Héroes ProVida

Santa Gianna Beretta Molla

Gianna Beretta nació en Magenta (provincia de Milán) el día 4 de octubre de 1922. Desde su tierna infancia, acoge el don de la fe y la educación cristiana que recibe de sus padres. Considera la vida como un don maravilloso de Dios, confiándose plenamente a la Providencia, y convencida de la necesidad y de la eficacia de la oración. Durante los años de Liceo y de Universidad, en los que se dedica con diligencia a los estudios, traduce su fe en fruto generoso de apostolado en la Acción católica y en la Sociedad de San Vicente de Paúl, dedicándose a los jóvenes y al servicio caritativo con los ancianos y necesitados. Habiendo obtenido el título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1949 en la Universidad de Pavía, abre en 1950 un ambulatorio de consulta en Mésero, municipio vecino a Magenta. En 1952 se especializa en Pediatría en la Universidad de Milán. En la práctica de la medicina, presta una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres. Su trabajo profesional, que considera como una «misión», no le impide el dedicarse más y más a la Acción católica, intensificando su apostolado entre las jovencitas. Se dedica también a sus deportes favoritos, el esquí y el alpinismo, encontrando en ellos una ocasión para expresar su alegría de vivir, recreándose ante el encanto de la creación. Se interroga sobre su porvenir, reza y pide oraciones, para conocer la voluntad de Dios. Llega a la conclusión de que Dios la llama al matrimonio. Llena de entusiasmo, se entrega a esta vocación, con voluntad firme y decidida de formar una familia verdaderamente cristiana. Conoce al ingeniero Pietro Molla. Comienza el período de noviazgo, tiempo de gozo y alegría, de profundización en la vida espiritual, de oración y de acción de gracias al Señor. El día 24 de septiembre de 1955, Gianna y Pietro contraen matrimonio en Magenta, en la Basílica de S. Martín. Los nuevos esposos se sienten felices. En noviembre de 1956, Gianna da a luz a su primer hijo, Pierluigi. En diciembre de 1957 viene al mundo Mariolina y en julio de 1959, Laura. Gianna armoniza, con simplicidad y equilibrio, los deberes de madre, de esposa, de médico y la alegría de vivir. En septiembre de 1961, al cumplirse el segundo mes de embarazo, es presa del sufrimiento. El diagnóstico: un tumor en el útero. Se hace necesaria una intervención quirúrgica. Antes de ser intervenida, suplica al cirujano que salve, a toda costa, la vida que lleva en su seno, y se confía a la oración y a la Providencia. Se salva la vida de la criatura. Ella da gracias al Señor y pasa los siete meses antes del parto con incomparable fuerza de ánimo y con plena dedicación a sus deberes de madre y de médico. Se estremece al pensar que la criatura pueda nacer enferma, y pide al Señor que no suceda tal cosa. Algunos días antes del parto, confiando siempre en la Providencia, está dispuesta a dar su vida para salvar la de la criatura: «Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo». La mañana del 21 de abril de 1962 da a luz a Gianna Emanuela. El día 28 de abril, también por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria «Jesús, te amo; Jesús, te amo», muere santamente. Tenía 39 años. Sus funerales fueron una gran manifestación llena de emoción profunda, de fe y de oración. La Sierva de Dios reposa en el cementerio de Mésero, a 4 kilómetros de Magenta. «Meditada inmolación», Pablo VI definió con esta frase el gesto de la beata Gianna recordando, en el Ángelus del domingo 23 de septiembre de 1973: «una joven madre de la diócesis de Milán que, por dar la vida a su hija, sacrificaba, con meditada inmolación, la propia». Es evidente, en las palabras del Santo Padre, la referencia cristológica al Calvario y a la Eucaristía. Fue beatificada por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, Año Internacional de la Familia.

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Beata Madre Teresa de Calcuta

