Técnicas de reproducción asistida

Las técnicas de “reproducción asistida” se emplean cuando uno o ambos cónyuges tienen problemas de esterilidad y no puede lograrse la capacitación del sistema reproductivo por medio de otros tratamientos alternativos (microcirugía, medicación, métodos naturales para determinar los períodos fértiles, etc.). En nuestro tiempo, este problema se plantea con más urgencia pues se calcula que entre el 10-15% de los matrimonios tienen problemas de esterilidad[1].

Antes de abordar los aspectos morales de las diferentes técnicas de reproducción, debemos recordar que la fecundación es un don y una tarea esencial, exclusiva y personal de los esposos legítimos en un acto auténticamente conyugal, por lo que es lícito ayudarlos en esta tarea pero no suplantarlos. Esta tarea conyugal se limita a poner las condiciones para que se produzca la fecundación, mientras que el “hecho” de la fecundación trasciende a los cónyuges siendo un don de Dios (a través de la naturaleza).

Decimos, ante todo, que se trata de una obra esencial (es decir, un deber; ser cónyuge implica asumir la responsabilidad de llamar a la vida nuevos seres, puesto que la conyugalidad está ordenada como a su fin próximo a la procreación), exclusiva (porque sólo el matrimonio da derecho a poner los actos sexuales que son la condición para que pueda darse la posibilidad de una concepción), personal (es decir, no puede ser delegada a otros en ninguno de sus aspectos: ni delegar el acto sexual en una tercera persona, ni delegar el dar alguno de los dos gametos, ni delegar la gestación del nuevo ser concebido). El matrimonio sólo da a los cónyuges el derecho a ejercer los actos que pueden dar origen a  una vida humana, pero no propiamente un derecho a tener hijos; una vez puestos estos actos, puede ser que el hijo venga o no venga. El hijo, en este aspecto, es un don; y cuando no se lo considera tal, pasa a ser visto como una propiedad y un objeto, no un sujeto de derechos (como, en efecto, es) sino el objeto de los derechos de otro (los padres). No tener derecho al hijo, no significa que sea ilegítimo desearlo; por el contrario, el deseo de un hijo es algo natural y muy bueno; pero no puede convertirse en exigencia.

La tarea de los esposos es poner las condiciones para la fecundación. Esto significa que ellos deben poner de su parte un acto de “auténtico amor conyugal”, es decir, un acto provisto de sus dos dimensiones naturales: la unitiva y la procreativa. Así como es ilícito querer la unión eliminando deliberadamente la procreación (anticoncepción), es también ilícito querer la procreación al margen de la verdadera unión (física, afectiva y espiritual) de los esposos. Esta unión de ambos aspectos lo exige, ante todo, la dignidad de los cónyuges, que no pueden ser reducidos, ni reducirse ellos, a “animales reproductores”.  Sólo un acto de amor mutuo (sexual, afectivo y espiritual) puede ser considerado el clima adecuado a la dignidad del ser humano concebido. Cuando no es así, el hijo pasa a ser fruto de un acto técnico (de los esposos y del equipo que interviene) y de intereses varios: no sólo el deseo del hijo por parte de los padres, sino el interés científico o económico o experimental del equipo, el satisfacer un vacío de paternidad, etc.

Finalmente, los esposos pueden ser ayudados pero no sustituidos en esta tarea. Hay una distinción esencial entre “ayudar” y “suplantar” a una persona. El acto médico es respetuoso de la dignidad de las personas cuando se dirige a ayudar o facilitar el acto conyugal. Por tanto, se trata de actos previos (en preparación) y/o posteriores al acto conyugal (para ayudarlo a continuar el proceso naturalmente comenzado). En cuanto al acto conyugal en sí mismo, se dice simplemente que debe ser realizado de modo normal. “Modo normal” implica: 1º la unión sexual “humano modo”, al modo humano[2]; 2º con deposición de las células germinales masculinas en el interior del aparato genital femenino; 3º con retención de las mismas por parte de la esposa (se califica de “antinatural” el que la mujer intente expulsarlas artificialmente mediante lavajes u otras técnicas).

