La investigación y experimentación con células madre

Las células madre (también llamadas células estaminales o stem cells) son aquellas células dotadas simultáneamente de la capacidad de autorrenovación ilimitada o prolongada (capacidad de dividirse numerosas veces sin diferenciarse a células de un tejido específico) y de originar células hijas comprometidas en determinadas rutas de desarrollo, que se convertirán finalmente por diferenciación en tipos celulares especializados.

El cigoto (óvulo fertilizado) es una célula totipotente, capaz de dar origen a todo el organismo. Durante las primeras divisiones el embrión es una esfera compacta (mórula), en la que todas las células son totipotentes, y de hecho esto se refleja de modo natural en los gemelos monozigóticos. A los pocos días comienza una primera especialización, de modo que se produce un blastocisto, con una capa superficial que dará origen al trofoblasto, del que deriva la placenta, y una cavidad casi “hueca” (rellena de fluido) en la que se encuentra una masa celular interna. Estas últimas son pluritotentes, porque aunque por sí solas no pueden dar origen al feto completo (necesitan el trofoblasto), son el origen de todos los tejidos y tipos celulares del adulto.

En el campo de la investigación actual, se pretende obtener células madre que se mantengan como tales en cultivo en el laboratorio, y que bajo determinados estímulos puedan conducir a poblaciones de células diferenciadas.

La manipulación de células madre embrionarias humanas implica:

  • la producción de embriones humanos y/o la utilización de los sobrantes de fecundaciones in vitro o de los crioconservados;
  • su desarrollo hasta la fase de blastocisto inicial;
  • la extracción del embrioblasto o masa celular interna, lo que implica la destrucción del embrión;
  • el cultivo de dichas células en medios adecuados, donde se multiplican y confluyen hasta la formación de colonias;
  • repetidos cultivos de las células de las colonias obtenidas, que llevan a la formación de líneas celulares capaces de multiplicarse indefinidamente conservando las características de células madre durante meses y años.

Estas células madre, no obstante, son solamente el punto de partida para la preparación de las líneas celulares diferenciadas, o sea, células con las características propias de los diversos tejidos (musculares, nerviosas, epiteliales, hemáticas, germinales, etc.).

Actualmente, es posible obtener células madres del cordón umbilical o de la placenta (sin dañar al embrión o feto), o incluso de adultos, células que ofrecen grandes esperanzas para la curación de algunas enfermedades. En los últimos años se descubrieron también en varios tejidos humanos células estaminales pluripotenciales –en la médula ósea, en el cerebro, en el mesenquima de varios órganos–, esto es, capaces de dar origen a diversos tipos de células, la mayoría hemáticas, musculares y nerviosas. Se ha descubierto cómo reconocerlas, seleccionarlas, mantener su desarrollo y llevarlas a formar diversos tipos de células maduras mediante factores de crecimiento y otras proteínas reguladoras. Esto presenta una alternativa menos problemática a las células madre embrionales.

¿Es moralmente lícito producir y/o utilizar embriones humanos para obtener células madres?

La respuesta es clara y contundente: No. Como ya hemos dicho, el embrión humano viviente es, a partir de la fusión de los gametos, una persona humana, no un simple cúmulo de células. Como consecuencia, tiene derecho a su propia vida y cualquier intervención que no sea en favor del embrión mismo, se transforma en un acto que atenta contra dicho derecho. Por tanto, la extracción de la masa celular interna del blastocisto, que lesiona grave e irreparablemente el embrión humano truncando su desarrollo, es un acto gravemente inmoral y, por tanto, gravemente ilícito. De ahí que ningún fin considerado bueno, como la utilización de las células estaminales que podrían obtenerse para la preparación de otras células diferenciadas con vistas a procedimientos terapéuticos de grandes expectativas, puede justificar tal intervención.

La verdadera ciencia está llamada a servir al hombre, no a destruir a unos para salvar a otros. Un fin bueno no hace buena una acción en sí misma mala. Los embriones humanos deben ser tratados con su dignidad intrínseca, según la regla de justicia que permite la convivencia y la solidaridad entre los seres humanos.