De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mi para que seamos su amor y su compasión por los pobres”. Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo: “saciar su sed de amor y de almas” . Esta mensajera luminosa del amor de Dios nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el cruce de la historia de los Balcanes. Era la menor de los hijos de Nikola y Drane Bojaxhiu, recibió en el bautismo el nombre de Gonxha Agnes, hizo su Primera Comunión a la edad de cinco años y medio y recibió la Confirmación en noviembre de 1916. Desde el día de su Primera Comunión, llevaba en su interior el amor por las almas. La repentina muerte de su padre, cuando Gonxha tenía unos ocho años de edad, dejó a la familia en una gran estrechez financiera. Drane crió a sus hijos con firmeza y amor, influyendo grandemente en el carácter y la vocación de si hija. En su formación religiosa, Gonxha fue asistida además por la vibrante Parroquia Jesuita del Sagrado Corazón, en la que ella estaba muy integrada. Cuando tenía dieciocho años, animada por el deseo de hacerse misionera, Gonxha dejó su casa en septiembre de 1928 para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux). En el mes de diciembre inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la Escuela para chicas St. Mary. El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpétua convirtiéndose entonces, como ella misma dijo, en “esposa de Jesús” para “toda la eternidad”. Desde ese momento se la llamó Madre Teresa. Continuó a enseñar en St. Mary convirtiéndose en directora del centro en 1944. Al ser una persona de profunda oración y de arraigado amor por sus hermanas religiosas y por sus estudiantes, los veinte años que Madre Teresa transcurrió en Loreto estuvieron impregnados de profunda alegría. Caracterizada por su caridad, altruismo y coraje, por su capacidad para el trabajo duro y por un talento natural de organizadora, vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y alegría. El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su “inspiración,” su “llamada dentro de la llamada”. Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida. Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. Ven y sé mi luz”,Jesús le suplicó. “No puedo ir solo”. Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. Le pidió a Madre Teresa que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres. Pasaron casi dos años de pruebas y discernimiento antes de que Madre Teresa recibiese el permiso para comenzar. El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul y atravesó las puertas de su amado convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres. Después de un breve curso con las Hermanas Médicas Misioneras en Patna, Madre Teresa volvió a Calcuta donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de los Pobres. El 21 de diciembre va por vez primera a los barrios pobres. Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en“los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”. Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella, una a una, sus antiguas alumnas. El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de India. El Decreto de Alabanza, concedido por el Papa Pablo VI a la Congregación en febrero de 1965, animó a Madre Teresa a abrir una casa en Venezuela. Ésta fue seguida rápidamente por las fundaciones de Roma, Tanzania y, sucesivamente, en todos los continentes. Comenzando en 1980 y continuando durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba. Para mejor responder a las necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963, en 1976 la rama contemplativa de las Hermanas, en 1979 los Hermanos Contemplativos y en 1984 los Padres Misioneros de la Caridad. Sin embargo, su inspiración no se limitò solamente a aquellos que sentían la vocación a la vida religiosa. Creó los Colaboradores de Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes, personas de distintas creencias y nacionalidades con los cuales compartió su espíritu de oración, sencillez, sacrificio y su apostolado basado en humildes obras de amor. Este espíritu inspiró posteriormente a los Misioneros de la Caridad Laicos. En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, Madre Teresa inició también en 1981 el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi como un“pequeño camino de santidad” para aquellos sacerdotes que deseasen compartir su carisma y espíritu. Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella había iniciado. Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel de la Paz en 1979, hicieron honra a su obra. Al mismo tiempo, los medios de comunicación comenzaron a seguir sus actividades con un interés cada vez mayor. Ella recibió, tanto los premios como la creciente atención “para gloria de Dios y en nombre de los pobres”. Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad con Dios. Pero, existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó “oscuridad” a su experiencia interior. La“dolorosa noche” de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a una siempre más profunda unión con Dios. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres. Durante los últimos años de su vida, a pesar de los cada vez más graves problemas de salud, Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los pobres y de la Iglesia. En 1997 las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido en 610 fundaciones en 123 países del mundo. En marzo de 1997, Madre Teresa bendijo a su recién elegida sucesora como Superiora General de las Misioneras de la Caridad, llevando a cabo sucesivamente un nuevo viaje al extranjero. Después de encontrarse por última vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e instruyendo a sus Hermanas. El 5 de septiembre, la vida terrena de Madre Teresa llegó a su fin. El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad. Su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración para gente de fe y de extracción social diversa (ricos y pobres indistintamente). Madre Teresa nos dejó el ejemplo de una fe sólida, de una esperanza invencible y de una caridad extraordinaria. Su respuesta a la llamada de Jesús, “Ven y sé mi luz”, hizo de ella una Misionera de la Caridad, una “madre para los pobres”, un símbolo de compasión para el mundo y un testigo viviente de la sed de amor de Dios. Menos de dos años después de su muerte, a causa de lo extendido de la fama de santidad de Madre Teresa y de los favores que se le atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de Canonización. El 20 de diciembre del 2002 el mismo Papa aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa.

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Dr. Jérôme Lejeune.

