El testimonio de los padres, clave en la educación en la fe, dijo el papa

(ZENIT) En la fiesta del Bautismo del Señor, Benedicto XVI presidió, en la Capilla Sixtina, la misa durante la cual administró el bautismo a dieciséis recién nacidos. Tras la lectura del Evangelio, el papa pronunció la siguiente homilía:

Es siempre una alegría celebrar esta santa misa con los bautismos de los niños, en la fiesta del Bautismo del Señor. ¡Les saludo a todos con afecto, queridos padres, padrinos y madrinas, y a todos ustedes familiares y amigos! Han venido –lo han dicho en voz alta- para que sus recién nacidos reciban el don de la gracia de Dios, la semilla de la vida eterna. Ustedes padres lo han querido. Han pensado en el bautismo todavía antes de que su niño o su niña fuera dado a luz. Su responsabilidad de padres cristianos les hizo pensar enseguida en el sacramento que marca la entrada en la vida divina, en la comunidad de la Iglesia. Podemos decir que esta ha sido su primera decisión educativa como testimos de la fe hacia sus hijos: ¡la elección es fundamental!

La tarea de los padres, ayudados por el padrino y la madrina, es la de educar al hijo o la hija. Educar compromete mucho, a veces es arduo para nuestras capacidades humanas, siempre limitadas. Pero educar se convierte en una maravillosa misión si se la realiza en colaboración con Dios, que es el primer y verdadero educador de cada ser humano.

En la primera lectura que hemos escuchado, sacada del libro del profeta Isaías, Dios se dirige a su pueblo justamente como un educador. Advierte a los israelitas del peligro de buscar calmar su sed y su hambre en las fuentes equivocadas: “Por qué –dice- gastáis dinero en lo que no sacia, el salario en lo que no quita el hambre?” (Is 55,2). Dios quiere darnos cosas buenas de beber y comer, cosas que nos sientan bien; mientras que a veces nosotros usamos mal nuestros recursos, los usamos para cosas que no sirven, e incluso son nocivas. Dios quiere darnos sobre todo a Sí mismo y su Palabra: sabe que alejándonos de Él nos encontraremos bien pronto en dificultad, como el hijo pródigo de la parábola, y sobre todo perderemos nuestra dignidad humana. Y por esto nos asegura que Él es misericordia infinita, que sus pensamientos y sus caminos no son como los nuestros –¡para suerte nuestra!- y que podemos siempre volver a Él, a la casa del Padre. Nos asegura pues que si acojemos su Palabra, esta traerá buenos frutos a nuestra vida, como la lluvia que riega la tierra (cfr Is 55,10-11).

A esta palabra que el eñor nos ha dirigido mediante el profeta Isaías, hemos respondido con el estribillo del Salmo: “Sacaremos agua con alegría, de las fuentes de la salvación”. Como personas adultas, nos hemos comprometido a acudir a las buenas fuentes, por nuestro bien y el de aquellos que han sido confiados a nuestra responsabilidad, en especial ustedes, queridos padres, padrinos y madrinas, por el bien de estos niños. ¿Y cuáles son “las fuentes de la salvación”? Son la Palabra de Dios y los sacramentos. Los adultos son los primeros que deben alimentarse de estas fuentes, para poder guiar a los más jóvenes en su crecimiento. Los padres deben dar mucho, pero para poder dar necesitan a su vez recibir, si no se vacían, se secan. Los padres no son la fuente, como tampoco nosotros los sacerdotes somos la fuente: somos más bien como canales, a través de los cuales debe pasar la savia vital del amor de Dios. Si nos separamos de la fuente, seremos los primeros en resentirnos negativamente y no seremos ya capaces de educar a otros. Por esto nos hemos comprometido diciendo: “Sacaremos agua con alegría, de las fuentes de la salvación”.

Y vamos ahora a la segunda lectura y al Evangelio. Nos dicen que la primera y principal educación se da mediante el testimonio. El Evangelio nos habla de Juan el Bautista. Juan fue un gran educador de sus discípulos, porque los condujo al encuentro con Jesús, del cual dió testimonio. No se exaltó a sí mismo, no quiso tener a los discípulos atados a sí mismo. Aunque era un gran profeta, su fama era muy grande. Cuando llegó Jesús, dio un paso atrás y le señaló: “Viene tras de mí el que es más fuerte que yo… Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”(Mc 1,7-8). El verdadero educador no ata a las personas a sí, no es posesivo. Quiere que el hijo, o el discípulo, aprenda a conocer la verdad, y establezca con ella una relación personal. El educador realiza su deber hasta el fondo, no hace faltar su presencia atenta y fiel; pero su objetivo es que el educando escuche la voz de la verdad hablar a su corazón y la siga en un camino personal.

Volvamos ahora al testimonio. En la segunda lectura, el apóstol Juan escribe: “Es el Espíritu el que da testimonio” (I Jn 5,6). Se refiere al Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, que da testimonio de Jesús, atestiguando que es el Cristo, el Hijo de Dios. Se ve esto también en la escena del bautismo en el río Jordán: el Espíritu Santo desciende sobre Jesús como una paloma para revelar que Él es el Hijo Unigénito del eterno Padre (cfr Mc 1,10). También en su Evangelio Juan subraya este aspecto, allí donde Jesús dice a los discípulos: “Cuando venga el Paráclito, el Espíritu de la verdad que yo os enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio sobre mí. Vosotros mismos seréis mis testigos, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,26-27). Esto es para nosotros confortante en el compromiso de educar en la fe, porque sabemos que no estamos solos y que nuestro testimonio está sostenido por el Espíritu Santo.

Es muy importante para vosotros, padres, y también para los padrinos y madrinas, creer fuertemente en la presencia y en la acción del Espíritu Santo, invocarlo y acogerlo en vosotros, mediante la oración y los sacramentos. Es Él de hecho el que ilumina la mente, caldea el corazón del educador para que sepa transmitir el conocimiento y el amor de Jesús. La oración es la primera condición para educar, porque orando nos ponemos en disposición de dejar a Dios la iniciativa, de confiarle los hijos, a los que conoce antes y mejor que nosotros, y sabe perfectamente cuál es su verdadero bien. Y, al mismo tiempo, cuando oramos nos ponemos a la escucha de las inspiraciones de Dios para hacer bien nuestra parte, que de todos modos nos corresponde y debemos realizar. Los sacramentos, especialmente la eucaristía y la penitencia, nos permiten realizar la acción educativa en unión con Cristo, en comunión con Él y continuamente renovados por su perdón. La oración y los sacramentos nos obtienen aquella luz de verdad, gracias a la cual podemos ser al mismo tiempo tiernos y fuertes, usar dulzura y firmeza, callar y hablar en el momento adecuado, reprender y corregir en modo justo.

Queridos amigos, invoquemos por tanto juntos al Espíritu Santo para que descienda en abundancia sobre estos niños, les consagre a imagen de Jesucristo, y les acompañe siempre en el camino de su vida. Los confiamos a la guía materna de María santísima, para que crezcan en edad, sabiduría y gracia y se conviertan en verdaderos cristianos, testigos fieles y gozosos del amor de Dios. Amén.

Traducción del original italiano de Nieves san Martín

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Las milagrosas historias de los bebés prematuros más pequeños

(AA) La revista Pediatrics retoma 22 años después la historia de Madeline Mann que nació con 280 gramos y la de Rumaisa Rahmam que nació en 2004 con tan sólo 260 gramos. Madeline es hoy una alumna brillante de psicología mientras que Rumaisa tiene 7 años.

Según la revista Pediatrics, sus casos son excepcionales porque muchas veces los niños que nacen con tan poco peso y logran sobrevivir lo hacen con múltiples problemas: ceguera, parálisis cerebral, problemas de movilidad, retraso mental. Es por eso que hoy sus casos son todavía objeto de estudio y seguimiento.

Madeline y Rumaisa nacieron en los suburbios de Chicago. Las dos niñas vinieron al mundo prematuramente porque sus madres padecían preeclampsia, un trastorno que se produce durante el embarazo y que produce hipertensión en la madre, lo que obliga a adelantar el parto. Pero precisamente debido a este problema médico las niñas, aunque tenían un peso por debajo del normal, tenían un desarrollo acorde a la semana de gestación en la que estaban. Madeline, por ejemplo, nació con 26 semanas, y Rumaisa, con 25 semanas.

Antes de que nacieran, se les suministraron a ambas madres medicamentos con esteroides para acelerar el crecimiento de los pulmones todavía inmaduros. Así y todo, las bebés fueron conectadas a respiradores por 2 meses y permanecieron en el hospital por un período de 4 meses.

Madeleine, tras 122 días en la incubadora, fue dada de alta con dos kilos de peso. Por su parte, Rumaisa llegó a su casa después de 142 días, en cuanto alcanzó los dos kilos y 300 gramos.

El reporte de estos dos casos fue publicado este lunes 12 de diciembre en la revista Pediatrics (“Long-term Follow-up of 2 Newborns With a Combined Birth Weight of 540 Grams“) por el Dr. Jonathan Muraskas del Centro Médico de la Universidad de Loyola en Maywood (Loyola University Medical Center). Este estudio intenta responder una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿cuál es la edad real de viabilidad?

El Dr. Muraskas considera que estos casos extremos no deben considerarse como patrones que indiquen a los médicos que pueden salvar a bebés tan pequeños. La mayoría de los especialistas consideran que los bebés nacidos luego de las 25 semanas pueden ser viables y deberían recibir la intervención médica necesaria para respirar. Los bebés de menos semanas entran en una zona gris. En Japón los médicos han bajado el límite a 22 semanas, casi la mitad de las 40 semanas que dura un embarazo.

Rumaisa y Madeline eran del tamaño de la palma de una mano cuando nacieron, que es el tamaño promedio de un feto de 18 semanas, pero ellas tenían unas semanas más de vida, 26 y 27 semanas, respectivamente, lo que aseguraba que sus órganos tenían el grado de madurez adecuado para poder sobrevivir.

Madeline tiene asma y es de baja estatura: mide 142 cm y pesaba 30 kg a la edad de 20 años. Rumaisa pesaba 15 Kg a la edad de 5 años y medía 107 cm de estatura.

Jim Mann, el padre de Madeline, dijo que haber tenido una bebé tan pequeña fue “aterrante” al principio. Pero aparte del asma, la única secuela que le ha quedado es que su hija tiene dificultad para encontrar ropa para su tamaño.

Que haya nacido tan bien es una fuente de orgullo y esperanza” dijo el padre. “No entiendo porqué fuimos tan extraordinariamente afortunados” dijo.


El magisterio provida de Mons. José María Arancedo, nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

 

(AA) El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, Mons. José María Arancedo, fue elegido el martes 8 de noviembre como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Argentinos Alerta ha recopilado en esta nota su magisterio provida. Nos hemos basado en informaciones periodísticas y en el registro de homilías y documentos de Mons. Arancedo publicado por AICA.

 

A lo largo de los años, Mons. Arancedo se ha pronunciado sobre el don de la vida humana y sobre la necesidad de defenderla frente a la postura abortista que considera a la libertad como un absoluto y que se arroga el derecho de decidir quién va vivir y quién no. La persona “no es un objeto que dependa de la voluntad de nadie, sino un sujeto de derechos“.

 

Citando al entonces Card. Joseph Ratzinger (ahora Benedicto XVI) en “La sacralidad de la Vida Humana”, Mons. Arancedo recordaba que “un Estado que se arrogue el derecho de definir qué seres humanos son o no sujetos de derechos, y que, en consecuencia, reconozca a algunos el poder de violar el derecho de otros a la vida, contradice el ideal democrático. En efecto, aceptando que se violen los derechos del más débil, acepta al mismo tiempo, que el derecho de la fuerza prevalezca sobre la fuerza del derecho“.

 

En el año 2006 resaltaba que “no podemos callar, ni dejar de movilizarnos para expresar nuestro firme y claro rechazo al aborto” y en el año 2008 le recordaba al Ministro de Salud de Santa Fe que “el aborto no es negociable”.  Pero privilegiar la vida no implica ser insensible frente a los problemas del embarazo para la mujer: “este hecho requiere una cercanía y acompañamiento a la mujer tanto de la familia como de la sociedad, pero nunca es una actitud humana y responsable resolver el problema quitando una vida”.

 

En 2011 advertía que los promotores del aborto pretenden convertirse “en creadores, en pequeños dioses“…”que se basan en un concepto del hombre y su libertad como algo absoluto, una suerte de un dios creador que no tiene límites”. “El aborto es un signo de debilidad cultural, de retroceso moral y de claudicación política“.

 

Que la Virgen de Guadalupe, invocada por Mons. Arancedo en muchas de sus homilías, lo guíe como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

 

Índice de documentos:

 

 

2005: la defensa de la vida: un acto de verdad, de justicia y de amor

 

En el mensaje de Pascua del año 2005 expresó:

 

… En este contexto de la celebración de la Pascua no puedo dejar de referirme a un tema que nos ocupa por su importancia y gravedad, dado que ataca a la vida en su etapa más indefensa, me refiero al aborto. La doctrina permanente de la Iglesia sobre esta materia, la defensa de la vida desde el seno de la madre, debemos considerarla como un acto de verdad, de justicia y de amor. Es un acto de verdad en primer lugar; la verdad no depende de nosotros, está ahí, y aunque nos sorprenda nos obliga a valorarla y a ponernos a su servicio, no nos está permitido moralmente ignorarla. Es también un acto de justicia; a la justicia pertenece dar a cada uno lo que le corresponde y en el momento preciso, en nuestro caso el primer derecho que debe atender la justicia es el derecho a la vida del ser naciente. En esta doble certeza se fundamenta la sabiduría de una sana legislación. Y finalmente es un acto de amor; el amor dice referencia al otro, no sólo a uno mismo, y este amor, como todo amor, tiene una dimensión oblativa que se alegra por el bien del otro y cuida de su desarrollo.

 

Frente al misterio de la vida no cabe otra actitud moral.Puede parecer dura esta doctrina frente a una cultura que parte de la libertad del hombre como de un absoluto creador y, por lo mismo, le cuesta aceptar los límites que nos impone una realidad objetiva. Este planteo doctrinal de la Iglesia, que se fundamenta en razones científicas, filosóficas y teológicas, es lo que me compromete a predicarlo, con la firmeza, el respeto y la seriedad que merecen, porque es una exigencia de orden moral que hace a la dignidad del hombre y a la cultura de un pueblo.

 

Queridos amigos, reciban de su Obispo este mensaje de Pascua para vivir la alegría de la Resurrección del Señor que nos señala un camino de esperanza y de solidaridad, para juntos caminar y reconstruir los lazos de una sociedad herida pero que nos pertenece y a la que nos debemos. Que el Señor Jesús y Nuestra Madre de Guadalupe, a quién visitaremos próximamente en su Fiesta mayor los acompañen. Felices Pascuas. Santa Fe de la Vera Cruz, Pascua de 2005.

 

2005: Vida humana debe defenderse también con sanciones penales

 

Días antes de las elecciones legislativas del 23 de octubre del 2005, Mons. Arancedo reflexionaba sobre la defensa de la vida y la responsabilidad cívica:

 

La defensa de la vida y el rechazo del aborto es una exigencia que compromete y determina el nivel moral de una comunidad. La vida naciente como valor que se funda en un derecho inalienable, es un límite moral y jurídico que se convierte en un principio constitutivo de la sociedad civil y de su legislación. La vida naciente es una realidad objetiva que nos habla con su propio lenguaje, al que debemos saber escuchar en su dignidad única e irrepetible. Ella nos diría: mi existencia ya no depende de tu decisión o libertad, sino que necesita y espera de tu cuidadoEl aborto es un signo de debilidad cultural, de retroceso moral y de claudicación política. Para el cristiano, además, esta actitud ante la vida es una expresión que compromete la identidad de su fe y hace, por lo mismo, al compromiso social y político que debe asumir por el bien y salud espiritual de la Patria.

 

En este contexto de responsabilidad cívica al que estamos convocados, tanto ciudadanos como dirigentes políticos, quiero recordar los principios y algunas definiciones del magisterio de la Iglesia referidas al tema de la vida y a la consiguiente responsabilidad jurídica y social frente al aborto.