Podríamos añadir a todo lo dicho una alusión a las circunstancias del acto (aunque el juicio moral debe atender principalmente al fin y al objeto). Entre las circunstancias que rodean cualquier técnica, se ha de tener en cuenta que siempre deben respetar la intimidad de los esposos (no pueden desvirtuar el acto conyugal como acto de amor y donación mutua), deben apuntar como finalidad a ayudar a la vida humana, deben contar con razonables probabilidades de éxito (si en una técnica el porcentaje de fracasos supera el de los abortos espontáneos de los procesos naturales –se calcula en un 25%–, ya no sería lícito, pues no es lícito poner libremente las condiciones de un acto que implique riesgos más grandes que los que tienen lugar en la naturaleza). También deben tenerse en cuenta los gastos y sacrificios extraordinarios que implica una técnica (es difícil justificar procedimientos altamente costosos incurriendo, en muchos casos, en una clara injusticia social); y finalmente, se debe contar con el consentimiento informado de los esposos respecto de todos los sacrificios, posibilidades limitadas de éxitos y de fracasos, etc.

Diversas intervenciones en el proceso de la fecundación

  1. Inducción de la Ovulación

Las pacientes que presentan fallos en el eje hipotálamo-hipofisario pueden cursar con alteraciones menstruales o con ausencia de menstruación, asociadas a fallos o a ausencia de ovulación.  La mayoría de las pacientes de este grupo presentan anovulación, disfunciones del eje hipotálamo-hipofisario, con alteraciones menstruales o mujeres que presentan ovario poliquístico. Cuando aparentemente la única causa de esterilidad de la pareja es ésta, se intenta estimular la ovulación utilizando:

  • Citrato de clomifeno, que actúa directamente sobre el hipotálamo, para que éste ordene a la hipófisis producir las hormonas que estimulan el ovario (FSH y LH).
  • FSH y LH, que actúan directamente sobre el ovario, promoviendo el desarrollo de los folículos que contienen los ovocitos.
  • Bromocriptina, reservada para los casos de esterilidad por hiperprolactinemia, que condiciona la respuesta de la hipófisis.

El término Técnicas de Reproducción Asistida se reserva para las técnicas que requieren intervención médica para favorecer la fertilización. Los diversos casos que pueden plantearse en la fecundación asistida y artificial, dependen de las distintas conjugaciones de cuatro elementos: quién aporta el gameto masculino (el cónyuge o un donante extramarital), quién aporta el gameto femenino (el cónyuge o una donante extramarital), el lugar dónde tenga lugar la fecundación (in vitro o in corpore), y quién lleva adelante la gestación (la madre natural que aporta el óvulo, la mujer del matrimonio en que va a nacer a partir de un óvulo donado, o una gestante alquilada). De aquí que puedan darse cuatro especies distintas de intervenciones sobre la fecundación:

2. Inseminación artificial homóloga (AIH, del inglés “artificial insemination by husband”)

Esta técnica está dirigida a la obtención de una concepción humana a partir de los gametos de dos esposos unidos en matrimonio legítimo, mediante la transferencia en las vías genitales femeninas (“in corpore”) del esperma del marido, previamente obtenido (generalmente por masturbación).

Está indicada en los casos en los que el recuento de espermatozoides móviles (REM) está por debajo de lo normal, disfunciones ovulatorias, imposibilidades coitales, factores cervicales, parejas portadores de HIV. La tasa de embarazos se encuentra entre el 15 y el 20 % por ciclo.

La técnica consiste en la estimulación ovárica mediante medicación hormonal (gonadotropinas) diariamente, a la vez que se realizan controles para comprobar el número y el desarrollo de los folículos. Cuando la respuesta ovárica es la adecuada, se administra otra medicación (HCG) que desencadena la ovulación. A las 24 y 48 horas se procede a la inseminación, preparando previamente el semen en el laboratorio mediante técnicas como el Swin-up. La muestra de semen se deposita en el interior del útero a través de una cánula de aproximadamente 2 mm de grosor. A continuación la paciente abandona la clínica y debe consumir progesterona en comprimidos.

Por todo lo dicho, la inseminación artificial es una técnica claramente ilícita ya que el procedimiento técnico no implica el acto sexual conyugal, y la intervención técnica es tal que desnaturaliza el acto. Por tal motivo, estamos ante una separación de los significados del acto conyugal y la intervención es sustitutiva e ilícita.

