Aparato reproductor masculino

El Aparato reproductor masculino está formado por órganos cuyas funciones son producir, transferir y, finalmente, introducir el esperma maduro en el tracto reproductor femenino, donde se producirá la fertilización.

En los seres humanos, la madurez sexual y, con ella, la capacidad reproductora aparece en la pubertad(aproximadamente a los 13 a 16 años en el varón).

Este aparato está constituido por los siguientes órganos:

  • Testículos o gónadas masculinas: encargados de producir los gametos o células sexuales masculinas que reciben el nombre de espermatozoides. Están situados por debajo del pene y envueltos por un saco alargado verticalmente llamado saco escrotal.
  • Vías espermáticas: sirven para conducir el esperma hacia el exterior del organismo. Están constituidas  por:

–       epidídimos,

–       conductos deferentes,

–       conductos eyaculadores y

–       uretra.

  • Glándulas anexas: producen secreciones que sirven para nutrir, transportar y madurar el esperma. Son:

–       las vesículas seminales,

–       la próstata y

–       las glándulas bulbo-uretrales de Cowper.

  • Pene: órgano copulador del hombre compuesto por tejido eréctil.

Testículos

Forma y tamañoSon dos pequeñas glándulas ovóideas que miden aproximadamente 4 a 5 cm. de longitud, 3 cm. de ancho y 2,5 cm. de espesor. De consistencia firme y provistos de una sensibilidad particular. Pesan aproximadamente 15 a 20 gramos y se encuentran ubicados en el saco escrotal. Su polo superior está recubierto por el epidídimo.


La contracción de las fibras del músculo dartos producen una ligera elevación de los testículos y arrugamiento del saco escrotal. Además, la contracción del músculo cremaster producirá una elevación significativa de los testículos. De ésta manera, los testículos son llevados hacia arriba contra el perineo. La excitación sexual y el frío son estímulos que contraen ambos músculos.
Envolturas
El saco escrotal es una bolsa recubierta por piel y suspendida en la región perineal. Internamente está dividida por un tabique en dos sacos, cada uno de los cuales contiene un testículo, un epidídimo y la parte inferior de un cordón espermático. Las envolturas del testículo, en número de siete, se superponen en el mismo orden que las capas de la pared abdominal, encontrándose desde la superficie a la profundidad: 1) la piel o escroto; 2) el dartos; 3) la túnica celular subcutánea; 4) la túnica fibrosa; 5) la túnica muscular o músculo cremaster; 6) la túnica fibrosa profunda y 7) la túnica vaginal.

Al elevarse el escroto y aproximarse al calor de la pared perineal, la temperatura de los testículos (localizados fuera de la cavidad abdominal) puede mantenerse a un nivel más constante en un ambiente frío.

La temperatura necesaria para la formación de esperma es de unos 3 °C por debajo de la temperatura corporal normal; esta es la razón funcional que justifica la situación de los testículos fuera de la cavidad corporal donde estarían sujetos y expuestos a lesiones traumáticas. Ambos testículos están suspendidos en el saco por su anclaje al tejido escrotal (ligamento escrotal) y por los cordones espermáticos.

Estructura internaLos vasos sanguíneos testiculares, llamados colectivamente vasos o conductos aferentes, alcanzan los testículos viajando dentro del cordón espermático.

Una cápsula fibrosa y densa llamada túnica albuginea encierra cada testículo, enviando al interior de la glándula septos o tabiques que lo dividen en aproximadamente 200 lóbulos de forma cónica. Su espesor, que es por término medio de un mm. aumenta a lo largo del borde superior del testículo, principalmente en la mitad anterior donde presenta un notable engrosamiento llamado cuerpo de Highmore.

Luego, una serie de conductos espermáticos, denominados conductos eferentes, drenan la rete testis y perforan la túnica albuginea para entrar en la cabeza del epidídimo.Cada lóbulo contiene células especializadas intersticiales llamadas células de Leydig y uno a tres conductos o túbulos seminíferos de forma espiróidea (que si se desenrollaran medirían 75 cm. de longitud). Estos se unen en un solo conducto colector, corto, delgado y rectilíneo denominado tubo recto, y hay tantos de ellos como lóbulos. Los tubos rectos de cada lóbulo se reúnen para formar un plexo llamado rete testis (red testicular).

Al corte microscópico se puede observar que la pared de los conductos seminiferos contiene 5 o más capas celulares: son las células germinativas masculinas en proceso de maduración. Las células de Sertoli, irregulares y elongadas, son células de soporte que proporcionan apoyo mecánico y protección a las células germinales en desarrollo. También desempeñan un activo papel en la eventual liberación de los espermatozoides maduros hacia la luz de los conductos seminíferos.

En los tabiques de tejido conectivo circundante se observan las células intersticiales de Leydig, que son las productoras de hormonas masculinas (testosterona) y se hacen más prominentes en los septos circundantes.

En la pubertad, cuando comienza la madurez sexual, aparecen células espermatogénicas en distintos estadios evolutivos, y las células de Leydig.

FuncionesLas funciones de los testículos son dos:

  • Espermatogénesis (producción de espermatozoides)
  • Secreción hormonal (principalmente testosterona, producida por las células de Leydig)
    La testosterona realiza las siguientes funciones generales:

–    Apoya la producción de semen.

–    Proporciona la “masculinidad” (desarrollo y mantenimiento de los caracteres sexuales secundarios) de órganos accesorios como la próstata y las vesículas seminales, determinando el comportamiento sexual masculino adulto.

–    Ayuda a regular el metabolismo, y es a veces denominada “hormona anabólica”, por su fuerte efecto estimulante del anabolismo protéico. Mediante este estímulo, la testosterona favorece el desarrollo de los músculos esqueléticos (responsable del mayor desarrollo muscular y fuerza masculinos) y el crecimiento óseo.

–    Colabora con el cierre de las epífisis.

–    Inhibe la secreción de FSH y LH de la adenohipófisis.

La adenohipófisis controla los testículos por intermedio de sus hormonas gonadotróficas FSH y LH:

  • La FSH estimula a los túbulos seminíferos para que produzcan espermatozoides con mayor rapidez.
  • La LH estimula a las células intersticiales para aumentar su secreción de testosterona.

Vías espermáticas

Son las vías de excreción del esperma testicular y se extienden desde los túbulos seminíferos hasta la uretra. Comprenden:

  • Tubos rectos
  • Rete testis
  • Conductos eferentes
  • Epidídimo
  • Conductos deferentes
  • Conductos eyaculador

Epidídimo: Son dos órganos alargados que cubren al testículo a la manera de un casco. Sus dimensiones son: 5 cm. de longitud, 12 mm. de ancho y 5 mm. de espesor. Pesan aproximadamente de 3 a 4 gramos. Cada epidídimo es un tubo único en espiral, encerrado en una envoltura fibrosa (túnica albugínea). Tiene un diámetro microscópico, pero mide de 5 a 6 metros de longitud. Se extiende a lo largo de la parte alta y por detrás de los testículos. Tiene forma de “coma” y se puede dividir en:

  • cabeza: superior, redondeada y voluminosa, firmemente unida al polo superior del testículo, conectándolo con los conductos eferentes.
  • cuerpo: central, de forma prismática triangular; y
  • cola: afilada porción inferior que se continúa sin franca línea de demarcación con el conducto deferente.

