Investigaciones

El supuesto derecho al hijo, los hijos de laboratorio y los huérfanos biológicos

«¿De quién son mis ojos?»

Las familias del futuro -profetizan e incluso celebran algunos- serán mucho más difíciles de dibujar que las normales –tradicionales, dicen-: padres legales (parejas e individuos hetero u homosexuales), donantes de óvulos y espermatozoides, madres-incubadora, medio-hermanos desconocidos… Muchos de los que participan en estaindustria que mueve cientos de millones de euros han asumido, a la vez, ser sus víctimas. A los niños, en cambio, se les impone esta situación. Los pocos que no terminan como embriones desechados están empezando a hacer oír sus quejas

Katrina Clark sabía desde pequeña que su padre era un donante de semen y, aunque a veces soñaba con «un hombre alto y delgado» que jugaba con ella, no asimiló realmente su situación hasta la adolescencia: tras una discusión familiar, «la sensación de vacío cayó sobre mí. Me di cuenta de que, en cierto sentido, era rara. Verdaderamente nunca tendría un padre. Por fin entendí lo que significaba ser concebida por un donante; y lo odié. Cuando leo lo que dicen algunas mujeres sobre su opción de maternidad, me siento degradada a poco más que una ampolla de semen congelado». El Washington Post publicó su testimonio hace dos años. El semanario Newsweek había reproducido, ya en 1994, un testimonio muy similar, de otra joven, Margaret R. Brown, concebida in vitro: «Tengo el sueño recurrente de estar flotando en la oscuridad mientras giro sin parar cada vez más deprisa en una región sin nombre, fuera del tiempo. Soy una persona que nunca conocerá la mitad de su identidad. ¿De quién son mis ojos? Me he preguntado si no habrá otros secretos que se me ocultan».
Las primeras generaciones de niños probeta están llegando a la edad adulta, y algunos comparten testimonios como los que se describen en el párrafo anterior. El psiquiatra don José Cabrera ha conocido a varios de esos hijos, «que tienen una depresión permanente. Un factor seguro de esta depresión es la tristeza» por el modo de haber sido concebidos. Incluso «aunque no lleguen a la depresión, se caracterizan por una cierta tristeza generalizada, por saberse no concebidos en un acto de amor». Es más, si se ha usado el semen de un donante, «se les ha fabricado huérfanos y tienen muchas preguntas como: ¿tengo alguna raíz cierta? ¿Soy un hijo deseado, o necesitado para cubrir una necesidad obsesiva?» También está el gran peso psicológico, por la expectación que han generado.
La referencia al padre, vacía
Doña María Dolores Vilá Coro, jurista experta en Bioética, explica en su libro Huérfanos biológicos la importancia de que exista, al menos, un padre referencial (fallecido o divorciado) conocido, aunque incluso esto puede influir en el desarrollo de los hijos. Cuánto más con la fecundación artificial con semen donado, donde la figura paterna queda excluida, incluso si hay un padre legal (caso de Margaret) o social (pareja de la madre, caso de Katrina).
Cuando se empezaron a oír las voces de los huérfanos biológicos, el Reino Unido dio marcha atrás en su ley y eliminó el anonimato en las donaciones de semen y óvulos. También han empezado a surgir, en Inglaterra y Estados Unidos, asociaciones que les ayudan a localizar a sus padres y hermanos biológicos. Una lucha similar a la de los hijos adoptados que luchan por conocer sus orígenes, aunque los niños probeta reciben mucha menos comprensión de la sociedad.
¿Por qué dan tanta importancia estas personas a la biología, cuando han podido recibir mucho amor de sus padres legales? Quienes critican así cualquier intento de limitar la reproducción asistida, paradójicamente, no plantean, por coherencia, otra muy similar: ¿y por qué dan tanta importancia a la biología unos padres que prefieren encargar un hijo in vitro en vez de adoptarlo?
Más allá de la incomprensión que todavía sufren, en muchos países están discriminados frente a los hijos adoptados, a los que sí se reconoce el derecho a conocer a sus padres. El interés de las clínicas, en cambio -explica la doctora Vilá Coro-, es mantener el anonimato «porque es el medio de mantener a los donantes».
Incesto biológico y enfermedades
Las mismas autoridades que tanta prisa se han dado en ir regulando las técnicas de reproducción artificial, han mostrado mucho menos interés en aplicar los límites establecidos por ellas mismas. La primera ley española, de 1988, ya preveía la creación de un registro de donantes -preservando el anonimato-, para evitar que un mismo donante engendrara más de seis hijos vivos y que éstos pudieran encontrarse sin saber su parentesco y tener hijos, con el riesgo de enfermedades hereditarias que eso conlleva. Hoy en día, nada impide que un mismo donante acuda a varias clínicas de varias ciudades, y engendre hijos en todas ellas. En Australia se han dado varios casos en los que hasta 30 mujeres de una ciudad pequeña han tenido hijos del mismo donante.
