de preservativos, significa tomar un rumbo que no sólo no es muy eficaz desde el punto de vista técnico, sino también y por sobre todo, es inaceptable desde el punto de vista moral’. Y agrega: ‘La proposición de que una sexualidad de esta manera es segura, ignora las causas reales del problema, cual es la permisividad que en la esfera corroe la fibra moral de la gente. La única manera efectiva de prevención es en un 95% de los casos, abstenerse de la práctica sexual fuera del matrimonio y del consumo de drogas’.

Éticamente el preservativo separa los dos significados del acto conyugal (unitivo y procreativo) y es, por tanto, siempre intrínsecamente inmoral. La moral cristiana manda la continencia que consiste en frenar, moderar y usar rectamente esa fuerza vital que es la sexualidad. A esto se llama castidad. Los jóvenes están obligados a la castidad para llegar íntegros al matrimonio y los casados deben guardar la castidad conyugal que consiste fundamentalmente en ser fieles. En cuanto al uso de los preservativos para evitar las enfermedades, las autoridades deben informar que no protegen totalmente; existe siempre el riesgo de infección. Los preservativos son un gran negocio, llenan de dinero los bolsillos de quienes producen a costa de la inmoralidad de la población a la que inducen al libertinaje. La Iglesia no está, ni estará nunca en favor de los “preservativos”.

Conforme a lo anterior, si el Estado, o quien sea, martillea los oídos de cristianos, con sermones y campañas que predican lo contrario, banalizando ciertas prácticas, está incidiendo, sin el menor respeto, en las creencias y en la intimidad. Especialmente el daño se produce con los jóvenes: para los diseñadores de campañas contra el SIDA no existe ese precepto constitucional de que todos tenemos derecho a nuestra integridad moral y a la intangibilidad de las conciencias. Los padres son los primeros educadores de los hijos, y con esas campañas se produce un abuso de poder de las propias administraciones frente a los derechos y responsabilidades de los padres, que son pisoteados.

Las personas que ajustan su conducta sexual a las enseñanzas de la Iglesia ­abstinencia antes del matrimonio o fidelidad al cónyuge no infectado­ tienen una protección natural contra el SIDA y no necesitan para nada del preservativo. En cambio, quienes llevan una vida sexual con parejas múltiples y encuentros esporádicos, es señal de que no siguen los criterios de la moral cristiana, y por lo tanto se supone que no les debería importar lo que digan los obispos. La Iglesia Católica trabaja como nadie para prevenir el SIDA al promover, una conducta que implica autocontrol y no trivializar el sexo, lo cual aleja el riesgo de infección. Pero, los que alientan la idea del “a tope”, esos no solo no colaboran contra el SIDA sino que lo promueven. Luego intentan paliar las consecuencias de sus consignas, con el slogan del “sexo seguro”.

La vía eficaz de prevención consiste en un esfuerzo educativo para proponer unos criterios sanos de conducta sexual. La Iglesia Católica defiende una concepción del sexo basada en el dominio de sí, la responsabilidad y el respeto del otro. Se trata también de una prevención coherente. No se puede pretender que los jóvenes descubran una visión de la sexualidad basada sobre el amor y la responsabilidad, y al mismo tiempo repartir preservativos en los colegios. Existe pues, una intención clara de tapar a toda costa la boca a la Iglesia. Su atrevimiento para criticar duele. Parece, que está resultando, que cuando creíamos superados todos los tabúes con respecto al sexo, ahora el tabú que se impone es el cerrar filas alrededor del preservativo, y ay del que discrepe. La fidelidad a la pareja se considera irreal, pero se exige fidelidad total al preservativo.

Contraproducente.

Es seguro que, casi todos, antes de tomar una medicina recetada por el médico se lee el prospecto. Allí hay una serie de indicaciones valiosísimas, y entre ellas, las que miramos con más atención son las contraindicaciones. Podría suceder que una medicina en principio válida, por otras cuestiones, dejara de serlo hasta el punto de ser, como se dice, peor el remedio que la enfermedad. Esto que sucede en muchos casos, sucede también en el tema de SIDA. En esta enfermedad, y antes de haber pensado en “recetar” preservativos y jeringuillas, tendría que haberse pensado en muchas otras cosas: la dignidad humana, la adicción (vicio), la cultura o su falta en cada pueblo, la moral, y tantos otros aspectos de los que a continuación hablaremos. Todos nos van a llevar a la conclusión del dicho tan claro: peor el remedio que la enfermedad. ¿A quién se le ocurre matar moscas con miel?.

El hábito es una facilidad para conducirse de una determinada forma. Los hábitos requieren aprendizaje y repetición de actos individuales. Si los hábitos de comportamiento que se han aprendido son los responsables de la transmisión del SIDA, lo que habrá que hacer para prevenir es modificar esos hábitos de comportamiento, es decir, modificar los aprendizajes a través de los cuales se formaron esos hábitos. Al proporcionar preservativos, y al animar a usarlos, se está modificando el comportamiento de los ciudadanos, imponiéndoseles una determinada dirección. Al proporcionar preservativos se está estimulando una cierta conducta que, con la repetición de actos (con el consumo de más preservativos), acabará por configurar y modelar una determinada facilidad para las relaciones sexuales. En la persona en que arraigue el nuevo hábito, cambiará también su sistema perceptivo y, por consiguiente, cualquier estímulo erótico tendrá más capacidad de suscitar en él una respuesta sexual, haciéndose más dependiente, menos libre, respecto del flujo de estímulos del ambiente. Por otra parte, su organismo también se habituará a ese tipo de respuestas sexuales, frustrándose con mayor frecuencia e intensidad cuando no pueda satisfacer el deseo que ahora le reclama con más intensidad el nuevo hábito. ¿Por qué se producen ahora más violaciones que nunca?. ¿No están influyendo estas campañas, entre otros factores, para fomentar las violaciones?. La persona adicta al sexo, cuando no encuentra forma de salirse con la suya, opta por la violación de cualquier joven indefensa. ¿Por qué en España en la última década del siglo XX se ha triplicado la prostitución?. Otro tanto podríamos decir del abuso a niñas menores. ¿Qué influencias tuvo, para llegar a hacer lo que hizo, Marc Dutroux, el pederasta belga que secuestraba, violaba y mataba niñas en Bélgica?. ¿Cómo puede acabar un joven convirtiéndose en un Antonio Anglés que comete las terribles violaciones y crímenes de Alcácer?. ¿Cómo es que según publicó el diario británico News of the World el 23-7-2000, en el Reino Unido hay 110.000 personas culpables de abusos sexuales contra menores, uno por cada milla cuadrada de terreno?. Este diario publicó la foto de 49 convictos de pederastia al día siguiente de la ultima violación y crimen de una niña. ¿Cómo empezaron todos?, ¿qué les influyó?. Todos se echan las manos a la cabeza cuando suceden estas cosas, pero pocos reflexionan sobre las causas, y lo consideran un fatalismo inevitable.

Por lo tanto, en cuanto que el uso del preservativo crea adicción, se concluye que recomendar su uso multiplica la probabilidad de que en un futuro los usuarios establezcan más relaciones sexuales, es decir, mayor número de contactos potencialmente contagiosos. Eso es lo que piensa también John P. Foley: “De hecho, la publicidad que se ha realizado del profiláctico no ha hecho más que alentar el ejercicio de determinados comportamientos totalmente autodestructivos”.

¿Qué explicación damos a la creciente ola de abusos sexuales y malos tratos a mujeres fuera y dentro del hogar? ¿qué está pasando? ¿qué, o quien está fomentando todo esto?. A ver si sirve un dato. Cada año 295 mil mujeres son violadas o sufren algún tipo de ataque sexual en Reino Unido, según reveló un informe del Ministerio del Interior británico, el 18-2-2000. El estudio señalaba que cada año se denuncian 6.000 casos de violaciones y 17.500 de ataques sexuales a mujeres, pero estas cifras representan una mínima proporción de lo que ocurre en realidad. En España, el informe del Ministerio de Justicia calculaba que entre 118.000 y 295.000 mujeres sufren agresiones sexuales cada año, de personas desconocidas o casos de abusos. Según el documento, los ataques sexuales a las mujeres por parte de novios, amigos y miembros de su misma familia han aumentado en la última década. 39 mujeres habían muerto a manos de sus compañeros en la primera mitad del año 2000. La policía afirmaba que sólo una pequeña proporción de mujeres que ha sido víctima de algún tipo de ataque llega a poner una denuncia. Da la impresión, que ahora que deberíamos estar avanzando en la consideración de la igualdad y dignidad de hombre y mujer, los sucesos y delitos se empeñan en decirnos que parece que sucede realmente lo contrario: la mujer es considerada objeto de consumo, y cuando no consiente, se toma por la fuerza; su opinión o deseo no cuenta, cuenta la pasión desbocada que otros alientan.

Estados Unidos fue la primera nación en lanzar campañas sanitarias que promovían el uso del preservativo y de jeringuillas limpias para erradicar la enfermedad, y han sido los primeros en recoger los resultados: crecen imparablemente las cifras de muertos y contagios, al crear un falso clima de seguridad que favorecía la práctica de conductas causantes del contagio, por parte de quienes no ven en ellas su trascendencia moral. En lo que se refiere a las enfermedades de transmisión sexual (ETS), el resultado ha sido también desafortunado, especialmente entre adolescentes. Parece, por lo tanto, que la revisión de estas campañas de prevención ha de ser un objetivo prioritario en los programas de salud pública.

En España, el ministro de Sanidad, al presentar la campaña de 1997 de condonmanía, aseguraba con desfachatez, que este método no crea adicción, y que no por tener preservativos a mano, o porque hasta el ministro se lo aconseje, ellos aumentarán su promiscuidad. Hay que ser estúpido para decir esto, o cerrar los ojos a la evidencia. Que mire el ministro las estadísticas de abortos en España antes y después de la vandálica propaganda de Matilde Fernández de 1990. A ver cómo explica el gran alza. En Galicia, el número de abortos de adolescentes aumentó durante los últimos años a pesar de las abundantes campañas de “educación sexual”. La Xunta reconocía que las campañas de formación sexual no funcionaban y la tendencia al alza llevó a la conselleira de Familia, Manuela López Besteiro, a reconocer que se trata de un “grave problema” sanitario y social. Ese es el resultado de las campañas de condonmanía.

Decía Benhamin Franklin que la experiencia es una dura escuela, pero los tontos no pueden aprender de otras fuentes.

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Campañas de “sexo… seguro?”

Drogadicción

La drogadicción es una enfermedad que consiste en la dependencia de sustancias que afectan el sistema nervioso central y las funciones cerebrales, produciendo alteraciones en el comportamiento, la percepción, el juicio y las emociones. Los efectos de las drogas son diversos, dependiendo del tipo de droga y la cantidad o frecuencia con la que se consume. Pueden producir alucinaciones, intensificar o entorpecer los sentidos, provocar sensaciones de euforia o desesperación. Algunas drogas pueden incluso llevar a la locura o la muerte.

La dependencia producida por las drogas puede ser de dos tipos:

-       Dependencia física: El organismo se vuelve necesitado de las drogas, tal es así que cuando se interrumpe el consumo sobrevienen fuertes trastornos fisiológicos, lo que se conoce como síndrome de abstinencia.

-       Dependencia psíquica: Es el estado de euforia que se siente cuando se consume droga, y que lleva a buscar nuevamente el consumo para evitar el malestar u obtener placer. El individuo siente una imperiosa necesidad de consumir droga, y experimenta un desplome emocional cuando no la consigue.

Algunas drogas producen tolerancia, que lleva al drogadicto a consumir mayor cantidad de droga cada vez, puesto que el organismo se adapta al consumo y necesita una mayor cantidad de sustancia para conseguir el mismo efecto.

La dependencia, psíquica o física, producida por las drogas puede llegar a ser muy fuerte, esclavizando la voluntad y desplazando otras necesidades básicas, como comer o dormir. La necesidad de droga es más fuerte. La persona pierde todo concepto de moralidad y hace cosas que, de no estar bajo el influjo de la droga, no haría, como mentir, robar, prostituirse e incluso matar. La droga se convierte en el centro de la vida del drogadicto, llegando a afectarla en todos los aspectos: en el trabajo, en las relaciones familiares e interpersonales, en los estudios, etc.

¿Qué lleva a las personas a consumir drogas?

Existen muchas causas y muchos factores. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el fenómeno de la drogadicción no es exclusivo de un grupo o estrato social, económico o cultural determinado. El consumo de drogas afecta a toda la sociedad en su conjunto.

En general, el uso de drogas corresponde a un afán de huir de la realidad. Las drogas proporcionan una vía de escape, un alivio temporal a los problemas personales, familiares o sociales. También son una puerta de salida frente al vacío existencial presente en el interior de la persona, el cual la lleva a volcarse en búsqueda de salidas ilusorias que llenen dicho vacío.