 

“Los derechos inalienables deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre estos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte”. (…) “Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quién es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho. El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quién debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos”. (Catecismo de la Iglesia Católica n° 2273).

 

2006: Carta sobre el aborto: no podemos callar, ni dejar de movilizarnos para expresar nuestro firme y claro rechazo al aborto

 

Con motivo de las celebraciones del día de la Familia y el día de la Madre en el mes de octubre de 2006, Mons. Arancedo presentó la siguiente carta sobre el aborto:

 

Queridos hermanos:

 

En este mes de Octubre celebramos el día de la Familia y en él, el día de la Madre. Dos acontecimientos que se corresponden y marcan la cultura de un pueblo. Detener la mirada en una fecha nos sirve para fijar nuestra atención y reflexionar sobre el significado que esa realidad tiene hoy para nosotros. Como todos los años les he escrito una carta a las familias en la que las invitaba a reflexionar sobre: “La Familia, camino de plenitud”. Ella es el ámbito natural y espiritual en la que cada miembro va creciendo en comunidad sin anularse, por ello se la llama con razón, les decía, la primera escuela de la dignidad y socialización del hombre. En este sentido hablamos de la familia como un “patrimonio de la humanidad”. Su presencia y testimonio es la primera escuela para la sociedad. No dudemos que fortalecer la familia es la mayor inversión que debe hacer una comunidad responsable para asegurar en el futuro su nivel de vida moral y cultural.

 

En esta carta quisiera detenerme en un tema que hace a la responsabilidad no sólo de la familia, sino de todo ciudadano y de la misma sociedad, me refiero al tema del aborto. No se trata de algo secundario y que pueda quedar librado a la determinación de cada persona u opinión circunstancial, sino que estamos ante un hecho que reclama definiciones claras y comprometidas. No es un tema sólo de fe, aunque no podemos olvidar su importancia al tratarlo, sino de una realidad que pertenece al ámbito de los derechos humanos que deben ser tutelados por la misma sociedad. Dada la importancia del tema es que no podemos callar, ni dejar de movilizarnos para expresar nuestro firme y claro rechazo al aborto. El tema de la vida es parte integrante del contenido de nuestra fe en un Dios que es creador y providente. El don de la vida no es un producto más, sino un proyecto que tiene el sello de lo divino y que sólo necesita del tiempo para su realización y verdad plena.

 

Es importante observar que cuando el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica nos habla del aborto lo hace precisamente en el capítulo III, en el que trata sobre los Derechos Humanos. Sacar el aborto de este contexto es desconocer la dignidad y las exigencias de la vida concebida, y no ponderar su gravedad intrínseca. Cuando no se parte de la realidad de la vida como un dato objetivo comprobable científicamente, y frente al cual no se puede admitir la gradación del más o menos, sino que es una existencia nueva y que como tal debe ser tratada, entonces perdimos de vista el lugar correcto desde el cual debemos observar la realidad. Estamos ante un nuevo ser que tiene autonomía genética, aunque no tenga aún una independencia total. Esta realidad de fragilidad no disminuye, sin embargo, su grandeza en el orden del ser, que es lo que determina su condición de sujeto de derechos. Por ello debemos afirmar y defender que el primer derecho del hombre es el derecho a la vida.

 

En esta línea de pensamiento la Doctrina Social de la Iglesia concluye que la fuente última de los derechos humanos no depende de la voluntad o libertad de ninguna persona, ni reside en poder del Estado ni en la promulgación positiva de sus leyes, sino sólo en la dignidad del mismo hombre que le es connatural a su propia vida y que es igual en toda persona. Estos derechos, por otra parte, son universales, inviolables e inalienables, es decir, están presentes en todos los seres humanos, sin excepción alguna de tiempo, lugar o sujeto. Además de su universalidad estos derechos tienen la nota de la indivisiblidad, es decir: “Tales derechos se refieren a todas las fases o etapas de la vida y en cualquier contexto…. Son un conjunto unitario..” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nº 154). Desde esta certeza filosófico-científica se define y garantiza el respeto por todos y cada uno de los derechos humanos. Cuando dejamos de pensar a partir de las exigencias que nos plantea esta realidad, aún en su estado o etapa de fragilidad dependiente, pero siempre como sujeto real de derechos, quebramos el orden del ser y de la justicia.

 

Un tema que se esgrime es el de la libertad de la madre como un derecho absoluto que no admitiría límites. Se lo llama el derecho a la libre decisión. Debemos recordar que la libertad no es un principio absoluto creador de normas, sino una determinación personal y voluntaria que debe reconocer, y éste es su límite, los derechos que emanan del otro o de un ordenamiento jurídico, en este caso la vida concebida que se convierte en una realidad que vincula y compromete. Lo que existe en la madre, después de la concepción es un ser distinto y goza, por lo mismo, de derechos que deben ser tutelados por el Estado por medio de sus leyes justas. No es un objeto que dependa de la voluntad de nadie, sino un sujeto de derechos. La justicia es dar a cada uno lo que le corresponde, por ello es tan sabia y necesaria la tutela jurídica frente a la vida naciente e indefensa. Como vemos no se trata sólo de un cuestión de fe, o de pertenencia religiosa, sino de un tema que compromete la conciencia y que como ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de defenderlo ante la sociedad y reclamarlo a las autoridades. Esto lo digo como Obispo, pero también, y tal vez antes, como ciudadano de esta Patria a la que pertenezco y amo.

 

Esta polémica no es, decía recientemente la Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado Argentino, una discusión entre tantas. Es una cuestión de fondo que involucra a todos los ciudadanos de cualquier credo o condición social. La opción por el aborto desconoce la dignidad e inviolabilidad de la vida que tiene su fundamento en el orden del ser, que es el fundamento de la justicia. Como vemos estamos ante un tema que no podemos desatender, debemos dar razones de lo que proclamamos y defendemos, sin complejos, pero con la certeza que nos da la fe y la razón, que no se oponen sino que se complementan y ayudan, como así también con el debido respeto a las personas. No se trata de un tema opinable para un cristiano sino que es parte integrante de nuestra fe en un Dios que es Padre, y que nos ha revelado el valor de la vida en la exigencia de un mandamiento, no matar.

 

Queridos hermanos, les he escrito esta carta con la responsabilidad de Pastor ante un tema instalado y del que nadie puede sentirse ajeno, sino comprometido con su fe para prestar un servicio al bien de la sociedad desde cualquier lugar que ocupe, sea en la familia como en la escuela, alumno o docente, político o empresario, profesional, empleado, trabajador o simple ciudadano. Pongo la intención y el contenido de esta carta a los pies de María Santísima, Nuestra Madre de Guadalupe, para que nos acompañe en este camino del Evangelio de la Vida que hemos recibido de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Junto a mi afecto y oraciones, reciban mi bendición de Padre y Obispo.

 

2006: Privilegiar la vida no significa ser insensible

 

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo emitido el sábado 5 de agosto de 2006 por LT9:

 

En estos días ha ocupado un lugar destacado el tema del aborto, por atención al caso de una mujer violada, con el agravante de disminución mental y cuyo embarazo se encontraba en el quinto mes. Son varios los componentes que entran en esta situación. Por un lado la violación como hecho aberrante, la condición de disminución de la madre junto al pedido de interrupción del embarazo, y por otro, la realidad de la vida ya gestada a la espera de su nacimiento y que necesita, aún, de los cuidados necesarios. Frente a ello el ordenamiento jurídico que defiende la vida desde la concepción.

 

Nos encontramos ante una situación difícil y dolorosa que merece respeto. En ella aparece lo aberrante de una violación y la debilidad de la madre, pero también el hecho indudable de una vida que existe, que tiene autonomía e identidad genética, pero que aún no es independiente, es decir, no puede existir ni decidir por si, sino que necesita de la ayuda y tutela jurídica. Plantear bien un problema es reconocer tanto las dificultades, como las exigencias del hecho, este es el camino para dar una respuesta justa, que no excluye lo doloroso. Ante una situación difícil la tentación puede ser suprimir uno de los términos de la ecuación, lo correcto, en cambio, es considerar la totalidad del hecho y asumir las exigencias como los derechos de cada una de las partes. Esto me lleva a afirmar que la ley, en este caso, debe castigar al agresor, que es el violador, defender la vida como un hecho que reclama el cuidado y su tutela, y acompañar con todos los medios al agredido, es decir, a la madre.

 

Entra otro elemento en juego que es el ejercicio y el límite de la libertad. Creo que este aspecto es el que más se esgrime y se lo considera como un derecho absoluto. Se lo llama el derecho a decidir que tiene la madre. La libertad, sin embargo, no es un principio absoluto o una decisión creadora de normas o valores, sino que es una determinación personal y voluntaria que debe reconocer, y éste es su límite, los derechos que emanan del otro o de un ordenamiento jurídico, que es algo objetivo, en este caso la vida naciente con su necesaria tutela, que se convierte para ella en una realidad que la vincula y compromete.

 

Siempre estamos llamados a decidir y a realizar opciones, pero éstas deben ser hechas de acuerdo a una jerarquía de verdades. En este caso concreto se trata de privilegiar la vida humana como hecho único e irrepetible, más allá de las circunstancias en las que ella se nos hace presente, esto lo considero un acto de justicia frente a un ser inocente. Esto no significa ser insensible al dolor sufrido por la madre, todo lo contrario, es necesario acompañarla, incluso hasta prever la posibilidad de una adopción si llega el caso. En toda opción hay algo que debemos privilegiar, la opción por el aborto quiebra la jerarquía de verdades y valores, como el orden moral de una sociedad. Por ello es tan sabia y necesaria la tutela jurídica frente a la vida indefensa.

 

Queridos amigos, sé que este mensaje puede parecer exigente, pero creo que lo reclama la verdad de la vida como fundamento de la justicia. Reciban junto a mi expresión de afecto mis saludos y bendición.

 

2007: El derecho a la vida es el primer derecho humano

 

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, emitido el sábado 17 de marzo de 2007 por LT 9:

 

El derecho a la vida es el primer derecho humano. En esta frase tan simple se expresa una verdad que sostiene y construye una cultura. Esto que nos parece tan evidente en su formulación, hoy, desgraciadamente, se lo cuestiona desde diversos discursos y actitudes, incluso desde la misma autoridad civil. En lugar de afirmar con claridad la defensa de la vida desde su nacimiento, como lo marca nuestra Constitución, se buscan caminos que relativicen este principio.

 

Este tema no es secundario para la vida moral de una comunidad. No se trata de un tema religioso sino que es primariamente un tema humano. Desconocer, o no querer asumir la realidad de la vida como un hecho objetivo que tiene y reclama sus derechos, es determinar que la moralidad de un acto depende solo de mi voluntad o de mi libertad de decisión, sin que intervenga en ello una realidad objetiva, sea una persona o una norma. Este hecho por su importancia social requiere de decisiones claras, como de su necesaria tutela jurídica.

 

La justicia es la virtud que nos enseña a dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, por ello es la garantía de los derechos. En el tema del aborto lo que no se tiene en cuenta es, precisamente, el derecho del que ya existe con su propia identidad genética, pero que aún no ha nacido. Por ello es tan justa y necesaria la legislación que tutela a aquel que no puede ejercer por si mismo, su primer derecho, el derecho al desarrollo de la vida que ya posee. El hombre se realiza en el ejercicio de la libertad, pero siempre que ella reconozca a la verdad como su fuente, su grandeza y también su límite. Pensar solo desde nuestra libertad como un absoluto, es desconocer la condición humana y sentirnos indebidamente dueños, en este caso, de la vida, del otro. Esto significa que la fuente de los derechos humanos no se encuentra en nuestra voluntad, ni en el la realidad del Estado o de los poderes públicos, sino en la dignidad irrepetible de cada hombre. Estos derechos son universales, inviolables e inalienables.

 

Causa dolor y preocupación escuchar que el derecho a la vida pueda quedar librado la decisión de la mujer como dueña de su cuerpo. Esto no puede considerarse es un verdadero progresismo, porque no parte ni tiene en cuenta la exigencia moral de lo que existe. No se atenta contra la libertad de la mujer cuando se defiende la vida naciente, por el contrario se la valora en su dignidad y responsabilidad. Cuando se quiebra la armonía entre la verdad, el derecho y la justicia, no progresa el hombre en su condición de ser espiritual y libre. Toda forma de aborto provocado es ilícito: esta afirmación no es un hecho religioso o privado, sino que es humano y público, y necesita, por lo mismo, de la sabiduría de las leyes y del ejercicio de la justicia. En este tema se juega no sólo la vida de un nuevo ser, sino principios que definen una cultura, por ello es también un tema de responsabilidad política.

 

Deseándoles un buen fin de semana en familia, reciban de su Obispo junto a mis oraciones y afecto, mi bendición en el Señor.

 

2007El tema de la vida humana no es un hecho privado que queda a la libre determinación de una persona

 

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo emitido el sábado 6 de octubre de 2007por LT 9:

 

En este mes dedicado a la Familia quiero referirme al tema de la Vida como fundamento ético y jurídico del bien común de la sociedad. Me refiero al derecho a la vida de toda persona concebida como primer derecho humano y fundamento del orden jurídico. Esto implica una clara posición frente al aborto. El Santo Padre incluía este tema entre aquellos “principios no negociables”, decía, que hacen a la salud moral y jurídica de una comunidad. No se trata de principios religiosos ni de un tema que pueda quedar librado a la sola de decisión de una persona, sino de considerar la vida naciente como la realidad de un ser que en su autonomía y dignidad, reclama el cuidado de sus derechos, precisamente el primero de ellos es el de la vida. El tema de la vida humana no es un hecho privado que queda a la libre determinación de una persona, sino que en su dignidad compromete a la sociedad política y jurídicamente organizada.

 

Por ello ha sido llamativo y preocupante que en estos días, en Paraná, la autoridad política en lugar de orientar los pasos en una clara defensa de la vida del niño por nacer, se haya manifestado en actitudes a favor de una ampliación y generalización del aborto. También preocupa que en sede judicial no se tenga en cuenta losPactos Internacionales, por ejemplo el de San José de Costa Rica o la convención sobre los Derechos del Niño que obligan de modo inequívoco a garantizar la vida del niño por nacer. Argentina es signataria de estos acuerdos. Es bueno recordar, además, la interpretación que por unanimidad dio la Academia de Ciencias Morales y Jurídicas respecto a las llamadas “excusas absolutorias” contenidas en la reforma al art. 86 del Código Penal. En un reciente editorial del diario La Nación se recuerda el origen de esta cláusula en la que se declaraba no punible el aborto “para evitar, se decía, que de una mujer idiota nazca un ser anormal y degenerado”, y concluía, el aborto debe ser consentido “cuando es practicado a los fines del perfeccionamiento de la raza”. Esta teoría, lamentablemente, existía en algunos países de Europa e influyó en algunos marcos jurídicos.

 

Si bien se trata de un tema primariamente humano y no confesional no puedo dejar de recordar las palabras que con tanta verdad y belleza nos propone la fe bíblica al referirse a esta realidad de la vida por nacer: “Por que tú Señor…me has tejido en el vientre de mi madre…cuando era formado en lo secreto…mis días estaban escritos y señalados, antes que uno solo de ellos existiera” (Salmo 138). La fe ilumina a la razón. Quiero concluir esta reflexión con las palabras del Documento de Aparecida a los dirigentes: “Esperamos, dice, que los legisladores, gobernantes y profesionales de la salud, conscientes de la dignidad de la vida humana y del arraigo de la familia en nuestros pueblos, la defiendan y protejan de los crímenes del aborto y de la eutanasia” (Ap. 436). Esta defensa de la vida, además de la tutela jurídica, debe comenzar por acompañar humana y espiritualmente a la madre para que lleve a buen término lo que en ella ya existe, y no en ofrecerle una aparente pero equivocada solución.

 

Deseándoles un buen fin de semana en compañía de sus amigos y en familia, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones mi bendición en el Señor.