“Al que viola las leyes naturales, solamente Dios puede perdonarlo verdaderamente; el hombre perdona a veces; la naturaleza no perdona jamás: ella no es una persona” Corría el 26 de junio de 1926 en el pueblo Montrouge de Francia, cuando nació Jérôme Jean Louis Marie Lejeune. Es llamado el padre de la genética moderna, por el asombroso descubrimiento que hizo sobre el Síndrome de Down. El había asistido a un congreso científico, donde Albert Levan había expuesto el número de cromosomas que tenía el ser humano. Reflexionando sobre el tema, Lejeune hizo una biopsia a uno de sus pacientes con síndrome de Down usando un equipo prestado y descubrió que en el cromosoma 21 estas personas presentan tres en lugar de dos cromosomas, lo que se llama trisomía. También diagnosticó el primer caso del síndrome Cri du Chat. En 1962 fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él en la Facultad de Medicina de la Sorbona la primera cátedra de Genética fundamental. Se transformó así en candidato número uno al Premio Nobel. Aunque sus aportaciones como científico fueron enormes, lo que más llama la atención es su calidad como ser humano. Es de todos conocido, que Jerome Lejeune estaba postulado para ser Premio Nobel, pero tenía que abandonar su línea pro vida y anti aborto… Esto significaba que no debía oponerse al proyecto de ley de aborto eugenésico de Francia. A pesar de esto se opuso y fue mas allá pues llevó la causa pro vida a las Naciones Unidas. Se refirió a la Organización Mundial de la Salud diciendo: “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”. Y así fue, cayó en desgracia ante el mundo y la comunidad científica y el premio no le fue concebido. Fue acusado de querer imponer su fe católica en el ámbito de la ciencia. No faltaron miembros de la Iglesia que lo rechazaran. Le cortaron los fondos para sus investigaciones. De repente se convirtió en un rechazado. El fundamento de la defensa que dio sobre la vida es que desde la fecundación, con a penas 1.5 mm de tamaño, ya existe un ser humano. “Cada uno de nosotros tiene un momento preciso en que comenzamos. Es el momento en que toda la necesaria y suficiente información genética es recogida dentro de una célula, el huevo fertilizado y este momento es el momento de la fertilización. Sabemos que esta información esta escrita en un tipo de cinta a la que llamamos DNA… La vida esta escrita en un lenguaje fantásticamente miniaturizado” Por ello, también se opuso férreamente al término que muchos pro abortistas comenzaron a utilizar: pre embrión. Horas antes de que Juan Pablo II sufriera el atentado que casi lo mata en la plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981, se había reunido Jerome con el para discutir asuntos de genética y la ética. Era amigo personal del difunto Papa. Como parte de su legado, creó una fundación para tratar el Síndrome de Down y otras alteraciones genéticas mentales que ha atendido a miles de personas con esta alteración, dándoles tratamiento físico y psicológico, orientándolos para tener una calidad de vida mayor y para que aprovechen las capacidades que SI tienen. Por otro lado, su función de investigación para avanzar en temas de alteraciones genéticas es reconocida a nivel internacional. Asi que por un lado el tratar y convivir con pacientes y por otro investigar sobre las enfermedades que sufren resulta ser una sinergia explosiva y de gran utilidad. Su reto es que algún dia pueda ser curable la trisomía o Síndrome de Down. “Encontraremos una solución, es imposible no encontrar una. El esfuerzo intelectual necesario es mucho menor que el requerido para llevar al hombre a la luna” Lejeune. Juan Pablo II reconoció la excelencia del Dr. Lejeune nombrándolo Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el 26 de febrero de 1994, pero murió el 3 de abril del mismo año, un Domingo de Pascua. Con motivo de su muerte, Juan Pablo II escribió al Cardenal Lustinger de Paris diciendo: “En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”. Con base en estos hechos contundentes de su vida, en la XIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la vida que se llevó a cabo el 25 de febrero pasado, se anunció la apertura de la causa de beatificación de Jerome Lejeune. Es muy significativo, que el proceso comience justo en plena campaña electoral francesa, dado el empeño del Papa Benedicto XVI de recristianizar Europa, es congruente al proponer como modelo de vida a Francia y a Europa entera a un europeo destacado, renombrado y modelo de cristiano y de laico. En estos días en que México está viviendo con particular intensidad el debate sobre el tema de la vida, es importante recordar a quien fue el padre de la genética y uno de los grandes científicos del Siglo XX. Hoy sus palabras, su contundencia al demostrar que existe vida humana en el preciso momento de la concepción deben alumbrar el camino para tomar la mejor decisión en torno a la legislación en México. Que no quede duda, el padre de la genética afirma contundente e inequívocamente dadas las evidencias, que abortar es quitarle la vida a un ser humano, dicho en palabras más claras, es matar. Éticamente es lo mismo matar a un ser humano de 1 dia, de 5 años o de 99 años… es una VIDA HUMANA.

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Dr. Bernard Nathanson

El pasado 21 de febrero de 2011, falleció Bernard Nathanson, el médico que de “rey del aborto”, como se lo llamó, se convirtió en uno de los más importantes defensores de la vida humana desde la concepción.

Su cambio radical de médico abortero a médico pro-vida, se concretó a través de evidencias científicas. “Como científico no creo, yo se y conozco que la vida humana comienza en la concepción”, escribió en 1992.

Se reconoció como responsable directo de la muerte de 75.000 niños no-nacidos. Abandonó la industria del abominable crimen del aborto en 1979. Su testimonio, especialmente a través de dos películas, “El Grito Silencioso” (1984) y “El eclipse de la razón” (1987) y de su autobiografía “La Mano de Dios” (1996), es capital para el esclarecimiento y la promoción de la defensa de la vida del niño no-nacido en todo el mundo.

En 1992, escribió una carta pública que constituye un testimonio excepcional y una advertencia a tener muy en cuenta, sobre todo en los países que sufren la presión abortista para legalizar el crimen abominable del aborto.