Algunos factores que favorecen el fenómeno de la drogadicción pueden ser clasificados del modo siguiente:

v Factores de tipo social: En la actualidad, existe una amplia disponibilidad de drogas, legales e ilegales, lo que hace mucho más fácil el acceso y el consumo de las mismas. Asimismo el amplio tráfico y distribución de drogas ilegales hace que sea fácil obtenerlas. Algunas drogas, como el éxtasis, están “de moda”, y prácticamente se puede obtener en cualquier discoteca. También existe mucha desinformación en el tema de las drogas. Algunos sectores proponen la despenalización e incluso la legalización del uso de drogas tales como la marihuana y la cocaína, argumentando que no son peligrosas, al menos no más que el tabaco o el alcohol, que son legales; o que al legalizar la droga el tráfico ilícito y las mafias cesarán de existir. Los medios de comunicación y sistemas educativos favorecen también el consumo de drogas al promover valores distorsionados (el placer y la satisfacción como meta última de la vida, el consumismo, el sentirse bien a cualquier precio, el vivir el momento, etc.) El ansia del joven de pertenecer a un grupo, de sentirse parte de un círculo social determinado, y las presiones por parte de los “amigos”, pueden hacer también que el joven se vea iniciado en el consumo de drogas. El consumo puede ser el requisito para la pertenencia a dicho grupo, y una vez dentro se facilita la adquisición y el consumo de sustancias tóxicas.

v Factores de tipo familiar: Los hijos de padres fumadores, bebedores o toxicodependientes son más proclives a tomar drogas que los hijos de padres que no lo son. Un ambiente familiar demasiado permisivo, donde no exista disciplina o control sobre los hijos; o demasiado rígido, donde los hijos se encuentren sometidos a un régimen demasiado autoritario o se encuentren sobreprotegidos, puede también fomentar el consumo de drogas. La desatención de los hijos por parte de los padres, las familias divididas o destruidas, las continuas peleas de los cónyuges frente a los hijos, la falta de comunicación entre hijos y padres, todos éstos son factores que contribuyen a crear un clima de riesgo, donde la droga puede convertirse fácilmente en una válvula de escape. Se ha comprobado que el uso de drogas por parte de los jóvenes es menos frecuente cuando las relaciones familiares son satisfactorias.

v Factores de tipo individual: Muchos factores personales pueden influir en la decisión de consumir drogas. Éstas pueden ser vistas como una vía de escape a los problemas cotidianos; algunas personas las usan como medio para compensar frustración, soledad, baja autoestima o problemas afectivos. En efecto, bajo el efecto de las drogas la persona experimenta un estado de euforia que le hace olvidar los problemas o las limitaciones que tenga. Lo malo es que es una ilusión, y luego de ese estado de euforia viene una frustración incluso mayor que la inicial, lo que lleva a la persona a recurrir nuevamente a la droga. Otros se inician en la droga por curiosidad, o para experimentar sensaciones nuevas ante una cierta apatía, hastío, aburrimiento o incluso sinsentido de la vida. Ante el vacío que experimentan, la droga se presenta como una posibilidad, aparentemente atractiva, de llenar ese vacío.

¿Cuáles son las consecuencias del abuso de drogas?

  • Ø Trastornos fisiológicos y psicológicos: entre los trastornos fisiológicos tenemos el síndrome de abstinencia, convulsiones, cambios en el ritmo cardiaco, deterioro del sistema nervioso central, etc. Entre los trastornos psicológicos tenemos: alucinaciones, tendencias paranoicas, depresión, neurosis, etc.
  • Ø Deterioro y debilitamiento de la voluntad: el drogadicto se vuelve literalmente un esclavo de la droga, pudiendo hacer lo que sea para conseguirla.
  • Ø Deterioro de las relaciones personales: el drogadicto ya no es capaz de mantener relaciones estables, ya sea con familiares o amigos. Muchas veces roba o engaña para poder conseguir droga, lo cual deteriora aún más sus relaciones.
  • Ø Baja del rendimiento en el trabajo o en el estudio. Se llega al grado de abandonar metas y planes, recurriendo a la droga como única “solución”.
  • Ø Consecuencias sociales: el drogadicto puede verse involucrado en agresiones o conflictos. Bajo la influencia de la droga se pueden llegar a cometer crímenes tales como robos o asesinatos.
  • Ø Consecuencias económicas: El uso de drogas puede llegar a ser muy caro, llevando al drogadicto a destinar todos sus recursos para mantener el consumo.
  • Ø Etc.

Las drogas no solamente tienen consecuencias negativas para quienes las usan. También se ven afectadas las personas que rodean al drogadicto, especialmente las de su entorno más cercano, como familiares y amigos. No es sólo la vida del drogadicto la que está en juego.

 

¿Cómo prevenir la drogadicción?

No se trata simplemente de prohibir la droga, ni de controlar su distribución. Aunque estas cosas son necesarias, el problema de la drogadicción tiene sus raíces en la sociedad misma. Es por ello que es necesario un compromiso de la sociedad en su conjunto. Padres, maestros, medios de comunicación, instituciones, etc., deben comprometerse a construir una sociedad nueva, donde sean promovidos los valores auténticos, especialmente los espirituales. De no hacerlo así, todas las estrategias de prevención serán inútiles, pues el problema de fondo seguirá existiendo.

Para las personas que ya han caído en el abuso de drogas, no bastan los simples tratamientos médicos, dado que existen otros problemas del individuo que están detrás del hecho de su drogadicción. Es necesario, junto con el tratamiento médico de desintoxicación propiamente dicho, un tratamiento de rehabilitación que haga que la persona redescubra su valor y su identidad más profunda. Este tratamiento no será posible sin la participación del individuo, sin su voluntad de cambiar. El apoyo de la familia y una adecuada asistencia espiritual son también fundamentales para la rehabilitación.

¿Qué es el aborto?

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La medicina entiende por Aborto toda expulsión del feto; natural o provocada, en el período no viable de su vida intrauterina[1]. El Aborto natural o espontáneo se produce, o bien porque surge la muerte intrauterinamente, o bien, porque causas diversas motivan la expulsión del nuevo ser al exterior. Si el aborto es provocado, se realiza o bien, matando al hijo en el seno materno, o bien, forzando artificialmente su expulsión para que muera en el exterior. En ocasiones se actúa sobre embarazos de hijos viables, matándolos en el interior de la madre o procurando su muerte después de nacer vivos. Esto no es médicamente hablando, un Aborto, sino que se incluye en la figura del infanticidio.

Los métodos más utilizados para provocar un aborto son cuatro:

1- Dilatación y legrado: Para utilizar este método el cirujano tiene que paralizar el músculo cervical y después estirarlo despacio hasta que se abra. Entonces introduce un instrumento, “cureta o cucharilla” con el que hace pedazos al feto y la placenta y los desprende del útero.

2- Succión: Se introduce en el útero un tubo de plástico hueco. Dicho tubo está conectado a un potente aparato de succión que destroza al feto y la placenta en pedazos pequeños, los absorbe y los deposita en un frasco.

3- Histerectomía: Es igual que una cesárea, se abre quirúrgicamente el abdomen de la madre y el útero. Se extrae al niño y la placenta, y se tiran. El 100% de los niños abortados por este método nacen vivos. Hay que matarlos o dejarlos morir.

4- Envenenamiento salino: Se introduce una larga aguja a través del abdomen de la madre, hasta llegar dentro de la bolsa amniótica, inyectando así una solución concentrada de sal en el líquido amniótico. El feto respira, lo traga, se envenena, lucha, a veces tiene convulsiones y, en una hora más o menos, muere. Aproximadamente un día después se presentan señales de parto y la madre da a luz un hijo muerto o agonizando.

¿Es el bebé la única víctima del Aborto?

El bebé, cuya vida fue truncada antes de nacer, es la principal víctima del Aborto, pero no la única. Dice Niceto Blazquez [2], Dr. en filosofía y diplomado en psicología médica, que las consecuencias o peligros del Aborto tienen dos vertientes fundamentales: una social y otra personal.

1. Desde el punto de vista del conjunto social, la legalización del Aborto ha contribuido al aumento de las prácticas abortivas. En el gran comercio del Aborto, con la “oferta” aumenta extraordinariamente la “demanda”. En consecuencia, disminuye la población joven a ritmo asombroso y los pueblos son cada vez más viejos. Se puede hablar hoy de un verdadero genosuicidio, es decir, algo así como un suicidio de la colectividad social. Basta repasar las estadísticas sobre población en los países del este Europeo. En toda Europa, la tasa de natalidad es de 1,87 niños por mujer. Ya los menores de 20 años son menos que los mayores de 60 años. Y la situación empeora… En Alemania, la tasa es de 1,3 hijos por mujer; así tiene ya dos veces más personas mayores que jóvenes[3].

Podemos reconocer al menos 3 fases en el proceso de envejecimiento de la población. La primera dura unos 30 años. Se caracteriza porque no pasa nada espectacular: se reduce la fecundidad, pero la relación entre población activa y pasiva se mantiene. Solo hay menos niños que adultos y ancianos. La segunda fase comienza cuando las nuevas generaciones llegan a la edad activa. De pronto, escasea la fuerza de trabajo, la mano de obra. El número de jubilados sigue aumentando inexorablemente. Cuando el envejecimiento de la población es apreciable a simple vista, alcanzamos la tercera fase. Los pocos que trabajan han de mantener a una masa creciente de jubilados[4].  Esto provoca que todos los organismos previsionales Europeos sean actualmente muy deficitarios, tanto que son la principal causa del enorme déficit fiscal de dichos países. Por ejemplo: en estos momentos el 21% de los suizos está jubilado y es sostenido por cada ciudadano activo que aporta a tal fin el 24% de su salario. En pocos años, los pasivos suizos serán entre el 30% y 35% de la población total.  Concluimos reflexionando que cuando se reduce la población claramente, el crecimiento económico y el progreso técnico se estancan. No hay progreso si no hay personas que lo saquen adelante[5].

2. En lo referente a las consecuencias en cada persona particular, la propaganda Pro-Aborto es mentirosa y falaz. El Aborto de cualquier tipo y en cualquier etapa del embarazo es, por lo menos, dos veces más arriesgado para la vida de la madre que el alumbramiento. El Dr. Jack Willke[6], nos brinda una larga lista de complicaciones para la madre: infecciones, hemorragias, perforaciones uterinas, intoxicaciones, obstrucción del orificio cervical uterino, perforaciones del intestino, embolias. En casos más graves, provocan esterilidad definitiva y hasta la muerte. Pero esta lista hace referencia solo a la salud física. Los problemas que afectan a la salud mental, que a menudo por tratarse de un conjunto de síntomas son llamados “síndrome”,  merecen un capítulo aparte.


[1] GUIXA-OTTURI- Compendio de ginecología. Libreros López Editores.1976. Pág.309.

[2] Blazquez, Niceto. El Aborto. BAC popular. Madrid 1977. Pg.111

[3] Zurfluh “¿Superpoblación?” Ed. Rialp. Pag.113.

[4] Zurfluh, op. cit. Pag.14.

[5] Scala, Jorge. IPPF. La multinacional de la muerte. J.C Ediciones. Pag.74

[6] Willke, Jack y Bárbara. Aborto, preguntas y respuestas. Ed. Bonum.1992. Pag.90

Aborto

El ser humano pequeñísimo, inocente e indefenso que crece y se desarrolla en el vientre de su madre, corre peligro de muerte y son muy pocos los que reconocen su derecho a la vida. Tal impresión no debe quedar en una mera actitud de asombro, sino que ha de transformarse en un compromiso cuando de defender la vida se trate.


Síndrome post-aborto

El síndrome post-aborto es el nombre que se da en medicina a las perturbaciones emocionales y psíquicas que experimentan las mujeres que han abortado. Es un conflicto que se crea en la mujer entre su papel de madre y el papel que desempeña en la destrucción de la vida de su niño no nacido. Este conflicto puede darse en  otros miembros de la familia (padre, abuelos) y allegados en sus respectivos roles después del aborto.

Los síntomas más frecuentes del Síndrome post-aborto son:

  • Depresión, con riesgo de suicidio.
  • Ansiedad.
  • Sentimiento de culpa.
  • Empeoramiento del cuadro psiquiátrico que existía con anterioridad.
  • Trastorno de la conducta; muchas veces como escape se hace uso del alcohol, drogas.

En algunos casos, en forma gradual y progresiva, se va desarrollando un rechazo a las relaciones sexuales con la pareja. Esto ocurre con más razón si el aborto se lo practicó presionada por él y teme que si de nuevo sale embarazada, la pareja vuelva a presionar y se repita el aborto. A veces estas crisis, en personalidades que no están bien balanceadas pueden desencadenar enfermedades mentales. También se da muy frecuentemente la depresión de aniversario, que se sitúa alrededor de la fecha del posible nacimiento o alrededor de la fecha del aborto.

Los rasgos centrales de este síndrome, son la negación y la represión. Este mecanismo psicológico de protección habitualmente funciona bien al principio, pero tarde o temprano (a veces más de 10 años después), ya no pueden manejar su situación emocional. La culpa es casi una constante, a menudo acompañada de vergüenza, pobre autoestima y posteriormente depresión. Insomnio, pena y desesperanza, pesadillas y tendencia a revivir el hecho son parte del cuadro. El suicidio, es el desenlace más grave de algunos casos que no logran superar la crisis desencadenada.

Para lograr la curación, los datos de investigación disponibles hasta el momento señalan la necesidad de:

a)    Admitir que la paciente fue partícipe de la muerte de su propio hijo.

b)   Experimentar pesadumbre por la pérdida.

c)    Buscar y aceptar el perdón de Dios.

d)   Perdonarse a sí misma.

De acuerdo con los datos conocidos, el 80% de las pacientes con síndrome post-aborto no pertenecían a ninguna Iglesia y la mayoría sabía muy poco del desarrollo fetal para la época en que fueron sometidas al Aborto. Un dato significativo es, quizá, que la curación de estos casos fue posible en parte por alguna forma de experiencia espiritual de perdón[1].

“Es más fácil sacar al niño del útero de su madre, que sacarlo de su pensamiento”.

Prof. Willke


[1] Willke, J. y B. Aborto, preguntas y respuestas. Ed. Bonum.1992.Pag.133.