Pero el ser una persona probeta no sólo entraña riesgos psíquicos y de incesto biológico. La concepción se realiza en condiciones artificiales, y se fuerzan fecundaciones con óvulos y espermatozoides de poca calidad, inmaduros o incluso con sus células precursoras (que tienen el material genético pero carecen de otros elementos necesarios). La implantación de varios embriones produce tasas muy altas de embarazos múltiples y partos prematuros. A todos estos factores se atribuye la mayor tasa de malformaciones y secuelas neurológicas como retraso mental y defectos de visión, entre otras enfermedades, que sufren en comparación con los niños nacidos naturalmente. La bióloga doña Natalia López Moratalla explica que, en muchos casos, son los pediatras los que están dando la voz de alarma porque las clínicas, una vez conseguido el embarazo, se lavan las manos. También, al forzar la procreación de personas que pueden ser infértiles por causas genéticas, puede aumentar la infertilidad en el futuro.
¿Derechos?
«Lo que resulta más sorprendente -continuaba el testimonio de Margaret Brown-, dada la actitud de la sociedad hacia la protección de los niños, es que las decisiones sobre inseminación artificial se toman en interés de los padres y del médico, no en interés del niño. Los hijos no son bienes de consumo o posesiones». Pero, dado el tratamiento que se les da, desde luego se los trata como tales. Al hablar de derecho al hijo, se lo está cosificando -no se tiene derechos sobre una persona-. El derecho a un hijo en cualquier situación justifica la fabricación de huérfanos, o la reproducción asistida en madres-abuelas de más de 50 o 60 años. El derecho al hijo sano justifica la eliminación de los enfermos. También está elderecho a tener un hijo a medida, eligiendo el de un sexo y eliminando a los del otro (lo que se empieza a pedir y legitimar), o seleccionando a un donante según su estatus social o apariencia física; incluso el derecho a tener un hijo que comparta una discapacidad como la sordera, eliminando a los embriones oyentes, como pretendía una pareja de lesbianas inglesas. Al ser un derecho, la Sanidad pública debe pagarlo (incluso, como en Andalucía, si no existe un problema de infertilidad, sino que, simplemente, la mujer no tiene pareja). Y, si cualquiera de estas cosas sale mal, está el derecho a demandar al fabricante. No son exageraciones, sino casos reales.
Además, en un mundo globalizado para los negocios, también en este caso son permeables las fronteras. En el caso de que en un país fuera ilegal un determinado producto, siempre se puede viajar a otro, como sucede en España, donde vienen muchas personas para conseguir donantes o embriones. Y, aunque en España es ilegal elegir a los donantes, el Instituto IVI, de Valencia, vende semen a la carta en el extranjero.
Si se respetan las primeras premisas (existe un derecho al hijo, que puede ser concebido artificialmente por un acto de mera voluntad en vez de amor), nadie debería escandalizarse por casos como el de una mujer holandesa que se ofreció por Internet a ser madre de alquiler, luego fingió que había abortado y vendió el bebé a otra pareja por el doble de dinero.
María Martínez López
Cuerpos a la venta
Dos años después de que se aprobara en España la última Ley sobre Reproducción Humana Asistida, ya se vuelven a oír voces que piden que se cambie para incluir, ahora, la maternidad subrogada, es decir, el alquiler de úteros, para que, por ejemplo, las mujeres que no tienen útero puedan usar el cuerpo de otra como incubadora. O aquellas que no quieren perder la figura. Si se mira bien, puesto que el feminismo radical habla de la reproducción como trabajo reproductor, parece perfectamente lógico que, las que puedan pagar, lo deslocalicen. Una prostitución de nueve meses, que muchos buscan a través de Internet o en países como Estados Unidos (donde puede costar hasta 100.000 euros a través de una agencia) o la India, donde mujeres de las clases más pobres se dedicanprofesionalmente a ello, a veces obligadas por sus maridos, como ha denunciado un médico del país. No sería raro que, en aras de la no discriminación frente a otras formas artificiales de tener un hijo, la sanidad pública acabara pagando el dinero que reciben las madres de alquiler. En Inglaterra ya se ha propuesto.
Es el siguiente paso lógico a la donación de óvulos, mediante la cual muchas mujeres, a veces con cierta frecuencia, someten a su cuerpo a duros tratamientos hormonales, guiadas por buenas intenciones o a cambio de una compensación por las molestias -la ley española no permite la venta de gametos- de varios cientos de euros (muy atractiva para estudiantes, inmigrantes o simplemente para llegar a fin de mes).