 

2008: El aborto no es negociable

 

En noviembre de 2008, el ministro de Salud de la provincia de Santa Fe, Miguel Ángel Cappiello, funcionario del gobernador Hermes Binner, apoyó abiertamente la gestión de la presidente del bloque de diputados nacionales del Partido Socialista, la rosarina Silvia Augsburger, para dejar de punir el aborto y también la decisión de no obligar a los médicos a denunciar dichas prácticas. Frente a esta situación Mons. Arancedo expresó ante la prensa:

 

“Me preocupa de una autoridad que tiene la responsabilidad del bien común. Yo creo que el aborto hay que verlo como lo que es, no hay que darle muchas vueltas. El acto del aborto se impone a la libertad de una persona, (porque)donde hay vida ya existe derecho. El chico que se está engendrando en el vientre de su madre tenga 20 días, tenga un mes, ya es un ser vivo y sujeto de derecho y por lo tanto la ley debe tutelar esos derechos”.

 

“A la chica (con un embarazo no deseado) habrá que acompañarla, habrá que hacer todo, pero no poner de entrada la solución imprudente del aborto. El aborto no es negociable. Si existe vida, esa vida reclama respeto, tiene derechos”.

 

Frente a las declaraciones de Ministro de Salud de que “no hay ninguna obligación de denunciar estos casos”, Mons. Arancedo respondió:

 

“Espero que los médicos no se dejen llevar por esas medidas ¿Cómo no va a denunciar a alguien que se practicó un aborto? La postura de la Iglesia es el respeto por la vida; ¿y quién dice que hay vida? Lo dice la ciencia”.

 

2009: Día del niño por nacer: La defensa de la vida abarca todo el desarrollo de la vida

 

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, emitido 22 de marzo de 2009 por LT 9:

 

El próximo 25 de Marzo, Fiesta de la Anunciación del Señor, celebramos el Día del niño por nacer. La Anunciación nos recuerda la concepción de Jesús en el seno de la Virgen María. Concepción y nacimiento son dos momentos en el desarrollo de una misma vida. Desde el momento de la concepción la vida adquiere una entidad independiente que nos compromete en su defensa por ser su primer derecho. Esto tan fácil de expresar presenta, sin embargo, una serie de objeciones que no parten del derecho que esta vida nueva reclama, sino desde la libertad del hombre como un absoluto que le da derecho a decidir. Ahora bien, si no aceptamos que mi libertad tiene un límite en el derecho del otro, estamos ejerciendo un poder sobre el otro que no nos corresponde. La vida del ser naciente no es un objeto del que soy dueño, sino un sujeto con su entidad, autonomía y derechos.

 

Estamos hablando del aborto, no de un método anticonceptivo. Aquí no se habla de impedir la concepción, aquí se habla de eliminar lo ya concebido. Esta es la gravedad del aborto. No se trata, por ello, de un tema religioso que pueda quedar reducido a la esfera de lo personal o a las convicciones de un grupo, sino que estamos ante un derecho que hace a la dignidad del ser humano. La negación al aborto no comienza por un acto de fe sino por un dato científico con consecuencias éticas y jurídicas, es decir, cuando la ciencia nos dice aquí hay vida humana, en ese mismo momento comienza la exigencia de una actitud de respeto y de cuidado que la fe, es cierto, lo va a reforzar y a defender, incluso haciendo referencia a un mandamiento de la Ley de Dios, que nos dice: “no matarás”. Como vemos, el hecho de la vida es, ante todo, una realidad humana que nos compromete moralmente. Por ello es obligación del Estado proteger y tutelar con sus leyes, el camino de esta vida nueva desde su concepción a su nacimiento. Desde esta perspectiva podemos comprender por qué la Iglesia habla del aborto como un tema “no negociable”.

 

La defensa de la vida no se reduce, por otra parte, sólo a luchar contra el aborto sino que abarca todo el desarrollo de esta vida, principalmente en sus momentos de mayor fragilidad, comenzando por el embarazo, pero siguiendo por el nacimiento y su cuidado posterior. Pienso en la soledad y la pobreza de muchos niños que viven en un mundo que se jacta de sus logros y carece de sensibilidad para dar una respuesta a su realidad. No defiende la vida, como primer derecho humano, una sociedad que vive con indiferencia frente a la marginalidad de sus hijos. No se trata se suprimir pobres sino de atacar la pobreza. Dios ama al pobre pero no quiere la pobreza impuesta. ¿Es justa una sociedad, me pregunto, que ve crecer en la degradación de la pobreza a sus hijos? ¿No nos debemos sentir responsables como sociedad, políticamente organizada, del futuro de una juventud que crece desde la niñez debilitada en su salud física, psicológica y cultural? Es por ello que el tema de la defensa de la vida abarca la totalidad de etapas y aspectos en los que ella se desarrolla, pero debemos poner el acento, ciertamente, en aquellos momentos que más necesita de la presencia y responsabilidad de los adultos y la sociedad. El primer momento de fragilidad la puede padecer el niño por nacer.

 

Quiero agradecer la presencia y entrega de “Grávida” como institución dedicada a acompañar la vida naciente desde el seno de la madre, que ha permitido el nacimiento de muchos niños que hoy son la alegría de sus madres. También quiero valorar el trabajo desinteresado de muchas familias que asumen el rol generoso de ser “Hogares de Tránsito” para aquellos niños que nacen sin la posibilidad inmediata de un hogar propio. Todas ellas son familias sin grandes recursos pero con sólidas convicciones morales, en ellas veo una reserva moral de nuestra sociedad.

 

Reciban de su Obispo junto a mi respeto y afecto, mis oraciones y bendición en el Señor Jesús y María Nuestra Madre.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz.

 

2010: La vida, don y responsabilidad

 

Con motivo de la vigilia por la vida convocada para toda la Iglesia por el Papa Benedicto XVI para el sábado 27 de noviembre de 2010, Mons. Arancedo pronunció las siguientes palabras en el micro radial de LT 9:

 

El Santo Padre ha querido iniciar el tiempo de Adviento con una solemne “Vigilia por la vida naciente”. El nacimiento de Jesús nos habla no sólo del valor de su vida y misión, sino que se convierte, para toda la humanidad, en el camino que ilumina y protege la vida de cada ser humano. La vida naciente presenta la exigencia de un derecho y reclama la responsabilidad de una tarea que nos compromete. La fe no me aísla en una relación personal con Dios, sino que me compromete con su obra, en especial con su obra mayor que es el hombre.
La gloria de Dios consiste, decía San Ireneo, en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en el encuentro con Dios. Todo este misterio de la grandeza de la vida y el destino del hombre está encerrado en la fragilidad de la vida naciente. Por ello, la realidad de esta vida es un don y una responsabilidad para el hombre y la sociedad.

 

No somos dueños de la vida humana, pero sí partícipes necesarios de su concepción y cuidado. Esta verdad pertenece al orden natural y es captado por la razón y compromete, por lo mismo, una actitud moral. No podríamos hablar de la dignidad de la vida humana sino asumimos la exigencia de la tutela de su primer derecho, que es el derecho a la vida. Esto pertenece al orden la justicia que nos habla de dar a cada uno lo que le corresponde, en este caso el cuidado de la vida concebida. La correcta lectura de este hecho sólo requiere de una mirada simple, pero necesita de una actitud responsable.

 

Cuánto debemos agradecer el esfuerzo de personas e instituciones que acompañan este don de la vida, pienso entre nosotros en Grávida. Y qué triste es escuchar voces que proclaman el aborto seguro como un logro de la ciencia.

 

Cuando el hombre olvida, por otra parte, su origen y destino trascendente queda encerrado en un mundo inmanente sin raíces ni horizonte. Esta afirmación que es fruto de la fe no es ajena a la razón, pero sí le agrega a la vida del hombre un valor de trascendencia que le da un sentido de plenitud. A aquellas razones humanas sobre la dignidad de la vida del hombre, esta mirada de fe le agrega la dimensión de una vocación que es única y personal, y para la cual Jesucristo ha venido para ser su Camino, su Verdad y su Vida. Toda la historia del amor de Dios, que en Jesucristo se ha hecho don personal para cada uno de nosotros, tiene en la vida naciente de todo hombre el comienzo de un diálogo que es la razón del envío y misión de Jesucristo.

 

Para esto he venido, nos dirá, para que el hombre participe de la vida de Dios. Estas razones que conocemos por la fe, porque provienen de la Palabra de Jesucristo, enriquecen a la razón y comprometen con más fuerza el cuidado de la vida.

 

Que esta Vigilia por la vida naciente, con la que el Santo Padre ha querido inaugurar este tiempo de Adviento, renueve en nosotros el compromiso con la defensa de la vida en todas sus etapas. Reciban junto a mi afecto y oración, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima, Nuestra Madre de Guadalupe.

 

2010: El aborto, ¿es un derecho?

 

En octubre de 2010, en el marco del mes de la Familia, Mons. Arancedo emitió el siguiente mensaje por LT 9:

 

En el marco del mes de la Familia quiero referirme a un tema actual que se lo presenta como un derecho, en este caso de la mujer, y que la sociedad debería garantizar con sus leyes. Me refiero al tema del aborto. Creo que todos coincidimos que estamos ante una situación límite y no querida, entiendo que nadie quiere abortar; pero nadie, tampoco, puede negar actualmente la existencia de una vida nueva a partir de la concepción, es decir, estamos ante un ser vivo que tiene su propia identidad genética.

 

El embrión no es un fragmento de la madre, es un nuevo ser perfectamente individualizado con su propio ADN. En los modernos sistemas jurídicos el ADN se ha convertido en la “prueba reina”, para determinar la identidad y los derechos de las personas desde su concepción.

 

Lo dramático de una situación no puede alterar o desconocer lo que es propio de cada ser en cuanto sujeto de derechos. Para este ser ya concebido su primer derecho es, precisamente, el derecho a la vida. Esto no es quitar un derecho a alguien, sino defender el derecho de alguien. A la sabiduría de la ley le corresponde tutelar esta verdad que hace a la dignidad de todo ser humano. Esto no depende de una creencia religiosa sino de una realidad que, por su misma naturaleza humana y científica, reclama principios éticos que comprometen el ordenamiento jurídico de la sociedad. Estamos ante un hecho que trasciende lo individual o privado, porque está en juego tanto la vida de una persona como la cultura de una sociedad.

 

No puedo dejar de mencionar el testimonio de alguien que actuó con la serenidad y la firmeza que estos casos reclaman. Se trata de un médico que también es político. Me refiero al Dr. Tabaré Vázquez, presidente del Uruguay. Al fundamentar su veto a la ley de despenalización del aborto llama la atención sobre un dato que no es menor: “en los países que se ha liberalizado el aborto, estos han aumentado“, y lo ejemplifica: “en los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó y la cifra se mantiene, para concluir, la costumbre se instaló”. Qué triste e injusto es escuchar: “la costumbre se instaló”, que equivale a decir, se ha instalado una cultura. La ley que penaliza el aborto tiene, por ello, una razón preventiva y pedagógica, en cuanto tutela y defiende el valor de la vida. Por ello va a concluir: “El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados“. He querido traer el testimonio de alguien que no habló desde una fe religiosa, sino desde su condición de profesional y de estadista.

 

Algunos para justificar el aborto sostienen que los embriones son sólo potencialmente humanos. No se puede fragmentar la vida humana, ella debe ser entendida como una totalidad dinámica que supone, tanto una identidad desde el origen como una unidad en su desarrollo, esto lo revela la existencia de un ADN que es único e irrepetible. No se puede decir que lo que aún no ha nacido o no conozco no existe. Por otra parte, si bien el embrión humano es autónomo desde la concepción, aún no es independiente, es decir, depende del cuidado de su madre o incluso de la sociedad. Esta es su grandeza, pero también su fragilidad. Con sabiduría de estadista concluía: “es más adecuado buscar una solución basada en la solidaridad que permita promocionar a la mujer y a su criatura, otorgándole la libertad de poder optar por otras vías y, de esta forma, salvar a los dos“. Cuando la realidad y el cuidado de la vida no es un límite legal, crece una cultura sin fundamento que hiere al hombre y empobrece a la sociedad.

 

¿El aborto es un derecho?. Si partimos del hecho comprobado científica y filosóficamente de que el óvulo fecundado inaugura una vida nueva que ya no es un fragmento del padre o de la madre, debemos concluir que las prácticas abortivas son injustificables e injustas y, por lo mismo, no son un derecho. Tampoco se puede argüir desde la libertad de decisión de la mujer, porque se viola el derecho de un ser vivo que ya es una persona. En nombre de la libertad de quién tiene poder y voz, no se puede negar el derecho de quién no tiene la posibilidad de hacerse oír. Aquí entra el sentido y la finalidad de la ley, como un principio de equidad que debe regir la vida de la sociedad. Por ello: “un Estado que se arrogue el derecho de definir qué seres humanos son o no sujetos de derechos, y que, en consecuencia, reconozca a algunos el poder de violar el derecho de otros a la vida, contradice el ideal democrático. En efecto, aceptando que se violen los derechos del más débil, acepta al mismo tiempo, que el derecho de la fuerza prevalezca sobre la fuerza del derecho” (Ratzinger J. La sacralidad de la Vida Humana).

 

Me permito sugerir la lectura de un pequeño libro que ha publicado el equipo de Pastoral Familiar de nuestra Arquidiócesis, y que lleva como título: La vida humana en sus inicios: El problema del aborto y sus desafíos. Creo que tanto legisladores y políticos, como los simples ciudadanos, debemos asumir este tema con la responsabilidad cívica y moral que ello implica. Lo que está en juego son principios y comportamientos que hacen tanto al respeto por la vida naciente, como al nivel de una cultura que privilegia el primer derecho de todo ser vivo, el derecho a la vida. Reciban de su Obispo junto a mi respeto y afecto, mis oraciones y bendición en el Señor.

 

2011: Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe: no podemos ser espectadores que comentamos la realidad, sino comprometernos con los valores y la docencia de una cultura de la vida

 

Con motivo de la 112ª Peregrinación Arquidiocesana a la Basílica de Guadalupe en la ciudad de Santa Fé en mayo de 2011, Mons. Arancedo predicó la siguiente homilía:

 

Queridos hermanos:

 

Como todos los años venimos a celebrar la Fiesta de Nuestra Madre. Como todos los años Guadalupe nos sorprende por el fervor de un pueblo que peregrina movido por la fe y el amor, y con la certeza de un camino que le pertenece. La presencia de la Virgen en Guadalupe tiene su razón de ser en la vida e historia de nuestra comunidad. La lectura de este hecho nos muestra cómo nació en el pueblo y fue marcando un camino de encuentro con Dios en este preciso lugar y en torno a esta venerada imagen, que se convirtió en patrimonio y punto de referencia para la fe de los santafesinos. Qué triste, cuando no se conoce ni valora el significado religioso y cultural de una tradición que nace de la fe y expresa a una comunidad.

 

La devoción católica a la Virgen tiene su centro en Jesucristo, el único mediador entre Dios y los hombres. Ella nos orienta hacia él y nos dice hoy, como ya le dijo a los apóstoles: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5). Acercarnos a María es renovar nuestro encuentro con Jesucristo para vivir de su Palabra y los Sacramentos, que nos ha dejado para caminar junto a nosotros. Este mensaje simple y profundo es el que se vive y renueva cada año en Guadalupe. Una auténtica devoción a la Virgen es, por ello, la que mantiene viva en nosotros el amor a la palabra de su Hijo y el sentido de pertenencia y comunión con la Iglesia. El lugar de María en la Iglesia es un lugar único elegido por Dios, y que el mismo Jesucristo nos la ha dejado como madre: “Aquí tienes a tu madre” (Jn. 19, 26-27), nos sigue diciendo.

 

Esta 112° Peregrinación Arquidiócesana a Guadalupe nos convoca bajo el lema: “Madre, danos fuerza para amar y servir a la vida”. El lema se ubica en el marco del “Año de la Vida”, que la Iglesia en la Argentina nos ha propuesto. La vida humana no es una idea que podamos considerar abstractamente, ella existe en cada hombre concreto. No estamos ante una idea más, sino ante una realidad que es única y personal. Hablar de la dignidad de la vida humana significa hablar de la dignidad de todo hombre y a lo largo de toda su vida. Es la ciencia la que nos dice que esta vida ya existe desde el embrión, es decir, que desde la concepción estamos ante la realidad de un nuevo ser con su propia identidad. Este hecho, que marca el inicio de una vida, nos compromete a lo largo de toda su historia, principalmente desde el embarazo, pero también en su nacimiento, educación y desarrollo integral. No defendemos ideas, defendemos la dignidad concreta de todo ser humano.