Alcoholismo

Al hablar del alcohol en general, debemos distinguir tres situaciones:

(a) el uso adecuado y bien tolerado;

(b) el uso inadecuado de alcohol sin llegar al conjunto de síntomas (síndrome) que caracterizan al alcohólico; y

(c) el uso inadecuado con aparición de síntomas de dependencia-abstinencia.

La Organización Mundial de la Salud define a la persona alcohólica como “aquel bebedor descontrolado cuya dependencia del alcohol ha llegado al grado de poner en evidencia disturbios mentales o bien a incidir sobre su salud física y psíquica, sobre sus relaciones interpersonales y sobre su actividad normal social y económica; o bien aquél en quien se hacen evidentes los pasos de una evolución hacia tal estado”.

El problema se produce por la elevación de la tasa alcohólica ya presente en la sangre, la cual genera una acción depresiva sobre los centros de control del Sistema Nervioso Central y la consecuente modificación del comportamiento; esta turbación dura hasta que la tasa de alcoholemia desciende por la eliminación del alcohol por obra del organismo; la duración de estos efectos oscila entre las 24 y las 48 horas. La eliminación es realizada principalmente por el hígado; el cual empieza a quedar comprometido por el exceso de alcoholemia, siendo cada vez más difícil su metabolismo y se va requiriendo una cantidad siempre menor de alcohol para determinar la elevación de la tasa de alcoholemia.

 

Consecuencias de la adicción

Entre las consecuencias más notorias del alcoholismo se señalan generalmente daños a la salud de la persona dependiente (patologías gastroenterológicas como daños del hígado y páncreas, en la cavidad oral y en el esófago, estomago, intestino; alteraciones hematológicas; daños neuropsiquíatricos como el llamado delirium tremens, demencia alcohólica, síndrome o psicosis de Korsakoff; daños en el equilibrio neuroendócrino; e incluso la misma muerte del individuo) y daños sociales (en los hijos: fetopatía alcohólica[1]; en la familia y el matrimonio: miserias familiares, problemas graves en la relación conyugal; y criminalidad).

Las causas del alcoholismo crónico

Pueden indicarse muchos factores, que sumados, ayudan a entender el problema: a veces es causado por problemas hereditarios (lo que, si bien no explica una enfermedad, al menos revela cierta inclinación hacia ella); problemas psicológicos (que son, en realidad, problemas potenciales, es decir, no son determinantes); problemas culturales y ambientales (los ejemplos vividos dentro de la propia familia, la falsa publicidad, las depresiones causadas por problemas de trabajo, frustraciones afectivas; también hay que indicar en muchos casos las tendencias culturales, etc.); pero en realidad el alcoholismo es un problema de raíces múltiples que exige un tratamiento muy radical y urgente.

Uno de los dramas más graves de nuestro tiempo es la difusión del alcoholismo entre los adolescentes (14-17 años) y es allí donde principalmente  se deben enfocar los esfuerzos sociales y religiosos. Informes de los últimos años dan datos alarmantes de este problema: desde 1981 hasta fines del siglo (menos de 20 años) se quintuplicó el consumo de algunas bebidas (como la cerveza) entre los jóvenes, y bajó la edad en que empiezan a beber a ¡11 años de edad![2]; y esto afecta también a las jóvenes, las cuales se inician en la bebida entre los 12 y los 13 años, creciendo en los últimos años el consumo entre las adolescentes argentinas un 150%.[3] Generalmente para muchos jóvenes el alcohol es la puerta para ingresar al mundo de las drogodependencias.

Soluciones

La solución a todo este problema implica un cambio cultural y en muchos casos una profunda conversión de las sociedades y de los individuos. Es claro que el gran trabajo en este campo es la prevención; si no se quiere llegar a un problema de adicción, el alcohol debe ser usado con moderación, regulado por las virtudes de la prudencia y de la templanza, lo cual implica un parámetro desigual, según las personas. Entre las prevenciones de la adicción al alcohol, una de las más importantes es simplemente evitar las “ocasiones de beber”, evitando malas amistades, y evitando malos ambientes donde es común el abuso de alcohol (boliches, espectáculos públicos).

Cuando el uso del alcohol se ha vuelto ya adictivo, en cambio, no queda otra vía que: (a) el control estricto del beber a través de la abstinencia y (b) el reemplazo total de los modelos adictivos con comportamientos satisfactorios para pasar el tiempo que puedan llenar el vacío que se crea cuando se ha dejado de beber.

Un sistema de amigos, una comprensión del grupo sobre el alcoholismo y el perdón de las recaídas son los métodos estándar de Alcohólicos Anónimos para aumentar la autoestima y aliviar un sentido de aislamiento. El sistema de los “Doce Pasos” de Alcohólicos Anónimos hacia la recuperación, incluye un componente espiritual que puede disuadir a las personas que carecen de convicciones religiosas. El rezo y la meditación, sin embargo, han sabido ser de gran valor en el proceso de curar muchas enfermedades, aún en las personas sin creencias religiosas específicas.


[1] El alcohol se configura como una de las sustancias teratógenas capaces de producir malformaciones en el feto, aumentando malformaciones; retardo del crecimiento pre y post natal, disfunciones en el sistema nervioso central –retardo mental, depresión–, anomalías cráneo-faciales, anomalías en los ojos, orejas, boca, problemas cardíacos, etc.

[2] “Los chicos empiezan a tomar a los 11 años”, en La Nación, 17 de noviembre de 2003.

[3] “Las chicas toman cada vez más alcohol”, en La Nación Line, 8 de febrero de 2003.

No hay razones para abortar

No son pocas las circunstancias adversas en las que, en ocasiones, se puede encontrar la mujer que espera un hijo: el riesgo de su propia salud o incluso, aunque hoy muy raramente, de su vida; la dureza de la expectativa de tener un niño con algún defecto físico o psíquico; la irresponsabilidad y hasta la violencia en el sexo por parte del varón; las estrecheces económicas; los inconvenientes laborales y profesionales; etc. Comprendemos también que, aun sin encontrarse en situaciones como éstas, haya mujeres que, arrastradas por una fuerte opinión pública favorecida por las legislaciones, llegan a pensar que abortar “no está tan mal” o que “hoy ya hemos superado ese tabú irracional”.  Nuestro rechazo va contra la torcida aceptación social del “crimen abominable” del aborto y su perpetración, de la que, a veces, incluso se hace alarde. Va, en particular, contra la legislación actual que delata una notable falta de criterio ético en el legislador, obligado por oficio a impedir eficazmente que las circunstancias difíciles de la vida lleven a los ciudadanos a violar los derechos fundamentales de los seres humanos.

No hay razones realmente válidas para legitimar en ningún caso la eliminación directa de la vida humana aún no nacida. Ni siquiera las situaciones más graves constituyen una causa para justificar la eliminación de una vida humana inocente. Nadie puede atreverse a decidir sobre la vida del no nacido para evitarle el venir a un mundo difícil, o para que no suponga una “carga” en la familia o un “problema” en el desarrollo de la vida de la madre.

Nunca será legítimo matar a un ser humano inocente e indefenso para poner a salvo la propia salud o incluso la vida. En caso de “conflicto”, la ley ha de proteger lo más importante que está en juego: el derecho a la vida de la persona inocente, que ha de prevalecer sobre otros derechos o bienes de menor rango. Como ya hemos visto, la vida del ser humano está, desde su concepción, en un proceso continuo de etapas muy diferenciadas. Las disposiciones del Estado en este sentido podrán ser, pues, “legales”, pero serán siempre radicalmente inmorales y nunca tendrán, por tanto, el carácter de verdaderas leyes. No somos, pues, “intolerantes” cuando nos oponemos a esta legislación intolerante, a este tipo de legislación que de hecho no tolera el desarrollo normal de vidas humanas incipientes, las más necesitadas de protección jurídica eficaz.

Nadie está en este mundo por casualidad. Todos somos queridos y elegidos, por puro amor, por el Creador. Todos hemos necesitado ser acogidos de modo semejante, con amor, por los nuestros: por nuestra madre, por nuestro padre, por nuestra familia. Todos seguimos necesitando la fraternidad de nuestro prójimo y todos necesitan la nuestra, en particular los más cercanos y débiles. Pedimos a Dios, cuya gloria consiste en que el hombre viva, que sepamos, cada uno en nuestro lugar, ser servidores de ese don magnífico de la vida. Protegerla, cuidarla, quererla bien es tarea que exige la colaboración y el empeño de todos.

Oración de adopción espiritual

El aborto en cifras

Es imposible saber a ciencia cierta qué cantidad de abortos se realizan en el país. Cada vez hay más abortos tempranos (producidos en los primeros días de la gestación) que son imperceptibles, incluso, para la mujer que aborta. Sobre la cantidad de abortos que se realizan existen pues estimaciones, realizadas en base a los egresos hospitalarios por complicaciones de aborto.

Esas estimaciones distan, en certeza, de las estadísticas que existen sobre mortalidad materna. Al referirse a ellas los abortistas mencionan que “la clandestinidad del aborto genera subregistros”, pero estos no exceden, según sus propios cálculos, al 9,5% (Informe sobre Mortalidad Materna del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES). Lo que nos permite afirmar que ese subregistro no varía demasiado las conclusiones a las que podemos arribar utilizando las cifras oficiales.

Las últimas “estimaciones” oficiales sobre la cantidad de abortos que se realizan en el país, fueron publicadas en octubre de 2007. Según las estimaciones de la Guía Técnica elaborada por el Ministerio de Salud durante la gestión del ex ministro de salud Ginés González García, se producen alrededor de 460.000 abortos inducidos al año. Si comparamos esa cifra con la cantidad de nacimientos (aproximadamente 700.000) observamos que el 40% de los argentinos es asesinado antes de nacer. Dicho de otro modo: cada cinco argentinos por nacer se mata a dos.

En relación a las muertes maternas por aborto

Las últimas cifras disponibles son las del año 2006 y fueron publicadas en diciembre de 2007, por el Ministerio de Salud de la Nación, tras asumir Graciela Ocaña. Según esas “Estadísticas Vitales” en el 2006 se produjeron:

  • Muertes maternas: 333 (muertes acontecidas durante el embarazo, parto o puerperio –hasta 42 días después del parto-).
  • Muertes maternas por aborto: 93 (la publicación no discrimina entre abortos “seguros”, “inseguros”, espontáneos o inducidos).

Si comparamos los 460.000 abortos inducidos al año, con las 93 muertes por aborto; surge que de cada 5000 mujeres que se practican un aborto, una muere. O lo que es lo mismo: cada 5000 niños por nacer asesinados muere una madre.

Sin dejar de reconocer el valor de cada vida humana –única e irrepetible- y la gravedad de su pérdida, no podemos dejar de destacar que el número de muertes relacionadas con el aborto provocado es abrumadoramente superado por el de muchas otras causales de muerte, incluso, por el número de víctimas fatales de la inseguridad. Por ejemplo, las mismas estadísticas oficiales señalan que en el 2006 hubo 93 muertes por aborto, 462 suicidios de menores de 19 años y 8.986 defunciones de menores de un año (en su mayoría por causas evitables).

Conclusión

No hay políticas públicas, ni campañas en los medios de comunicación, ni proyectos legislativos que intenten reducir esas 5000 muertes. Frente a un problema que involucra 5001 muertes, se intenta remediar la “una”, ignorando las 5000 restantes. Para los que luchan por la legalización de aborto de esas 5001 vidas, 5000 carecen de valor.

 

Fuente: Cristo Hoy Nº 750, 9 al 15 de octubre de 2008

Alcoholismo

d

Gestación

Anticonceptivos microabortivos

La anticoncepción o contracepción se refiere a la prevención intencional de la concepción, es decir, de la fecundación del óvulo por parte del espermatozoide. Sin embargo, se consideran “anticonceptivas” ciertas prácticas y técnicas que son en realidad abortivas. Los contraceptivos o métodos artificiales para evitar el embarazo se basan en uno de estos dos principios:

  • alteran la relación sexual en sí, mediante un método de barrera (preservativo, diafragma) o mediante la interrupción del acto sexual;
  • provocan una alteración física en el cuerpo del varón o de la mujer, de modo que del acto sexual normal no se siga una concepción.

El juicio moral de todo método anticonceptivo es idéntico: se trata de una acción que desvirtúa substancialmente y por tanto gravementela naturaleza de la sexualidad y de la conyugalidad, por cuanto separa las dos dimensiones o significados del acto conyugal; en el caso de los anticonceptivos que tienen un efecto abortivo, además, se suma el agravante del homicidio cualificado. Veremos a continuación los distintos modos de la anticoncepción, describiendo los elementos generales de su accionar.

La anticoncepción hormonal

Los anticonceptivos hormonales son sustancias químicas, similares a las producidas por el organismo humano. El efecto biológico de las hormonas sintéticas debería imitar a las mismas sustancias de naturaleza endógena, pero claro está que presentan una potencia diferente respecto de las naturales, con diversos efectos colaterales y efectos secundarios.

Estos productos pueden diferir en su composición, mecanismo de acción y modalidad de suministración. En general se trata de derivados sintéticos de estrógenos y progesterona, solos o combinados. Entre los principales encontramos: contraceptivos orales, los preparados inyectables y las implantaciones subcutáneas.

a)    Los contraceptivos orales: tienen en común el hecho de ser suministrados oralmente y estar constituidos por estrógenos y/o progestínicos de síntesis. Aquí se encuadran:

  • Las píldoras clásica (o combinada), secuencial y bi, tri y cuadrifásicas: constituida por una asociación de estrógenos y progestínicos. La píldora clásica se toma diariamente durante unos 20 días, luego se suspende durante una semana y se comienza de nuevo. La píldora secuencial ya no está más en comercio por el efecto cancerígeno verificado en algunas razas caninas. Las píldoras bifásicas, trifásicas y cuadrifásicas varían según el porcentaje de estrógeno y progestínicos.