En 1996, el Dr. Nathanson, judío de nacimiento, fue bautizado en la Iglesia Católica por el Cardenal John O’Connor, en la catedral de San Patricio de Nueva York, en la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Carta abierta del Dr. Bernard Nathanson (1992):
“Soy responsable directo de 75.000 abortos, lo que me empuja a dirigirme al público poseyendo credibilidad sobre la materia.
Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en los Estados Unidos, en 1968. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años conseguimos que la Corte Suprema legalizara el aborto, en 1973. ¿Como lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo Occidental.
Nuestro primer gran logro fue hacernos con los medios de comunicación; les convencimos de que la causa proaborto favorecía un avanzado liberalismo y sabiendo que en encuestas veraces seríamos derrotados, amañamos los resultados con encuestas inventadas y las publicamos en los medios; según ellas el 60% de los norteamericanos era favorable a la implantación de leyes permisivas de aborto. Fue la táctica de exaltar la propia mentira y así conseguimos un apoyo suficiente, basado en números falsos sobre los abortos ilegales que se producían anualmente en USA. Esta cifra era de 100.000 (cien mil) aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los medios de comunicación fue de 1.000.000 (un millón). Y una mentira lo suficientemente reiterada, la opinión pública la hace verdad.
El número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre 200 y 250, pero la cifra que continuamente repetían los medios era 10.000 (diez mil), y a pesar de su falsedad fue admitida por muchos norteamericanas convenciéndoles de la necesidad de cambiar las leyes sobre el aborto.
Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de las leyes solamente implicaría que los abortos que se practicaban ilegalmente, pasarían a ser legales. Pero la verdad es que actualmente, el aborto es el principal medio para controlar la natalidad en USA. Y el número anual de abortos se ha incrementado en un 1500%, 15 veces más.
La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo.
Vilipendiamos sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y atribuimos a sus Jerarquías el papel del “malvado” principal entre los opositores al aborto permisivo. Lo resaltamos incesantemente. Los medios reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas Jerarquías, no del pueblo católico; y una vez más, falsas encuestas “probaban” reiteradamente que la mayoría de los católicos deseaban la reforma de las leyes antiaborto. Y los tambores de los medios persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la Jerarquía Católica y que los católicos proaborto eran los inteligentes y progresistas. El hecho de que grupos cristianos no católicos, y aún ateos, se declarasen pro-vida, fue constantemente silenciado.
La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar, cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción.
Frecuentemente me preguntan que es lo que me hizo cambiar. ¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado pro-vida? En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran Hospital de la ciudad de Nueva York, y tuve que iniciar una unidad de investigación perinatal; era el comienzo de una nueva tecnología que ahora utilizamos diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Un típico argumento pro aborto es aducir la imposibilidad de definir cuando comienza el principio de la vida, afirmando que ello es un problema teológico o filosófico, no científico.
Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida comienza en la concepción y requiere toda la protección de que gozamos cualquiera de nosotros.
Ud. podría preguntar: ¿Entonces, por qué algunos doctores, conocedores de la fetología, se desacreditan practicando abortos?
Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos en los Estados Unidos, implican una industria que produce 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los bolsillos de los doctores que practican el aborto.
Es un hecho claro que el aborto voluntario es una premeditada destrucción de vidas humanas. Es un acto de mortífera violencia. Debe de reconocerse que un embarazo inesperado plantea graves y difíciles problemas. Pero acudir para solucionarlo a un deliberado acto de destrucción supone podar la capacidad de recursos de los seres humanos; y, en el orden social, subordinar el bien público a una respuesta utilitarista.
Como científico no creo, yo se y conozco que la vida humana comienza en la concepción. Y aunque no soy de una religión determinada, creo con todo mi corazón que existe una divinidad que nos ordena finalizar para siempre este infinitamente triste y vergonzoso crimen contra la humanidad”. Dr. Bernad Nathanson

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Beato Juan Pablo II

Todos los soldados que luchan en la batalla crucial para proteger la vida humana desde “la concepción hasta la muerte natural”, han llorado la muerte de nuestro Santo Padre Juan Pablo II. Para algunos de nosotros –quizás para muchos de nosotros- él es el único Papa que hemos conocido, ya que se trata del tercer reinado más largo en los dos mil años de historia de la Iglesia. Para aquellos que poseen una extensa memoria histórica, Juan Pablo II es el testigo de la esperanza que transformó la crisis postconciliar con el sencillo mandato: “No tengáis miedo”. El Papa Benedicto XVI, que fue el más estrecho colaborador de nuestro fallecido Papa, ha expresado una experiencia similar: “Me parece ver sus ojos sonrientes y escuchar sus palabras, dirigida especialmente a mí en aquel momento: “No tengáis miedo”. El fallecimiento del Santo Padre Juan Pablo II y los días subsiguientes fueron un momento extraordinario de gracia para la Iglesia y para el mundo entero. El profundo dolor de su muerte y el vacío que nos ha dejado a todos se ha mitigado por la acción de Cristo Resucitado, que se manifestó durante los largos días en la ola de fe, amor y solidaridad espiritual que culminó en su solemne funeral.

La reacción del mundo entero ante la enfermedad final de Juan Pablo, su muerte y su funeral no tiene precedentes. Literalmente, millones de personas viajaron a Roma, muchos aun sin tener alojamiento y estuvieron haciendo largas filas por horas para pasar pasar frente al cuerpo del Papa en la Basílica de San Pedro, y asistir al funeral multitudinario en la Plaza de San Pedro. Para unirse a este evento, billones de personas se valieron de internet, de la televisión, la radio y la prensa. Todo esto sucedió en un mundo donde sólo una persona de cada seis son católicos. Cómo puede coexistir un testimonio tan arrollador en honor al campeón de la protección de la vida con una contradicción tan generalizada? En los países más ricos, se abortan millones de bebés, otros millones mueren de SIDA causado por la promiscuidad sexual contraria a la naturaleza, las enfermedades venéreas a niveles epidémicos azotan a los países desarrollados, las tasas de natalidad están por debajo de los niveles de restitución en muchos países de Occidente, y muchas naciones (con gran éxito), están avanzando en otorgar derechos de realizar matrimonios entre personas del mismo sexo, así como de adoptar niños. Entonces, qué es lo que ha movido a los habitantes de semejante mundo a rendir honor al capitán de la lucha contra la Cultura de la Muerte?