3., Inseminación artificial heteróloga (AID: “artificial insemination by donor”)

Estas técnicas buscan una concepción a partir de gametos provenientes de un donante ajeno al  matrimonio, con transferencia de los gametos en las vías genitales femeninas. La donación puede ser del óvulo femenino o del esperma. Esta técnica es claramente ilícita e intrínsecamente injusta. El motivo es que supone la separación del significado unitivo del procreativo en el acto conyugal. De hecho no se trata de un acto conyugal propiamente dicho, pues la unión no se produce entre los gametos de los esposos, sino que aparece una persona “ajena” al matrimonio.

Atenta contra el concepto de familia monogámica, para convertirse en “plurigenitorial”, es decir, con multiplicidad de “padres”. Además tiene consecuencias negativas para el hijo, puesto que presentará dificultades en la “identificación” con su padre o con su madre (según quien sea el donante) ya que el verdadero/a es desconocido para él, mientras que no tiene vínculos biológicos con quien hace el rol de padre o madre en su familia.

También hay que señalar la mentalidad eugenésica que hay detrás: la donación de semen supone la creación de “bancos de semen”, los cuales, como es lógico, se estructuran con una marcada tendencia eugenésica: buscando “semen seleccionado” y apuntando a una selectividad biológica. Además, se aumentan los riesgos de consanguinidad y problemática genética: por razón de los bancos de semen, puede verificarse que un mismo acto de obtención de semen puede servir para diversas inseminaciones dando lugar a hijos consanguíneos por parte de padre.

4. Fecundación in vitro homóloga (FIV homóloga)

Este tipo de fecundación artificial es comúnmente conocida como FIVET (fecundación in vitro y transferencia de embriones). La fecundación in vitro homóloga o intraconyugal es la que se realiza fuera del cuerpo de la mujer (in vitro), entre cónyuges legítimamente unidos en matrimonio, con células germinales propias (no por donante) y con gestación en la misma madre.

Las indicaciones principales son: obstrucción tubárica bilateral, endometriosis en un estadio avanzado, casos de factor masculino en los que el REM no sea apto para la inseminación artificial o casos en los que haya fracasado.

El tratamiento comienza con la administración de un fármaco (análogos de la LHRH) que frenan la actividad ovárica. En el ciclo siguiente, después de la menstruación, se estimula el ovario con gonadotropinas, para obtener una ovulación múltiple. En el momento adecuado se administra HCG y entre 36 y 40 horas después se procede a la extracción ovocitaria. Antiguamente, ésta se realizaba mediante laparoscopia, en la actualidad se realiza por punción transvaginal, guiada ecográficamente, bajo anestesia. A continuación se produce la fecundación en una placa con un medio de cultivo adecuado, fecundando los ovocitos con el semen previamente capacitado. Entre dos y cinco días después, se seleccionan dos o tres de los mejores embriones y se implantan al interior del útero. La transferencia se realiza a través de una cánula guiada ecográficamente. La segunda mitad del ciclo se apoyará con progesterona oral. Se realiza prueba de embarazo a los 14 días de la recuperación ovocitaria.

La fecundación artificial extracorpórea puede tener dos dimensiones: terapéutica y experimental. Demás está decir que bajo el aspecto terapéutico descansa siempre en último término el experimental. Desde el punto de vista terapéutico se la presenta como una solución a muchos casos de infertilidad femenina y masculina insuperables por otros métodos.

La técnica de la FIV es altamente complicada, particularmente luego de la transferencia del embrión al útero. Exige una múltiple manipulación:

  • Sobre la mujer: hay que tener en cuenta todos los pasos previos a la obtención de los óvulos, como laparoscopia, exámenes ultrasónicos, exámenes hemáticos, exámenes urinarios, correlaciones con el moco cervical.
  • Sobre el hombre: también se realiza una serie de experimentaciones e investigaciones para observar la capacidad fecundante de su semen. La obtención del semen se realiza una hora y media antes de la fecundación (normalmente por masturbación) a menos que se recurra a semen congelado.
  • Sobre los gametos obtenidos: el óvulo es colocado luego en una placa de cultivo durante algunas horas, y se efectúa la fecundación con elevada cantidad de espermatozoides. La transferencia de los embriones se realiza cuando éstos han alcanzado un desarrollo de 4-8 células o 8-16. La transferencia se realiza por vía transcervical y transuterina.