Todas actúan aproximadamente del mismo modo:

  1. Influyen negativamente sobre la hipófisis (y sobre el hipotálamo que la controla) reduciendo, hasta anularla, la producción de gonadotropinas (la FSH) y la hormona luteinizante (LH): estas hormonas son las responsables de la maduración del folículo, de la ovulación y luego de la producción de estrógenos y progestínicos necesarios para la anidación y desarrollo del huevo fecundado. De este modo, se bloquea la ovulación en un 98% de los casos. Es importante recalcar que, mientras menor es la cantidad de estrógenos en la asociación, menor es la capacidad del bloqueo de la ovulación. Cuando no consigue bloquear la ovulación poseen una segunda alternativa.
  2. Los estro-progestínicos obran sobre la movilidad de las trompas de Falopio, alterándola de modo que el transporte del óvulo (o del óvulo fecundado) es modificado.
  3. Se producen también alteraciones en el endometrio (la mucosa que reviste el interior del útero) donde el embrión va normalmente a implantarse. De este modo impiden el anidamiento normal del óvulo fecundado. Éste es el mecanismo abortivo de la píldora  (especialmente la de baja dosis de estrógenos).
  4. Actúa sobre el mucus cervical, haciendo más difícil su penetración por los espermatozoides.

Los  efectos colaterales pueden ser leídos desde los mismos prospectos de las cajas de anticonceptivos, pero claro… en letra chica. Por razones de espacio, solo transcribimos   algunos de ellos: hipertensión, trombosis (de las piernas, vasos pélvicos, pulmones, cerebro), náuseas, susceptibilidad a las inflamaciones gingivales, aumento de peso, perdidas hemáticas durante el ciclo menstrual, flujo menstrual más claro y de menor duración, ausencia del flujo menstrual, mayor susceptibilidad a las infecciones urinarias, modificaciones de la tensión sexual, depresión, ansia, cansancio, tromboflebitis, ictus cerebral, infarto de miocardio, adenoma hepatocelular (tumor del hígado), anomalías malformativas del feto en el caso del consumo durante un embarazo ya comenzado.

  • La micro-píldora. Es un contraceptivo oral que contiene solamente un progestínico, en dosis no muy elevadas. Se toma durante todos los días del ciclo, incluso durante la menstruación. Su efecto es menor que en el caso de la píldora combinada (por la ausencia de estrógenos). Por lo tanto, bloquea la ovulación solo en el 50% de los ciclos y su eficacia es compensada a nivel tubárico y sobre todo en el endometrio. En efecto, los progestínicos, actuando solos, tienden a producir una atrofia progresiva del endometrio, alterando la fisiológica de la fase proliferativa y de la fase secretiva necesaria para la implantación del blastocisto. Esto convierte a la micro-píldora en un medio prevalentemente abortivo. También puede actuar sobre el mucus cervical, tornándolo impenetrable para los espermatozoides, pero tampoco esto actúa en la totalidad de los casos. Una confirmación de lo dicho está dada por el aumento del riesgo a generar embarazos ectópicos (o sea que la concepción no es impedida, sino la implantación en el útero). Las complicaciones descriptas más arriba para las otras píldoras son menos frecuentes en ésta.
  • Las píldoras del día antes, del día después y la “contracepción de emergencia”.  Están constituidas a base de solos estrógenos, o solos progestínicos, o en una combinación de ambos. Se toman por pocos días y en dosis fuertemente elevadas, antes o dentro del tiempo en que se considera que las relaciones sexuales pueden ser fecundas, con la intención de impedir la implantación del óvulo fecundado. Por lo tanto, no se trata de contraceptivos sino de abortivos, que obran alterando el ambiente uterino y la movilidad de las tubas.

El término “contracepción de emergencia” indica un conjunto de prácticas que son puestas en acto para impedir un embarazo eventual no deseado, cuyo mecanismo de acción es el de contrarrestar el desarrollo del embrión humano, una vez que se ha llevado a cabo la fecundación. Dado que no puede excluirse que el acto sexual haya tenido lugar varios días antes de la ovulación, la “contracepción de emergencia” puede actuar, a veces, bloqueando la ovulación; pero se trata, sobre todo, de una acción directa sobre el embrión, impidiendo su anidación en las paredes uterinas, y terminando en un aborto.

Para tener una idea de las altas dosis de estrógenos y progestágenos que se suministran en la contracepción de emergencia, basta tener en cuenta que corresponden a la cantidad de hormonas que una mujer tomaría durante dos años, cuando las utiliza como contraceptivos “ordinarios”. A este grupo pertenece la mefiprestona o píldora RU 486 [1]; ésta no se usa sólo en la “contracepción de emergencia” sino en estadios avanzados del embarazo, como medio para inducir el aborto. Se trata de un fármaco abortivo de acción postcoital que bloquea la hormona del embarazo (progesterona) provocando la eliminación del embrión. La progesterona actúa a nivel del útero, preparándolo para acoger el óvulo fecundado. La RU 486 se une a estos sitios interrumpiendo su acción. Consecuentemente, crea a nivel del endometrio uterino una situación tal (reducida vascularización, aumento de las contracciones uterinas) que el embarazo no puede proseguir y el embrión es destruido.

El fármaco provoca serios efectos colaterales, entre los cuales pérdidas hemáticas y una aumentada incidencia de malformaciones fetales (por esto último, la mujer que ha usado el RU 486 sin obtener la interrupción del embarazo recurre luego al aborto instrumental).

b)  Los preparados inyectables: Pueden obtener el mismo efecto que las preparaciones orales. En caso de fracaso del efecto abortivo, es muy elevada la incidencia de malformaciones del feto; particularmente los defectos del corazón; también se señala el síndrome polimalformativo VACTERL (vértebras, ano, corazón, tráquea, esófago, riñones y articulaciones). Al margen de los efectos para el feto, tiene para la mujer los mismos efectos colaterales que la píldora.

c)  Las implantaciones subcutáneas: Se trata de cápsulas de diverso material que contienen microcristales de progestínico y de estrógeno más progestínicos de lenta disolución. La implantación es destruida lentamente por los procesos normales del organismo y a medida que es destruida expide cierto tipo de hormonas. El efecto es similar al de las inyecciones de depósito, cambiando sólo el modo de liberación de las hormonas. Se trata, por tanto, de medios abortivos.


[1] Ésta es la primera píldora cuya receta se presenta directamente como abortiva. Cf. M.L. DI PIETRO – E. SGRECCIA, Anima e Corpi, diciembre de 1988, 675; Cf. ID., “La contragestazione ovvero l’aborto nascosto”, Medicina e Morale, 1 (1988), 5-32.

Gestación

¿Cómo se desarrolla esta vida humana en el seno materno?

Breve reseña de aproximadamente 9 meses de gestación.

Mes Primero: La primera célula al cabo de unas horas se divide, y luego de otras pocas horas las divisiones continúan de una manera ordenada conforme este pequeño racimo de células viaja a través de la Trompa de Falopio hacia el útero, donde el tejido uterino ha sido preparado para la implantación.  Hay más de 100 células en el embrión cuando este pequeñito ser llega al útero a los 7 a 10 días después de la fertilización.

Día 20: los fundamentos del cerebro, la espina dorsal, y el resto del sistema nervioso ya han sido establecidos.

Día 21:  el corazón comienza a latir de manera regular.

Día 28: la columna vertebral, el resto del esqueleto y los músculos se están formando; los brazos, las piernas, los ojos y las orejas comienzan a notarse.  Al mes de edad, el embrión es 10.000 veces más grande que el original óvulo fertilizado, y continúa desarrollándose rápi­damente.  El corazón bombea crecientes cantidades de sangre a través de este sistema.  La placenta forma una barrera única que deja separada la sangre de la madre, pero permite que la comida y el oxígeno pasen al bebé.

Mes Segundo: A los 35 días el bebé nonato tiene todos sus dedos formados. Ondas de actividad cerebral pue­den detectarse al día 40.  El cerebro está con­trolando 40 juegos de músculos lo mismo que los órganos.  La mandíbula se forma, incluyendo la raíz de los dientes en la encía.  Los párpados se cierran en este período para proteger el desarrollo de los ojos del bebé, muy sensibles a la luz, y los reabrirá al 7° mes.  El estómago produce jugos digestivos y los riñones han comenzado a funcionar.  El pequeñito ser humano responde al tacto.  A las 8 semanas el bebé en desarrollo recibe el nombre de feto, palabra del latín que quiere decir “el Joven” o el  “vástago”.

Mes Tercero: Sus huellas digitales son únicas son ya evidentes y nunca se modificarán.  El bebé ahora duerme, despierta y ejercita sus músculos: volteando su cabeza, doblando los dedos de sus pies, abriendo y cerrando su boca,  y a veces chupándose el pulgar.  Cuando cierra su palma de la mano puede hacer un puño apretado.  El “respira”  líquido amniótico para ayudarse a desarrollar su sistema respiratorio.  A las 12 semanas todos los órganos y sistemas de su cuerpo ya están funcionando.  Su única actividad mayor desde este momento hasta que nazca será crecer, incrementar su tamaño.

Mes Cuarto:  Para el final de este mes (16 semanas) el bebé tiene de 20 a 25 cm de estatura y pesa 227 gramos o más.  Sus oídos están funcionando, y hay evidencia de que el bebé oye la voz y el latido del corazón de su mamá, así como ruidos externos.  El cordón umbilical se ha convertido en una maravilla de la ingeniería, transportando 300 litros de líquidos al día terminando un viaje completo de líquidos cada 30 segundos.  Debido a que el bebé es más grande, usualmente su mamá comienza a sentir los movimientos de su niño durante este mes

Mes Quinto:  La mitad del tiempo de embarazo ha transcurrido ya.  El bebé  tiene 30 cm. de largo.  Si un sonido es especialmente fuerte o desagradable, él puede reaccionar saltando asustado.  Los bebés que nacen prematuros en este estado de desarrollo (19 a 20 semanas) están sobreviviendo en proporciones mayores debido a los avances de la tecnología médica.

Mes Sexto:  Comienzan a funcionar las glándulas sebáceas y sudoríparas. La delicada piel del bebé en desarrollo, está protegida del fluido amniótico que le rodea mediante un ungüento especial llamado vernix caseosa. Si el bebé naciese en este mes y recibiera los cuidados necesarios, podría sobrevivir.

Mes Séptimo:  El cerebro del bebé tiene ya casi tantas células como tendrá al nacer.  El bebé nonato utiliza cuatro sentidos: la vista, el oído, el gusto y el tacto.  En estudios se ha demostrado que el bebé reconoce la voz de su mamá.

Mes Octavo:  La piel comienza a engrosarse, con una capa de lípido guardada debajo de ella para aislante y para reserva alimenticia.  Se incrementan los anticuerpos.  El bebé toma casi 4 litros de líquido amniótico al día.  Ha estado orinando ya desde hace algunos meses.

Mes Noveno: Hacia el fin de este mes, el bebé está listo para nacer.  La duración promedio del embarazo es de 280 días, contados desde el primer día de la última menstruación de la mamá, pero hay muchas variaciones.  Ya para este tiempo el corazón del niño está bombeando 1140 lt. de sangre al día.  En respuesta a señales del cerebro, el niño dispara el mecanismo del proceso de parto y así ocurre el nacimiento.

En la generación de las 45 divisiones celulares que ocurren antes de ser adultos, 41 han tenido lugar en el vientre materno.  Solo habrá cuatro más: durante el resto de la niñez y antes de la adolescencia.  En términos de desarrollo, nosotros pasamos 90 % de nuestras vidas en el vientre materno.

Fecundación

La vida humana es el don más preciado. La ciencia nos va develando, cada vez con mayor precisión aspectos relacionados con su comienzo y desarrollo, confirmando la grandeza de la creación. La vida de una persona comienza en el momento de la concepción, cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide. Desde ese instante es ya una persona con cuerpo y alma, única e irrepetible.

Fecundación

Durante una relación sexual los espermatozoides entran en contacto con el moco cervical e invaden el canal cervical. A las 2 horas los que no han penetrado en el moco son destruidos por el pH ácido de la vagina, el cual es amortiguado durante unos minutos por el líquido seminal. El paso por las trompas se hace gracias al impulso de los flagelos y a las ondas rítmicas de las trompas (desde el istmo hasta la ampolla). En el istmo se acumulan los espermatozoides debido a una secreción viscosa, que los libera de forma intermitente.

El momento de la fecundación se produce cuando el espermatozoide penetra en el ovocito y se fusionan los pronúcleos, dando lugar al cigoto o huevo fecundado. Comprende varias fases:

-   Encuentro de los gametos: El ovocito está rodeado por la zona pelúcida y por el cúmulo.
Los espermatozoides llegan del istmo en oleadas. Conservan su poder fecundante durante tres días. El espermatozoide entra en contacto con el cúmulo y libera hialuronidasa, que es capaz de disgregar el cúmulo. El paso entre las células del cúmulo y de la matriz extracelular se hace gracias al impulso del flagelo.