Funciones:

  • Sirve como uno de los tubos a través de los cuales pasa el esperma en su viaje desde el testículo hacia el exterior.
  • Sirve como almacén o depósito de esperma. Allí, los espermatozoides se encuentran depositados en un líquido ácido que inhibe el movimiento y la pérdida precoz de energía de los espermatozoides. Este almacén puede ser vaciado con dos o tres eyaculados y ser rellenado de nuevo en dos días.
  • Contribuye a la maduración del esperma.
  • Secreta una pequeña parte del líquido seminal (semen) contribuyendo con el 5% a su volumen.

Conducto deferente: En número de dos, comienza en la cola del epidídimo y termina uniéndose al conducto de la vesícula seminal, para formar el conducto eyaculador.

Mide aproximadamente 40 cm., y su diámetro es de aproximadamente 2 mm., ensanchándose a nivel de su extremo terminal (ampolla), donde alcanza 6 a 8 mm. Tiene una gruesa pared muscular que consta de tres capas, las cuales colaboran a propulsar el esperma a través del sistema de conductos.

Ascienden desde el testículo, pasan a través del trayecto inguinal como parte del cordón espermático, contornean la cara lateral de la vejiga y llegan a su cara posterior, donde se dilatan en una porción grande y tortuosa, denominada ampolla, que se une al conducto de la vesícula seminal para formar el conducto eyaculador. El esperma puede permanecer en éste conducto un tiempo variable según la actividad sexual y la frecuencia de la eyaculación; se puede almacenar más de un mes, sin que ello suponga una merma o pérdida de la fertilidad.

Conducto eyaculador: Son dos y se forman por la unión de la ampolla del conducto deferente con el conducto de la vesícula seminal, en el interior de la glándula prostática. Su función es llevar el esperma hacia la uretra.

Uretra: Es un pequeño tubo tapizado por mucosa que se extiende desde el suelo de la vejiga (trígono) hasta el exterior del organismo.

En el hombre, se extiende a lo largo de un trayecto curvilíneo de 20 cm. pasando por el centro de la próstata al abandonar la vejiga (los conductos eyaculadores desembocan en la uretra, en el interior de dicha glándula prostática).

Después de abandonar la próstata, la uretra se dirige hacia abajo y hacia delante, y luego hacia arriba, hasta entrar en la base del pene, discurriendo por el centro del cuerpo esponjoso y terminando en el meato urinario, en la punta del mismo.

Realiza, en los varones, una doble función: eliminar orina y eyacular el semen. Durante la eyaculación, se evita que la orina se mezcle con el semen gracias al cierre reflejo de los músculos esfinterianos que rodean la salida de la vejiga.

Glándulas anexas

Vesículas seminales: Son dos pequeñas bolsas membranosas elongadas, de aproximadamente 5 a 6 cm., que se encuentran en la parte inferior de la cara posterior de la vejiga, directamente frente al recto.

Constituyen reservorios en los cuales se acumula el esperma entre las eyaculaciones.

Al corte microscópico se aprecia la naturaleza ramificada y circunvolucionada del epitelio secretor, que reviste internamente las vesículas seminales.

Su función es secretar un componente líquido viscoso, amarillento, alcalino y rico en fructosa, que constituye el 60 % del volumen del líquido seminal. Esta fructosa (azúcar simple) sirve como fuente de energía para los espermatozoides tras la eyaculación. Contiene también prostaglandinas, sustancias que influyen en la formación de AMP cíclico (sustancia energética).

La actividad secretoria normal de las vesículas seminales depende de que existan niveles adecuados de testosterona.

Próstata: Es una glándula única que se localiza justo por debajo de la vejiga. Tiene la forma de una castaña o de un cono de base superior.

Hasta la pubertad, la próstata está poco desarrollada, pero en ésta época crece bruscamente. En el adulto su tamaño oscila entre 25 y 40 mm.

La próstata secreta una sustancia fina y alcalina que constituye alrededor del 30 % del volumen del líquido seminal. Esta alcalinidad ayuda a proteger el esperma frente al ácido de la uretra masculina y la vagina femenina, incrementando así la motilidad de los espermatozoides, la cual es óptima en un medio neutro o ligeramente alcalino.

Glándulas bolbouretrales (de Cowper): Son dos, y su color y forma se asemejan a las arvejas. Están ubicadas por debajo de la próstata y conectadas por un conducto de aproximadamente 2,5 cm. a la porción peneana de la uretra.

Al igual que las otras glándulas, secreta un líquido alcalino que es importante para contrarrestar el ácido que existe en la uretra masculina y en la vagina. El moco producido en estas glándulas sirve además para lubricar la uretra.

Pene

Es el órgano copulador del hombre y tiene por misión llevar el esperma a la vagina de la mujer.

Está compuesto por tres masas cilíndricas de tejido eréctil, envueltas por coberturas fibrosas separadas y mantenidas juntas por la piel que los envuelve. Los dos cilindros más grandes y superiores se llaman cuerpos cavernosos, mientras que el más pequeño e inferior, que es el que contiene la uretra, se denomina cuerpo esponjoso.

La parte distal del cuerpo esponjoso se superpone al extremo terminal de los dos cuerpos cavernosos para formar una estructura ligeramente prominente: el glande, sobre el que la piel forma un doble pliegue que da lugar a una envoltura más o menos suelta y retráctil, conocida como prepucio. La abertura de la uretra en la punta del glande se denomina meato urinario.

Funciones:

  • Contiene la uretra (conducto terminal de los tactos urinario y reproductor).
  • Es el órgano copulador del hombre. Durante la excitación sexual, el tejido eréctil del pene se llena de sangre, haciendo que el órgano se ponga rígido y crezca en diámetro y longitud. El resultado, llamado erección, hace que el pene sirva como órgano de penetración durante la relación sexual.
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Endocrinología y ciclo menstrual

Existe una íntima conexión entre el sistema nervioso central (SNC) y el endocrino (regulación hormonal).  Tan íntima que es en el eje hipotálamo-hipófisis donde se inician y desencadenan los procesos fisiológicos del ciclo menstrual.

Hormonas hipotalámicas

El hipotálamo es una glándula endocrina que forma parte del diencéfalo y se sitúa por debajo del tálamo. Libera al menos nueve hormonas que actúan como inhibidoras o estimulantes en la secreción de otras hormonas en la adenohipófisis, por lo que se puede decir que trabaja en conjunto con ésta.