 

Los ataques que sufre la vida se presentan en momentos de especial fragilidad, pienso en el tiempo del embarazo con el peligro del aborto, consecuencia de una mentalidad que ha perdido el sentido de su gravedad moral y cultural. Parecería que la vida del otro ha dejado de ser un límite a mi libertad. ¡A cuánto niños hoy se le impide nacer! Hay una crisis en el modo de vivir la exigencia de los valores, que va debilitando el sentido de responsabilidad social y política. Pienso en una niñez que crece sin referencias que la contenga, ni ejemplaridad que la anime; víctimas, en algunos casos, de la marginalidad. Pienso en la vida de los jóvenes frente al ataque de la droga que avanza con la complicidad del silencio y la impotencia de la autoridad. Pienso en el tema de la inseguridad que se vive, donde el paso del robo a la muerte se convierte en algo común. Estamos ante signos de una sociedad enferma que debemos asumir y de la que somos parte; no podemos ser espectadores que comentamos la realidad, sino comprometernos con los valores y la docencia de una cultura de la vida.

 

Es la vida humana la que ha perdido valor, por ello venimos hoy a pedirle a nuestra Madre en Guadalupe, “danos fuerza para amar y servir a la vida”. En primer lugar para amar a la vida como un don que poseemos y poseen nuestros hermanos, del que estamos agradecidos y nos sentimos responsables de su cuidado. El amor debe hacerse servicio a la vida. Aprovecho esta oportunidad para pedirles a los diversos candidatos políticos en este año electoral y con el respeto que me merecen, que presten una especial atención al tema de la vida en todo su desarrollo, y no tengan miedo en defender a la vida desde la misma concepción. La defensa de la vida es una causa que necesita claridad y compromiso. La importancia de este tema no admite ambigüedades, requiere de una clara definición que tutele el valor de toda vida humana. No es coherente con su fe un cristiano, o un político cristiano, que apoye el aborto. Esto venimos a hacerlo oración y compromiso a los pies de nuestra Madre en Guadalupe: Madre, le decimos, danos fuerza para amar y servir a la vida.

 

Al finalizar esta celebración, como lo venimos haciendo todos los años, vamos a iniciar el camino anual de la Misión Arquidiocesana haciendo entrega de una imagen de la Virgen de Guadalupe, Patrona y Misionera de Santa Fe. La Misión es signo de una fe madura y de compromiso eclesial. Una Iglesia que pierda su ardor misionero es una Iglesia que se va adormeciendo en sus pastores y en sus fieles, y va perdiendo el sentido de su presencia en el mundo. A esta exigencia de la fe se le agrega, además, la orfandad religiosa de un pueblo que hemos bautizado. ¡Cuánta gente vive con alegría el reencontrarse con su madre, la Iglesia, que un día los había bautizado, y que tal vez los había abandonado! Hay una deuda con el bautismo que hemos dado a nuestros hermanos. Por ello les recomiendo a todos, sacerdotes, religiosos o laicos, que sean generosos con su tiempo y animen a sus comunidades a asumir y ser parte de esta convocatoria que hace a la vida y madurez de nuestra fe, como a la presencia de la Iglesia en el mundo.

 

Queridos hermanos, solo me queda agradecerles esta fervorosa presencia que se renueva cada año en Guadalupe, que fortalece nuestros lazos de pertenencia y nos anima a renovar el compromiso de nuestra vida cristiana. Que María Santísima nos acompañe y que su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, sea siempre nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida. Amén.

 

2011: Aborto, derecho y libertad: abortistas pretenden convertirse en pequeños dioses

 

Días antes de las elecciones presidenciales y en el contexto del debate de proyectos de aborto que se dio en 2011 en la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados, monseñor José María Arancedo emitió el siguiente micro radial el 8 de octubre de 2011 por LT 9:

 

Cuando trato de comprender cuál es la razón última de quienes sostienen el aborto, llego a la conclusión de que se basan en un concepto del hombre y su libertad como algo absoluto, una suerte de un dios creador que no tiene límites. Parecería que las razones biológicas y científicas, que no dudan en hablar de vida humana desde el embrión, no son suficientes. Les cuesta reconocer esta realidad humana del embrión, es más, tratan de evitar que se presenten sus imágenes por la crudeza que tienen.

 

El no ver, parecería, tranquiliza la conciencia. Tampoco alcanzan las razones jurídicas, cuando se nos habla del derecho a la vida como el primer derecho del hombre y, por lo mismo, reclama ser tutelado por las leyes. No hay nada superior a la libertad del hombre entendida como un poder absoluto de decisión.

 

Habría, para esta postura pro aborto, una omnipotencia de la libertad personal que exime de toda referencia ética o jurídica que sea vinculante. Algunos lo justifican diciendo que esa vida aún no tiene voz propia, no es persona como nosotros, agregan. No es suficiente, para ellos, la verdad de un ser que está en camino y que, aún, necesita de ayuda. Lo que importa es la libre decisión de quién engendra y lo lleva, convirtiéndose en creadores, en pequeños dioses de algo que les es propio, y no necesita, ni admite, una tutela legislativa y jurídica. Es una suerte de creación, si es posible la comparación hablaría de una creación sin sentido de providencia o responsabilidad respecto a la vida engendrada.

 

Puede parecer un tanto simple esta presentación, pero creo que es necesario plantearla en estos términos para comprender el fondo de la cuestión. Estamos ante la gravedad de una cuestión que define no sólo el valor único de una vida, sino el alcance gnoseológico y ético de una cultura. Campea como telón de fondo los principios de una filosofía de corte constructivista que, aunque no se lo exprese claramente, lleva necesariamente al planteo de una moral relativista, donde todo es posible.

 

No podemos dejar de pensar, ciertamente, en los problemas que puede plantear un embarazo para la mujer. No se trata de una actitud que no tenga en cuenta esta realidad, por el contrario hay que asumirla; lo que si marca una diferencia frente a esa postura es que estamos ante una vida nueva con sus exigencias y derechos. Este hecho requiere una cercanía y acompañamiento a la mujer tanto de la familia como de la sociedad, pero nunca es una actitud humana y responsable resolver el problema quitando una vida. Es importante buscar respuestas educativas y propositivas frente a esta realidad.

 

¡Cuántos niños hoy están creciendo con la alegría y gratitud de sus madres, porque han tenido la cercanía de personas que han sabido acompañarlas! Pienso en la obra silenciosa de Grávida, que es testimonio de un amor auténtico y responsable. El verdadero concepto de libertad, por otra parte, no es un límite a la grandeza del hombre, sino una condición necesaria que hace de la libertad un signo de su dignidad.

 

Reciban de su Obispo en este mes dedicado a la Familia, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima.


MaterCare International: “Para promover la sociedad hay que defender a las madres”

(ZENIT) Las madres son importantes. Cuando una madre enferma o muere, sufre su familia, pero también su comunidad. Así, salvar la vida y mejorar la salud de las madres significa salvar y mejorar la salud de comunidades enteras. Es el sencillo axioma expresado por Donna Harrison, obstetra y ginecóloga estadounidense, durante su intervención en la octava conferencia promovida por MaterCare International, una organización de profesionales católicos en el campo de la obstetricia, que está teniendo lugar en Roma hasta el 4 de septiembre.

“En el mundo – explicó Harrison – las muertes causadas por problemas cardiovasculares, cáncer u otras enfermedades están distribuidas de una forma más o menos similar. En África hay un gran número de muertes ligadas al Sida, pero también por desnutrición y problemas relacionados con el embarazo y la maternidad, como hipertensión y hemorragias”.

Parece lógico por tanto intervenir en estos problemas para disminuir su incidencia, y de hecho, “hay un sensible descenso de la mortalidad de las madres cuando se invierten recursos en este campo, aunque sólo sea en antibióticos para las infecciones y sulfato de magnesio, muy económico, para tratar la hipertensión. Estas intervenciones podrían hacer descender la mortalidad de las madres en países en vías de desarrollo hasta un 75%”.

Aborto “seguro”

“En estos países – subrayó Harrison –, los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan la incidencia del aborto (tanto espontáneo como provocado) como causa de muerte de las madres con un porcentaje del 4 al 12 %, mientras que es del 8,2% en los países occidentales”.

A propósito de esto, señaló también que el aborto derivado de la asunción de medicamentos provoca complicaciones con una tasa del 20% contra el 5,6% del quirúrgico.

Esto lleva a reflexionar sobre la noción de aborto “seguro” e “inseguro”: “la palabra ‘seguro’ – subrayó la ginecóloga estadounidense – implica ausencia de riesgos, pero en realidad, el aborto causa la muerte del niño y riesgos a breve y largo plazo para la salud de la madre”.

La OMS, explicó, “asimila el término ‘seguro’ a ‘legal’, mezclando términos médicos y jurídicos”. Al contrario, “no seguro” “se usa para definir el aborto que tiene lugar sin estándares médicos mínimos respecto a los países con leyes restrictivas sobre el aborto”.

Esta falta de claridad terminológica permite, según Harrison, a la OMS “trabajar por la legalización a nivel mundial del aborto usando el eufemismo de ‘aborto seguro’”, induciendo a “una minusvaloración de los riesgos del aborto y creando una presión sobre los Gobiernos a favor de la legalización”.

Cuál es el ulterior efecto de esta equiparación entre “seguro” y “legal”? “Sucede – afirmó Harrison – que los datos sobre las muertes debidas a abortos inseguros desaparecen de las estadísticas, porque muchas intervenciones tienen lugar bajo la égida de la legalidad. Pero las mujeres siguen muriendo”.

Salud y pobreza

Quizás, entonces, no se trata sólo de un problema de seguridad de las condiciones en las que tiene lugar el aborto.

En este sentido, apuntó al ejemplo de Chile: “el aborto fue legal en este país desde 1931 hasta 1988 y el pico de mortalidad maternal se registró en 1961. La tasa de mortalidad comenzó a decrecer desde 1966: ¿cómo es posible? Antes de revocar la posibilidad del aborto terapéutico, en 1986, la tasa de mortalidad era del 17,2%; en 2007 fue del 1,7%. En realidad, este decrecimiento está ligado a una mayor esscolarización femenina y a la mejora de las condiciones de vida”.

No es casual, por tanto, que “más del 50% de la mortalidad materna en el mondo se concentre hoy en seis países: India, Nigeria, Pakistán, Afghanistán, Etiopía y República Democrática del Congo”.

Los objetivos del Milenio

En 2000, la Asamblea de la ONU anunció que la reducción de la mortalidad materna era uno de los tres objetivos del milenio en el campo de la salud.

Sin embargo, “no hay acuerdo sobre las modalidades con las que perseguir este objetivo”. “Hay una presión – denunció la ginecóloga estadounidense – hacia la afirmación de los derechos de la salud reproductiva entendida en sentido global, incluyendo el aborto, bajo la etiqueta de la mejora de la salud de las mujeres, oponiéndose a la educación, a la financiación pública de la planificación familiar y a las decisiones de conciencia del personal médico”.

¿Por qué no comparar los datos de un país antes y después de la introducción del aborto? “Encuadrar las muertes por complicaciones ligadas al aborto inducido – afirmó Harrison – daría a los políticos datos sobre los que tomar decisiones y respecto a los que controlar los efectos de sus decisiones”.

Para mejorar la salud de las mujeres es necesario “asegurarse de que las propias mujeres tengan acceso a los servicios y asistencia adecuada durante el embarazo y en el momento del nacimiento del niño, incrementar la alfabetización femenina para ayudarles a acceder al sistema sanitario, dar informaciones cuidadosas sobre el desarrollo del feto”.

“Hay que afirmar con decisión – invitó Harrison al auditorio – que un embarazo y una maternidad ‘seguras’ son el objetivo del milenio, y no el aborto bajo la etiqueta de ‘salud reproductiva’, y trabajar para que se reduzcan las causas de mortalidad con recursos destinados a combatir hemorragias e hipertensión, pidiendo también que la terminología ‘aborto seguro e inseguro’ se elimine por ambigua, y se informe de los riesgos a breve y largo plazo para la salud física y psicológica de las mujeres”. Sin olvidar el respeto a las culturas de los diversos países.

Pueblos y culturas

“Los políticos – añadió la doctora nigeriana Henrietta Maria Williams – deben comprender que algunas políticas en temas de salud reproductiva que ponen el énfasis en el uso de los contraceptivos y el aborto son ineficaces y no pueden ser aceptadas sin violar los valores culturales africanos”.

De hecho, “los valores socio-culturales de la maternidad, del matrimonio, de la fertilidad, de la castidad prematrimonial, de la familia extensa, han garantizado la supervivencia de los africanos en un continente hostil desde el que han poblado con éxito toda la tierra”.

“El África sub-sahariana – prosiguió Williams – registra el nivel más bajo de contraceptivos del mundo, menos del 20%. Las técnicas de control natural de la fertilidad, entre las cuales la NaProTecnology, por su gran eficacia suponen una opción válida y la esperanza futura para África”.

Estas, según Williams “son aceptables por todas creencias y las culturas, respetando la dignidad de las mujeres y del matrimonio, y al ser métodos naturales tienen pocos efectos colaterales, constituyendo, si se aplican bien, también un método de prevención del cáncer en las mujeres”.

“Deben ponerse en marcha – concluyó Williams – políticas adecuadas para promover la instrucción de la mujer y reforzar la movilidad social de aquellos segmentos de la población en condiciones socioeconómicas desfavorecidas”.

 

A favor de la maternidad, contra la discriminación de género

La organización de profesionales católicos en el campo de la obstetricia MaterCare International inauguró ayer 31 de agosto su octava conferencia internacional en Roma, con el patrocinio de la Pontificia Academia para la Vida y la contribución de la Federación Mundial de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC).

Esta organización internacional, que se reúne estos días en el Instituto Maria SS. Bambina de Roma, tiene como objetivo el servicio a la cultura de la vida donde corre mayores riesgos, en las áreas de crisis en las que las madres y sus niños son descuidados o abandonados.

El simposio trata sobre cómo proteger la dignidad de esta profesión en un contexto en el que la familia humana más débil parece amenazada por una cultura que le niega valor, y una práctica obstétrica ligada a un concepto de salud reproductiva entendida como la afirmación de nuevas tecnologías.

“El objetivo de la conferencia – afirmó Bogdan Chazan, del hospital Santa Familia de Varsovia, profesor de obstetricia y ginecología – es identificar los problemas y sugerir soluciones”.

“Aunque en India todas las religiones tienen en gran consideración la maternidad y su dignidad – afirmó en su saludo monseñor Thomas Dabre, obispo de Poona, en el estado de Maharashtra – las mujeres y las madres sufren enormemente por la persistencia de una difundida discriminación de género”.

Se registra “un creciente abuso de la amniocentesis: los médicos usan el diagnóstico prenatal del sexo con el objetivo de hacer abortar fetos o embriones femeninos”. “Maridos y mujeres – prosiguió monseñor Dabre – consienten en este test y esto explica por qué en algunos lugares de India las niñas son menos que los niños”.

“En India – recordó el prelado – 300 millones de personas son verdaderamente pobres. Viven con un dólar al día, y no son exageraciones”. En consecuencia, “muchas mujeres están desnutridas y en muchos lugares no hay facilidades para las mujeres embarazadas que se ven obligadas a trabajar”.

“La Iglesia – concluyó el obispo de Poona – está comprometida en ayudarlas, pero necesita la ayuda de programas específicos”.

Como el que MaterCare, ya antes muy comprometida en Haití tras la catástrofe humanitaria causada por el terremoto de enero de 2010, está llevando a cabo en Isiolo, un distrito en el centro de Kenia que se extiende hacia las fronteras con Etiopía y Somalia.

Aquí la asociación, en colaboración con el vicariato apostólico de Isiolo, está construyendo un hospital con 15 camas para ofrecer servicios obstétricos que ayuden a combatir la alta tasa de mortalidad de las madres y de sus niños.

“La de Isiolo – explicó a ZENIT el obispo local, monseñor Anthony Ireri Mukobo – es una región semiárida, donde hay actualmente en curso una sequía que ha provocado una gran carestía”.

“Las mujeres – explicó monseñor Mukobo – son las que más sufren por esta situación, porque es tarea suya buscar el agua y tienen que ir cada vez más lejos”.