-   Interacción con la zona pelúcida: Los espermatozoides se ponen en contacto con la zona pelúcida, gracias a glucoproteínas de esta zona (IR específicos de especie) y proteínas de la membrana plasmática de la cabeza del espermatozoide (ZP1, ZP2, ZP3). Esta fijación desencadena la reacción acrosómica, en la que una enorme concentración de calcio produce la fusión de las membranas que va seguida de su ruptura con liberación de enzimas acrosómicas que hidrolizan la zona pelúcida y producen un túnel a través del cual el espermatozoide llega al espacio perivitelino.

-   Fusión de los gametos y activación del ovocito: El primer espermatozoide que llega al espacio perivitelino produce la fusión con el ovocito, que gracias al calcio se activa. El ovocito es capaz de incorporar la cabeza al citoplasma.

-   Reacción cortical y terminación de la meiosis: Inducidos por el calcio, los gránulos corticales del citoplasma del ovocito salen fuera de la célula, formando una capa alrededor de la membrana. Se liberan enzimas hidrolíticas que producen cambios en la zona pelúcida que la hacen impermeable a los demás espermatozoides. Se pone en marcha la meiosis II del óvulo. Los dos pronúcleos se sitúan de forma excéntrica en el citoplasma del ovocito fecundado. Se replica el DNA y por los microfilamentos, emigran hacia la zona central del citoplasma. Se produce una profase y pierden sus membranas. Se intercambia el material genético femenino y masculino y se originan las dos primeras células del embrión.

A continuación veremos una serie de esquemas que muestran la formación del cigoto y el comienzo del desarrollo de un nuevo ser, hasta la primera división de segmentación.

¿Desde qué momento puntual podemos empezar a hablar de VIDA HUMANA?

Existen numerosos testimonios científicos, pero por razones de espacio, citamos a uno indiscutible. Jerome Lejeune, descubridor del trisomía 21 o síndrome de Down, profesor de Genética de la Universidad de Paris sostiene: “En cuanto los 23 cromosomas del espermatozoide se encuentran con los 23 cromosomas el óvulo, toda la información necesaria y suficiente esta allí, reunida en el ADN (Ácido Desoxiribo Nucleíco) para determinar todas las cualidades de un nuevo ser humano. No se trata de una opinión, de un postulado moral o de una idea filosófica, sino de una verdad experimental. La fecundación in vitro lo ha demostrado: si antes, en la probeta, no es un ‘bebé’ ¿para qué, entonces, implantarlo en el útero? Si el ser humano no comienza con la fecundación, no comienza nunca.

Ningún científico informado puede indicar un solo dato objetivo posterior a la constitución de un nuevo ADN como hecho del que dependa el inicio de una vida humana. El endometrio no genera al ser humano; solo lo recibe y lo nutre. Afirmar  que la vida humana comienza después de la fecundación, no es científico. Es una afirmación arbitraria, fruto ideologías o intereses ajenos a la Ciencia. El cigoto, fruto de la fusión de las dos células germinales, es un individuo distinto del padre y de la madre, con una carga genética que tiene el 50%  de cada uno de los progenitores”.

Esta primera célula, el cigoto, único y extraordinario, contiene el complejo diseño genético para todos y cada uno de los detalles del desarrollo del ser humano. El cigoto es único, porque nunca antes en la historia de la humanidad ha existido este ser humano, y nunca más, volverá a existir otro igual que este. Esta célula, además, está completa, lo cual significa que “nada se añadirá a este nuevo ser humano, excepto tiempo, nutrición y oxígeno. Está ahí en su totalidad, a la espera de recorrer cada una de las etapas del desarrollo”.[1] Esta célula es, desde el primer momento, masculina o femenina. El jovencísimo ser humano, justo después de la fecundación, se divide en 2 células (blastómeros), una de ellas se vuelve a dividir en dos (pasamos por un estadio de 3 células), luego se llega a 4 y se continúa por múltiplos de 2.[2]

A partir de aquel instante inicial de la concepción, el crecimiento y desarrollo del embrión atraviesa una concatenación de procesos vitales que son determinados por su propio código genético. Esto nos permite reconocer que cada nueva vida no es un ser humano potencial, sino un ser humano con potencialidades. Por ser autónomo, el movimiento de segmentación y diferenciación lo hace por sí mismo, en un proceso coordinado, continuo y gradual.

¿Por qué se niega el momento real de la fecundación?

La afirmación de que el ser humano se inicia en la implantación, no cuenta con el respaldo de la Ciencia. Es una afirmación gratuita, infundada y criminal que hacen las personas o las instituciones abortistas para poder negar el asesinato de los seres humanos que abortan (“no es aborto, dicen, porque el aborto se da sólo desde el embarazo, y éste existe sólo desde la implantación”). Como si se les ocurriera decidir que mientras no nazca, no es humano…

El término ‘pre-embrión’ no tiene fundamento científico; como tampoco tendría un ‘pre-ADN; porque es la fecundación el momento en el que se genera una nueva vida humana con su propio ADN, el código irrepetible y original de cada vida humana. El que rechace esto, no rechaza un dogma religioso, sino una verdad científica. Si se impide la vida del huevo cigoto, se mata a un ser humano, microscópico, pero humano. Todos los humanos, comenzamos nuestra vida a este nivel molecular.

En el instante mismo en el que se unen las dos células germinales portadoras del ADN de nuestros padres, Dios interviene creando e infundiendo nuestra alma al resultado de esa fusión molecular. Tan indiscutible, incuestionable, contundente e incontrovertible es este hecho biológico que Dios mismo, enemigo de toda arbitrariedad, lo respeta. Basta que la unión de las células se dé, para que Él indefectiblemente  infunda el alma al nuevo ser, sin cuestionarse sobre si ‘eso’ fue fruto del amor casto de los esposos o de una brutal violación. Más aún: Dios no quiere que los seres humanos sean ‘re-producidos’ como terneros por dinero en un laboratorio, sino que sean ‘pro-creados’ por amor en casto acto conyugal por los esposos (como Él mismo creó a Adán y Eva: por puro amor). Sin embargo, basta que los hombres hayan respetado la ley biológica (¡ay!… lamentablemente no la moral) uniendo un espermatozoide y un óvulo en condiciones que se garantice la viabilidad, incluso en un laboratorio, para que Él se ‘someta’ a ese hecho físico y a esa ley natural que Él mismo estableció, y cree un alma para esa fusión de las dos células germinales, lograda en artificialmente dentro de un tubo de ensayo… ¡Dios respeta el inicio biológico a nivel molecular de la vida humana, creando un alma e infundiéndola a lo que, en contra de sus sabios preceptos, el hombre logró en el laboratorio! Como testimonio de esto, la Iglesia ni siquiera cuestiona la dignidad, incluso de los seres humanos ‘re-producidos’ en los laboratorios; ellos son tan dignos como cualquiera. La Iglesia no discrimina; los abortistas sí. El abortista es arbitrario ante los hechos científicos; Dios, y con Él la Iglesia, no.

En conclusión: la vida humana siempre comienza con la fecundación, no con la implantación. Allí, a nivel molecular, comienza la vida, y la dignidad de cada ser humano, y los mismos derechos humanos, allí comienzan. Allí comenzamos todos.


[1] Willke, Dr. J.C y Sra. Manual sobre el Aborto, Eunsa, 1974. Pág. 22

[2] Lejeune, Jérome, op. cit., pag.45.

Gestación

¿Cómo se desarrolla esta vida humana en el seno materno?

Breve reseña de aproximadamente 9 meses de gestación.

Mes Primero: La primera célula al cabo de unas horas se divide, y luego de otras pocas horas las divisiones continúan de una manera ordenada conforme este pequeño racimo de células viaja a través de la Trompa de Falopio hacia el útero, donde el tejido uterino ha sido preparado para la implantación.  Hay más de 100 células en el embrión cuando este pequeñito ser llega al útero a los 7 a 10 días después de la fertilización.

Día 20: los fundamentos del cerebro, la espina dorsal, y el resto del sistema nervioso ya han sido establecidos.

Día 21:  el corazón comienza a latir de manera regular.

Día 28: la columna vertebral, el resto del esqueleto y los músculos se están formando; los brazos, las piernas, los ojos y las orejas comienzan a notarse.  Al mes de edad, el embrión es 10.000 veces más grande que el original óvulo fertilizado, y continúa desarrollándose rápi­damente.  El corazón bombea crecientes cantidades de sangre a través de este sistema.  La placenta forma una barrera única que deja separada la sangre de la madre, pero permite que la comida y el oxígeno pasen al bebé.

Mes Segundo: A los 35 días el bebé nonato tiene todos sus dedos formados. Ondas de actividad cerebral pue­den detectarse al día 40.  El cerebro está con­trolando 40 juegos de músculos lo mismo que los órganos.  La mandíbula se forma, incluyendo la raíz de los dientes en la encía.  Los párpados se cierran en este período para proteger el desarrollo de los ojos del bebé, muy sensibles a la luz, y los reabrirá al 7° mes.  El estómago produce jugos digestivos y los riñones han comenzado a funcionar.  El pequeñito ser humano responde al tacto.  A las 8 semanas el bebé en desarrollo recibe el nombre de feto, palabra del latín que quiere decir “el Joven” o el  “vástago”.

Mes Tercero: Sus huellas digitales son únicas son ya evidentes y nunca se modificarán.  El bebé ahora duerme, despierta y ejercita sus músculos: volteando su cabeza, doblando los dedos de sus pies, abriendo y cerrando su boca,  y a veces chupándose el pulgar.  Cuando cierra su palma de la mano puede hacer un puño apretado.  El “respira”  líquido amniótico para ayudarse a desarrollar su sistema respiratorio.  A las 12 semanas todos los órganos y sistemas de su cuerpo ya están funcionando.  Su única actividad mayor desde este momento hasta que nazca será crecer, incrementar su tamaño.

Mes Cuarto:  Para el final de este mes (16 semanas) el bebé tiene de 20 a 25 cm de estatura y pesa 227 gramos o más.  Sus oídos están funcionando, y hay evidencia de que el bebé oye la voz y el latido del corazón de su mamá, así como ruidos externos.  El cordón umbilical se ha convertido en una maravilla de la ingeniería, transportando 300 litros de líquidos al día terminando un viaje completo de líquidos cada 30 segundos.  Debido a que el bebé es más grande, usualmente su mamá comienza a sentir los movimientos de su niño durante este mes

Mes Quinto:  La mitad del tiempo de embarazo ha transcurrido ya.  El bebé  tiene 30 cm. de largo.  Si un sonido es especialmente fuerte o desagradable, él puede reaccionar saltando asustado.  Los bebés que nacen prematuros en este estado de desarrollo (19 a 20 semanas) están sobreviviendo en proporciones mayores debido a los avances de la tecnología médica.

Mes Sexto:  Comienzan a funcionar las glándulas sebáceas y sudoríparas. La delicada piel del bebé en desarrollo, está protegida del fluido amniótico que le rodea mediante un ungüento especial llamado vernix caseosa. Si el bebé naciese en este mes y recibiera los cuidados necesarios, podría sobrevivir.

Mes Séptimo:  El cerebro del bebé tiene ya casi tantas células como tendrá al nacer.  El bebé nonato utiliza cuatro sentidos: la vista, el oído, el gusto y el tacto.  En estudios se ha demostrado que el bebé reconoce la voz de su mamá.

Mes Octavo:  La piel comienza a engrosarse, con una capa de lípido guardada debajo de ella para aislante y para reserva alimenticia.  Se incrementan los anticuerpos.  El bebé toma casi 4 litros de líquido amniótico al día.  Ha estado orinando ya desde hace algunos meses.

Mes Noveno: Hacia el fin de este mes, el bebé está listo para nacer.  La duración promedio del embarazo es de 280 días, contados desde el primer día de la última menstruación de la mamá, pero hay muchas variaciones.  Ya para este tiempo el corazón del niño está bombeando 1140 lt. de sangre al día.  En respuesta a señales del cerebro, el niño dispara el mecanismo del proceso de parto y así ocurre el nacimiento.

En la generación de las 45 divisiones celulares que ocurren antes de ser adultos, 41 han tenido lugar en el vientre materno.  Solo habrá cuatro más: durante el resto de la niñez y antes de la adolescencia.  En términos de desarrollo, nosotros pasamos 90 % de nuestras vidas en el vientre materno.

 

Fecundación

La vida humana es el don más preciado. La ciencia nos va develando, cada vez con mayor precisión aspectos relacionados con su comienzo y desarrollo, confirmando la grandeza de la creación. La vida de una persona comienza en el momento de la concepción, cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide. Desde ese instante es ya una persona con cuerpo y alma, única e irrepetible.

EL MOMENTO DE LA FECUNDACION

Durante una relación sexual los espermatozoides entran en contacto con el moco cervical e invaden el canal cervical. A las 2 horas los que no han penetrado en el moco son destruidos por el pH ácido de la vagina, el cual es amortiguado durante unos minutos por el líquido seminal. El paso por las trompas se hace gracias al impulso de los flagelos y a las ondas rítmicas de las trompas (desde el istmo hasta la ampolla). En el istmo se acumulan los espermatozoides debido a una secreción viscosa, que los libera de forma intermitente.

El momento de la fecundación se produce cuando el espermatozoide penetra en el ovocito y se fusionan los pronúcleos, dando lugar al cigoto o huevo fecundado. Comprende varias fases:

-   Encuentro de los gametos: El ovocito está rodeado por la zona pelúcida y por el cúmulo.
Los espermatozoides llegan del istmo en oleadas. Conservan su poder fecundante durante tres días. El espermatozoide entra en contacto con el cúmulo y libera hialuronidasa, que es capaz de disgregar el cúmulo. El paso entre las células del cúmulo y de la matriz extracelular se hace gracias al impulso del flagelo.