El hipotálamo produce la hormona antidiurética (ADH) que actúa sobre los riñones y regula el balance de agua en el cuerpo. Además, produce la oxitocina, la cual acelera el número de contracciones en el parto, contribuye a la reubicación del útero luego del parto y estimula a las glándulas mamarias a secretar leche. En los hombres se desconoce su funcionalidad, pero se la asocia con los genitales externos y con receptores de la vesícula seminal.

Aparte de las dos hormonas de acción directa mencionadas, el hipotálamo secreta diversas hormonas o factores que regulan la secreción de hormonas hipofisarias.

Hormonas hipofisarias

La hipófisis o glándula pituitaria es la glándula que controla el resto de las glándulas, entre ellas la tiroides. Es una glándula compleja que se aloja en un espacio óseo llamado silla turca del hueso esfenoides, situada en la base del cráneo, en la fosa cerebral media, que conecta con el hipotálamo a través del tallo pituitario o tallo hipofisario.

La hipófisis está formada por tres partes:

–          Lóbulo anterior o adenohipófisis: es responsable de la secreción de numerosas hormonas (ver más adelante).

–          Hipófisis media o pars intermedia: induce el aumento de la síntesis de melanina de las células de la piel.

–          Lóbulo posterior o neurohipófisis: almacena a las hormonas ADH y oxitocina secretadas por el hipotálamo.

Hormonas sintetizadas por la adenohipófisis

Las demás hormonas son hormonas tróficas que tienen su efecto en algunas glándulas endocrinas periféricas:

La LH y la FSH son denominadas gonadotropinas, ya que regulan la función de las gónadas. La regulación de la secreción de las hormonas hipofisiarias se realiza mediante un mecanismo de retroalimentación negativa el cual se establece entre el hipotálamo, la hipofisis y los receptores específicos para cada hormona, localizado en los órganos diana. El proceso se realiza en el momento en que el sistema nervioso central recibe un estímulo, el hipotálamo recibe parte de ese estímulo y actúa sobre la hipófisis, a su vez, el hipotálamo secreta las respectivas hormonas en la adenohipófisis o libera las de la neurohipófisis; estas se incorporan a la circulación, viajan por medio de la sangre y son captados por receptores específicos ubicados en los órganos diana, un ejemplo es la captación de la TSH por parte de los lóbulos tiroideos de la glándula tiroides. En ese momento el órgano diana, que en todo caso es cualquiera de las glándulas endocrinas comienzan a secretar sus propias hormonas, con lo que se envía un estímulo al sistema nervioso, específicamente al hipotálamo, o directamente a la hipófisis con lo cual se contrarresta el estímulo inicial.

Hormonas Ováricas

Las hormonas ováricas son los estrógenos y progestágenos, que son las hormonas femeninas producidas por los ovarios, cuya producción va disminuyendo luego de la menopausia.

Los estrógenos inducen fenómenos de proliferación celular sobre los órganos, principalmente endometrio, mama y el mismo ovario. Sobre el endometrio, actúan coordinadamente con los gestágenos, otra clase de hormona sexual femenina que induce fenómenos de maduración. Los estrógenos presentan su mayor concentración los primeros 7 días de la menstruación. Al regular el ciclo menstrual, los estrógenos afectan el tracto reproductivo, el urinario, los vasos sanguíneos y del corazón, los huesos, las mamas, la piel, el cabello, las membranas mucosas, los músculos pélvicos y el cerebro. Los caracteres sexuales secundarios, como el vello púbico y el axilar también comienzan a crecer cuando los niveles de estrógeno aumentan.

Los progestágenos, también conocidos como progestógenos o gestágenos, son hormonas con un efecto similar a la progesterona, el único progestágeno natural. Todos los demás progestágenos son sintéticos, y entre ellos encontramos al levonorgestrel (la llamada “píldora del día después”). Todos los progestágenos tienen propiedades antiestrogénicas (es decir, revierten los efectos de los estrógenos del cuerpo) y antigonadotrópicas (es decir, inhiben la producción de esteroideos sexuales en las gónadas).

Ciclo menstrual

El ciclo sexual femenino humano (o ciclo menstrual) es el proceso mediante el cual se desarrollan los gametos femeninos (óvulos u ovocitos) y se producen una serie de cambios dirigidos al establecimiento de un posible embarazo. El inicio del ciclo se define como el primer día de la menstruación y el fin del ciclo es el día anterior al inicio de la siguiente menstruación. La duración promedio del ciclo es de 28 días, aunque ésta puede ser más larga o más corta. La menstruación es un proceso cíclico fisiológico de las mujeres sexualmente maduras que ocurre con una cadencia media aproximada de veintiocho días, aunque el 90% de las mujeres tiene ciclos entre 23 y 35 días. Durante la menstruación se produce un sangrado vaginal fruto de la descamación de la capa funcional del endometrio, como consecuencia de la brusca deprivación hormonal al final del ciclo femenino, cosa que se presenta si no se ha producido la implantación de un blastocito.

Reconocimiento de la fertilidad

Ordenamiento de la sexualidad a la procreación

En todo momento el acto sexual de los esposos debe ser idóneo para expresar el mutuo amor (su intención unitiva) y al mismo tiempo debe respetar la capacidad procreativa que la naturaleza le otorgue.

El principio fundamental de la Humanae Vitae es que los dos significados deben mantenerse juntos en cada acto y nunca separarse voluntariamente; por lo tanto siempre que se usa la sexualidad de un modo pleno (acto sexual) debe estar presente: la unión real (no solo el cuerpo sino el afecto y el espíritu) y la apertura a la procreación que es propia del momento elegido por los esposos para realizar sus actos sexuales.

La anticoncepción se trata de una acción que desvirtúa substancialmente –y por lo tanto gravemente- la naturaleza de la sexualidad y de la conyugalidad, por cuanto separa las dos dimensiones o significados del acto conyugal; en los casos de los anticonceptivos que tienen un efecto abortivo, además, se suma el agravante de un homicidio calificado.

 

Cultura de la vida: alternativa a la necesidad de espaciar nacimientos por causas graves

El Papa Juan Pablo II expresa: «Hay que excluir aquí que pueda ser calificada de ‘responsable’, desde el punto de vista ético, la procreación en la que se recurre a la anticoncepción para realizar la regulación de la natalidad. El verdadero concepto de ‘paternidad y maternidad responsables’, por el contrario, está unido a la regulación de la natalidad honesta desde el punto de vista ético»

«Cuando los esposos, mediante el recurso a la anticoncepción, separan estos dos significados que Dios Creador ha inscrito en el ser del hombre y de la mujer y en el dinamismo de su comunión sexual, se comportan como ‘árbitros’ del designio divino y ‘manipulan’ y envilecen la sexualidad humana, y con ella la propia persona del cónyuge, alterando su valor de donación ‘total’. Así, al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, la anticoncepción impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal».