Hemos llorado la muerte de este Vicario de Cristo porque la santidad es irresistible. Hemos sido atraídos hacia Juan Pablo porque era un santo, y ya ha sido canonizado al estilo de antes, por aclamación popular. Es más, diversos observadores esperan que el proceso oficial sea rápido. Casi todo el mundo reconoció la santidad de Juan Pablo aunque no compartieran su fe. Solamente aquellas almas infelices o con corazones que no conocen el amor son incapaces de apreciar el super regalo de Dios que fue Karol Wojtyla. Sí, aun los envidiosos lo reconocen como el hombre más grande de nuestro tiempo, sabiendo que su legado permanecerá por mucho tiempo después que el último de los que lo conocimos haya pasado juicio y haya recibido su recompensa eterna o su castigo.

Vivamos su legado

Durante su pontificado de 26 años, Juan Pablo II envió muchos mensajes a los fieles católicos y al mundo, como está evidenciado en sus 26 encíclicas y exhortaciones apostólicas, sus discursos en más de cien visitas apostólicas en el mundo entero, y las casi incontables audiencias en Roma. En verdad, las enseñanzas de Juan Pablo constituyen fácilmente más de la mitad de la doctrina del magisterio de la Iglesia. Los sabios y los teólogos van a debatir por largo tiempo cuál de sus escritos es el más importante. Para nosotros, soldados en la batalla por la vida, sin embargo, no hay duda alguna que El Evangelio de la Vida (Evangelium Vitae) encabeza la lista.

A muy temprana edad, Karol Wojtyla aprendió lo que sucede cuando las personas y las sociedades carecen del más básico respeto por la vida humana. Su padre luchó en la Primera Guerra Mundial. Esta guerra fue el inicio desastroso del peor siglo en la historia, ya que 100 millones de hombres perecieron por causas no naturales y decenas de millones más fueron sacrificados por el aborto. En Polonia, luego de un breve período de libertad y de independencia nacional iniciado en 1919, un año antes del nacimiento de Karol, terminó brutalmente con la tiranía asesina primero de los Nazis (1939-1945) y luego de los Comunistas (1945-1989). Siendo joven Karol Wojtyla observaba y oraba y actuaba y sobrevivía, llegando progresivamente a un entendimiento más profundo como estudiante, seminarista y sacerdote. Continuó creciendo en caridad y sabiduría como obispo, cardenal y Papa, declarando que la única solución y esperanza para la raza humana consiste en la defensa y la propagación de la “santidad de la vida humana”, creada por Dios y guiada por Su Santa Iglesia.

En Evangelium Vitae escribe Juan Pablo: “El eclipse del sentido de Dios y del hombre lleva inevitablemente a un materialismo práctico, que genera el individualismo, el utilitarismo y el hedonismo. Aquí vemos también la validez permanente de las palabras del Apóstol: ‘Y como no consideraron conveniente reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente baja y a conductas impropias’ (Rom 1:28). Los valores del ser han sido sustituidos por los valores del tener. La única meta que cuenta, es la obtención del propio bienestar material. La llamada calidad de vida se interpreta principal o exclusivamente como la suficiencia económica, el consumismo a ultranza, la belleza física y el placer, descuidando las dimensiones más profundas de la existencia: interpersonal, espiritual y religiosa (EV, no. 23).

El colapso del Comunismo en 1989-90 se debió a que era implacablemente inhumano, a la poderosa intercesión de Nuestra Señora de Fátima y a los millones que atendieron sus súplicas. En esta coyuntura, el Santo Padre dirigió su atención a Occidente, a su decadencia cada vez mayor y a su despoblación, cuya obsesión con la sexualidad como un fin en sí misma, constituye el elemento que casi viene a definir y explicar la Cultura de la Muerte.

Conozcamos el lenguaje del amor

“La sexualidad también ha sido despersonalizada y explotada, pasando a ser del signo, sitio y lenguaje del amor, o sea, el don de sí mismo y la aceptación del otro en toda su riqueza como persona, cada vez más a convertirse en la ocasión y el instrumento de la autoafirmación y la satisfacción egoísta de los deseos personales y de los instintos” (EV, no. 23).

Nadie en la historia ha exaltado tanto la belleza y la santidad del amor sexual en el santo matrimonio como lo hizo Juan Pablo el Grande. Su “Teología del Cuerpo”, es la “bomba de tiempo teológica”, como George Weigel el biógrafo papal la ha llamado, y que deberá detonar en algún momento en este nuevo siglo. En este rico magisterio, identifica claramente la obsesión con el yo y y con el placer sensual que se remonta desde la Caída.

Juan Pablo comprobó que si bien la batalla fundamental en pro de la vida debe darse desde diversos frentes, siendo el sobrenatural el más importante, también es necesario que todos participemos de una u otra forma a nivel de “los políticos y los gobiernos”, ya que el derecho original e inalienable de la vida es cuestionado o negado en base al voto parlamentario o de la voluntad popular, aun cuando se trate de la mayoría. Este es el resultado siniestro de un relativismo que impera sin que nadie se le oponga: el ‘bien’ deja de serlo, porque ya no está basado firmemente en la dignidad inviolable de la persona, sino que ha quedado sujeto a la voluntad del más fuerte. De esta manera, la democracia en oposición a sus propios principio, está caminando efectivamente hacia una nueva forma de totalitarismo” (EV, no. 20).