-   Interacción con la zona pelúcida: Los espermatozoides se ponen en contacto con la zona pelúcida, gracias a glucoproteínas de esta zona (IR específicos de especie) y proteínas de la membrana plasmática de la cabeza del espermatozoide (ZP1, ZP2, ZP3). Esta fijación desencadena la reacción acrosómica, en la que una enorme concentración de calcio produce la fusión de las membranas que va seguida de su ruptura con liberación de enzimas acrosómicas que hidrolizan la zona pelúcida y producen un túnel a través del cual el espermatozoide llega al espacio perivitelino.

-   Fusión de los gametos y activación del ovocito: El primer espermatozoide que llega al espacio perivitelino produce la fusión con el ovocito, que gracias al calcio se activa. El ovocito es capaz de incorporar la cabeza al citoplasma.

-   Reacción cortical y terminación de la meiosis: Inducidos por el calcio, los gránulos corticales del citoplasma del ovocito salen fuera de la célula, formando una capa alrededor de la membrana. Se liberan enzimas hidrolíticas que producen cambios en la zona pelúcida que la hacen impermeable a los demás espermatozoides. Se pone en marcha la meiosis II del óvulo. Los dos pronúcleos se sitúan de forma excéntrica en el citoplasma del ovocito fecundado. Se replica el DNA y por los microfilamentos, emigran hacia la zona central del citoplasma. Se produce una profase y pierden sus membranas. Se intercambia el material genético femenino y masculino y se originan las dos primeras células del embrión.

A continuación veremos una serie de esquemas que muestran la formación del cigoto y el comienzo del desarrollo de un nuevo ser, hasta la primera división de segmentación.

¿Desde qué momento puntual podemos empezar a hablar de VIDA HUMANA?

Existen numerosos testimonios científicos, pero por razones de espacio, citamos a uno indiscutible. Jerome Lejeune, descubridor del trisomía 21 o síndrome de Down, profesor de Genética de la Universidad de Paris sostiene: “En cuanto los 23 cromosomas del espermatozoide se encuentran con los 23 cromosomas el óvulo, toda la información necesaria y suficiente esta allí, reunida en el ADN (Ácido Desoxiribo Nucleíco) para determinar todas las cualidades de un nuevo ser humano. No se trata de una opinión, de un postulado moral o de una idea filosófica, sino de una verdad experimental. La fecundación in vitro lo ha demostrado: si antes, en la probeta, no es un ‘bebé’ ¿para qué, entonces, implantarlo en el útero? Si el ser humano no comienza con la fecundación, no comienza nunca.

Ningún científico informado puede indicar un solo dato objetivo posterior a la constitución de un nuevo ADN como hecho del que dependa el inicio de una vida humana. El endometrio no genera al ser humano; solo lo recibe y lo nutre. Afirmar  que la vida humana comienza después de la fecundación, no es científico. Es una afirmación arbitraria, fruto ideologías o intereses ajenos a la Ciencia. El cigoto, fruto de la fusión de las dos células germinales, es un individuo distinto del padre y de la madre, con una carga genética que tiene el 50%  de cada uno de los progenitores”.

Esta primera célula, el cigoto, único y extraordinario, contiene el complejo diseño genético para todos y cada uno de los detalles del desarrollo del ser humano. El cigoto es único, porque nunca antes en la historia de la humanidad ha existido este ser humano, y nunca más, volverá a existir otro igual que este. Esta célula, además, está completa, lo cual significa que “nada se añadirá a este nuevo ser humano, excepto tiempo, nutrición y oxígeno. Está ahí en su totalidad, a la espera de recorrer cada una de las etapas del desarrollo”.[1] Esta célula es, desde el primer momento, masculina o femenina. El jovencísimo ser humano, justo después de la fecundación, se divide en 2 células (blastómeros), una de ellas se vuelve a dividir en dos (pasamos por un estadio de 3 células), luego se llega a 4 y se continúa por múltiplos de 2.[2]

A partir de aquel instante inicial de la concepción, el crecimiento y desarrollo del embrión atraviesa una concatenación de procesos vitales que son determinados por su propio código genético. Esto nos permite reconocer que cada nueva vida no es un ser humano potencial, sino un ser humano con potencialidades. Por ser autónomo, el movimiento de segmentación y diferenciación lo hace por sí mismo, en un proceso coordinado, continuo y gradual.

¿Por qué se niega el momento real de la fecundación?

La afirmación de que el ser humano se inicia en la implantación, no cuenta con el respaldo de la Ciencia. Es una afirmación gratuita, infundada y criminal que hacen las personas o las instituciones abortistas para poder negar el asesinato de los seres humanos que abortan (“no es aborto, dicen, porque el aborto se da sólo desde el embarazo, y éste existe sólo desde la implantación”). Como si se les ocurriera decidir que mientras no nazca, no es humano…

El término ‘pre-embrión’ no tiene fundamento científico; como tampoco tendría un ‘pre-ADN; porque es la fecundación el momento en el que se genera una nueva vida humana con su propio ADN, el código irrepetible y original de cada vida humana. El que rechace esto, no rechaza un dogma religioso, sino una verdad científica. Si se impide la vida del huevo cigoto, se mata a un ser humano, microscópico, pero humano. Todos los humanos, comenzamos nuestra vida a este nivel molecular.

En el instante mismo en el que se unen las dos células germinales portadoras del ADN de nuestros padres, Dios interviene creando e infundiendo nuestra alma al resultado de esa fusión molecular. Tan indiscutible, incuestionable, contundente e incontrovertible es este hecho biológico que Dios mismo, enemigo de toda arbitrariedad, lo respeta. Basta que la unión de las células se dé, para que Él indefectiblemente  infunda el alma al nuevo ser, sin cuestionarse sobre si ‘eso’ fue fruto del amor casto de los esposos o de una brutal violación. Más aún: Dios no quiere que los seres humanos sean ‘re-producidos’ como terneros por dinero en un laboratorio, sino que sean ‘pro-creados’ por amor en casto acto conyugal por los esposos (como Él mismo creó a Adán y Eva: por puro amor). Sin embargo, basta que los hombres hayan respetado la ley biológica (¡ay!… lamentablemente no la moral) uniendo un espermatozoide y un óvulo en condiciones que se garantice la viabilidad, incluso en un laboratorio, para que Él se ‘someta’ a ese hecho físico y a esa ley natural que Él mismo estableció, y cree un alma para esa fusión de las dos células germinales, lograda en artificialmente dentro de un tubo de ensayo… ¡Dios respeta el inicio biológico a nivel molecular de la vida humana, creando un alma e infundiéndola a lo que, en contra de sus sabios preceptos, el hombre logró en el laboratorio! Como testimonio de esto, la Iglesia ni siquiera cuestiona la dignidad, incluso de los seres humanos ‘re-producidos’ en los laboratorios; ellos son tan dignos como cualquiera. La Iglesia no discrimina; los abortistas sí. El abortista es arbitrario ante los hechos científicos; Dios, y con Él la Iglesia, no.

En conclusión: la vida humana siempre comienza con la fecundación, no con la implantación. Allí, a nivel molecular, comienza la vida, y la dignidad de cada ser humano, y los mismos derechos humanos, allí comienzan. Allí comenzamos todos.


[1] Willke, Dr. J.C y Sra. Manual sobre el Aborto, Eunsa, 1974. Pág. 22

[2] Lejeune, Jérome, op. cit., pag.45.

Los métodos naturales

El conocimiento de la propia naturaleza biológica y de los ritmos femeninos de la fertilidad permiten respetar la naturaleza del acto sexual.  Los llamados métodos naturales se refieren a los actos íntimos entre los cónyuges que intentan regular la reproducción humana sin modificar lo natural del acto sexual (por tanto, sin uso de preservativos o interrumpiendo el acto conyugal, etc.) ni la biología de ninguno de los dos cónyuges (uso de píldoras, ligadura de trompas, dispositivos intrauterinos, etc.). Todo se realiza respetando la naturaleza del acto pero –a partir de un previo conocimiento de la propia naturaleza biológica y de los ritmos femeninos de la fertilidad– se reservan los actos conyugales para los momentos infecundos, absteniéndose durante los períodos de posible fecundidad; por este motivo todo método natural es llamado también “método de abstención periódica”. Como tal, todos los métodos naturales son, en sí mismos, “no-conceptivos” y no “anticonceptivos”, porque no suponen ningún acto positivo que tenga por objeto destruir las posibilidades naturales de una concepción.

La secuencia histórica en el desarrollo de estos métodos comienza con el Método del Ritmo (Ogino-Knaus) que relacionaba los días fecundos e infecundos con la duración del período menstrual (este método estudia las fechas de los períodos menstruales y, calculando las variaciones de la duración de los ciclos, predice el tiempo de la ovulación); se trata de un método con cierto índice de error y con el problema de los ciclos irregulares. Luego se lo combinó con el Método de la Temperatura (temperatura-ritmo) que se basa en el descenso de la temperatura del cuerpo en el momento de la ovulación y en el aumento de la misma después de realizarse dicha ovulación. Más adelante evolucionó en el Método Sinto-Térmico que añadía a las precedentes observaciones la medida de observación de la secreción mucosa cervical; éste es un método de índices múltiples que incluye los cálculos del método del ritmo, registra el dolor abdominal, el aumento de la sensibilidad en los pechos, la palpación cervical (hasta dos o tres exámenes diarios), etc. Finalmente se llegó al Método de la Ovulación o Método Billings, en el cual se reconoce la preeminencia del patrón del flujo cervical como indicador de las fases fértiles e infértiles del ciclo[1]; este último se ha mostrado fácil de aprender para las mujeres de toda condición social y cultural, no requiere regularidad en los ciclos (por lo tanto, también elimina el problema del recurso a productos hormonales  para regular los ciclos) y tiene un índice de seguridad igual o superior a la más efectiva de las píldoras. Lo más importante de estos métodos es que en su esencia antropológica son solamente “métodos de diagnóstico” de los períodos fértiles de la mujer,  lo cual permite la abstinencia de las relaciones sexuales cuando justificados motivos de responsabilidad exigen evitar una nueva concepción. Por tanto, estos métodos sólo dan pie a los cónyuges para que éstos modifiquen su comportamiento sexual mediante la abstinencia, reservando sus intimidades para los momentos de infertilidad. No modifican de ningún modo el acto sexual, el gesto de donación y aceptación total del esposo o la esposa; por eso no modifican la naturaleza propia del acto manteniendo unidas las dos dimensiones del acto conyugal: la unitiva y la procreativa.

Con los métodos naturales los esposos “se sirven legítimamente de una disposición natural”, pero esto no excluye que pueda abusarse también de dichos métodos. El juicio moral, por tanto, requiere que se examine no sólo su objeto sino además el fin y las circunstancias del acto. Teniendo en cuenta el objeto moral del acto, la práctica de la abstinencia periódica (y por tanto al ejercicio de la castidad y del dominio de sí, etc.) no presenta ninguna objeción.  Estos actos no son en sí mismos anticonceptivos, sino no-conceptivos, y permanecen, por eso, abiertos a la vida. Esto es un punto clave: la decisión de recurrir a los medios naturales implica un juicio prudencial por el cual los esposos juzgan que no es prudente aquí y ahora poner los medios para concebir un nuevo hijo (es decir, buscar el bien de la fertilidad) y por tanto eligen abstenerse, o sea, no realizar el acto que podría dar origen a la nueva vida. Es la omisión de un acto al que dadas las circunstanciasno están obligados.

En cambio, teniendo en cuenta el fin por el que son practicados, también los métodos naturales podrían responder a una “mentalidad anticonceptiva”. Separando el ‘método  natural’ de la dimensión ética, se deja de percibir la diferencia existente entre éste y otros ‘métodos artificiales’ y se llega a hablar de él como si se tratase sólo de “otra forma de anticoncepción”. Esto ocurre cuando los motivos por los que se recurre a los métodos naturales no son serios. La valoración de los motivos es algo delicado. Hay, sí, motivos que son siempre válidos para tomar la decisión de espaciar los nacimientos o incluso en algunos casos decidir no tener más hijos: graves problemas de salud, extrema pobreza, nacimientos muy seguidos, alteraciones psíquicas, etc.; u otros factores tales como: políticas familiares que dejan desamparadas a las familias numerosas, necesidad de que la mujer trabaje fuera de la casa, etc. Otros motivos, en cambio, son claramente ilícitos, como son todos aquellos que responden a criterios egoístas, miedos injustificados, considerar a los hijos como una carga, etc.

 

Métodos  naturales en el tratamiento de la esterilidad

Como ha determinado el Congreso Internacional sobre la Regulación Natural de la Fertilidad reunido en Milán (junio de 2000), los métodos naturales son una alternativa segura a la fecundación asistida, pues de hecho pueden resolver una tercera parte de los casos de esterilidad. Éstas son las conclusiones a las que llega un estudio realizado por un grupo de investigadores de Alemania, Holanda e Italia, que fue presentado en el referido Congreso[2]. El éxito en la lucha contra la esterilidad de algunos métodos naturales (como el “Billings” o el “Sintotérmico”) se debe precisamente a su razón de ser: son naturales. Es decir, normalizan y mejoran el entendimiento físico y las relaciones psicológicas de la pareja. Los métodos naturales, de este modo, permiten la posibilidad de respetar profundamente los dinamismos fisiológicos del hombre y de la mujer, pero también su libertad y su dignidad como personas. Al permitir la recuperación de este equilibrio psicofísico de los cónyuges, se ponen las bases para resolver buena parte de los casos de esterilidad. Cuando los esposos realizan su acto conyugal después de haber reconocido las indicaciones de posible fertilidad, están usando los métodos naturales para lograr el embarazo y no hacen otra cosa que ejercer el derecho que tienen a procrear.