Se pueden hallar más confirmaciones de la gravedad moral objetiva de la anticoncepción prestando atención a algunas características que ese comportamiento ha asumido en nuestro tiempo. La difusión en las masas de la anticoncepción ha sido el primer paso de un camino de muerte. De allí ha derivado pronto una vasta «mentalidad anticonceptiva» es decir, una amplia actitud de rechazo de todo hijo no querido, abriendo así el camino a una gran aceptación social de la esterilización y del aborto. A su vez, esto está constituyendo la premisa para la aceptación social de la eutanasia y de su legitimación jurídica.

La anticoncepción ha desempeñado y desempeña un papel muy importante en el desarrollo de la asoladora «cultura de la muerte», cuyas víctimas se cuentan por decenas de millones cada año. Una cultura que, además, envilece la sexualidad humana y desvirtúa el amor incluso en su forma más sublime, como es el amor materno, cuando confiere a la madre el absurdo derecho de matar al niño que lleva en su seno. Cultura que ha llegado hasta la modificación del significado de las palabras, para con ello, confundir y poder lograr sus propósitos con menor resistencia social (para citar solo un  ejemplo: llamando anticoncepción artificial a los dispositivos intrauterinos, cuyo mecanismo de acción es probadamente abortivo, al impedir la anidación en el endometrio, del embrión cuya vida ya tuvo inicio varios días antes).

Los cónyuges que eligen la anticoncepción, lo sepan o no, contribuyen a consolidar y potenciar en su fuente esa cultura de la muerte. Teniendo esto en cuenta hay que decir que es ilícito procurar un buen fin (evitar el riesgo para la salud) o cualquier otro fin que se evidencie, con el mal medio de la anticoncepción artificial. Recordemos lo visto anteriormente respecto de la necesidad de bondad tanto en el objeto, como en el fin o la circunstancia. La anticoncepción es mala en sí, pues separa los dos aspectos que son intrínsecos al acto conyugal: el unir a los esposos y al mismo tiempo y volverlos potencialmente fecundos. En cambio es lícito buscar un buen fin (por ej. evitar el peligro para la vida) a través del uso honesto de los ritmos naturales[1]. Estos actos son buenos porque en este caso los esposos se limitan a conocer una disposición natural (es decir, causada por el Creador) que son los ritmos naturales de la mujer, para servirse de ella (cf. HV,16); en este caso los esposos se reconocen “no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien administradores del plan establecido por el Creador” (Humanae vitae, 13).

Hay que tener en cuenta que los métodos naturales no son  anticonceptivos, sino “no-conceptivos”: no van “contra la concepción” (ni la impiden ni la destruyen) pues consisten simplemente en abstenerse de los actos sexuales conyugales en los períodos que la mujer reconoce como fecundos.[2] Tener o no tener relaciones sexuales matrimoniales es algo que pertenece a la libertad de los cónyuges; pero, si deciden tenerlas, deben ser una expresión de su amor, que como ya vimos, es inseparablemente unitivo y procreador. El hecho de saber de antemano que no podrá haber una concepción, puesto que la mujer no es fértil en ese momento, no quita al acto conyugal su sentido procreador, que no depende del resultado alcanzado. Este significado es originario en el acto conyugal, y para que éste quede privado de él hace falta una manipulación artificial que lo deforme, cerrándolo a la transmisión de la vida.

Por otro lado recordemos el tema de la necesidad de graves motivos para utilizar el recurso de los días infértiles, de lo contrario, podría ser utilizado como anticonceptivo en la intención, la cual, sin embargo, no conduce en la práctica a actos anticonceptivos, sino a abstenerse de la realización de actos que puedan conducir a la concepción de una vida nueva: no priva a ningún proceso de su natural eficacia generadora. Existe por tanto, una diferencia objetiva respecto a la acción anticonceptiva, porque es muy distinto privar un acto de sus potencialidades, que no realizarlo. El desorden moral del recurso inmotivado a los ritmos de infertilidad femenina consiste en haber tomado una decisión negativa sobre los hijos, que no corresponde a su misión. Existe la diferencia de hacer positivamente el mal y no realizar el bien debido.

Los métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad se colocan en el contexto más amplio de la educación de las virtudes, propio de una antropología correcta. Exigen no sólo el conocimiento de sí mismos sino el aprendizaje del dominio de sí mismos. Por ello estos métodos son educativos del carácter. En esencia, los “métodos naturales” son solamente un método de diagnóstico de los periodos fértiles de la mujer lo cual permite la abstinencia de las relaciones sexuales cuando justificados motivos de responsabilidad exigen evitar una nueva concepción. De este modo, se constituyen en un medio para que los cónyuges modifiquen su comportamiento sexual mediante la abstinencia. De este modo, se trabaja en la capacidad de dominar, controlar y orientar los impulsos de carácter sexual. Supone la práctica de la virtud de la castidad conyugal, constituyéndose esta en una de las razones fundamentales de la bondad de estos métodos, pues la adquisición y la práctica de las virtudes en general y de la castidad en particular son esenciales para el autentico amor conyugal.

El juicio moral, por lo tanto, que se examine no solo el objeto sino además el fin y la circunstancias. La decisión de recurrir a los métodos naturales implica un juicio prudencial por el cual los esposos juzgan que no es prudente aquí y ahora poner los medios para concebir un nuevo hijo.

La cultura de la muerte, es fruto de la cultura del egoísmo que envenena el corazón del hombre. La solución está en la instauración de una nueva cultura de la vida, pero esta ha de brotar de corazones generosos, con Dios y con los demás, en la familia y la sociedad, generosos con el don de la vida misma. Esta cultura de la muerte ha visto como gran medio para lograr sus objetivos, tergiversar el sentido de la sexualidad (que sintetizamos en los puntos anteriores). Nunca una educación de la sexualidad estará completa, ni será del todo proveedora de significados, y por lo tanto eficaz, si no está integrada en  la educación para el amor; teniendo siempre como marco los valores humanos.


[1] Dice S.S Pablo VI: “Si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio sólo en los períodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales” (Humanae vitae, 16).

[2] R.P. Miguel Ángel Fuentes. idem

 

Los métodos naturales

El conocimiento de la propia naturaleza biológica y de los ritmos femeninos de la fertilidad permiten respetar la naturaleza del acto sexual.  Los llamados métodos naturales se refieren a los actos íntimos entre los cónyuges que intentan regular la reproducción humana sin modificar lo natural del acto sexual (por tanto, sin uso de preservativos o interrumpiendo el acto conyugal, etc.) ni la biología de ninguno de los dos cónyuges (uso de píldoras, ligadura de trompas, dispositivos intrauterinos, etc.). Todo se realiza respetando la naturaleza del acto pero –a partir de un previo conocimiento de la propia naturaleza biológica y de los ritmos femeninos de la fertilidad– se reservan los actos conyugales para los momentos infecundos, absteniéndose durante los períodos de posible fecundidad; por este motivo todo método natural es llamado también “método de abstención periódica”. Como tal, todos los métodos naturales son, en sí mismos, “no-conceptivos” y no “anticonceptivos”, porque no suponen ningún acto positivo que tenga por objeto destruir las posibilidades naturales de una concepción.