La población es en gran parte nómada, y necesita hierba para alimentar al ganado; la supervivencia, si continúa la sequía, “está ligada a las ayudas de la Iglesia, que las busca entre sus amigos y que a veces obtiene algo del gobierno”. “Nuestra esperanza – concluyó monseñor Mukobo – es que en octubre vuelvan las lluvias y renazca la vida”.

Por Chiara Santomiero, traducción del italiano por Inma Álvarez

Declaración del Episcopado en defensa de la vida: de la madre y del hijo

(AICA) Hablar del tema de la vida en el actual contexto nacional, “tiene una significación muy concreta”, porque “hoy la vida está muy amenazada por la droga y las diversas adicciones, la pobreza y la marginalidad en la que muchas personas viven su existencia en un estado de vulnerabilidad extrema; también la delincuencia aparece hoy en forma frecuente como atentado contra la vida”, expresa la declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina que, titulada “No una vida, sino dos”, se dio a conocer hoy. “Junto con estos peligros  -añade la declaración- nos encontramos frente al planteo del aborto. Queremos afirmar con claridad: cuando una mujer está embarazada, no hablamos de una vida sino de dos, la de la madre y la de su hijo o hija en gestación. Ambas deben ser preservadas y respetadas. La biología manifiesta de modo contundente a través del ADN, con la secuenciación del genoma humano, que desde el momento de la concepción existe una nueva vida humana que ha de ser tutelada jurídicamente”, porque “el derecho a la vida es el derecho humano fundamental”. El siguiente es el texto completo de la declaración episcopal:
NO UNA VIDA, SINO DOS  “Elige la vida y vivirás” (Dt. 30, 19)
Durante este Año de la Vida, hemos reflexionado sobre ella y la hemos reconocido como un regalo maravilloso que recibimos de Dios, y que hace posible todos los otros bienes humanos. También hemos observado con dolor situaciones sociales en las que no se está promoviendo el valor supremo de la vida.

Hablar de este tema, en el actual contexto nacional, tiene una significación muy concreta. En efecto, hoy la vida está muy amenazada por la droga y las diversas adicciones, la pobreza y la marginalidad en la que muchas personas viven su existencia en un estado de vulnerabilidad extrema; también la delincuencia aparece hoy en forma frecuente como atentado contra la vida.

Junto con estos peligros nos encontramos frente al planteo del aborto. Queremos afirmar con claridad: cuando una mujer está embarazada, no hablamos de una vida sino de dos, la de la madre y la de su hijo o hija en gestación. Ambas deben ser preservadas y respetadas. La biología manifiesta de modo contundente a través del ADN, con la secuenciación del genoma humano, que desde el momento de la concepción existe una nueva vida humana que ha de ser tutelada jurídicamente. El derecho a la vida es el derecho humano fundamental.

En nuestro país hay un aprecio de la vida como valor inalienable. La vida propia y ajena es para los creyentes un signo de la presencia de Dios, e incluso a quienes no conocen a Dios o no creen en Él, les permite “sospechar” la existencia de una realidad trascendente.

Valoramos las recientes medidas adoptadas respecto del cuidado de la vida en la mujer embarazada. Es absolutamente prioritario proteger a las futuras madres, en particular a las que se encuentran en estado de marginalidad social o con dificultades graves en el momento del embarazo. Los varones, que también lo hicieron posible, no deberían desentenderse.

Deseamos escuchar, acompañar y comprender cada situación, procurando que todos los actores sociales seamos corresponsables en el cuidado de la vida, para que tanto el niño como la madre sean respetados sin caer en falsas opciones. El aborto nunca es una solución.

Una decisión legislativa que favoreciera la despenalización del aborto tendría consecuencias jurídicas, culturales y éticas. Las leyes van configurando la cultura de los pueblos y una legislación que no protege la vida favorece una cultura de la muerte. La ley, en cuanto base de un ordenamiento jurídico, tiene un sentido pedagógico para la vida de la sociedad.

Invitamos a nuestros fieles laicos y a todos los ciudadanos a reflexionar y expresarse con claridad a favor del derecho a la vida humana. Lejos estamos de desear que este debate provoque más divisiones en la sociedad argentina. Solicitamos, por ello, que las expresiones vertidas sobre este tema se realicen con el máximo respeto, eliminando toda forma de violencia y de agresividad, ya que estas actitudes no están a la altura del valor y de la dignidad que promovemos.

Invocamos la protección de Dios, fuente de toda vida, para que ilumine a los legisladores. En el marco del Bicentenario, cada vida humana acogida con grandeza de corazón renueva la existencia de nuestra Patria como hogar abierto a todas y a todos.

Buenos Aires, 18 de agosto de 2011. 159º Reunión de la Comisión Permanente

    Conferencia Episcopal Argentina+

“No paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera”

(HO) Perseguidos por la fe, defensores del no nacido, víctimas de las más variadas lacras sociales y naturales…, portan la Cruz recorriendo el dolor de Cristo revelando su sentido de esperanza, como manifestaba el Papa, recordando el amor de quien se nos entregó hasta el extremo.

Comentario de Benedicto XVI al Via Crucis

Un total de 150 jóvenes se han ido turnando en grupos portando la Cruz de la JMJ por las catorce estaciones de este ViaCrucis sin par, forjado con quince de los más bellos pasos de la Semana Santa española. Jóvenes de los más diversos rincones del mundo todos ellos que han representado el dolor humano que conocen bien, al que dan sentido gracias a Cristo, observando su dolor por amor a los hombres en su Calvario.

Jóvenes Provida de Madrid y víctimas del aborto; católicos perseguidos y marginados en sus países por ser fieles a su fe en Cristo; jóvenes que atienden a víctimas del SIDA y de la droga, o de aquellos consumidos en el materialismo; víctimas de la violencia, de la enfermedad o de calamidades naturales… Como ejemplo vivo de que el sentido del sufrimiento cabe buscarlo también hoy en día, y que el camino para hallarlo es Cristo.

Las estaciones están representadas por bellísimos pasos de la Semana Santa española, provenientes de toda la geografía española y construidos entre los siglos XVII y XX.

Al bellísimo comentario que acompañaba cada estación, adornado con elevados sones acompañando cada impresionante escultura de la Pasión de Cristo, se sumaba el Comentario de Benedicto XVI al Via Crucis vivido con un imprsionante recogimiento por el millón y medio largo de jóvenes peregrinos asistentes al acto religioso.

“Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos venían a la mente las palabras de san Pablo: «Cristo me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos? San Juan lo diceclaramente: «En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestravida por los hermanos» (1 Jn 3,16)”, señalaba el Papa.

“La pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario, se hizo uno denosotros «para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre… Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza»”

“Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amary de compadecer. Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación”, exhortaba el Pontífice, recordando que “sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo”

El Papa concluía animando a volver la mirada a Cristo, “colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive. La cruz no fueel desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de lapropia vida. El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo. Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz”.

 

LOS ABUELOS: el gusto por la Vida

Publicamos la carta que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, con motivo del día de los abuelos, la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, el próximo 26 de julio.

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                  Cualquier anuncio de un producto, cualquier presentación de algo resultón, busca para encauzarlo la bella figura de una joven, de un joven, con una música adecuada que se te cuela pegadiza, evitando a toda costa lo que pudiera distorsionar el objetivo del éxito, el triunfo de la ocasión.

Así, los ancianos no suelen figurar en los programas de ventas salvo que se trate de productos geriátricos, ni forman parte de ningún protagonismo en una sociedad que parece privilegiar a toda costa lo que deslumbra, lo que seduce, lo que conquista, lo que triunfa aunque haya que construir ídolos de plesiglass en el arte, en la cultura, en la política, cuya fecha de caducidad está controlada rigurosamente por quien en la sombra tiene el mando a distancia que maneja los hilos del mundo.

Los ancianos, los viejos, los jubilados, los abuelos… no cuentan. Tanto no cuentan que empiezan a molestar cuando su edad o su deterioro físico les hacen sospechosos de un estorbo fatal que se arrincona, se censura o se llega incluso a eliminar. Bajo el eufemismo de una “muerte digna” se pretende excluir a quienes se ha decidido que su vida no debe contar ya, que cuesta demasiado mantenerlos, que no producen nada, que complican los cálculos del egoísmo insolidario.

Frente a esta actitud, destaca el aprecio y la defensa por la vida que la Iglesia siempre ha mantenido y mantendrá. La vida en todas sus fases y circunstancias: desde la del no nacido hasta la del anciano o enfermo terminal. La vejez no es un estigma de castigo, sino un momento en donde poder testimoniar el gusto por la vida, esa vida cargada de experiencia. En este sentido, el Beato Juan Pablo II, en el jubileo del año 2000, durante un encuentro con el mundo de la «tercera edad», dio este precioso testimonio personal: «A pesar de las limitaciones que me han sobrevenido con la edad, conservo el gusto por la vida. Doy gracias al Señor por ello. Es hermoso poderse gastar hasta el final por la causa del reino de Dios».

Por este motivo, llegando la festividad de San Joaquín y Santa Ana, “abuelos” de Jesús por ser los padres de la Virgen María, la Iglesia mira con inmensa alegría y solicitud a nuestros venerables y queridos abuelos. El Papa Benedicto XVI ha escrito unas líneas en las que nos recuerda la importancia que tienen los abuelos en nuestra vida: «En el pasado, los abuelos desempeñaban un papel importante en la vida y en el crecimiento de la familia. Incluso en edad avanzada, seguían estando presentes entre sus hijos, con sus nietos y, a veces, entre sus bisnietos, dando un testimonio vivo de solicitud, sacrificio y entrega diaria sin reservas. Eran testigos de una historia personal y comunitaria que seguía viviendo en sus recuerdos y en su sabiduría… Ojalá que los abuelos vuelvan a ser una presencia viva en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. Por lo que respecta a la familia, los abuelos deben seguir siendo testigos de unidad, de valores basados en la fidelidad a un único amor que suscita la fe y la alegría de vivir».

Con inmenso respeto y con mucha alegría hacemos un homenaje a los abuelos, que siguen sosteniendo en tantos sentidos aquello que permite que la familia siga unida, no pierda sus raíces humanas y cristianas, y representan la sabiduría de quien ha relativizado lo que es secundario y trivial, mientras que no renuncian a lo que de suyo es lo único importante cuando del amor, la vida, la fe, la paz, o la fidelidad se trata.

Por tanta entrega generosa y gratuita, sincera y entera, por un amor que no se ha caducado sino mejorado con el paso de los años, por todo ello: gracias. Y que Dios les siga bendiciendo como a San Joaquín y a Santa Ana.

Fuente: ZENIT

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Educar en la fuerza de voluntad

Una de las grandes carencias de la juventud de hoy es la fuerza de voluntad, la energía interior para afrontar las dificultades, retos y esfuerzos que la vida plantea continuamente.

Desarrollar la capacidad de autodominio de los alumnos se ha convertido en un objetivo de primordial importancia, de modo que sean capaces de esforzarse para conseguir lo bueno, aunque cueste y la recompensa no se alcance enseguida.

El desarrollo de la fortaleza apoya el de todas las demás virtudes: no hay virtud moral sin el esfuerzo por adquirirla. En un ambiente social como el actual, donde el influjo familiar es cada vez más reducido, el único modo para que los jóvenes sean capaces de vivir con dignidad es llenarles de fuerza interior. La capacidad de esfuerzo está muy relacionada con la madurez y la responsabilidad.

Exigir también cuesta

La capacidad de exigencia amable de los padres y profesores va a marcar, en buena medida, el desarrollo de la capacidad de trabajo y esfuerzo, y de sus virtudes relacionadas (constancia, perseverancia, paciencia, etc.). Exigir también cuesta esfuerzo. Parece que todo va a ser más rápido y menos conflictivo si los educadores cargan con los esfuerzos, renuncias y sacrificios; pero sin ese esfuerzo no va creciendo la persona.

Entre los siete y los doce años transcurre el período sensitivo de estas virtudes: es cuando se aprenden con mayor arraigo y naturalidad. Si los alumnos se ven privados de los esfuerzos, los retos y las exigencias, llegará la adolescencia, con su crisis de madurez y no estarán dotados de energía interior para superar las dificultades. Nos encontraremos con que o no se dejan exigir, o – aunque entiendan lo que les decimos y deseasen actuar así – no tienen la fuerza y el entrenamiento necesario para conseguir las metas que se proponen.

Algunas veces, los padres pretenden evitar a sus hijos, con un cariño mal entendido, los esfuerzos y dificultades que ellos tuvieron que superar en su juventud: los protegen y sustituyen, llevándoles a una vida cómoda, donde no hay proporción entre el esfuerzo realizado y los bienes que se disfrutan. No se dan cuenta de que más que proteger a los hijos para que no sufran, se trata de acompañarles y ayudarles para que aprendan a superar el sufrimiento.

Autoconsciencia y voluntad

Para que un hábito bueno se convierta en virtud es necesario que haya autoconsciencia (entender qué y por qué se hace) y voluntariedad (querer hacerlo). Por eso es tan importante en la educación de las virtudes humanas, ayudarles a entender el esfuerzo que van a realizar como algo necesario y conveniente, y motivar y estimular sus deseos de esforzarse.

Educar la fortaleza supone poner los medios para que los alumnos sean capaces de emprender acciones que lleven consigo un esfuerzo prolongado, para lo que hace falta tanto salud física como fuerza interior. Esta es la razón por la que la práctica deportiva frecuente es un medio muy adecuado para promover la fortaleza en la práctica deportiva, han de superar la fatiga y el cansancio, llegar hasta el final con perseverancia, superar adversidades, etc.

Existen muchas oportunidades en la vida cotidiana de la familia y del aula para que los niños se ejerciten en resistir un impulso, soportar un dolor o molestia, superar un disgusto, dominar la fatiga o el cansancio, como – por ejemplo – acabar las tareas encomendadas en el colegio o cumplir el tiempo de estudio previsto antes de ponerse a jugar, cumplir su encargo con constancia, etc.

Hemos de valorar positivamente y reconocer su interés y sus esfuerzos, como “aguantar la sed” en una excursión o viaje, comer de (casi) todo o no comer entre horas, terminar bien un trabajo, dejar la ropa preparada por la noche,… De este modo fomentamos la motivación interna: la satisfacción de la obra bien hecha, la alegría del deber cumplido.

El ejemplo

Como siempre, el ejemplo de los educadores es crucial: aprenderán mucho observando la alegría en los sacrificios de sus padres y profesores. Quejarse del trabajo o de los esfuerzos que es preciso realizar contribuye a crear un ambiente familiar contrario a la fortaleza: hay que esforzarse porque no hay más remedio, porque la vida te obliga.

Es importante insistir a los padres en la importancia de la reciedumbre, o capacidad de realizar esfuerzos sin quejarse.

Sin miedo al fracaso

Junto a la reciedumbre, la valentía. Tener decisión y empuje, de modo que los “miedos” infundados no atenacen la personalidad y sean capaces de “dar la cara” cuando sea necesario sin acobardarse por el “que dirán” o por vergüenzas tontas.

Con audacia, sin miedo al fracaso – que para una persona fuerte no es más que una experiencia de la que puede aprender- ni a los riesgos. No se trata de empujar a los alumnos a la temeridad, sino de ayudarles a no ser cobardes ni tener miedo al ridículo. Sólo así serán capaces de comprometerse en empresas valiosas.

Con serenidad y equilibrio interior, de modo que no se desmoronen ante la contrariedad o los pequeños contratiempos e imprevistos. Con elegancia ante el éxito o el fracaso, sin perder la calma si las cosas salen mal. La paciencia tiene mucho que ver con la paz interior, con la serenidad, con la seguridad. Para educar en la paciencia hace falta un ambiente de seguridad afectiva y una exigencia serena. Si la exigencia es caprichosa, produce inseguridad. Necesitan aprender a esperar, a dar a cada cosa su tiempo.

En definitiva, la fortaleza dota a la persona de señorío sobre sí mismo, de autodominio (vencerse a sí mismo es la batalla más importante de la vida).