Escribe el Dr. Billings al exponer el método de la ovulación: “Cuando una pareja ha tenido dificultades para lograr el embarazo, lo primero y más importante es enseñarles a comprender  el método de la ovulación. La causa más común de su aparente infertilidad puede ser que no se haya producido el coito en un día en que la concepción era posible, hecho muy simple que a menudo es pasado por alto, y cuyo conocimiento podría evitar, casi siempre, investigaciones innecesarias. Para que una mujer conciba, la ovulación debe ir acompañada por un tipo especial de flujo cervical. Por razones que no siempre comprendemos, hay muchas mujeres que tienen este flujo necesario únicamente en ciclos ocasionales, y quizás sólo un día o parte de un día en ese ciclo particular. Si el coito no coincide con la presencia de este flujo, la mujer tendrá menos probabilidades de quedar embarazada. En otras palabras, para esa determinada pareja, puede haber sólo un día de fertilidad a lo largo de varios meses. Ha sido sugerido a veces que, para superar este problema, la pareja realice el acto sexual diariamente durante varios ciclos menstruales consecutivos. Sin embargo, la mayoría de las parejas no aceptarían esa sugerencia de buen grado y, además, existe evidencia que indica que una frecuencia excesiva en el coito disminuye la fertilidad del varón. El método correcto consiste en identificar el día de mayor fertilidad en la mujer, mediante la observación del patrón mucoso, y ayudar al mismo tiempo al marido a llegar a su punto máximo de fertilidad, lo que se consigue espaciando los coitos cada dos o tres días en la primera parte del ciclo…”


[1] Cf. J. BILLINGS, Fundamento del método de la ovulación, Ed. Paulinas, Buenos Aires 1989, esp. 128.

[2] Organizado por el Instituto Europeo de Educación Familiar y el Centro Ambrosiano de Métodos Naturales, y la Universidad Católica de Milán. Las noticias las tomo de Zenit, 3 de julio de 2000.

 

Aparato reproductor femenino

El aparato reproductor femenino está constituido por una serie de órganos y glándulas cuyo objetivo común es conseguir la fecundación del ovocito por el espermatozoide, la posterior implantación, el desarrollo de la gestación y el parto. Se encuentra situado en la cavidad pelviana, y está formado por: Órganos genitales Externos (Monte de Venus y Vulva) y Órganos genitales Internos (Útero, Ovarios, Trompas de Falopio y Vagina)

Órganos genitales Externos

Monte de Venus: Prominencia formada por una gruesa capa de tejido graso, cubierta por piel, situada delante de la sínfisis pubiana. Tiene forma triangular de base superior cubierta de vello que aparece en la pubertad y persiste toda la vida.

Vulva: Hendidura sagital mediana que anatómicamente se divide en dos regiones:

Región labial:

  • labios mayores: rodetes cutáneos ricos en grasa que cubren los labios menores. Miden 7 a 8 cm. de largo por 2 cm. de ancho. Contienen numerosas glándulas sebáseas y sudoríparas.
  • labios menores o ninfas: situados por dentro de los mayores, están recubiertos enteramente por mucosa. Rodean el vestíbulo de la vagina y el orificio uretral.
    En su cara interna, desembocan a ambos lados los orificios excretores de las glándulas de Bartholino, cuya secreción se halla bajo la dependencia de los impulsos nerviosos provocados por la excitación sexual. Forman, por encima del clítoris, el capuchón o prepucio, y por debajo, el frenillo clitorideano.
  • clítoris: pequeño órgano compuesto por tejido eréctil localizado justo por debajo de la unión de los labios menores y por encima del meato urinario.

Región vestibular: Región que se extiende entre los labios menores y el orificio de la vagina. En ella desemboca el meato uretral, y se puede observar en mujeres vírgenes el himen.

El himen es un repliegue membranoso que oblitera parcialmente el orificio inferior de la vagina. Generalmente presenta una perforación en el centro (himen anular) que tiene por objeto dar salida a la sangre menstrual. La abertura puede también tener otras formas: falciforme (en media luna), cribiforme (con varios orificios), labiado (formado por dos lengüetas laterales).

El himen desgarrado por la primer relación sexual (desfloración) queda dividido en varias lengüetas que habitualmente respetan su borde adherente. Después del primer parto se destruye por completo, y está representado por crestas irregulares ubicadas en la parte inferior de la vagina, denominadas carúnculas mirtifomes.

Órganos genitales Internos

Útero

Es el órgano de la gestación y tiene por función alojar y nutrir al feto y evacuarlo en el momento adecuado. Es un órgano esencialmente muscular, tapizado internamente por una mucosa (endometrio) que sufre modificaciones cíclicas a lo largo de la vida genital de la mujer. Presenta importantes transformaciones morfológicas y funcionales durante la gravidez.

Forma y situación: Tiene la forma de una pera invertida y está situado en la cavidad pelviana, entre la vejiga y el recto.

Tamaño y peso: Mide aproximadamente 6 a 7 cm. de longitud, 3 a 5 cm. de ancho y 3 a 4 cm. de espesor en las nulíparas (mujeres que no han tenido hijos); en las multíparas estas dimensiones están aumentadas en 1 a 2 cm. Pesa 40 a 50 gr. en las nulíparas y 70 a 80 gr. en las multíparas.

Partes y relaciones: Consta de una parte superior o cuerpo y una parte inferior denominada cuello o cervix. Ambas partes están unidas por un estrechamiento llamado istmo. El cuerpo es aplanado de delante a atrás y de forma triangular. Su parte superior se denomina fondo uterino. Presenta dos caras: la cara anterior está recubierta por peritoneo y separada de la vejiga por el fondo de saco vésico-uterino; la cara posterior corresponde al recto, del que está separado por el fondo de saco recto-vaginal (Douglas). Los bordes laterales corresponden al ligamento ancho, a la arteria uterina y al plexo venoso que la acompaña. Su parte inferior se confunde con el cuello a nivel del istmo; la parte superior (fondo) está en relación con las asas intestinales.

El cuello tiene forma cilíndrica. La vagina que se inserta en su circunferencia lo divide en tres porciones: supravaginal, vaginal e intravaginal. Esta última, denominada también “hocico de tenca”, tiene 8 a 10 mm. de largo y 20 a 25 mm. de ancho. Presenta la forma de un cono de vértice inferior en el cual desemboca el orificio cervical interno, que tiene forma puntiforme en las nulíparas, y transversal en las multíparas.

Posición y dirección: En conjunto, el útero está normalmente inclinado de abajo hacia arriba y de atrás hacia delante. Se halla al mismo tiempo:

  • en anteversión: el eje de conjunto del órgano forma con el eje de la vagina un ángulo abierto hacia abajo y hacia adelante.
  • en anteflexión: el eje del cuerpo forma con el eje del cuello un ángulo también abierto hacia abajo y delante de aproximadamente 120°.

Medios de fijación: El útero es un órgano a la vez sumamente fijo y móvil. Está fijado a nivel del istmo, a la altura del punto central del útero. Alrededor de este punto fijo el cuerpo y el cuello pueden realizar movimientos bastante importantes. Esta fijación se halla asegurada por:

  • ligamentos redondos, que se dirigen hacia delante y penetran en el trayecto inguinal;
  • ligamentos vésico-uterinos y pubo-vesicales: se extienden hacia adelante entre el útero y la vejiga y entre esta y el pubis, respectivamente;
  • ligamentos útero-sacros, que se dirigen hacia atrás y se insertan en el sacro;
  • ligamentos anchos, que parten de los bordes laterales, hacia las paredes de la pelvis;
  • ligamentos cardinales o de Mackenrodt: unen los bordes laterales del cuello a las paredes laterales de la pelvis.

Estructura: El útero está formado por tres capas, que son, desde la superficie hacia adentro: una serosa (perimetrio o peritoneo), una muscular (miometrio) y una mucosa (endometrio).

  • Serosa: El peritoneo, al abandonar la cara posterior de la vejiga, se dirige al útero revistiendo tanto la cara anterior y la posterior y fundiéndose a nivel de los bordes laterales del útero, para formar los ligamentos anchos.
  • Muscular: Está especialmente desarrollada y compuesta a su vez por tres capas:

-  una externa: delgada, de dirección transversal;

una media: la más gruesa e importante, formada por fibras en espiral. En ella discurren numerosos vasos sanguíneos, por lo cual también se denomina capa vascular. Cumple destacada función en el trabajo de parto y para evitar hemorragias posteriores al mismo (puesto que al contraer sus fibras detienen el sangrado de los vasos que transcurren en su interior).

una interna: circular, más desarrollada  a nivel de la desembocadura de las trompas y de la parte inferior del istmo.

  • Mucosa: Reviste de modo uniforme toda la superficie interior del órgano. A nivel del cuerpo recibe el nombre de endometrio, y a nivel del cuello se denomina endocérvix.

El espesor y las características del endometrio varían según la fase del ciclo en que se encuentre. En la fase progestacional o luteínica (día 15 a 28 del ciclo) que depende de la progesterona secretada por el cuerpo amarillo del ovario, las glándulas y las arterias se hacen tortuosas y el tejido se torna suculento; en consecuencia, en el endometrio se identifican tres capas: compacta o superficial, esponjosa o intermedia y basal. Si el ovocito es fecundado las glándulas presentan una mayor actividad secretora y las arterias tortuosas (en espiral) forman un lecho capilar denso inmediatamente subyacente a la superficie. Si el ovocito no es fecundado, el cuerpo amarillo involuciona y el endometrio, por falta de estímulo hormonal se descama, la sangre escapa de las arterias y se desprenden pequeños fragmentos de estroma y glándulas (fase menstrual). Durante los 3 o 4 días siguientes las capas compacta y esponjosa son expulsadas y sólo se conserva la capa basal. Esta capa está irrigada por sus propias arterias y actúa como capa regenerativa para la reconstrucción de las glándulas y las arterias en la fase proliferativa.

El cuello uterino o Endocérvix desde el punto de vista de los métodos naturales, el cuello uterino es la parte que más importancia tiene, ya que es aquí donde se produce el moco cervical, uno de los parámetros fundamentales para la valoración de la fertilidad o infertilidad de cada momento.

El endocérvix tiene forma cilíndrica y su longitud varía entre 2,5 y 3 cm.; termina siendo protusión en la porción superior de la vagina y se denomina “portio”. El revestimiento externo del mismo se denomina ectocérvix y está constituido por un epitelio plano estratificado similar al de la vagina. Su función es protectora y segrega glucógeno. El revestimiento interno se llama endocérvix y presenta las criptas productoras de moco.

Moco Cervical

El moco cervical es una secreción compleja que se produce de forma constante en las criptas específicas para esta función que se encuentran en el cuello del útero. Según el Dr. Odeblad, de la Universidad de Umea (Suecia), el cuello tiene cuatro tipos diferentes de criptas, las cuales producen cuatro tipos de mocos:

-          moco tipo EL

-          moco tipo ES

-          moco tipo EP

-          moco tipo G

Entre las aberturas de las criptas hay algunas células, las células tipo F, que producen un moco que no tiene función fisiológica como los tipos anteriores, pero que sí tiene una función específica en la reproducción e importancia en los síntomas de fertilidad e infertilidad. Según el predominio de una u otra hormona, la consistencia, composición, y cantidad de moco serán distintas:

El predominio estrogénico dará como resultado un moco fluido, transparente, elástico que escurre por el cuello del útero y después por la vagina de forma que la mujer podrá no sólo verlo y recogerlo en la vulva, sino sentirlo como una sensación resbalosa.

La progesterona que se segrega en el cuerpo amarillo o lúteo, que son los restos celulares de un folículo roto, es responsable de un moco denso y compacto, que queda en el cuello del útero a modo de barrera natural que protege al útero.

La cantidad de moco que se produce durante el ciclo es directamente proporcional a la cantidad de hormonas segregadas. Al principio del ciclo, cuando la mujer es infértil, las glándulas producen unos 20 a 60 mg/día en mujeres sanas en edad reproductiva, para aumentar a 700 mg/día durante la fase preovulatoria. La producción de moco también depende de la edad. Además, en las mujeres jóvenes el moco muy fértil suele estar presente más tiempo, a los 20 años unos cuatro o cinco días; a partir de los 35 años va disminuyendo.

Tipos de moco

La estructura y función del moco y su relación con la fertilidad han sido investigadas por el Dr. Odeblad. En 1976 Odeblad publicó el descubrimiento de diversos tipos de moco cervical.

  • Moco G (“G” de gestagénico) es producido por la progesterona. Este moco se observa en más cantidad durante los días infértiles del ciclo (después de la menstruación y en la fase postovulatoria), es de consistencia espesa, grumosa, hace de tapón del cuello del útero y sirve al mismo tiempo de soporte para el resto del moco que se encuentra más arriba del canal cervical.
  • Moco E (“E” de estrogénico) está producido por los estrógenos. Es un moco más fluido y dentro de este hay diferentes subtipos:

-   el Moco EL (“L” de “Locking-in”), primer moco probablemente fértil, blando, que proporciona la sensación de humedad. Se denomina así por la capacidad de atrapar y encerrar espermios mal formados no aptos para la fecundación y constituye la estructura mecánica para el moco ES.

-   el Moco ES (“S” de “Sperm Transmission”), que es el moco que habla de la máxima fertilidad, proporciona la sensación lubricante y facilita el ascenso de los espermatozoides.