La secuencia histórica en el desarrollo de estos métodos comienza con el Método del Ritmo (Ogino-Knaus) que relacionaba los días fecundos e infecundos con la duración del período menstrual (este método estudia las fechas de los períodos menstruales y, calculando las variaciones de la duración de los ciclos, predice el tiempo de la ovulación); se trata de un método con cierto índice de error y con el problema de los ciclos irregulares. Luego se lo combinó con el Método de la Temperatura (temperatura-ritmo) que se basa en el descenso de la temperatura del cuerpo en el momento de la ovulación y en el aumento de la misma después de realizarse dicha ovulación. Más adelante evolucionó en el Método Sinto-Térmico que añadía a las precedentes observaciones la medida de observación de la secreción mucosa cervical; éste es un método de índices múltiples que incluye los cálculos del método del ritmo, registra el dolor abdominal, el aumento de la sensibilidad en los pechos, la palpación cervical (hasta dos o tres exámenes diarios), etc. Finalmente se llegó al Método de la Ovulación o Método Billings, en el cual se reconoce la preeminencia del patrón del flujo cervical como indicador de las fases fértiles e infértiles del ciclo[1]; este último se ha mostrado fácil de aprender para las mujeres de toda condición social y cultural, no requiere regularidad en los ciclos (por lo tanto, también elimina el problema del recurso a productos hormonales  para regular los ciclos) y tiene un índice de seguridad igual o superior a la más efectiva de las píldoras. Lo más importante de estos métodos es que en su esencia antropológica son solamente “métodos de diagnóstico” de los períodos fértiles de la mujer,  lo cual permite la abstinencia de las relaciones sexuales cuando justificados motivos de responsabilidad exigen evitar una nueva concepción. Por tanto, estos métodos sólo dan pie a los cónyuges para que éstos modifiquen su comportamiento sexual mediante la abstinencia, reservando sus intimidades para los momentos de infertilidad. No modifican de ningún modo el acto sexual, el gesto de donación y aceptación total del esposo o la esposa; por eso no modifican la naturaleza propia del acto manteniendo unidas las dos dimensiones del acto conyugal: la unitiva y la procreativa.

Con los métodos naturales los esposos “se sirven legítimamente de una disposición natural”, pero esto no excluye que pueda abusarse también de dichos métodos. El juicio moral, por tanto, requiere que se examine no sólo su objeto sino además el fin y las circunstancias del acto. Teniendo en cuenta el objeto moral del acto, la práctica de la abstinencia periódica (y por tanto al ejercicio de la castidad y del dominio de sí, etc.) no presenta ninguna objeción.  Estos actos no son en sí mismos anticonceptivos, sino no-conceptivos, y permanecen, por eso, abiertos a la vida. Esto es un punto clave: la decisión de recurrir a los medios naturales implica un juicio prudencial por el cual los esposos juzgan que no es prudente aquí y ahora poner los medios para concebir un nuevo hijo (es decir, buscar el bien de la fertilidad) y por tanto eligen abstenerse, o sea, no realizar el acto que podría dar origen a la nueva vida. Es la omisión de un acto al que dadas las circunstanciasno están obligados.

En cambio, teniendo en cuenta el fin por el que son practicados, también los métodos naturales podrían responder a una “mentalidad anticonceptiva”. Separando el ‘método  natural’ de la dimensión ética, se deja de percibir la diferencia existente entre éste y otros ‘métodos artificiales’ y se llega a hablar de él como si se tratase sólo de “otra forma de anticoncepción”. Esto ocurre cuando los motivos por los que se recurre a los métodos naturales no son serios. La valoración de los motivos es algo delicado. Hay, sí, motivos que son siempre válidos para tomar la decisión de espaciar los nacimientos o incluso en algunos casos decidir no tener más hijos: graves problemas de salud, extrema pobreza, nacimientos muy seguidos, alteraciones psíquicas, etc.; u otros factores tales como: políticas familiares que dejan desamparadas a las familias numerosas, necesidad de que la mujer trabaje fuera de la casa, etc. Otros motivos, en cambio, son claramente ilícitos, como son todos aquellos que responden a criterios egoístas, miedos injustificados, considerar a los hijos como una carga, etc.

 

Métodos  naturales en el tratamiento de la esterilidad

Como ha determinado el Congreso Internacional sobre la Regulación Natural de la Fertilidad reunido en Milán (junio de 2000), los métodos naturales son una alternativa segura a la fecundación asistida, pues de hecho pueden resolver una tercera parte de los casos de esterilidad. Éstas son las conclusiones a las que llega un estudio realizado por un grupo de investigadores de Alemania, Holanda e Italia, que fue presentado en el referido Congreso[2]. El éxito en la lucha contra la esterilidad de algunos métodos naturales (como el “Billings” o el “Sintotérmico”) se debe precisamente a su razón de ser: son naturales. Es decir, normalizan y mejoran el entendimiento físico y las relaciones psicológicas de la pareja. Los métodos naturales, de este modo, permiten la posibilidad de respetar profundamente los dinamismos fisiológicos del hombre y de la mujer, pero también su libertad y su dignidad como personas. Al permitir la recuperación de este equilibrio psicofísico de los cónyuges, se ponen las bases para resolver buena parte de los casos de esterilidad. Cuando los esposos realizan su acto conyugal después de haber reconocido las indicaciones de posible fertilidad, están usando los métodos naturales para lograr el embarazo y no hacen otra cosa que ejercer el derecho que tienen a procrear.

Escribe el Dr. Billings al exponer el método de la ovulación: “Cuando una pareja ha tenido dificultades para lograr el embarazo, lo primero y más importante es enseñarles a comprender  el método de la ovulación. La causa más común de su aparente infertilidad puede ser que no se haya producido el coito en un día en que la concepción era posible, hecho muy simple que a menudo es pasado por alto, y cuyo conocimiento podría evitar, casi siempre, investigaciones innecesarias. Para que una mujer conciba, la ovulación debe ir acompañada por un tipo especial de flujo cervical. Por razones que no siempre comprendemos, hay muchas mujeres que tienen este flujo necesario únicamente en ciclos ocasionales, y quizás sólo un día o parte de un día en ese ciclo particular. Si el coito no coincide con la presencia de este flujo, la mujer tendrá menos probabilidades de quedar embarazada. En otras palabras, para esa determinada pareja, puede haber sólo un día de fertilidad a lo largo de varios meses. Ha sido sugerido a veces que, para superar este problema, la pareja realice el acto sexual diariamente durante varios ciclos menstruales consecutivos. Sin embargo, la mayoría de las parejas no aceptarían esa sugerencia de buen grado y, además, existe evidencia que indica que una frecuencia excesiva en el coito disminuye la fertilidad del varón. El método correcto consiste en identificar el día de mayor fertilidad en la mujer, mediante la observación del patrón mucoso, y ayudar al mismo tiempo al marido a llegar a su punto máximo de fertilidad, lo que se consigue espaciando los coitos cada dos o tres días en la primera parte del ciclo…”


[1] Cf. J. BILLINGS, Fundamento del método de la ovulación, Ed. Paulinas, Buenos Aires 1989, esp. 128.