Posibles planes de acción educativa relacionados con la fortaleza:

– Enseñarle a no quejarse. o Hacer pequeños sacrificios para la buena marcha de la casa o de la clase. o Exigirle acabar lo que comienza. o Aguantar la sed en una excursión o el calor del verano,

– el cansancio, sin irlo pregonando cada dos minutos. o Superar, si aún perviven, los miedos infantiles de quedarse solo, o a oscuras, la vergüenza para hablar, o para reconocer la propia culpa, o el sentido del ridículo. o Tener paciencia cuando no le salen las cosas como él quería, o si sufre cualquier contratiempo (por ejemplo, no quejarse y patalear si se pierde en un juego). o Adoptar posturas correctas en clase y en casa, no tumbarse. o Procurar comer todo y terminar toda la comida. o Hacer los deberes antes de ponerse a jugar. o Levantarse a una hora fija y cumplir un horario. o Hacer bien los trabajos y tareas. o Cumplir su encargo en el momento previsto para ello aunque no tenga ganas. o Participar en un equipo deportivo. o Marcarse pequeñas metas y cumplirlas.

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La educación de la fortaleza

“En situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal, resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes.”

Es la virtud de los enamorados, de los convencidos, de aquellos que por un ideal que vale la pena son capaces de arrastrar los mayores riesgos, del que sin desconocer lo que vale su vida la entrega gustosamente, si fuera preciso, en aras de un bien mas alto,

Podríamos pensar que en los tiempos modernos no hay muchas posibilidades para desarrollar esta virtud. No quedan posibilidades de encontrar aventura porque todo está hecho, todo está descubierto, todo está organizado.

No se trata de realizar actos sobrehumanos: de descubrir zonas del Amazonas nunca pisadas por el hombre; de salvar a cincuenta niños de un incendio. Mas bien se trata de hacer las pequeñas cosas de cada día una suma de esfuerzos y actos viriles, que pueden llegar a ser algo grande, una suma de amor.

Ser extraordinarios en lo ordinario

Nuestros hijos necesitan saber que su vida sirve para algo; que, aunque tienen muchas miserias y su vida parece de poco valor, cada persona tiene una misión intransferible de glorificar a Dios. Puede y debe amar, salir de sí, servir a los demás, superarse personalmente para trabajar mejor

La persona que no quiere mejorar, que es egoísta, no tiene motivos para desarrollar la fortaleza porque es indiferente al bien.

La fortaleza es la virtud de los adolescentes porque, por naturaleza, son personas de grandes ideales, que quieren cambiar el mundo.

Si los jóvenes no encuentran cauces para estas inquietudes, si sus padres no los guían a aplicar estas fuerzas para el bien, ellas mismas pueden destruir en lugar de construir.

Si enseñamos a nuestros hijos a esforzarse, a dominarse pero no les enseñamos lo que es bueno, pueden acabar buscando lo malo con una gran eficacia.

Tradicionalmente se ha dividido la virtud de la fortaleza en dos partes:

Resistir y acomoter.

En contra de lo que comúnmente se cree, resistir en mas difícil que acometer, “es mas penoso y heroico resistir a un enemigo que por el hecho mismo de atacar se considera mas fuerte y poderoso que nosotros, que atacar a un enemigo quien por lo mismo que tomamos la iniciativa contra él, consideramos más débil que nosotros.

En la actividad cotidiana vemos que hay que resistir algunas molestias y al hacerlo, ya sabemos con claridad que va a resultar en nuestro propio bien (ej. Tomar un medicamento). Y hay otras molestias, que si no las resistimos, van a actuar perjudicialmente para una mejora personal. (resistir el cansancio y la rutina producidos por la asistencia a la escuela con horarios fijos)

Requiere menos esfuerzo resistir aquellas molestias que sabemos que van a resultar en nuestro propio bien. Cuando la finalidad es clara es mas fácil resistir las molestias. Es con este tipo de resistencia con la que podemos comenzar a educar a los niños pequeños en la virtud de la fortaleza. Aunque los niños pequeños viven el presente y es muy probable que un niño de seis años no acepte una inyección, aguantando sin quejarse aunque supiera que así se va a curar de una enfermedad.

Por eso no solo hay que buscar la motivación del estilo causa y efecto, sino también reforzar esa motivación con otras de acuerdo con la situación y características del niño. Ej: Dos niños juegan con algo que hace bastante ruido, justo cuando el bebé que no duerme bien, por fin de ha dormido. Su mamá les dice: “No jueguen a esto porque van a despertar al bebé”. En este caso se ve que esta pidiendo a los niños que resistan a algo que puede tener una consecuencia desfavorable par otros. Otro enfoque sería sugerir concretamente otro juego que pueden realizar los niños y explicar que así el bebé puede dormir. El primer caso requiere más esfuerzo por parte de los hijos el segundo menos

En el caso anterior los hijos deberían captar cómo en un esfuerzo que han hecho al servicio del hermanito o de la mamá se está relacionando el saber resistir con el amor, con la capacidad de amar.

Muchas veces los hijos resisten las dificultades y tentaciones por subordinación a las reglas establecidas por la autoridad de los padres, pero es necesario que estos buenos hábitos tengan sentido para los hijos. Cuando los chicos renuncian a algo atractivo por un bien mayor, y lo hacen por propia iniciativa y voluntad, esta virtud está en un camino seguro de desarrollo.

Mas difícil resulta que nuestros hijos aprendan a resistir molestias y dificultades que no tienen como consecuencias unos beneficios claros, sino que lo único que se obtiene como consecuencia es mantenerse en la misma situación, no empeorar. Ej: un chico está por iniciar una pelea con otro, sus impulsos internos lo empujan a pelear, si resiste sus impulso y no pelea no obtendrá ningún bien concreto, pero si no los resiste y pelea puede esto resultar sumamente perjudicial.

En la vida familiar existen posibilidades de cultivar este buen hábito, por ejemplo con las exigencias preventivas. Ej: Exigimos a nuestro hijo de 5 años que no cruce la calle solo por si acaso lo pudiera atropellar un auto. En este mismo sentido los niños mayores deben aprender por si mismo lo que les puede dañar, lo que influir perjudicialmente y, en consecuencia establecer sus propias reglas adaptadas a su situación real.

Ejemplo: Miedo a la oscuridad. Se espera que los hijos pongan algo de su parte, pero de acuerdo a sus posibilidades. No se trata de protegerlos para que no lleguen a tomar contacto con el objeto de su temor, sino graduar el contacto, ofreciendo la ayuda necesaria para superar las dificultades. Evitar los extremos como exigir que duerma solo en un lugar oscuro, enviarlo a cumplir un encargo en un lugar solitario y oscuro, o bien permitir que duerma con la luz encendida toda la noche. Debemos mostrar confianza en el, ayudarle con cariño, explicarle la situación y hacerlo esforzarse gradualmente. Ej: Si está acostumbrado a dormir con la luz encendida, apagar la luz del dormitorio y dejar encendida la del pasillo. Luego apagar esa luz pero estar en un lugar donde pueda oír nuestras voces, etc.

Es posible educar esta virtud a posteriori. Después de haber vivido una molestia o soportada una dificultad, ayudarle a superarlo.

Quejarse y permitir que los hijos se quejen es crear un ambiente en contra del sentido de la fortaleza. Esta es una costumbre muy difundida en nuestra época. La fortaleza supone aceptar lo que nos ocurre, no pasivamente, con deseos de sacar algo bueno de las situaciones dolorosas.

Los tres vicios que se oponen a la fortaleza son el temor, la osadía y la indiferencia.

Son indiferentes las personas que, por no reconocer su deber de mejorar o por no reconocer o querer enterarse de las influencias perjudiciales, adoptan una actitud pasiva, cómoda o perezosa.

Existe una tendencia en algunos padres a proteger y sustituir a los hijos en los esfuerzos que deberían realizar ellos, de tal modo que los hijos no aprenden más que a recibir. Estos padres están criando a un futuro indiferente.

Para que los hijos no lleguen a ser indiferentes en la vida, habrá que exigirles esfuerzo desde muy pequeños; esfuerzo en resistir (desde el bebé que llora por capricho hasta el adolescente que se pone de mal humor porque algún amigo lo ha hecho enojar)

También hace falta paciencia que es “la virtud que inclina a soportar sin tristeza de espíritu ni abatimiento de corazón los padecimientos físicos y morales”. Los vicios contrarios son la impaciencia y la insensibilidad.

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Cómo modelar valores

Por más que uno se proponga, como tantos posmodernos declaran, no intervenir en la vida de los hijos, en el mero hecho de estar con ellos y de ser percibido ya se está interviniendo. El hombre no nace, se hace. Se hace con aquello que sí nace, esa textura genética que lo configura y que no es más que materia prima. El hombre es la modelación de sí mismo. Escultor y escultura.

Miguel Angel esculpe piedras, mármoles. Pero la vida de Miguel Angel, en sí, es una obra que nunca termina de modelarse. Eso somos. Porque somos entre otros. Nacemos y ahí están los otros. Yo soy el otro de otro. Inter-actuamos, inter-crecemos, inter-venimos.

Por más que uno se proponga, como tantos posmodernos declaran con aire de grandeza redentora, no intervenir en la vida de los hijos, en el mero hecho de estar junto a ellos y de ser percibido ya se está interviniendo. No es necesario siquiera que le hable, ya está influyendo por medio de sus otros diálogos. Estamos, somos, influimos, los unos sobre los otros. Hay una bella página de William Faulkner, de su libro “Absalón, Absalón” que describe esta situación en una imagen memorable: “Uno nace y ensaya un camino, sin saber por qué, pero sigue esforzándose; lo que sucede es que nacemos junto con muchísimas gentes, al mismo tiempo, todos entremezclados; es como si uno quisiera mover los brazos y las piernas por medio de hilos, y esos hilos se enredasen con otros brazos y otras piernas… y es como si cuatro o cinco personas quisieran tejer una alfombra en el mismo bastidor; cada uno quiere bordar su propio dibujo.”

Eso que “uno quisiera” se entrama y complica con los hilos de las otras voluntades que se trenzan con la mía. Nos influimos. El mito más falso y absurdo de este siglo fue -y para muchos sigue siendo, en cuanto a vigencia-: ¡Que los chicos crezcan solos! Una broma. Triste broma. La mínima verdad enseña que se nace y se crece a la sombra de otros que ahí están con nosotros, antes que nosotros. Nuestros hijos, los actuales jóvenes advinieron, como todas las generaciones, a un mundo que -para seguir con Faulkner- es un amplio bastidor de valores y de modelos. Y cuando quisieron ensayar el propio dibujo terminaron haciendo, por cierto, el dibujo ajeno, el aprendido de padres, calle, televisión, políticos, los otros, todos los otros.

La pregunta por tanto, para ir al grano , no es: ¿Viste cómo es la juventud actual? -con supina admiración e inocencia-. Sino: ¿Viste lo que hicimos, nosotros, todos los otros que somos nos, para que la juventud actual sea como es? Qué hacer La sociedad, la totalidad de los otros, así la cinceló, y así salió. El tema no es para llorar ni para fustigarse el pecho con gemebunda mea culpa. No. El tema es preguntarse qué hacer para que los jóvenes no sean como son. Valores. Palabra que nos inunda por todos los resquicios de la realidad, cuando ésta amenaza con vagos naufragios. Valores. Y se habla de valores. Y eso es lo primero que hay que dejar de hacer: hablar. Tiempo es de modelar valores.

Los valores existen sólo y tan sólo en las acciones, y éstas no necesitan de palabras. La Madre Teresa nunca, creo, dio lecciones de axiología (ciencia de los valores). Dio, sí, lecciones de vida. En cada uno de sus actos y en todas las horas de su día. A nadie se le pide que sea de la altura espiritual del modelo citado. Pero sí se le pide que sepa que, quiéralo o no, está modelando. En el doble sentido del término:

a) es un modelo de vida que se muestra a los otros y, en particular y con especial influencia, a los jóvenes;

b) ese modelo -positivo o negativo- al influir, está modelando, dando forma, a otras vidas.

A los padres suelo decirles: -Todo programa de televisión que usted considere inadecuado para sus hijos, ante todo deje de verlo usted. Así de sencillo. Eso es un modelo. A nadie se le pide que cruce los Andes a caballo. Los valores formadores del bien no radican ni en la grandilocuencia ni en cúspides inaccesibles. Aparecen en la vida cotidiana de cada cual. Su vida de esfuerzo, trabajo, constancia, disciplina, es un modelo. Eso educa.

Si sugiere que lo mismo da estudiar que no estudiar, o que repetir el año no es nada trágico, también educa, pero hacia el lado opuesto, el negativo. Y estacionar frente al cartel que lo prohibe, también educa. Si usted lee un libro, usted educa. Si llora de dicha o de rabia porque Boca salió campeón también educa. Usted no lo sabía: usted siempre educa, siempre, implacablemente siempre.

Sugiero que abandonemos las grandes teorías, y las trasnochadas polémicas. Hay que empezar por casa. Ejercitarse. Aerobismo de valores. Por ejemplo, quedarse un fin de semana en casa y demostrarse y mostrar que también en casa uno puede disfrutar del ocio, con los otros, sin recurrir a diversiones envasadas. Sé que es mucho pedir, pero por algo hay que empezar. Podría inventar más ejemplos, pero no debo abusarme del lector y no provocar su enojo. Sugiero solamente que éstos no son tiempos de heroísmos gloriosos. El heroísmo, hoy, es de todos los días, de todos los hombres.

Todos somos, para bien o para mal, modelos de valores. Es el significado de la democracia. Es cierto que en Brasil no me consultaron acerca de la devaluación y tampoco a usted le preguntaron si hay que fomentar o no el odio al extranjero en nuestro país. Resígnese. Aspiremos, como decía Pindaro, “al campo de lo posible”. Y educar con ejemplos de valores positivos es posible, y ahí el protagonista es usted, yo, nosotros.

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La educación temprana de la inteligencia y la voluntad

La clave o el tono en el que tenemos que educar en estos momentos, creo que está marcado por dos puntos: uno de ellos es la fortaleza.

Los chicos deben ser fuertes pero la influencia del ambiente también es muy fuerte, entonces es importante la capacidad de adaptación. Creo que la imagen del junco la explica bien, que los chicos no se quiebren pero que “puedan” doblarse, cambiar de posición.

Esto es lógico pero no es fácil, en general se nota que los padres ante los cambios y situaciones imprevistas que se les presentan reaccionan de dos maneras:

1- Con rigidez: es el padre que no puede tolerar la situación y cubre a sus hijos de un autoritarismo lleno de negativas, que desgastan la relación con ellos de modo que lo que no pierden por falta de límites lo pierden por falta de comunicación.

2- Con inocencia: no entienden lo que pasa con sus hijos, no saben qué hacer y no enfrentan la situación. Son los que no ven lo evidente “que ponen las manos en el fuego por Fulano” y terminan quemándose. Las cosas están cambiando mucho y a un ritmo vertiginoso. No podemos educar con un el mismo esquema de hace cinco años.

Hablamos de fortaleza y de capacidad de adaptación. ¿cuál es la persona firme? Es la que tiene convicciones propias y no se dobla, se adapta. Son cualidades propias de las personas con voluntad fuerte pero también con mente clara. La diferencia entre debilidad y capacidad de adaptación es que el débil no piensa, claudica, cede, no tiene capacidad de actuar por motivos propios.

El que se adapta, razona, pondera motivos, reflexiona. Es evidente que inteligencia y voluntad marchan siempre juntas. No se puede querer el bien de manera estable y fuerte si no hay posibilidad de reflexionar sobre él.

La voluntad es el motor, es la causa del obrar, es la principal fuerza que integra el carácter de una persona. La tarea educativa tiende a ayudar a lograr la coherencia interna, las convicciones profundas y la firmeza para actuar. Y en esto interviene el factor intelectual como pieza importantísima: si decimos que la voluntad quiere lo que la inteligencia le muestra como verdadero, deducimos que el hombre elige en proporción a los que sabe. Por eso no podemos educar sin poner constantemente “motivos” para actuar.

Hay un abismo entre ordenar porque no hay más remedio a ordenar porque lo veo necesario.Educar la voluntad es lograr que quien ya puede apelar a su razón quiera ser ordenado, responsable, etc., y que entienda que para él eso es bueno.

Pero otro problema con el que muchas veces nos encontramos es con la barrera de la “incapacidad”; es el caso del chico que “quiere” pero no “puede”. ¿Qué decimos de un chico así? Que “no tiene hábitos”.