-   el Moco EP (“P” de “Peak”), descubierto en 1990, y se presenta en máxima cantidad el día pico. Su función principal es llevar los espermatozoides de las criptas S a la cavidad uterina.

Ultraestructura

El Moco G forma una red densa con uniones transversales. Este moco no deja pasar a los espermatozoides por su estructura enredada, su alta viscosidad y porque los agujeros que forman la mallas son más pequeños que las cabezas de los espermatozoides. Por estos motivos el Moco G se considera un moco “infértil”.

El Moco E se presenta como largas cuerdas que forman canales que son debidos al ensanchamiento de las mallas. Este moco SI deja pasar a los espermatozoides. Facilita su ascensión por su baja viscosidad y porque los canales que forman son más anchos que las cabezas de los espermatozoides. Es un moco rico en elementos nutritivos y suministra a los espermatozoides la energía suficiente para recorrer el largo camino hacia las trompas y para estar almacenados en el moco durante unos días hasta que ocurra la ovulación (supervivencia hasta 5 días). Por todo esto al Moco E se le considera un moco Fértil.

Funciones

  • Proteger a los espermatozoides del ambiente ácido de la vagina.
  • Nutrir a los espermatozoides.
  • Filtrar los espermatozoides de mala calidad.
  • Seleccionar los espermatozoides para la fecundación.
  • Facilitar el ascenso de los espermatozoides.
  • Asepsia química contra las infecciones.
  • Constituye una barrera mecánica entre el útero y la vagina.

Esquema del útero en stuación de infertilidad: el cuello está cerrado, el moco forma un tapón que no deja pasar a los espermatozoides. El ovario se encuentra en la fase postovulatoria con un cuerpo lúteo. Al lado la ultraestructura del moco G en forma de mallas estrechas.

Ovario

Los ovarios o gónadas femeninas son dos glándulas que, en condiciones normales, tienen como función liberar mensualmente un solo óvulo maduro y, a la vez, producir estrógeno y progesterona que preparan al endometrio para la implantación del huevo fertilizado en el momento adecuado del ciclo.

La porción distal de la trompa uterina se curva en torno al ovario de modo que las fimbrias lo recubren pero sin llegar a contactar con él.

Forma, tamaño y peso: Tienen forma elíptica, achatada, de color blanco grisáceo y de consistencia firme. Su superficie es lisa antes de la pubertad, y luego de la misma se vuelve irregular debido a los folículos de De Graff en evolución y a las cicatrices que deja su ruptura (semejando una gran almendra). La dirección del eje del ovario es casi vertical en las nulíparas y oblicuo hacia abajo y adentro en las multíparas.

Sus dimensiones varían a lo largo de la vida de la mujer. Miden, como promedio, 3,5 cm. de longitud, 2 cm. de ancho y 0,5 a 1 cm. de espesor.

Pesan aproximadamente 4 a 8 gr.

Situación y medios de suspensión: Los ovarios se hallan situados a ambos lados del útero, por detrás del ligamento ancho y aplicados a la pared lateral de la excavación pelviana.

Sus medios de suspensión lo constituyen:

  • el meso-ovario, que lo une a la hoja posterior del ligamento ancho;
  • el ligamento útero-ovárico, que se extiende hasta el útero;
  • el ligamento tubo-ovárico, que lo une a la trompa; y
  • el ligamento lumbo-ovárico (ligamento suspensorio del ovario), que lo une a la pared posterior de la pelvis.

Estructura: al corte podemos observar que los ovarios están constituidos por:

  • Zona medular o central (médula): no contiene folículos. Posee vasos sanguíneos, tejido conjuntivo, y algunas fibras musculares.
  • Zona o capa cortical (corteza): comprende a su vez:

-   epitelio superficial simple, de células cilíndricas (mal llamado “epitelio germinal”);

-   túnica albugínea: situada por debajo de la anterior, y compuesta por tejido conjuntivo;

-   zona ovígena: es la más profunda de la corteza y está formada por tejido conectivo denso, donde aparecen:

  • folículos primordiales
  • folículos en maduración
  • folículos de De Graff
  • cuerpos amarillos

Los folículos mencionados contienen las células sexuales femeninas o gametos, denominados ovocitos, que después de la pubertad se presentan en distintos estadios de desarrollo. El número de folículos primordiales varía a lo largo de la vida de la mujer. Se calcula que la recién nacida tiene entre 700.000 y 2.000.000. Dado que durante los siguientes años de la niñez la mayor parte de estos folículos experimentan atresia, al comienzo de la pubertad solo hay alrededor de 40.000. Únicamente en esta etapa los folículos primordiales se convierten en folículos maduros o de De Graff.
Es importante reconocer que algunos ovocitos contenidos dentro del folículo primordial alcanzan la madurez en etapa avanzada de la vida, es decir, han permanecido inactivos durante 40 años o más.

Funciones:

  • Función generativa: consiste en la maduración folicular y posterior ovulación (que tiene por finalidad disponer una célula sexual u óvulo por ciclo) y la estimulación del endometrio a través de sus hormonas, preparándolo para la eventual implantación o anidación.
  • Función vegetativa: por la cual todo el aparato genital (trompa, útero, vagina, genitales externos) recibe el estímulo trófico para su desarrollo y funcionamiento.
  • Función somática: comprende la acción del ovario sobre el resto del organismo, al que imprime los caracteres de femineidad.

Trompas de Falopio

Son dos conductos largos que se encuentran en la vecindad de los ovarios y terminan introduciéndose en los ángulos laterales del útero.

Dimensiones: Su longitud es de 10 a 14 cm. Su diámetro exterior mide aproximadamente 3 mm. en el ángulo del útero, y aumenta progresivamente de dentro hacia fuera, alcanzando en su extremo externo 7 a 8 mm.

Partes: Se distinguen en las trompas cuatro partes, que son de dentro hacia fuera:

  • porción intersticial o intramural: está situada en el espesor de la pared uterina, mide 1 cm. y su diámetro interior alcanza 0,5 mm. Su orificio interno se denomina “ostium uterinum”
  • porción ítsmica: es cilíndrica, de consistencia firme, y mide 3 a 4 cm. de longitud.
  • ampolla: es la parte más voluminosa y más larga de la trompa. Alcanza, en efecto, 7 a 8 cm. de longitud y 7 a 8 mm. de diámetro. No es cilíndrica sino aplanada y su consistencia es débil.
  • pabellón o infundíbulo: es un embudo que se ensancha bruscamente en el extremo de la ampolla. Termina en pequeñas lengüetas denominadas fimbrias que, en número de 10 a 15, rodean al “ostium abdominal” de la trompa, que mide aproximadamente 2 mm. Entre las fimbrias hay una más larga y ancha conocida como franja tubo-ovárica o de Richard, que se une al ovario.

Histología: La pared de las trompas está formada por las mismas tres capas del útero (mucosa, muscular y serosa). La mucosa que tapiza la cara interna de la pared forma un gran número de pliegues que se acentúan en la región ampular. Está revestida por un epitelio cilíndrico que posee microvellosidades y cilias vibrátiles. La vibración ciliar de éste epitelio desempeña un importante papel en el transporte del óvulo hacia la cavidad uterina.  La capa muscular está compuesta por músculo liso, con fibras longitudinales y anulares, que juegan un papel importante en los movimientos peristálticos de la trompa.

Funciones:

  • Recoger (gracias a las fimbrias) el óvulo liberado de la superficie del ovario (recordemos que las trompas son sumamente móviles).
  • Conducir y transportar el óvulo o el cigoto (en caso que haya habido fecundación) hacia la cavidad uterina, gracias a la acción de los cilios y la musculatura de la trompa.
  • Es el lugar de la fertilización, función principal de la reproducción sexual humana.

Vagina

Es un conducto músculo-membranoso que se extiende desde el cuello uterino a la vulva. Es el órgano de copulación de la mujer y está situada en la cavidad pélvica, por delante del recto, por detrás de la vejiga y por debajo del útero. Su dirección es oblicua hacia abajo y hacia adelante.  Histológicamante, la pared vaginal se compone de tres túnicas concéntricas que de fuera adentro son; túnica conjuntiva, túnica muscular y túnica mucosa.

Forma y dimensiones: Si está vacía, la vagina es aplanada por delante y por detrás. Sus dos paredes (anterior y posterior) se adosan en caso toda la longitud del conducto, salvo en los dos extremos. Su longitud es, por término medio, 8 cm. (la pared posterior alcanza los 9 cm.).

Síndrome postaborto

El síndrome post-aborto es el nombre que se da en medicina a las perturbaciones emocionales y psíquicas que experimentan las mujeres que han abortado. Es un conflicto que se crea en la mujer entre su papel de madre y el papel que desempeña en la destrucción de la vida de su niño no nacido. Este conflicto puede darse en  otros miembros de la familia (padre, abuelos) y allegados en sus respectivos roles después del aborto.

Los síntomas más frecuentes del Síndrome post-aborto son:

  • Depresión, con riesgo de suicidio.
  • Ansiedad.
  • Sentimiento de culpa.
  • Empeoramiento del cuadro psiquiátrico que existía con anterioridad.
  • Trastorno de la conducta; muchas veces como escape se hace uso del alcohol, drogas.

En algunos casos, en forma gradual y progresiva, se va desarrollando un rechazo a las relaciones sexuales con la pareja. Esto ocurre con más razón si el aborto se lo practicó presionada por él y teme que si de nuevo sale embarazada, la pareja vuelva a presionar y se repita el aborto. A veces estas crisis, en personalidades que no están bien balanceadas pueden desencadenar enfermedades mentales. También se da muy frecuentemente la depresión de aniversario, que se sitúa alrededor de la fecha del posible nacimiento o alrededor de la fecha del aborto.

Los rasgos centrales de este síndrome, son la negación y la represión. Este mecanismo psicológico de protección habitualmente funciona bien al principio, pero tarde o temprano (a veces más de 10 años después), ya no pueden manejar su situación emocional. La culpa es casi una constante, a menudo acompañada de vergüenza, pobre autoestima y posteriormente depresión. Insomnio, pena y desesperanza, pesadillas y tendencia a revivir el hecho son parte del cuadro. El suicidio, es el desenlace más grave de algunos casos que no logran superar la crisis desencadenada.

Para lograr la curación, los datos de investigación disponibles hasta el momento señalan la necesidad de:

a)    Admitir que la paciente fue partícipe de la muerte de su propio hijo.

b)   Experimentar pesadumbre por la pérdida.

c)    Buscar y aceptar el perdón de Dios.

d)   Perdonarse a sí misma.

De acuerdo con los datos conocidos, el 80% de las pacientes con síndrome post-aborto no pertenecían a ninguna Iglesia y la mayoría sabía muy poco del desarrollo fetal para la época en que fueron sometidas al Aborto. Un dato significativo es, quizá, que la curación de estos casos fue posible en parte por alguna forma de experiencia espiritual de perdón[1].

“Es más fácil sacar al niño del útero de su madre, que sacarlo de su pensamiento”.

Prof. Willke


[1] Willke, J. y B. Aborto, preguntas y respuestas. Ed. Bonum.1992.Pag.133.

Diario “La Nación” pide a Presidenta compromiso pro-vida ante aborto

BUENOS AIRES, 25 Mar. 11 (ACI).-Al celebrarse hoy en Argentina y en distintas partes del mundo el Día del Niño por Nacer, el diario La Nación solicitó a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner un mayor compromiso por la defensa de la vida cuando en la cámara de diputados se debate un proyecto que busca despenalizar el aborto.

En uno de sus editoriales de este 25 de marzo, La Nación recuerda que “el Episcopado argentino ha declarado 2011 Año de la Vida, para defender al niño por nacer amenazado por tantos proyectos de legalización del aborto”.

El pasado 1 de marzo la presidenta Cristina Fernández “proclamó su defensa a la vida, y lo hizo en el marco de otorgar protección a la mujer embarazada mediante apoyo económico a ésta” a partir de los tres meses de gestación con la asignación universal por hijo.

“Aunque es fundamental que, como mujer y como presidenta, Cristina Fernández de Kirchner adhiera a este postulado universal, y reconozca el primero y esencial derecho a la vida, el apoyo no es suficiente“, precisa el texto.

Tras afirmar que la vida humana existe desde la unión del óvulo con el espermatozoide, el editorial resalta que toda madre “tiene derecho a su maternidad, derecho a que se le facilite la posibilidad de ser madre y de no verse empujada por razones sociales, psicológicas o económicas a buscar un aborto que terminará por hacerle más mal que bien“.

El editorial de La Nación señala también que el papel del Estado en este tema “debería ser el de proteger en todo sentido el derecho a la vida del niño, lógicamente apoyando a la madre embarazada, pero no desde los tres meses de embarazo, sino precisamente desde el momento en que tenga conciencia de éste, que es cuando más necesita el apoyo para no desprenderse del niño“.

En el caso de los embarazos no deseados, prosigue el texto, el Estado debe ayudar a las madres a continuar la gestación, brindándoles ayuda psicológica y material, y ayudándolas para abrirle el “camino de la adopción con todas las garantías posibles“.

El editorial afirma que debe ayudarse siempre a las madres argentinas para que “de ningún modo maten a sus hijos, sino para que sepan que dar la vida es una gloria, no importa la forma del embarazo”.

De esa forma, concluye el texto refiriéndose al caso de una mamá que da a su pequeño en adopción, “esa madre sabrá, aunque no pueda conservar a su hijo, que dio luz a un nuevo ser, y éste será un ciudadano útil que siempre le agradecerá la vida. Por eso es bueno festejarla y cuidarla, desde que comienza”.

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