Las víctimas invisibles
Las tasas de éxito de la fecundación in vitro (entre 20% y 30%) se calculan por cada ciclo, pero si se cuentan los embriones creados, el resultado está entre cuatro y ocho nacimientos por cada 100 embriones creados. En 14 años, en Inglaterra, se destruyeron 1,2 millones de embriones, algunos después de haber estado años congelados; otros muchos, considerados no viables, directamente tras la fecundación. La cifra no incluye a los implantados en las madres, que en su mayoría mueren (más que los concebidos naturalmente). Otros son abortados porque la técnica ha funcionado demasiado bien y sobran.
Desde 1988, cada ley de Reproducción Asistida en España ha desprotegido más al embrión. La primera permitía congelarlos y experimentar con los no viables; la de 2003, con los viables congelados hasta entonces; y la última, de 2006, también crearlos y utilizarlos para la experimentación, además de quitar los límites de 2003 a la congelación. Pero nunca se ha creado un registro de embriones congelados, y aunque las voces oficiales sitúan la cifra en torno a los 30.000, expertos como el doctor Justo Aznar dicen que pueden alcanzar los 200.000. Y sistemáticamente se crean más de los que se implantan. Algo que, para la doctora Vilá Coro, «corresponde a una visión de la bioética en la cual el ser humano está al servicio de otros intereses». El futuro de estos niños está en manos de sus padres: pueden ser implantados en la madre, donados a otras parejas, destinados a investigación, o simplemente destruidos a los cuatro años. Y, en caso de divorcio o desacuerdo, se ha llevado su propiedad ante los tribunales, que parecen tender a dar la razón al padre que no quiere que otro hijo suyo nazca.
Desesperados y engañados
El psiquiatra don José Cabrera ha tratado a varias parejas que no podían tener hijos, y está convencido de que, «si este deseo no se racionaliza, se puede convertir en una idea monotemática y de rasgos obsesivos. Todo el pensamiento, discusiones y comentarios giran alrededor de los niños (ropa, juguetes, los hijos de otros) y de lo triste que estoy por no poder tenerlos. Hasta llega a ser patológico, una depresión, o insomnio». En estas condiciones, a la mujer no se le debería permitir, según la ley, someterse a la reproducción asistida, pues no goza de salud psicofísica. Algo así puede destruir un matrimonio, «comiéndoselo como una termita. Empiezan las inculpaciones; si el marido no quiere semen de un donante, la mujer piensa que no la quiere; o el marido piensa que, para la mujer, él no es suficiente familia». La solución pasa, lo primero de todo, por recordarles que «ellos no son la especie, darles un nuevo sentido a su vida, plantearles la adopción», etc.
En España se realizaron, en 2005, más de 40.000 ciclos. Es difícil imaginar que un tratamiento que no cura esté tan generalizado, con un 70% de fracasos. Parejas o mujeres están dispuestas a someterse a un auténtico calvario de visitas al hospital, pruebas, tratamientos hormonales (con sus efectos secundarios), intervenciones invasivas…, una y otra vez, gastándose un dinero que no siempre tienen (el ciclo vale 6.000 euros de media) o cargándoselo al Estado. Con 20 euros, una hoja de papel, un lápiz y un termómetro, reconociendo la propia fertilidad de forma natural, se consigue una tasa de éxito igual o superior a la reproducción artificial (30%).
«Una pareja -explica doña Micaela Menárguez, experta en estos métodos- tiene una ventana combinada de fertilidad -el período en el que pueden concebir- de cinco días como máximo, y las parejas tienen muy pocas relaciones. Puede que al cabo de un año de buscar el hijo, no hayan tenido nunca relaciones en esos días, pero se les envía a la reproducción asistida en vez de enseñarles a saber cuándo son fértiles y cuándo no. Es empezar la casa por el tejado».
En Bélgica, se está estudiando enseñar estos métodos antes de recurrir a la reproducción asistida. Durante un año, el hospital La Paz, de Madrid, tuvo una consulta de fertilidad natural que alcanzó una tasa de éxito de casi el 32%, pero que terminó cerrándose. Mientras, en las clínicas privadas «se hacen de oro y juegan con los sentimientos de las mujeres, diciéndoles que tienen derecho a tener hijos y que van a hacer todo lo posible», mientras se les está privando de la «oportunidad de tener un hijo de una forma mucho más fácil y placentera». Quizá el problema es que no responde a la corrección política de la sociedad, pues, obviamente, de los métodos naturales sólo se pueden beneficiar parejas heterosexuales.