[2] Organizado por el Instituto Europeo de Educación Familiar y el Centro Ambrosiano de Métodos Naturales, y la Universidad Católica de Milán. Las noticias las tomo de Zenit, 3 de julio de 2000.

 

Aparato reproductor femenino

El aparato reproductor femenino está constituido por una serie de órganos y glándulas cuyo objetivo común es conseguir la fecundación del ovocito por el espermatozoide, la posterior implantación, el desarrollo de la gestación y el parto. Se encuentra situado en la cavidad pelviana, y está formado por: Órganos genitales Externos (Monte de Venus y Vulva) y Órganos genitales Internos (Útero, Ovarios, Trompas de Falopio y Vagina)

Órganos genitales Externos

Monte de Venus: Prominencia formada por una gruesa capa de tejido graso, cubierta por piel, situada delante de la sínfisis pubiana. Tiene forma triangular de base superior cubierta de vello que aparece en la pubertad y persiste toda la vida.

Vulva: Hendidura sagital mediana que anatómicamente se divide en dos regiones:

Región labial:

  • labios mayores: rodetes cutáneos ricos en grasa que cubren los labios menores. Miden 7 a 8 cm. de largo por 2 cm. de ancho. Contienen numerosas glándulas sebáseas y sudoríparas.
  • labios menores o ninfas: situados por dentro de los mayores, están recubiertos enteramente por mucosa. Rodean el vestíbulo de la vagina y el orificio uretral.
    En su cara interna, desembocan a ambos lados los orificios excretores de las glándulas de Bartholino, cuya secreción se halla bajo la dependencia de los impulsos nerviosos provocados por la excitación sexual. Forman, por encima del clítoris, el capuchón o prepucio, y por debajo, el frenillo clitorideano.
  • clítoris: pequeño órgano compuesto por tejido eréctil localizado justo por debajo de la unión de los labios menores y por encima del meato urinario.

Región vestibular: Región que se extiende entre los labios menores y el orificio de la vagina. En ella desemboca el meato uretral, y se puede observar en mujeres vírgenes el himen.

El himen es un repliegue membranoso que oblitera parcialmente el orificio inferior de la vagina. Generalmente presenta una perforación en el centro (himen anular) que tiene por objeto dar salida a la sangre menstrual. La abertura puede también tener otras formas: falciforme (en media luna), cribiforme (con varios orificios), labiado (formado por dos lengüetas laterales).

El himen desgarrado por la primer relación sexual (desfloración) queda dividido en varias lengüetas que habitualmente respetan su borde adherente. Después del primer parto se destruye por completo, y está representado por crestas irregulares ubicadas en la parte inferior de la vagina, denominadas carúnculas mirtifomes.

Órganos genitales Internos

Útero

Es el órgano de la gestación y tiene por función alojar y nutrir al feto y evacuarlo en el momento adecuado. Es un órgano esencialmente muscular, tapizado internamente por una mucosa (endometrio) que sufre modificaciones cíclicas a lo largo de la vida genital de la mujer. Presenta importantes transformaciones morfológicas y funcionales durante la gravidez.

Forma y situación: Tiene la forma de una pera invertida y está situado en la cavidad pelviana, entre la vejiga y el recto.

Tamaño y peso: Mide aproximadamente 6 a 7 cm. de longitud, 3 a 5 cm. de ancho y 3 a 4 cm. de espesor en las nulíparas (mujeres que no han tenido hijos); en las multíparas estas dimensiones están aumentadas en 1 a 2 cm. Pesa 40 a 50 gr. en las nulíparas y 70 a 80 gr. en las multíparas.

Partes y relaciones: Consta de una parte superior o cuerpo y una parte inferior denominada cuello o cervix. Ambas partes están unidas por un estrechamiento llamado istmo. El cuerpo es aplanado de delante a atrás y de forma triangular. Su parte superior se denomina fondo uterino. Presenta dos caras: la cara anterior está recubierta por peritoneo y separada de la vejiga por el fondo de saco vésico-uterino; la cara posterior corresponde al recto, del que está separado por el fondo de saco recto-vaginal (Douglas). Los bordes laterales corresponden al ligamento ancho, a la arteria uterina y al plexo venoso que la acompaña. Su parte inferior se confunde con el cuello a nivel del istmo; la parte superior (fondo) está en relación con las asas intestinales.

El cuello tiene forma cilíndrica. La vagina que se inserta en su circunferencia lo divide en tres porciones: supravaginal, vaginal e intravaginal. Esta última, denominada también “hocico de tenca”, tiene 8 a 10 mm. de largo y 20 a 25 mm. de ancho. Presenta la forma de un cono de vértice inferior en el cual desemboca el orificio cervical interno, que tiene forma puntiforme en las nulíparas, y transversal en las multíparas.

Posición y dirección: En conjunto, el útero está normalmente inclinado de abajo hacia arriba y de atrás hacia delante. Se halla al mismo tiempo:

  • en anteversión: el eje de conjunto del órgano forma con el eje de la vagina un ángulo abierto hacia abajo y hacia adelante.
  • en anteflexión: el eje del cuerpo forma con el eje del cuello un ángulo también abierto hacia abajo y delante de aproximadamente 120°.

Medios de fijación: El útero es un órgano a la vez sumamente fijo y móvil. Está fijado a nivel del istmo, a la altura del punto central del útero. Alrededor de este punto fijo el cuerpo y el cuello pueden realizar movimientos bastante importantes. Esta fijación se halla asegurada por:

  • ligamentos redondos, que se dirigen hacia delante y penetran en el trayecto inguinal;
  • ligamentos vésico-uterinos y pubo-vesicales: se extienden hacia adelante entre el útero y la vejiga y entre esta y el pubis, respectivamente;
  • ligamentos útero-sacros, que se dirigen hacia atrás y se insertan en el sacro;
  • ligamentos anchos, que parten de los bordes laterales, hacia las paredes de la pelvis;
  • ligamentos cardinales o de Mackenrodt: unen los bordes laterales del cuello a las paredes laterales de la pelvis.

Estructura: El útero está formado por tres capas, que son, desde la superficie hacia adentro: una serosa (perimetrio o peritoneo), una muscular (miometrio) y una mucosa (endometrio).