Este análisis de Juan Pablo II lo hemos visto confirmado recientemente en los Estados Unidos en el caso de la señora Terri Schiavo, a quien mataron de hambre con el consentimiento de todas los poderes del gobierno. Esta tragedia sólo ha de servirnos para animarnos a usar todos los medios, sobrenaturales o naturales, para regresar a nuestro legado de la Revelación y la ley natural, de los Padres de la Iglesia, así como también de los próceres que fundaron nuestro país.

Sigamos su huella

No seamos ingenuos. Nuestro testimonio sobre la santidad de la vida humana puede llevarnos hasta convertirnos en confesores y mártires por la Fe. “Tenemos que llegar al corazón de la tragedia que experimenta el hombre moderno: el eclipse del sentido de Dios y del hombre, es típico de un clima cultural y social dominado por el secularismo, el cual, con sus tentáculos omnipresentes, consigue a veces poner a prueba a las propias comunidades cristianas. Aquellos que se dejan influenciar por este clima caen fácilmente en un lamentable círculo vicioso: cuando se pierde el sentido de Dios, se presenta también una tendencia a perder el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida. A su vez, la violación sistemática de la ley moral, especialmente en materia tan seria como el respeto por la vida humana y su dignidad, produce una especie de oscurecimiento progresivo de la capacidad para discernir la presencia vivificante y salvífica de Dios” (EV no. 21).

Siendo Cardenal Karol Wojtyla visitó Filadelfia, la cuna de nuestra Constitución durante el año del bicentenario, 1976. Allí, quizás por inspiración del Espíritu Santo, anticipó los temas y los retos de su pontificado y del futuro papel de los Estados Unidos cuando habló de una “confrontación final entre el bien y el mal”. Diecinueve años más tarde, escribió: “Esta situación, con sus luces y sombras, debería hacer que nos demos plena cuenta de que estamos enfrentando un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la ‘cultura de la muerte y la ‘cultura de la vida’. Nos hallamos no sólo ‘enfrentados con’ sino necesariamente ‘en el centro de este conflicto: estamos todos involucrados y todos formamos parte de él, con la responsabilidad ineludible de escoger a favor de la vida incondicionalmente” (EV no. 28).

Sin embargo no estamos solos. Muchos no católicos y no cristianos, por medio de la gracia y de la razón, se han unido en este combate crucial en favor de la vida, aunque ciertamente que “la escogencia incondicional por la vida alcanza su pleno significado religioso y moral cuando fluye y es formado y nutrido por la fe en Cristo. Nada ayuda tanto para enfrentar positivamente el conflicto entre la muerte y la vida en el que estamos empeñados como la fe en el Hijo de Dios que se hizo hombre y habitó entre nosotros para ‘que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia’ (Jn 10:10)” (EV. No. 28).

Por la providencia divina, la transición entre Juan Pablo II y Benedicto XVI tuvo lugar durante un año Eucarístico. Es en la Eucaristía y en la presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento, que Nuestro Señor permanece con nosotros, Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, hasta que venga de nuevo. Juan Pablo II dijo: “La Sangre de Cristo revela al hombre que su grandeza, y por tanto su vocación, consiste en el don sincero de sí mismo” (EV no. 28).

Como dijo Benedicto XVI durante su instalación. “Les pido a todo que en los próximos meses intensifiquen su amor y devoción por Jesús Eucarístico y que manifiesten con valentía la Presencia Real del Señor”. Sólo allí encontraremos la fuerza para perseverar y defender con gozo la vida humana cueste lo que cueste.

por Padre John McCloskey

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Beatos Settimio y Licia Manelli

Los esposos italianos Settimio Manelli (1886-1978) y Licia Gualandris (1907-2004), bendecidos con 21 hijos, podrían ser el tercer matrimonio en llegar como pareja a los altares, tras el inicio de su causa de beatificación en esta capital.

La fecunda pareja, muy querida por el Santo Padre Pío de Pietrelcina, podría alcanzar la santidad gracias a su ejemplar modo de vivir la fe y su tota confianza en la Divina Providencia.

Según informó el diario italiano la Repubblica en su edición del 20 de diciembre, el proceso de beatificación comenzó con una ceremonia en el Aula de la Conciliación del Vicariato de Roma. San Pío de Pietrelcina conoció a la singular pareja en el año 1924, cuando Licia apenas tenía 17 años y Settimio era un maestro de secundaria de 38 años. Los esposos ingresaron a la rama laica de los franciscanos como terciarios y se unieron espiritualmente al Padre Pío, quien les vaticinó una descendencia de al menos 20 hijos.

Settimio y Licia se casaron en 1926 y se instalaron en Roma. A pesar de vivir durante los duros tiempos de la guerra y la postguerra, siempre vieron a sus hijos como “dones de Dios”.

Uno de ellos, el sacerdote Stefano María Manelli -co-fundador de los Franciscanos de la Inmaculada, hoy con mil miembros en el todo el mundo- relató al diario un episodio de su niñez, cuando un día, su padre llegó a casa y su madre le dio la noticia de un nuevo hijo por venir. Settimio dijo a Licia: “¿Ves? Hay otra llama que Dios ha encendido”.

