Alcoholismo

Al hablar del alcohol en general, debemos distinguir tres situaciones:

(a) el uso adecuado y bien tolerado;

(b) el uso inadecuado de alcohol sin llegar al conjunto de síntomas (síndrome) que caracterizan al alcohólico; y

(c) el uso inadecuado con aparición de síntomas de dependencia-abstinencia.

La Organización Mundial de la Salud define a la persona alcohólica como “aquel bebedor descontrolado cuya dependencia del alcohol ha llegado al grado de poner en evidencia disturbios mentales o bien a incidir sobre su salud física y psíquica, sobre sus relaciones interpersonales y sobre su actividad normal social y económica; o bien aquél en quien se hacen evidentes los pasos de una evolución hacia tal estado”.

El problema se produce por la elevación de la tasa alcohólica ya presente en la sangre, la cual genera una acción depresiva sobre los centros de control del Sistema Nervioso Central y la consecuente modificación del comportamiento; esta turbación dura hasta que la tasa de alcoholemia desciende por la eliminación del alcohol por obra del organismo; la duración de estos efectos oscila entre las 24 y las 48 horas. La eliminación es realizada principalmente por el hígado; el cual empieza a quedar comprometido por el exceso de alcoholemia, siendo cada vez más difícil su metabolismo y se va requiriendo una cantidad siempre menor de alcohol para determinar la elevación de la tasa de alcoholemia.

 

Consecuencias de la adicción

Entre las consecuencias más notorias del alcoholismo se señalan generalmente daños a la salud de la persona dependiente (patologías gastroenterológicas como daños del hígado y páncreas, en la cavidad oral y en el esófago, estomago, intestino; alteraciones hematológicas; daños neuropsiquíatricos como el llamado delirium tremens, demencia alcohólica, síndrome o psicosis de Korsakoff; daños en el equilibrio neuroendócrino; e incluso la misma muerte del individuo) y daños sociales (en los hijos: fetopatía alcohólica[1]; en la familia y el matrimonio: miserias familiares, problemas graves en la relación conyugal; y criminalidad).

Las causas del alcoholismo crónico

Pueden indicarse muchos factores, que sumados, ayudan a entender el problema: a veces es causado por problemas hereditarios (lo que, si bien no explica una enfermedad, al menos revela cierta inclinación hacia ella); problemas psicológicos (que son, en realidad, problemas potenciales, es decir, no son determinantes); problemas culturales y ambientales (los ejemplos vividos dentro de la propia familia, la falsa publicidad, las depresiones causadas por problemas de trabajo, frustraciones afectivas; también hay que indicar en muchos casos las tendencias culturales, etc.); pero en realidad el alcoholismo es un problema de raíces múltiples que exige un tratamiento muy radical y urgente.

Uno de los dramas más graves de nuestro tiempo es la difusión del alcoholismo entre los adolescentes (14-17 años) y es allí donde principalmente  se deben enfocar los esfuerzos sociales y religiosos. Informes de los últimos años dan datos alarmantes de este problema: desde 1981 hasta fines del siglo (menos de 20 años) se quintuplicó el consumo de algunas bebidas (como la cerveza) entre los jóvenes, y bajó la edad en que empiezan a beber a ¡11 años de edad![2]; y esto afecta también a las jóvenes, las cuales se inician en la bebida entre los 12 y los 13 años, creciendo en los últimos años el consumo entre las adolescentes argentinas un 150%.[3] Generalmente para muchos jóvenes el alcohol es la puerta para ingresar al mundo de las drogodependencias.

Soluciones

La solución a todo este problema implica un cambio cultural y en muchos casos una profunda conversión de las sociedades y de los individuos. Es claro que el gran trabajo en este campo es la prevención; si no se quiere llegar a un problema de adicción, el alcohol debe ser usado con moderación, regulado por las virtudes de la prudencia y de la templanza, lo cual implica un parámetro desigual, según las personas. Entre las prevenciones de la adicción al alcohol, una de las más importantes es simplemente evitar las “ocasiones de beber”, evitando malas amistades, y evitando malos ambientes donde es común el abuso de alcohol (boliches, espectáculos públicos).

Cuando el uso del alcohol se ha vuelto ya adictivo, en cambio, no queda otra vía que: (a) el control estricto del beber a través de la abstinencia y (b) el reemplazo total de los modelos adictivos con comportamientos satisfactorios para pasar el tiempo que puedan llenar el vacío que se crea cuando se ha dejado de beber.

Un sistema de amigos, una comprensión del grupo sobre el alcoholismo y el perdón de las recaídas son los métodos estándar de Alcohólicos Anónimos para aumentar la autoestima y aliviar un sentido de aislamiento. El sistema de los “Doce Pasos” de Alcohólicos Anónimos hacia la recuperación, incluye un componente espiritual que puede disuadir a las personas que carecen de convicciones religiosas. El rezo y la meditación, sin embargo, han sabido ser de gran valor en el proceso de curar muchas enfermedades, aún en las personas sin creencias religiosas específicas.


[1] El alcohol se configura como una de las sustancias teratógenas capaces de producir malformaciones en el feto, aumentando malformaciones; retardo del crecimiento pre y post natal, disfunciones en el sistema nervioso central –retardo mental, depresión–, anomalías cráneo-faciales, anomalías en los ojos, orejas, boca, problemas cardíacos, etc.

[2] “Los chicos empiezan a tomar a los 11 años”, en La Nación, 17 de noviembre de 2003.

[3] “Las chicas toman cada vez más alcohol”, en La Nación Line, 8 de febrero de 2003.

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