  • Serosa: El peritoneo, al abandonar la cara posterior de la vejiga, se dirige al útero revistiendo tanto la cara anterior y la posterior y fundiéndose a nivel de los bordes laterales del útero, para formar los ligamentos anchos.
  • Muscular: Está especialmente desarrollada y compuesta a su vez por tres capas:

–  una externa: delgada, de dirección transversal;

–  una media: la más gruesa e importante, formada por fibras en espiral. En ella discurren numerosos vasos sanguíneos, por lo cual también se denomina capa vascular. Cumple destacada función en el trabajo de parto y para evitar hemorragias posteriores al mismo (puesto que al contraer sus fibras detienen el sangrado de los vasos que transcurren en su interior).

–  una interna: circular, más desarrollada  a nivel de la desembocadura de las trompas y de la parte inferior del istmo.

  • Mucosa: Reviste de modo uniforme toda la superficie interior del órgano. A nivel del cuerpo recibe el nombre de endometrio, y a nivel del cuello se denomina endocérvix.

El espesor y las características del endometrio varían según la fase del ciclo en que se encuentre. En la fase progestacional o luteínica (día 15 a 28 del ciclo) que depende de la progesterona secretada por el cuerpo amarillo del ovario, las glándulas y las arterias se hacen tortuosas y el tejido se torna suculento; en consecuencia, en el endometrio se identifican tres capas: compacta o superficial, esponjosa o intermedia y basal. Si el ovocito es fecundado las glándulas presentan una mayor actividad secretora y las arterias tortuosas (en espiral) forman un lecho capilar denso inmediatamente subyacente a la superficie. Si el ovocito no es fecundado, el cuerpo amarillo involuciona y el endometrio, por falta de estímulo hormonal se descama, la sangre escapa de las arterias y se desprenden pequeños fragmentos de estroma y glándulas (fase menstrual). Durante los 3 o 4 días siguientes las capas compacta y esponjosa son expulsadas y sólo se conserva la capa basal. Esta capa está irrigada por sus propias arterias y actúa como capa regenerativa para la reconstrucción de las glándulas y las arterias en la fase proliferativa.

El cuello uterino o Endocérvix desde el punto de vista de los métodos naturales, el cuello uterino es la parte que más importancia tiene, ya que es aquí donde se produce el moco cervical, uno de los parámetros fundamentales para la valoración de la fertilidad o infertilidad de cada momento.

El endocérvix tiene forma cilíndrica y su longitud varía entre 2,5 y 3 cm.; termina siendo protusión en la porción superior de la vagina y se denomina “portio”. El revestimiento externo del mismo se denomina ectocérvix y está constituido por un epitelio plano estratificado similar al de la vagina. Su función es protectora y segrega glucógeno. El revestimiento interno se llama endocérvix y presenta las criptas productoras de moco.

Moco Cervical

El moco cervical es una secreción compleja que se produce de forma constante en las criptas específicas para esta función que se encuentran en el cuello del útero. Según el Dr. Odeblad, de la Universidad de Umea (Suecia), el cuello tiene cuatro tipos diferentes de criptas, las cuales producen cuatro tipos de mocos:

–          moco tipo EL

–          moco tipo ES

–          moco tipo EP

–          moco tipo G

Entre las aberturas de las criptas hay algunas células, las células tipo F, que producen un moco que no tiene función fisiológica como los tipos anteriores, pero que sí tiene una función específica en la reproducción e importancia en los síntomas de fertilidad e infertilidad. Según el predominio de una u otra hormona, la consistencia, composición, y cantidad de moco serán distintas:

El predominio estrogénico dará como resultado un moco fluido, transparente, elástico que escurre por el cuello del útero y después por la vagina de forma que la mujer podrá no sólo verlo y recogerlo en la vulva, sino sentirlo como una sensación resbalosa.

La progesterona que se segrega en el cuerpo amarillo o lúteo, que son los restos celulares de un folículo roto, es responsable de un moco denso y compacto, que queda en el cuello del útero a modo de barrera natural que protege al útero.

La cantidad de moco que se produce durante el ciclo es directamente proporcional a la cantidad de hormonas segregadas. Al principio del ciclo, cuando la mujer es infértil, las glándulas producen unos 20 a 60 mg/día en mujeres sanas en edad reproductiva, para aumentar a 700 mg/día durante la fase preovulatoria. La producción de moco también depende de la edad. Además, en las mujeres jóvenes el moco muy fértil suele estar presente más tiempo, a los 20 años unos cuatro o cinco días; a partir de los 35 años va disminuyendo.

Tipos de moco

La estructura y función del moco y su relación con la fertilidad han sido investigadas por el Dr. Odeblad. En 1976 Odeblad publicó el descubrimiento de diversos tipos de moco cervical.

  • Moco G (“G” de gestagénico) es producido por la progesterona. Este moco se observa en más cantidad durante los días infértiles del ciclo (después de la menstruación y en la fase postovulatoria), es de consistencia espesa, grumosa, hace de tapón del cuello del útero y sirve al mismo tiempo de soporte para el resto del moco que se encuentra más arriba del canal cervical.
  • Moco E (“E” de estrogénico) está producido por los estrógenos. Es un moco más fluido y dentro de este hay diferentes subtipos:

–   el Moco EL (“L” de “Locking-in”), primer moco probablemente fértil, blando, que proporciona la sensación de humedad. Se denomina así por la capacidad de atrapar y encerrar espermios mal formados no aptos para la fecundación y constituye la estructura mecánica para el moco ES.

–   el Moco ES (“S” de “Sperm Transmission”), que es el moco que habla de la máxima fertilidad, proporciona la sensación lubricante y facilita el ascenso de los espermatozoides.

–   el Moco EP (“P” de “Peak”), descubierto en 1990, y se presenta en máxima cantidad el día pico. Su función principal es llevar los espermatozoides de las criptas S a la cavidad uterina.

Ultraestructura

El Moco G forma una red densa con uniones transversales. Este moco no deja pasar a los espermatozoides por su estructura enredada, su alta viscosidad y porque los agujeros que forman la mallas son más pequeños que las cabezas de los espermatozoides. Por estos motivos el Moco G se considera un moco “infértil”.

El Moco E se presenta como largas cuerdas que forman canales que son debidos al ensanchamiento de las mallas. Este moco SI deja pasar a los espermatozoides. Facilita su ascensión por su baja viscosidad y porque los canales que forman son más anchos que las cabezas de los espermatozoides. Es un moco rico en elementos nutritivos y suministra a los espermatozoides la energía suficiente para recorrer el largo camino hacia las trompas y para estar almacenados en el moco durante unos días hasta que ocurra la ovulación (supervivencia hasta 5 días). Por todo esto al Moco E se le considera un moco Fértil.

Funciones

  • Proteger a los espermatozoides del ambiente ácido de la vagina.
  • Nutrir a los espermatozoides.
  • Filtrar los espermatozoides de mala calidad.
  • Seleccionar los espermatozoides para la fecundación.
  • Facilitar el ascenso de los espermatozoides.
  • Asepsia química contra las infecciones.
  • Constituye una barrera mecánica entre el útero y la vagina.