La pareja siempre invitó a su familia a confiar en la Divina Providencia, donde encontraban su fe, confianza y aceptación cristiana. “Papá y mamá nos invitaban siempre a confiar en la Providencia, a esperar su llegada a casa, como si fuese una persona”, cuenta el Padre Stefano María.

La fecundidad del matrimonio Manelli llega a nuestros días. “Entre hijos, nietos, y bisnietos la familia cuenta con alrededor de 200 personas: una gran descendencia”, explicó el Padre Stefano María en la vigilia de la ceremonia de beatificación, a la cual asistió casi toda la nutrida familia.

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Jessica Council 

El ginecólogo había aconsejado un aborto. La bebé nació cuando tenía 23 semanas y media, el umbral absoluto de viabilidad.

En agosto del año pasado, Jessica Council – una hermosa mujer de 30 años de edad, madre de una hermosa criatura – notó que tenía dolor de garganta. En la misma época, también comenzó a sospechar que estaba embarazada.

Como después de dos semanas el dolor de garganta no se había ido, Jessica decidió hacerse un control. Su médico le dijo que probablemente era un bocio de tiroides, y en última instancia nada de que preocuparse. Pero sólo para estar seguro, le hizo una prueba, que él dijo que confirmó sus sospechas iniciales. Todo estaría bien, dijo.

Pero no todo estaba bien. El doctor había leído mal la prueba.

Alrededor del 15 de noviembre, Jessica comenzó a tener problemas para respirar. El 21 de noviembre ella llegó a la sala de emergencias. Luego, el 22 de noviembre, su garganta tan cerrada al punto que no podía respirar, razón por la cual los médicos le insertaron un tubo en su garganta, y le pusieron un ventilador.

Al día siguiente, el 23 de noviembre, le informaron a Jessica que tenía cáncer. Para entonces, ella también sabía con certeza que estaba embarazada.

Así comenzó un viaje que pondría la fe y las convicciones pro-vida de Jessica y su marido, Clint, a prueba en forma definitiva.

“Cada día valió la pena”

Jessica y Clint se conocieron en Greenville College School. En una larga entrevista con LifeSiteNews.com, Clint dijo que había observado a la hermosa pelirroja sentada un día en el comedor universitario, y le preguntó si podía acompañarla. Ella se negó. Pero Clint no se dio por vencido.

De hecho, Clint se pasó un año y medio molestando a Jessica antes que ella accediera a salir con él. La pareja se casó dos años y medio después de eso. “Supongo cuando usted sabe que sabe”, dijo. “Tuve que trabajar muy duro para ella, pero cada día valió la pena”.

La pareja se mudó a Traveler’s Rest, Carolina del Sur, donde tuvieron un hijo y trabajaron en una obra de caridad cristiana como mentores de los jóvenes. La vida era buena: ellos eran jóvenes, estaban enamorados, tenían salud y disfrutaban la vida.

Clint señala que su esposa siempre se cuidó meticulosamente. “Ella siempre ha sido extremadamente saludable”, dijo. “Observaba que ella comía con mucho cuidado. Trató de honrar a Dios con su cuerpo. Lo ejercitó regularmente”.

Por esta razón, la última cosa que ellos esperaban era el cáncer que la atacó en agosto pasado.

No hay más opciones

Clint describe la reacción de su esposa al saber que tenía cáncer en la garganta como “una mezcla de miedo y sorpresa”. En cuanto a él, dice que sintió “todas las emociones que se pueda imaginar… a excepción de alegría. Yo era un caso perdido”.

Pero por supuesto, Jessica no era la única amenazada por el cáncer: estaba embarazada y cualquier tratamiento al que se sometiera perjudicaría casi con toda seguridad a su hijo por nacer, y posiblemente lo mataría.

El 25 de noviembre, el ginecólogo-obstetra del hospital le aconsejó a la pareja un aborto. Clint dice Jessica nunca vaciló. “Esa nunca fue una opción”, dijo. “Eso es blanco y negro”.

Pero lo que fue menos blanco y negro era si aceptaba o no tratamientos: mientras que el oncólogo dijo que la quimioterapia probablemente mataría al bebé, el ginecólogo no estaba de acuerdo, pues decía que el bebé probablemente sobreviviría, pero sufriendo daño cerebral.

“Jessica me miró, y le tomó unos pocos segundos”, dijo Clint, y “dijo no con la cabeza”. Ella también se negó a la radioterapia a causa de sus riesgos similares.

“En realidad no teníamos muchas opciones de tratamiento después de eso”, dijo Clint, señalando que la cirugía nunca fue una opción debido al lugar donde estaba localizado el cáncer.

“Ella no se despertó”

La cuestión del tratamiento surgió de nuevo cuando el bebé llegó al tercer trimestre. En ese momento, dice Clint, la decisión fue mucho más difícil, con los médicos diciendo que los riesgos eran mínimos porque el bebé estaba casi completamente desarrollado.

Sin embargo, Jessica siguió negándose a los tratamientos, para el bien de su hijo no nacido – una decisión que Clint dice que dejó a los médicos “muy confundidos”.