Los padres deben comprender que es cuestión de que el hijo adquiera en su niñez lo que transformará en virtud cuando él libremente lo asuma con su inteligencia. De ahí la importancia de crear en nuestra familia un ambiente lo más estable posible para contrarrestar la falta de estabilidad de afuera. El ambiente de un chico no es sólo su familia y el colegio, es la TV, el club, los amigos, los juegos, la computadora. Antes existían hábitos adquiridos en la primera infancia porque los estímulos eran estables por sí mismos: roles familiares, horarios, diversiones, el tiempo, etc. Tal vez no había motivaciones de fondo pero “ese clima” facilitaba la formación de “cerebros ordenados”.

Actitudes que facilitan esa estabilidad:

Ambientes predecibles: donde las conductas de cada miembro tienen siempre las mismas consecuencias.

Ambientes consistentes: donde las reglas de la casa no cambian de un día para otro.

Ambientes explícitos: donde lo que se espera de cada uno lo saben todos.

Estimular en positivo: reconocer lo logros antes que pretende evitar los errores. Explicar los motivos por los que pedimos o enseñamos algo. Saber cuáles son los motivos que mueven a actuar de una determinada manera. Según sus motivos, razonar los nuestros. Saber preguntar.

En el futuro, sobre este marco vendrán “los motivos” de la rebeldía, de la TV, de la presión social, pero por lo menos, les hemos dejado la mejor herencia que se puede dejar a un hijo que es su capacidad de valerse por sí mismo y su seguridad personal.

Tomado de Información para padres
Boletín 2/2000- CEDEF
Por la Lic. Florencia Amaya

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Adolescencia

Llega a una edad en la que el niño deja de serlo y no es todavía un adulto. Edad en que se produce una especie de ruptura de equilibrio en vista de un equilibrio nuevo y de la conquista de la personalidad, que harán poco a poco de este niño no sólo un joven o una joven, sino tal joven -chico o chica- determinado.

 

 

Resulta de esto un período de crisis que comienza, en general, hacia los trece años y que puede durar dos o tres.

Con frecuencia, en este período, los padres, que han olvidado por completo lo que a ellos mismos les pasó, se sienten desorientados, porque no reconocen ya a sus hijos. Lo primero que ha de hacerse es no asustarse. Se trata de una crisis normal, que pasará con tanta mayor rapidez y facilidad cuanto más los padres se esfuercen en comprenderla.

El adolescente, que deja de ser un niño, comienza por tener una crisis de emancipación. No quiere formar parte del mundo de los pequeños; no quiere ya ser tratado como un niño; no les gusta que le hagan decir sus lecciones; no quiere que se le mande por la noche a acostar; se molesta por la menor observación, sobre todo si se la hacen delante de hermanos y hermanas más pequeños.

Este deseo de emancipación es la manifestación de un progreso natural en vías de evolución. Sería en vano y peligroso intentar dominarlo por la fuerza.

Lo que caracteriza la adolescencia es una transformación fisiológica. Importa, pues, que los padres hayan prevenido a tiempo a sus hijos. Pero en cualquier caso resultará de ello una fragilidad física, una inestabilidad de carácter que es necesario tener en cuenta.

No hay por qué extrañarse en este período de cambios de humor, arranques no razonados, desigualdad en el trabajo, sucesión imposible de prever de alegría ruidosa y gesto sombrío.

El adolescente siente la impresión de no ser él mismo. No comprende lo que pasa en él. Siente más o menos confusamente algo en sí más fuerte que él mismo… Pero difícilmente lo afirmará. No aceptará con gusto reproches o reconvenciones, y éstos le producirán, en general, la sensación de ser un incomprendido.

Los adolescentes intentan, con frecuencia torpemente, afirmar su naciente personalidad oponiéndose a la tradición, al conformismo, al criterio de los adultos. Pocas veces tienen pensamiento propio y reflexivo. La prueba es que varía con mucha facilidad sobre el mismo asunto en algunos días de intervalo. Pero se colocan instintivamente en la oposición de lo que vosotros afirmáis. No saben siempre lo que quieren con precisión. Por lo menos, quieren algo distinto de lo que vosotros queréis, y con frecuencia lo contrario de lo que deseáis. Por otra parte están dotados en esta época de una plasticidad artística y de artesanía que los capacita para interesarse por las actividades más inesperadas, a través de las cuales buscan su orientación y realizan la selección de sus gustos y aptitudes.

En esta edad, que se llama impropiamente “la edad ingrata”, no les es suficiente que los quieran, y -hecho que desconcierta mucho a las madres- hasta los abrazos, los mimos, las manifestaciones de cariño familiar, los encuentran indiferentes, si no son hostiles. Lo que ellos quieren es no sólo ser amados; es amar por sí mismos y elegir sus amistades, naturalmente, fuera de su casa.

Son capaces, a la vez, de un egoísmo casi cínico para todo lo que concierne al cuadro familiar y de una abnegación espléndida fuera; por los pobres, por un ideal, por un movimiento político o religioso.

Es la época en que principalmente conviene orientarlos, sin imponérselo nunca, hacia una organización de juventudes. La abnegación con que se entregarán a ella será tal vez lo que mejor podrá ayudarlos a salvar ese período de crisis y a volver a encontrar el equilibrio en las mejores condiciones: dándose es como se equilibrarán.

Para los jóvenes es la edad de la pasión amorosa; por un profesor, por una profesora. Si el objeto de la pasión es algo bueno y equilibrado, no hay que inquietarse; pasará por sí solo.

Si la evasión del medio familiar no se orienta hacia una organización juvenil, el adolescente puede desviarse en otros sentido, no sin peligro: el de los sueños, la imaginación; es la edad por excelencia del romanticismo y de lo novelesco.

No os extrañéis si en esta época vuestro hijo no quiere salir con vosotros. Lo importante -pero este importante es esencia- es que el medio en que busque sus diversiones y descanso sea moralmente sano. Aquí también interviene la elección de la organización juvenil que mejor responda a sus aspiraciones.

Estos niños grandes son capaces de entusiasmarse por las cosas grandes y bellas, como también por cualquier pequeñez. No se os ocurra burlaros; son muy susceptibles. No intentéis adivinarlos; son muy suspicaces: se repliegan en sí mismos y se cierran más; son muy celosos de su autonomía, de su independencia: su personalidad se yergue. ¡Son muchachos mayores, no chiquillos! Sobre todo, que no les parezca que se los vigila.

Esta última palabra me trae a la memoria la distinción un poco sutil, pero fundamentada, que se estableció un día entre dos traductores del mismo término griego “episkopein”, de donde procede la palabra obispo; una de las traducciones, que siguió literalmente los elementos de la composición del verbo griego, dio “vigilar”. El otro invirtió, podría decirse, el orden de los factores y dio “velar por”. Se ve enseguida la diferencia. Un padre no vigilará a su hijo ya mayor, tendrá confianza en él; pero velará por él para hacerle aprovechar las ocasiones de demostrar su talento o sus cualidades.

Dad a vuestros adolescentes ocasión de contribuir activamente en las decisiones comunes relativas a la casa. Será un medio de dominar razonablemente la exagerada tentación de evadirse del hogar familiar.

La experiencia demuestra que los muchachos cuya opinión se tiene en cuenta en los asuntos del gobierno de la casa, alimenticio, de diversiones, radiofónico, etc., en el seno de la familia, buscan menos que otros ejercitar la libertad fuera.

Sobre todo, ante las manifestaciones de independencia, de evasión, de oposición, de vuestros hijos y de vuestras hijas adolescentes, no dramaticéis. Nada de escenas, lágrimas o reproches…; menos aún violencias.

En esta edad más que nunca, saben persuadirlos y procurad no obligarlos.

Cuando deseéis conseguir alguna cosa de ellos, apelad a los móviles más elevados; no os apoyéis en motivos exclusivamente utilitarios; a pesar de las apariencias, están en la época de los idealismos desinteresados. Es también la edad de la poesía, en la que gusta hacer versos sobre todo y a propósito de todo.

En términos generales, evitad el burlaros de ellos; mostraos compasivos; más aún; hacedles sentir que los comprendéis. Conservaréis de esta manera ante ellos la autoridad moral, de que tanta necesidad tienen, sin que lo sepan, para ayudarlos a canalizar en buen sentido las fuerzas nuevas y magníficas que los encaminan hacia la edad adulta.

Tranquilizaos; esos años difíciles pasarán. Si vuestros hijos comprenden que los amáis por sí mismos, que no solamente no queréis impedir que crezcan, sino que deseáis ayudarlos a conseguir una personalidad de hombres o mujeres dignos de tal nombre, vuestros hijos y vuestras hijas conservarán su confianza en vosotros o, pasada la crisis, sentirán y os demostrarán un afecto redoblado.

Por Gaston Courtois

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Lo que los adolescentes esperan escuchar

Cinco mensajes que quieren oír ¿Los pronunciamos alguna vez?

¿De qué hablamos con nuestro hijo adolescente? Quizá, lo primero que se nos venga a la cabeza sean los gritos a causa de las notas o porque el fin de semana ha llegado más tarde de lo habitual a casa. A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.

Si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse peligrosamente a reconvenciones y críticas…

Y, sin embargo, nuestro hijo tiene unas necesidades especiales de comunicación: espera que tomemos la iniciativa.

A lo largo de las siguientes páginas describiremos en detalle los cinco mensajes que la mayoría de los adolescentes – nuestro hijo también – están deseando oír de nuestros labios. Sus necesidades especiales de comunicación requieren de nuestra parte una postura más activa.

ORGULLO

MENSAJE PRIMERO: “Estoy orgulloso de ti”.

Con esta frase tan simple, ayudamos a construir la autoestima de nuestro hijo. Es probable que se la digamos cuando consigue algún éxito, pero un adolescente la necesita especialmente cuando falla. Estamos orgullosos de él porque es nuestro hijo… y no hacen falta más motivos. Y, sin embargo, muchos adolescentes de hoy en día pueden no tener la suerte de escuchar este mensaje a menudo.

Deberíamos estar orgullosos de nuestro hijo y reconocerle por lo que es y por los esfuerzos sinceros que hace por mejorar, sin compararle con otros y sin establecer metas arbitrarias como sacar todo sobresaliente, por ejemplo. Sentirse orgulloso de un hijo no debería de los puntos anotados en un partido de baloncesto, por ejemplo, ni de las notas conseguidas.

Puede que resulte difícil estar orgulloso de un hijo cuando toma decisiones equivocadas o cuando falla. Sin embargo, nunca, nunca, debemos permitir que se esfume el cariño. Cuando falle, no diremos: “no llegarás nunca a ninguna parte”. Un simple descuido y cuatro o cinco palabras pueden llegar a herirle profundamente. En nuestro hijo adolescente hacen el efecto de: “estoy disgustado contigo como ser humano”.

AQUÍ ESTOY

MENSAJE SEGUNDO.

“Puedes acudir a mi para que te haga falta; siempre estaré aquí para escucharte”.

Un adolescente da mucha importancia a poder acudir a sus padres cuando existen problemas; aunque exista rebeldía, en los momentos difíciles necesita tener una seguridad: “mis padres están ahí”. Sin embargo, si no le prestamos atención cuando lo está pasando mal, le estaremos dando una buena razón para que se las apañe por sí solo y busque consejo y ayuda en otros lugares.

Hay que escucharles, sin querer hablar y pontificar continuamente. Así, dejamos claro a nuestro hijo que: “Eres importante para mi”, “me preocupo de las cosas en las que tú estás interesado”, “me gusta escuchar tus ideas y opiniones”. Escuchar con atención también estimula el deseo de hablar de los hijos. Se construye un ambiente de respeto y afecto mutuo.

COMPRENSIÓN

MENSAJE TERCERO: “Quiero comprenderte”

A veces, es frustrante ser padre. Continuamente oyendo los prejuicios de los quinceañeros que afirman que somos una generación antigua y que no les comprendemos… No hay duda; es difícil comunicarse con los adolescentes.

Muchas veces, cuando nuestro hijo nos acusa de que no le comprendemos es tan sólo una manera de defenderse. Confunde “no comprender” con “no estar de acuerdo”, por lo que no hemos de dejar que nos manipule. Si nos acusa de que no le comprendemos, hemos de decir a nuestro hijo que nos ayude: “Quiero comprenderte, cuéntame más, que sientes…”.

Si tenemos la sospecha de que lo único que ocurre es que simplemente no estamos de acuerdo con él, podemos repetir lo que nos dice, sus argumentos, sus ideas, hasta que se dé por satisfecho y entonces: “Ves que comprendo lo que quieres decir y por qué; si no es así, quiero llegar a comprenderlo. Pero me parece que nuestro problema no es de falta de comprensión sino de falta de acuerdo”.

CONFIANZA

MENSAJE CUARTO: “Confío en ti”.

Contar con la confianza de sus padres es importante para un adolescente. “Lo más dañino que me han dicho mis padres en mi vida fue que nunca podrían volver a confiar en mí”.

Nuestro hijo necesita que le digamos que nuestra confianza en él se desarrollará gradualmente en la medida que adquiera nuevos conocimientos y experiencias en esas situaciones que requieran la confianza. No podemos pretender que nuestro hijo de quince años conduzca un coche – aparte de que es ilegal – porque no tiene la experiencia necesaria que nos permita confiar en su buen juicio.

Pero hay otra razón por la que nos cuesta tanto a los padres confiar en nuestros hijos. Nos conocemos bien a nosotros mismos y, seguramente, hemos experimentado de primera mano todos los riesgos, situaciones y peligros de esta etapa. Sabemos qué fácil es ceder a las presiones del ambiente cuando no se está preparado. Esto nos previene de dar a nuestros hijos una confianza sin límites.

De hecho, no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo de padres si permitimos que nuestros hijos se encuentren en situaciones donde el grado de riesgo es más elevado que su nivel de madurez.

CARIÑO

MENSAJE QUINTO: “Te quiero”.

A veces, podemos perder muchas oportunidades de expresar amor y cariño – y de recibirlo – sólo porque no nos lo hemos propuestos como un objetivo consciente. Y, sin embargo, es el mensaje más importante que chicos y chicas quieren oír de sus padres.

El amor es el ingrediente esencial de una familia sana. Un “te quiero”, dicho en voz alta y a menudo, nos ayuda a saber quiénes somos y por qué hemos nacido. Cuando un adolescente no está seguro del amor de sus padres, los otros cuatro mensajes anteriores no significan nada. Necesitan que le digan que les quieren y que se lo demuestren. ¿Cómo pueden estar seguros de que les quieren si nunca se lo han dicho? ¿Cómo pueden estar seguros si sus padres nunca pasan el tiempo con él?

La manera de demostrar el amor a un hijo se deletrea con estas letras: T – I – E – M – P – O. Darle regalos, proveerle de comida y ropa, mostrarle cariño de otras maneras está bien, pero también hay que estar dispuesto a perder tiempo con nuestro hijo adolescente: ir de pesca, ir de tiendas juntos…

Relacionarse, comunicarse, cuesta trabajo. Esto ocurre en el matrimonio, en la amistad… y en la relación entre padres e hijos. Con un adolescente cuesta más, porque crece y gana más independencia constantemente, y por eso puede llegar a frustrarnos. No dejemos que ocurra en nuestra familia.

PARA PENSAR

– ¿Habéis dicho alguna vez a vuestro hijo: “Hijo, ¿sabes que estoy orgulloso de ti, y no me importa nada más?” La palabra orgullo en este contexto se relaciona cercanamente con la de amor. Así, vuestro hijo sabrá que queréis decirle que estáis felices porque él es vuestro hijo.

– Cuando mejoréis vuestro modo de escuchar, vuestro hijo también aprenderá a escuchar mejor. Imaginad el impacto positivo que tendrá en la calidad de la conversación en vuestro hogar.

– Vuestro hijo adolescente necesita abrir una cuenta personal de autoestima basada en lo que es como persona, no por sus actuaciones diarias. Así, cuando falle, puede retirar de esa cuenta la cantidad necesaria. Si no tiene ese reconocimiento, puede acudir a lugares equivocados en su busca.

– No se trata de decir: “Comprendo exactamente cómo te sientes”. Suena a querer desmarcarse de sus sentimientos y querer buscar una solución rápida al problema.