Esquema del útero en stuación de infertilidad: el cuello está cerrado, el moco forma un tapón que no deja pasar a los espermatozoides. El ovario se encuentra en la fase postovulatoria con un cuerpo lúteo. Al lado la ultraestructura del moco G en forma de mallas estrechas.

Ovario

Los ovarios o gónadas femeninas son dos glándulas que, en condiciones normales, tienen como función liberar mensualmente un solo óvulo maduro y, a la vez, producir estrógeno y progesterona que preparan al endometrio para la implantación del huevo fertilizado en el momento adecuado del ciclo.

La porción distal de la trompa uterina se curva en torno al ovario de modo que las fimbrias lo recubren pero sin llegar a contactar con él.

Forma, tamaño y peso: Tienen forma elíptica, achatada, de color blanco grisáceo y de consistencia firme. Su superficie es lisa antes de la pubertad, y luego de la misma se vuelve irregular debido a los folículos de De Graff en evolución y a las cicatrices que deja su ruptura (semejando una gran almendra). La dirección del eje del ovario es casi vertical en las nulíparas y oblicuo hacia abajo y adentro en las multíparas.

Sus dimensiones varían a lo largo de la vida de la mujer. Miden, como promedio, 3,5 cm. de longitud, 2 cm. de ancho y 0,5 a 1 cm. de espesor.

Pesan aproximadamente 4 a 8 gr.

Situación y medios de suspensión: Los ovarios se hallan situados a ambos lados del útero, por detrás del ligamento ancho y aplicados a la pared lateral de la excavación pelviana.

Sus medios de suspensión lo constituyen:

  • el meso-ovario, que lo une a la hoja posterior del ligamento ancho;
  • el ligamento útero-ovárico, que se extiende hasta el útero;
  • el ligamento tubo-ovárico, que lo une a la trompa; y
  • el ligamento lumbo-ovárico (ligamento suspensorio del ovario), que lo une a la pared posterior de la pelvis.

Estructura: al corte podemos observar que los ovarios están constituidos por:

  • Zona medular o central (médula): no contiene folículos. Posee vasos sanguíneos, tejido conjuntivo, y algunas fibras musculares.
  • Zona o capa cortical (corteza): comprende a su vez:

–   epitelio superficial simple, de células cilíndricas (mal llamado “epitelio germinal”);

–   túnica albugínea: situada por debajo de la anterior, y compuesta por tejido conjuntivo;

–   zona ovígena: es la más profunda de la corteza y está formada por tejido conectivo denso, donde aparecen:

  • folículos primordiales
  • folículos en maduración
  • folículos de De Graff
  • cuerpos amarillos

Los folículos mencionados contienen las células sexuales femeninas o gametos, denominados ovocitos, que después de la pubertad se presentan en distintos estadios de desarrollo. El número de folículos primordiales varía a lo largo de la vida de la mujer. Se calcula que la recién nacida tiene entre 700.000 y 2.000.000. Dado que durante los siguientes años de la niñez la mayor parte de estos folículos experimentan atresia, al comienzo de la pubertad solo hay alrededor de 40.000. Únicamente en esta etapa los folículos primordiales se convierten en folículos maduros o de De Graff.
Es importante reconocer que algunos ovocitos contenidos dentro del folículo primordial alcanzan la madurez en etapa avanzada de la vida, es decir, han permanecido inactivos durante 40 años o más.

Funciones:

  • Función generativa: consiste en la maduración folicular y posterior ovulación (que tiene por finalidad disponer una célula sexual u óvulo por ciclo) y la estimulación del endometrio a través de sus hormonas, preparándolo para la eventual implantación o anidación.
  • Función vegetativa: por la cual todo el aparato genital (trompa, útero, vagina, genitales externos) recibe el estímulo trófico para su desarrollo y funcionamiento.
  • Función somática: comprende la acción del ovario sobre el resto del organismo, al que imprime los caracteres de femineidad.

Trompas de Falopio

Son dos conductos largos que se encuentran en la vecindad de los ovarios y terminan introduciéndose en los ángulos laterales del útero.

Dimensiones: Su longitud es de 10 a 14 cm. Su diámetro exterior mide aproximadamente 3 mm. en el ángulo del útero, y aumenta progresivamente de dentro hacia fuera, alcanzando en su extremo externo 7 a 8 mm.

Partes: Se distinguen en las trompas cuatro partes, que son de dentro hacia fuera:

  • porción intersticial o intramural: está situada en el espesor de la pared uterina, mide 1 cm. y su diámetro interior alcanza 0,5 mm. Su orificio interno se denomina “ostium uterinum”
  • porción ítsmica: es cilíndrica, de consistencia firme, y mide 3 a 4 cm. de longitud.
  • ampolla: es la parte más voluminosa y más larga de la trompa. Alcanza, en efecto, 7 a 8 cm. de longitud y 7 a 8 mm. de diámetro. No es cilíndrica sino aplanada y su consistencia es débil.
  • pabellón o infundíbulo: es un embudo que se ensancha bruscamente en el extremo de la ampolla. Termina en pequeñas lengüetas denominadas fimbrias que, en número de 10 a 15, rodean al “ostium abdominal” de la trompa, que mide aproximadamente 2 mm. Entre las fimbrias hay una más larga y ancha conocida como franja tubo-ovárica o de Richard, que se une al ovario.

Histología: La pared de las trompas está formada por las mismas tres capas del útero (mucosa, muscular y serosa). La mucosa que tapiza la cara interna de la pared forma un gran número de pliegues que se acentúan en la región ampular. Está revestida por un epitelio cilíndrico que posee microvellosidades y cilias vibrátiles. La vibración ciliar de éste epitelio desempeña un importante papel en el transporte del óvulo hacia la cavidad uterina.  La capa muscular está compuesta por músculo liso, con fibras longitudinales y anulares, que juegan un papel importante en los movimientos peristálticos de la trompa.

Funciones:

  • Recoger (gracias a las fimbrias) el óvulo liberado de la superficie del ovario (recordemos que las trompas son sumamente móviles).
  • Conducir y transportar el óvulo o el cigoto (en caso que haya habido fecundación) hacia la cavidad uterina, gracias a la acción de los cilios y la musculatura de la trompa.
  • Es el lugar de la fertilización, función principal de la reproducción sexual humana.

Vagina

Es un conducto músculo-membranoso que se extiende desde el cuello uterino a la vulva. Es el órgano de copulación de la mujer y está situada en la cavidad pélvica, por delante del recto, por detrás de la vejiga y por debajo del útero. Su dirección es oblicua hacia abajo y hacia adelante.  Histológicamante, la pared vaginal se compone de tres túnicas concéntricas que de fuera adentro son; túnica conjuntiva, túnica muscular y túnica mucosa.

Forma y dimensiones: Si está vacía, la vagina es aplanada por delante y por detrás. Sus dos paredes (anterior y posterior) se adosan en caso toda la longitud del conducto, salvo en los dos extremos. Su longitud es, por término medio, 8 cm. (la pared posterior alcanza los 9 cm.).