Clint confiesa que ni él ni su esposa sintieron que los médicos fueran totalmente sinceros respecto a los riesgos. Pero también dice que su esposa tenía otra razón para rechazar los tratamientos.

Dice que “ella sabía que iba a morir de todas formas”. “Ella no compartió eso conmigo hasta casi cuando murió… Pero pienso que ella sabía, y ella estuvo pensando que iba a dar a este bebé todas las oportunidades que pudiera”.

Aunque la pareja encontró un cierto éxito con los métodos alternativos para frenar el crecimiento del cáncer, incluyendo una estricta dieta de jugos de vegetales orgánicos y suplementos, sin tratamientos más agresivos sólo fue una cuestión de tiempo antes que el cáncer ganara la partida.

Un milagro de 23 semanas

En la noche del 5 de febrero, Jessica se fue a dormir con dolor de cabeza y náuseas. “Ella no se despertó”, dice Clint.

Al día siguiente el hospital declaró la muerte cerebral de Jessica, y los médicos entregaron a Clint el visto bueno para efectuar el parto por cesárea. El 6 de febrero, nació la pequeña “Jessi”, pesando solamente 1 libra 3 oz (538 gramos).

Los médicos habían pensado que Jessica estaba embarazada de 25 semanas, pero después que nació la bebé se dieron cuenta que probablemente tenía sólo alrededor de 23 semanas y media, que es el umbral absoluto de viabilidad.

“Sobre eso sólo puedo dar testimonio de la gracia de Dios, debido a Jessica murió justo cuando el bebé era viable para la vida fuera del útero”, dice Clint. Los médicos dicen que Jessi se está desarrollando bien.

“Emocionalmente brutal”

Clint describe toda la experiencia como “emocionalmente brutal”, y admite que a pesar de sus firmes convicciones cristianas y pro-vida, lo que estuvo muy lejos de ser fácil fue recorrer el camino que él y su esposa emprendieron.

“Sí, yo luché”, dice, “porque en la Biblia está la única persona que nos mandó amar más que a nosotros mismo. Esto lo hizo ella. Yo luché”.

“A veces es más fácil ser generoso en cualquier cosa que te pasa”, señala, “pero cuando se llega a perder a la persona que amas más que cualquier otra cosa, es muy difícil”.

También fue difícil para su hijo de dos años y medio de edad. Clint relata que después que Jessica ingresó al hospital, su hijo no pudo verla durante aproximadamente un mes, y durante ese tiempo ni siquiera miró o habló con su padre. Pero después que visitó a su madre, “comenzó a estar mejor”, dice Clint.

Después que Jessica murió, el niño sufrió un período de aguda “ansiedad por la separación”, aunque su padre dice que ha comenzado a superarlo.

En cuanto a Clint mismo, apenas dos meses después de la muerte de su esposa, él dice que está funcionando en piloto automático, manteniéndose ocupado con el trabajo y cuidando de sus dos hijos.

En este punto él hace una pausa. “Voy a ser muy franco”, dice, señalando que él quiere hacer lo que pueda para ayudar a otros que puedan estar en una situación similar. “Durante el primer mes, no podía – y estoy queriendo significar literalmente con esto una incapacidad -. Yo no podía leer mi Biblia, no podía rezar”.

Él describe la sensación como similar a la de un niño que es disciplinado por un padre: “A pesar que yo sabía intelectualmente que la relación estaba allí, aunque yo sabía que [Dios] me amaba, acepté todas estas cosas desde un punto de vista mental. Espiritualmente no sentía nada”.

“Y no se trata de los sentimientos, sino que la alegría en Dios había desaparecido por completo durante casi un mes. Yo estuve funcionando únicamente en lo que yo sabía que era verdad desde el punto de vista mental”.

Ahora, sin embargo, él dice que ha ido más allá de esa primera etapa, y que ha comenzado a rezar de nuevo, inclusive por otras personas.

No obstante ello, dice que probablemente llegará un momento en el que tendrá que dejar todo, y precisamente hacer duelo por la pérdida de su esposa.

“Alabado sea Dios”

Pese a que el cansancio y el sufrimiento es palpable en la voz de Clint, al hablar con él se detecta algo más también: una resignación profunda no nacida de la desesperación, sino de una fe auténtica y arraigada que acepta que este sufrimiento fue en última instancia significativo, y que hay tragedias peores inclusive que la muerte.

En una nota escrita menos de dos semanas después de la muerte de Jessica, y enviada a un blog sobre la lucha de ella con el cáncer, Clint escribió las últimas palabras que muchos esperarían escuchar de un hombre que acaba de perder a una esposa joven a quien amaba entrañablemente.

“Alabado sea Dios, mis amigos”, dijo él. “No dudes de Dios, no estés enojado con Él por mi causa”. “Tengo el privilegio de haber tenido una esposa que estaba tan llena del amor del Padre. Alégrense conmigo, hermanos y hermanas. Dios ha bendecido a Jessica al llevarla a un lugar de perfecta paz y sin dolor. Tengo que estar agradecido por el tiempo que tuve con ella, en lugar de lamentar todas las cosas que nunca llegamos a hacer juntos. Debemos dar gracias en todas las cosas, porque ésta es la voluntad de Dios en Jesucristo”. “Gracia y Paz a todos”.


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