– Existe el peligro de poner un nivel demasiado alto a los hijos. Si los adolescentes llegan a creer que necesitan sacar todo sobresalientes para que sus padres les acepten, pueden deducir que a sus padres sólo les importa los éxitos… no las personas. Y así, como resultado, no intentarán hacer lo mejor que puedan.

– Es importante que le ayudéis a tener esta distinción clara en la cabeza: se puede aceptar a la persona aunque no se apruebe el comportamiento. Estáis orgullosos de él, porque en vuestro hijo, pero no de lo que ha hecho, dejándole claro que vuestro enfado se refiere sólo a sus acciones, no a él como persona.

… Y ACTUAR

Podemos ser tan despistados, ocupados en tantas cosas intrascendentes, que nos olvidemos de las necesidades comunicativas de nuestros hijos. Si disponemos de una agenda de trabajo, o un calendario que veamos todos los días, podemos hacer alguna señal para recordar: “Ojo, en esta semana no he hablado con mi hijo ni una sola vez”.


Tomado del Servicio de Documentación de IRABIA – ENERO DE 1998
 
Por el Lic. Eduardo Cattaneo

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La etapa de la juventud

Esta parte de la vida está comprendida entre la infancia y la edad adulta. Podemos hablar de tres rasgos en su desarrollo: a) desarrollo orgánico, b)desarrollo social y c) desarrollo espiritual.

a) El desarrollo orgánico del joven modifica formas y funciones del cuerpo el cual se va transformando paulatinamente en adulto.

b) El desarrollo social del joven hacia la independización del hogar paterno y el familiarizarse con nuevas relaciones sociales es un proceso natural, radica en la propia naturaleza humana.

c) El desarrollo espiritual, a diferencia de los dos anteriores, no es un proceso natural, es un proceso cultural que se despliega en el juego conjunto de autoeducación y educación receptiva, con dificultades y esfuerzos orientados a conseguir la perfección. Precisando, además, de la maduración de funciones fundamentales como son las intelectuales, emocionales y volitivas; esto formará un adulto autónomo con valores y valoraciones, ideas e ideales orientados en un orden axiológico. Podemos dividir la etapa juvenil en cuatro fases:

– Prepubertad: en el sexo femenino comienza aproximadamente a los 10 y a los 11 en el masculino.

– Pubertad: 13 años y 14 años respectivamente.

– Crisis juvenil: 14 años para las niñas y 16 años para los muchachos.

– Adolescencia o juventud: para las jóvenes los 15 años y para los jóvenes los 17 años.

1)Prepubertad: Dejemos de lado los cambios físicos, por todos conocidos, que se operan en esta etapa y profundicemos en lo intelectual-afectivo-volitivo, ámbitos sobre los que se ven reflejados dichos cambios.

Labilidad del comportamiento: La conducta se hace disarmónica, por lo que decimos que hay labilidad del comportamiento, alternancia entre travesuras y relajamiento, batir un récord a toda costa y la pereza total, osadía y timidez, comunicabilidad e impenetrabilidad.

Disminución del rendimiento: Labilidad, negativismo y laxitud provocan una disminución visible del rendimiento tanto en el colegio como en el seno familiar. En la escuela están distraídos, aturdidos, olvidadizos y no muestran interés. En vez de atender en clase, se quedan “en babia”, charlan, se ríen o leen bajo el banco papeles que van de mano en mano. Descuidan las tareas de su casa, sus carpetas dejan mucho que desear en cuanto a orden y limpieza se refiere. Hasta su escritura se muestra deforme, irregular con borrones y enmiendas frecuentes, lo que refleja la desintegración del movimiento por el crecimiento desmedido de los miembros superiores.

Todo el organismo psicofísico se inclina a una mayor fatiga, debido a que los órganos interiores no crecen en la misma proporción que las piernas y por eso sufren sobrecarga, particularmente pulmones y corazón. Por lo tanto su tamaño externo suele confundir en cuanto a su capacidad, pero en tanto no se complete el desarrollo interno, se debe dosificar el esfuerzo en esta etapa.

Son muy frecuentes los problemas de salud debido a una labilidad neuro-vegetativa, en especial problemas cardíacos, circulatorios, perturbaciones psicógenas y neuróticas. Desintegración y transformación psicológicas: Los caracteres de la etapa antes mencionados derivan en esta desintegración y disarmonía íntimas, para dar lugar a cambios profundos:

* transformación del pensamiento concreto en pensamiento abstracto: el pensar intuitivo concreto cambia por el pensar abstracto, es decir, no necesita ya asirse a las imágenes representativas del objeto; va independizándose de ellas. Esto se refleja en la formulación de definiciones. Empiezan a resolverse las operaciones lógico-formales; los alumnos se vuelven ahora maduros para el álgebra, su expresión oral y escrita gana en cohesión y lógica (supuesta la disciplina escolar necesaria). También se desarrolla el pensar técnico-constructivo que se iniciara a los 9 años.

* transformación de la memoria mecánica en lógico-discursiva: hasta los 12 años poseía el niño una memoria mecánica notable, a partir de esta edad decae su rendimiento puesto que su pensamiento se transforma y necesita relacionar lógicamente los contenidos para retenerlos.

* fantasía y problemática sexual: el abismo existente entre el ardiente desear y la dura realidad lo salva la fantasía, de ahí la importancia de la misma para llenar las lagunas de lo ignorado. Esto explica lo dañinas que resultan las publicaciones de tipo pornográfico, y lo necesaria que es la información verdadera y la formación en los valores para proporcionar al joven una piedra firme de la cual asirse en los momentos difíciles de la vida.

Formas de emancipación: Este afán de autodeterminación e independencia es la causa de formas de comportamiento que han inclinado a designar esta etapa como la segunda edad de la obstinación ya que la primera de similares caracteres se da entre los 3 y 5 años. Oponen resistencia al continuo tener que obedecer, a todo tipo de sujeción y responden con “obstinación” a toda intromisión en sus asuntos. La emancipación está dirigida a toda autoridad educadora, comenzando por los padres y siguiendo por los profesores. La voluntad y el mundo interior: La voluntad casi nada puede frente a los violentos impulsos que ahora aparecen, pues se hallaba ocupada en la conquista del mundo exterior, no es capaz de dominar el mundo interior recientemente descubierto. La voluntad poco puede frente a los violentos impulsos que ahora aparecen. De allí la necesidad de reforzarla mediante actividad física, mental y espiritual de tipo altruista.

Acciones pedagógicas: Es de fundamental importancia ver -detrás de la hostilidad, apatía, terquedad, afán de vivencias, emotividad- una gran inseguridad y una ardiente búsqueda. Por eso decimos que el prepúber necesita que se lo comprenda, que se le hable con suavidad pero con firmeza, con interés pero orientándolo, debido esto a que perdió su escala valorativa de la niñez y aún no ha adquirido la de su vida madura. Por ello su visión es crítica en el aspecto negativo de la palabra. Es necesario para una acción pedagógica eficaz tratar de ver lo positivo que nos presenta esta etapa como el afán de experiencias, su necesidad de conocer cosas nuevas, su emotividad de modo de canalizarlas no sólo hacia una instrucción sino a una educación integral.

2) Pubertad: A medida que va desapareciendo la disarmonía puberal, disminuye la desintegración de la conducta, típica de la etapa anterior. Las formas negativas de la conducta cesan repentinamente. Comienza a experimentar su mundo exterior: pensamientos, sentimientos, emociones, impulsos, aspiraciones y deseos, descubre su yo psíquico. Además descubre el mundo psíquico de los que lo rodean, estableciendo una distinción entre ambos. Descubre su yo, pero también alcanza la facultad de comprender el obrar y comportamiento exteriores de una persona por los motivos psíquicos, por los rasgos de carácter, por los sentimientos.

Comprensión de los fines: Hay una comprensión teleológica, es decir, de los fines que le permite introducirse en el mundo del espíritu. Logra ya el acceso a los valores de bondad, belleza, verdad, santidad. De este modo su mundo no solo se amplía hacia su interior sino hacia arriba hacia las ideas y lo espiritual. Por eso busca apoyo en el mundo de los valores. Concepción idealista del mundo: Al púber, al buscar valores, se le hace indiferente el mundo de las realidades concretas, y su interés es absorbido por las valoraciones. Es característico de los púberes una imagen idealista del mundo. Esto se da no solo en la conducta práctica, sino también en el juzgar, en la actitud frente a las realidades del mundo exterior. Desde que la creencia infantil en la autoridad se ha quebrantado, intenta juzgar con un criterio independiente el mundo cultural exterior y el mundo endopsíquico (interior) .

Sobreestimación del yo: Los jóvenes se consideran a sí mismos muy importantes, se encierran en sus sentimientos, sobrestiman su vivencia, y dictan sus juicios, creyéndolos el “sumum” de la sabiduría. La autoformación: El despertar del afan de valer pertenece a la pubertad espiritual; por eso carece de la espontaneidad propia de los procesos biológicos, pudiendo no darse en absoluto o apenas. Por eso, en la medida en que aparece el afán de valer, despierta también la voluntad de formarse y perfeccionarse a sí mismo. Despierta en él la conciencia de que es necesario poner en orden el caos interior. La incipiente voluntad de autoeducación caracteriza el comienzo de la pubertad espiritual.

Elección del garante ético: La atención del joven se fija en alguien que personifique en su vida, carácter, valores, lo que a él le parece puro, bueno u noble. No es de extrañar entonces, que considere a tal persona como la encarnación de un orden de valores, e imite su ejemplo. Ante todo tiene que ser una persona que vea y comprenda las dificultades y luchas del joven, y que aún tenga sus propias luchas y dificultades, aunque sea ya una personalidad madura. Este puede ser un profesor, un sacerdote, un compañero mayor, o una persona admirada. Esta persona llega a tener gran importancia para el desarrollo del joven, y el éxito obtenido depende, en parte, de la influencia activa ejercida por esta persona. Ve el mundo a través de él; lo imita en lo grande como en lo pequeño, puede llegar a imitar hasta sus gestos. No se trata de una imitación servil, sino que hay una identificación de valores que llevan al joven a actuar como su modelo.

La formación de un ideal: Estimulado por personas ejemplares, se forma en el alma del joven un ideal, que actúa como directriz de su vida. El ideal es una suma de los objetivos personales, formado por la acción conjunta de la percepción de la persona ideal y de la aspiración a los valores. Este ideal puede ajustarse en mas o en menos a la persona elegida como ejemplar. Impulso de aislamiento: De no menos importancia es la característica de la pubertad cultural, que consiste en apartarse del mundo social, a la cual va unida la introversión. A través de la misma se desarrolla la crítica y comprensión de sí mismo y de los demás.

Despertar de la esperanza: Cuanto más abandona el alma los rasgos infantiles y adquiere otros más maduros, tanto más brillantes adquiere el futuro como realización de deseos y añoranzas. Misión del garante ético: La gran tarea educadora, de tales garantes éticos, dependerá de la confianza, la comprensión, y un abierto cambio de impresiones que logren con el joven de modo de impedir la formación de inhibiciones y resentimientos, así como deshacerse de tensiones endopsíquicas, poner orden espiritual en su interior y haciéndolo consciente de los motivos que provocan las dificultades correspondientes. Esto contribuirá a llevar una existencia plena de sentido.

3) Crisis juvenil y adolescencia: Armonización de la conducta: Junto al equilibrio corporal se va dando una armonización de toda la conducta que se manifiesta no solo con relación a lo social sino también al propio rendimiento. En la escuela y en el taller se da un progreso del rendimiento. Esta es una fase de transición no sólo en lo psicológico, sino también en lo pedagógico.

Extroversión y consolidación de la estructura psíquica: Después de la introversión sufrida en la etapa anterior surge como resultado que el joven se ha encontrado a sí mismo y que del caos interior ha surgido un cosmos en un duro proceso de autoformación. Relación equilibrada entre el pensar y el sentir: El desarrollo de la inteligencia ha terminado y en la medida en que disminuye la gran acentuación afectiva, pensar y sentir entran en un mayor equilibrio. Logra una objetivación del pensar, es decir, puede prescindir de su sentir y hacer un enjuiciamiento objetivo del mundo exterior. De esta manera idealismo y realismo en esta etapa quedan hasta cierto punto en equilibrio: el alma no ha perdido su poder idealizado pero ya no violenta la realidad con construcciones abstractas y subjetivas.

Maduración social: La extroversión que comienza en la adolescencia acrecienta de nuevo el afán de estar en compañía, especialmente el afán de asociarse, la necesidad y predisposición al contacto. Se abre a influencias heterogéneas y reconoce que la autoridad, el orden, la ley y la obediencia, son necesarias. En consecuencia, se hace maduro para el orden político y social. Separación de los garantes éticos: Al descubrir el mundo de los valores personales, se da una independización espiritual, una separación repentina o paulatina de los garantes éticos. Desde ahora, la formación del carácter se logra en la unión inmediata con los valores mismos y no a través del garante ético como ocurría en la pubertad.

Orientación exterior de la voluntad: La vida volitiva del joven sufre un cambio en su centro de gravedad: logra guiar hacia el exterior las energías psíquicas reprimidas en la pubertad para hacer que estas contribuyan a una actividad valiosa. La madurez consiste en que la personalidad formada actúe en el mundo en el sentido de una ordenación objetiva de los valores. Mayor estabilidad de los estados de ánimo: Pensar y querer se encuentran en condiciones de dominar los sentimientos, los estados de ánimo, los impulsos, los deseos y las pasiones. Los estados de ánimo se muestran en un mayor equilibrio. La sana alegría de vivir reemplaza la melancolía y el descontento de los años anteriores.

Consolidación del sentimiento de sí mismo: El haber logrado dominarse, los éxitos en el trabajo, en los estudios, y la alegría de vivir contribuyen a fortalecer el sentimiento del propio valor. La fuerza e impuso vital es tan grande que puede disipar rápidamente cualquier depresión. Constitución de la forma de vida: La consolidación de un mundo de valores propio logra marcar en el joven una dirección valorativa ejemplar para regir su vida.

Así en la adolescencia por ser una fase de consolidación, cristaliza también el carácter como una constante del añorar como sentir y querer los valores. El carácter persistirá de una forma bastante constante durante el resto de la vida, principalmente como resultado de la autoeducación, dándose así la consumación de la madurez psíquica que favorecerá la transición a la edad adulta.


Por Heinz Remplein
Tomado de “Tratado de psicología evolutiva”,
Barcelona, Labor, 1980.

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Importancia del tiempo

Imagínate que existe un banco, que cada mañana acredita en tu cuenta, la suma de 86,400.

No arrastra tu saldo día a día. Cada noche borra cualquier cantidad de tu saldo que no usaste durante el día. ¿Que harías? ¡Retirar hasta el último centavo, por supuesto!

Cada uno de nosotros, tiene ese banco. Su nombre es tiempo. Cada mañana, este banco te acredita 86,400 segundos. Cada noche, este banco borra, y da como perdido, cualquier cantidad de ese crédito que no has invertido en un buen propósito.

Este banco no arrastra saldos, ni permite sobregiros. Cada día te abre una nueva cuenta. Cada noche elimina los saldos del día. Si no usas tus depósitos del día, la perdida es tuya. No se puede dar marcha atrás. No existen los giros a cuenta del deposito de mañana. Debes vivir en el presente con los depósitos de hoy.

Consigue lo máximo en el día. Para entender el valor de un año, pregúntale a algún estudiante que perdió el año de estudios. Para entender el valor de un mes, pregúntale a una madre que alumbró a un bebe prematuro. Para entender el valor de una semana, pregúntale al editor de un semanario. Para entender el valor de una hora, pregúntale a dos enamorados que esperan a encontrarse. Para entender el valor de un minuto, pregúntale a una persona que perdió el tren. Para entender el valor de un segundo, pregúntale a una persona que con las justas evito un accidente. Para entender el valor de una milésima de segundo, pregúntale a la persona que gano una medalla de plata en las olimpiadas.

Atesora cada momento que vivas. y atesóralo mas si lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente especial como para dedicarle tu tiempo y recuerda que el tiempo no espera por nadie. Ayer es historia. Mañana es misterio. Hoy es una dádiva. ¡Por eso es que se le llama el presente!