Los métodos naturales

El conocimiento de la propia naturaleza biológica y de los ritmos femeninos de la fertilidad permiten respetar la naturaleza del acto sexual.  Los llamados métodos naturales se refieren a los actos íntimos entre los cónyuges que intentan regular la reproducción humana sin modificar lo natural del acto sexual (por tanto, sin uso de preservativos o interrumpiendo el acto conyugal, etc.) ni la biología de ninguno de los dos cónyuges (uso de píldoras, ligadura de trompas, dispositivos intrauterinos, etc.). Todo se realiza respetando la naturaleza del acto pero –a partir de un previo conocimiento de la propia naturaleza biológica y de los ritmos femeninos de la fertilidad– se reservan los actos conyugales para los momentos infecundos, absteniéndose durante los períodos de posible fecundidad; por este motivo todo método natural es llamado también “método de abstención periódica”. Como tal, todos los métodos naturales son, en sí mismos, “no-conceptivos” y no “anticonceptivos”, porque no suponen ningún acto positivo que tenga por objeto destruir las posibilidades naturales de una concepción.

La secuencia histórica en el desarrollo de estos métodos comienza con el Método del Ritmo (Ogino-Knaus) que relacionaba los días fecundos e infecundos con la duración del período menstrual (este método estudia las fechas de los períodos menstruales y, calculando las variaciones de la duración de los ciclos, predice el tiempo de la ovulación); se trata de un método con cierto índice de error y con el problema de los ciclos irregulares. Luego se lo combinó con el Método de la Temperatura (temperatura-ritmo) que se basa en el descenso de la temperatura del cuerpo en el momento de la ovulación y en el aumento de la misma después de realizarse dicha ovulación. Más adelante evolucionó en el Método Sinto-Térmico que añadía a las precedentes observaciones la medida de observación de la secreción mucosa cervical; éste es un método de índices múltiples que incluye los cálculos del método del ritmo, registra el dolor abdominal, el aumento de la sensibilidad en los pechos, la palpación cervical (hasta dos o tres exámenes diarios), etc. Finalmente se llegó al Método de la Ovulación o Método Billings, en el cual se reconoce la preeminencia del patrón del flujo cervical como indicador de las fases fértiles e infértiles del ciclo[1]; este último se ha mostrado fácil de aprender para las mujeres de toda condición social y cultural, no requiere regularidad en los ciclos (por lo tanto, también elimina el problema del recurso a productos hormonales  para regular los ciclos) y tiene un índice de seguridad igual o superior a la más efectiva de las píldoras. Lo más importante de estos métodos es que en su esencia antropológica son solamente “métodos de diagnóstico” de los períodos fértiles de la mujer,  lo cual permite la abstinencia de las relaciones sexuales cuando justificados motivos de responsabilidad exigen evitar una nueva concepción. Por tanto, estos métodos sólo dan pie a los cónyuges para que éstos modifiquen su comportamiento sexual mediante la abstinencia, reservando sus intimidades para los momentos de infertilidad. No modifican de ningún modo el acto sexual, el gesto de donación y aceptación total del esposo o la esposa; por eso no modifican la naturaleza propia del acto manteniendo unidas las dos dimensiones del acto conyugal: la unitiva y la procreativa.

Con los métodos naturales los esposos “se sirven legítimamente de una disposición natural”, pero esto no excluye que pueda abusarse también de dichos métodos. El juicio moral, por tanto, requiere que se examine no sólo su objeto sino además el fin y las circunstancias del acto. Teniendo en cuenta el objeto moral del acto, la práctica de la abstinencia periódica (y por tanto al ejercicio de la castidad y del dominio de sí, etc.) no presenta ninguna objeción.  Estos actos no son en sí mismos anticonceptivos, sino no-conceptivos, y permanecen, por eso, abiertos a la vida. Esto es un punto clave: la decisión de recurrir a los medios naturales implica un juicio prudencial por el cual los esposos juzgan que no es prudente aquí y ahora poner los medios para concebir un nuevo hijo (es decir, buscar el bien de la fertilidad) y por tanto eligen abstenerse, o sea, no realizar el acto que podría dar origen a la nueva vida. Es la omisión de un acto al que dadas las circunstanciasno están obligados.