En cuanto al porcentaje de éxito, hay que decir que: la obtención del ovocito maduro tiene un 95% de éxito; la fecundación in vitro un 90%; el inicio del desarrollo un 58,8%; los embarazos iniciados, un 17,1%; y los embarazos conducidos a término un 6,7%. Por tanto, técnicamente hablando, la pérdida de embriones oscila entre el 93-94%. Tal vez estas cifras estén ya superadas (téngase en cuenta que según evoluciona la técnica, estos datos son cambiantes), pero en cualquier caso jamás llegan a las cifras previstas en la naturaleza. A esto hay que añadir que la fecundación in vitro no se realiza sobre un solo óvulo, sino sobre varios, aunque, en caso de tener éxito, no se transfieren todos al útero sino entre uno y tres. El resto, son congelados, o usados como material de experimentación, guardados como material de recambio o simplemente desechados después de un tiempo de crioconservación en nitrógeno líquido a -196 °C.

5. Fecundación in vitro heteróloga (FIV heteróloga)

Este tipo de fecundación viene propuesta e indicada en caso de patologías como los casos de esterilidad debida a la imposibilidad de producir gametos sea por parte del hombre como de la mujer. En estos casos se recurre al donador o donadora. Asimismo, habría que colocar dentro de esta categoría los casos en que interviene la así llamada “madre sustituta”, incluso cuando los gametos pertenezcan a una pareja unida en legítimo matrimonio, ya que interviene un tercer factor en un momento que no es ajeno al desarrollo natural del que va a nacer, sino en un momento esencial cual es la gestación.

Una técnica de reproducción asistida diseñada para mujeres que presentan alteraciones para producir óvulos es  la “ovodonación”. Se necesita que una donante anónima done sus óvulos y  simultáneamente la paciente receptora debe preparar su endometrio para recibir un embrión fertilizado. Para ello durante 14 días se medica para preparar el endometrio para la anidación. Cuando donante y receptora están preparadas, se extraen los óvulos se fertilizan in vitro con el semen de la pareja receptora, y se transfieren los embriones al útero de la receptora.

Otra técnica de fecundación in vitro es la Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides (ICSI). El procedimiento previo de estimulación y preparación del ciclo es igual al de la FIV, cambiando la técnica de fertilización de los ovocitos. Una vez obtenidos los ovocitos mediante punción transvaginal, se liberan de las células que los rodean. Los ovocitos maduros se micro inyectan, es decir, se introduce, con una pipeta de microinyección, un espermatozoide en el interior de cada ovocito en un intento de emular el proceso natural del espermatozoide. Entre 2-5 días después, igual que en la FIV, se transfieren los mejores embriones al interior del útero. De igual manera, suplementaremos la segunda mitad del ciclo con progesterona.

El juicio  de estas técnicas es evidentemente negativo sumándose en este caso los argumentos que hemos indicado para la fecundación in vitro homóloga, y los indicados para la inseminación heteróloga. En cuanto a la figura de la “madre sustituta”, que es la que lleva a término por encargo de terceros la gestación de uno o más embriones fecundados in vitro con óvulo y esperma de personas que lo encargan, hay que decir que quiebra una vez más la unidad matrimonial, y crea entre el gestado y la gestante (a partir de la relación biológica durante su desarrollo) una relación particular que luego es cortada en el momento del nacimiento. Se determina así la manipulación de la corporeidad del hijo que recibe el patrimonio genético de dos personas, mientras recibe la sangre, la nutrición y la comunicación vital intrauterina (con consecuencias en el nivel psíquico) de otra persona.


[1] Cf. D. BASSO – J. BURONI – H. MOSSO – F. MERCHANTE – C. MOSSO – J. HECHT, Problemas éticos sobre la reproducción humana, Ed. Paulinas, Buenos Aires 1995, 194.

[2] quiere decir “sin violencia”, como un acto humano voluntario y racional.

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