En cambio, teniendo en cuenta el fin por el que son practicados, también los métodos naturales podrían responder a una “mentalidad anticonceptiva”. Separando el ‘método  natural’ de la dimensión ética, se deja de percibir la diferencia existente entre éste y otros ‘métodos artificiales’ y se llega a hablar de él como si se tratase sólo de “otra forma de anticoncepción”. Esto ocurre cuando los motivos por los que se recurre a los métodos naturales no son serios. La valoración de los motivos es algo delicado. Hay, sí, motivos que son siempre válidos para tomar la decisión de espaciar los nacimientos o incluso en algunos casos decidir no tener más hijos: graves problemas de salud, extrema pobreza, nacimientos muy seguidos, alteraciones psíquicas, etc.; u otros factores tales como: políticas familiares que dejan desamparadas a las familias numerosas, necesidad de que la mujer trabaje fuera de la casa, etc. Otros motivos, en cambio, son claramente ilícitos, como son todos aquellos que responden a criterios egoístas, miedos injustificados, considerar a los hijos como una carga, etc.

 

Métodos  naturales en el tratamiento de la esterilidad

Como ha determinado el Congreso Internacional sobre la Regulación Natural de la Fertilidad reunido en Milán (junio de 2000), los métodos naturales son una alternativa segura a la fecundación asistida, pues de hecho pueden resolver una tercera parte de los casos de esterilidad. Éstas son las conclusiones a las que llega un estudio realizado por un grupo de investigadores de Alemania, Holanda e Italia, que fue presentado en el referido Congreso[2]. El éxito en la lucha contra la esterilidad de algunos métodos naturales (como el “Billings” o el “Sintotérmico”) se debe precisamente a su razón de ser: son naturales. Es decir, normalizan y mejoran el entendimiento físico y las relaciones psicológicas de la pareja. Los métodos naturales, de este modo, permiten la posibilidad de respetar profundamente los dinamismos fisiológicos del hombre y de la mujer, pero también su libertad y su dignidad como personas. Al permitir la recuperación de este equilibrio psicofísico de los cónyuges, se ponen las bases para resolver buena parte de los casos de esterilidad. Cuando los esposos realizan su acto conyugal después de haber reconocido las indicaciones de posible fertilidad, están usando los métodos naturales para lograr el embarazo y no hacen otra cosa que ejercer el derecho que tienen a procrear.

Escribe el Dr. Billings al exponer el método de la ovulación: “Cuando una pareja ha tenido dificultades para lograr el embarazo, lo primero y más importante es enseñarles a comprender  el método de la ovulación. La causa más común de su aparente infertilidad puede ser que no se haya producido el coito en un día en que la concepción era posible, hecho muy simple que a menudo es pasado por alto, y cuyo conocimiento podría evitar, casi siempre, investigaciones innecesarias. Para que una mujer conciba, la ovulación debe ir acompañada por un tipo especial de flujo cervical. Por razones que no siempre comprendemos, hay muchas mujeres que tienen este flujo necesario únicamente en ciclos ocasionales, y quizás sólo un día o parte de un día en ese ciclo particular. Si el coito no coincide con la presencia de este flujo, la mujer tendrá menos probabilidades de quedar embarazada. En otras palabras, para esa determinada pareja, puede haber sólo un día de fertilidad a lo largo de varios meses. Ha sido sugerido a veces que, para superar este problema, la pareja realice el acto sexual diariamente durante varios ciclos menstruales consecutivos. Sin embargo, la mayoría de las parejas no aceptarían esa sugerencia de buen grado y, además, existe evidencia que indica que una frecuencia excesiva en el coito disminuye la fertilidad del varón. El método correcto consiste en identificar el día de mayor fertilidad en la mujer, mediante la observación del patrón mucoso, y ayudar al mismo tiempo al marido a llegar a su punto máximo de fertilidad, lo que se consigue espaciando los coitos cada dos o tres días en la primera parte del ciclo…”


[1] Cf. J. BILLINGS, Fundamento del método de la ovulación, Ed. Paulinas, Buenos Aires 1989, esp. 128.

[2] Organizado por el Instituto Europeo de Educación Familiar y el Centro Ambrosiano de Métodos Naturales, y la Universidad Católica de Milán. Las noticias las tomo de Zenit, 3 de julio de 2000.