Alfa y Omega, Número 616 / 20-XI-2008

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¿Legalizar la prostitución?

Una investigación en Australia responde a la pregunta

ROMA, domingo, 24 abril 2011 (ZENIT.org).- Legalizar la prostitución es un tema que se ha planteado con frecuencia en los últimos años. Quienes lo proponen sostienen que es mejor regularla, para volverla más segura y evitar los abusos, una postura calificada como minimización de daños.

Sin embargo, la legalización está lejos de ser la solución perfecta, como dejan claro los hechos ocurridos en la zona en que se sitúa la capital de Australia, Canberra, el Territorio de la capital de Australia (ACT). La prostitución ha sido legal en el ACT desde 1992. La muerte en 2008, debido a una sobredosis, de una prostituta de 17 años, Janine Cameron, ha suscitado preocupación.

La asamblea legislativa del ACT está ahora llevando a cabo una investigación. Se han recibido hasta 50 documentos escritos y están teniendo lugar audiencias públicas.

“No se puede tener sexo con 10 ó 15 hombres diferentes cada día sin que esto te afecte a ti y a cómo te valoras a ti misma, y a cómo valoras el sexo, y a cómo construyes una intimidad con otro ser humano”, decía en la investigación Julie (un pseudónimo).

Según un reportaje del 8 de abril de ABC News, Julie comenzó a trabajar en un burdel cuando tenía 17 años. Después de 18 meses se fue, pero señalaba que no era fácil cuando se está en una industria en la que hay mucho crimen y corrupción.

Se vio a sí misma luchando para llevar una vida normal. “Era muy difícil seguir adelante y tener una relación íntima normal con una persona”, decía.

Violación de la dignidad humana

En su documento presentado en la investigación, la archidiócesis católica de Canberra explicaba que la Iglesia considera la prostitución como una violación de la dignidad humana. Las prostitutas dañan su dignidad porque se reducen a ser instrumentos del placer sexual, mientras que quienes pagan por sus servicios son culpables de una grave ofensa.

Entre otras cosas el documento precisaba una serie de argumentos sobre el daño causado por la prostitución.

— Las prostitutas son objetivos fáciles de crímenes violentos y corren el riesgo de recibir daños físicos de sus clientes y chulos.

— Es bien conocido el hecho de que muchas mujeres implicadas en la industria de la prostitución lo hacen para poder seguir con su adicción a las drogas o conseguir dinero por otras necesidades acuciantes.

— El uso de prácticas sexuales sadomasoquistas, que incluyen la violencia contras las mujeres con látigos, bastones y torturas es especialmente degradante para las mujeres.

— La prostitución aumenta notablemente los riesgos graves para la salud de las mujeres, sobre todo los riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual como el VIH, el herpes y la hepatitis C.

— La prostitución está estrechamente ligada a la esclavitud y al tráfico sexual de mujeres.

— Cuando se legaliza o se despenaliza la prostitución, se crea una cultura de la prostitución, que tiene efectos perjudiciales en las vidas no sólo de las mujeres que se prostituyen, sino de todas las mujeres que viven dentro de esa cultura.

— La prostitución perjudica las relaciones heterosexuales y a las familias. La esposa o novia de un hombre que utiliza servicios sexuales se ve notablemente afectada. Si la utilización de la prostitución por un hombre se guarda en secreto, hay una ruptura en los fundamentos de la confianza y honestidad de su relación. Si la utilización de la prostitución se sabe, puede llevar a una ruptura de su relación.

— La presencia de la industria de la prostitución perjudica el ideal de relaciones igualitarias entre hombres y mujeres y tiene un impacto negativo en la familia y en la vida en sociedad en general.

— La prostitución no puede separarse de la cuestión del estatus y dignidad de las mujeres. La legalización de la industria de la prostitución significa que el gobierno y la sociedad en general están dispuestos a aceptar la deshumanización y cosificación de las mujeres.

El caso de Suecia

Una de las recomendaciones del documento de la Iglesia católica sometido a la comisión era la adopción del modelo sueco. En 1998 Suecia aprobó una legislación que penalizaba la compra, pero no la venta de servicios sexuales. Las mujeres y niños víctimas de la prostitución no corren el riego de sanciones legales, pero la compra de tales servicios es un delito penal.

Otras propuestas sometidas a la investigación de Canberra recomendaban también el modelo sueco. La propuesta se ha visto respaldada por un informe oficial, publicado el 2 de julio de 2010, que evaluaba la legislación, desde sus inicios en 1999 hasta el 2008.

El informe descubrió que los cambios han logrado el efecto deseado y que la penalización de la compra de sexo es un instrumento importante en la lucha tanto contra la prostitución como contra el tráfico con fines sexuales.

El informe señalaba que la prostitución callejera en Suecia se había reducido a la mitad desde que se introdujo la prohibición en 1999. Antes de los cambios la presencia de la prostitución callejera era más o menos la misma en las tres capitales de Noruega, Dinamarca y Suecia.

Desde 1999 la prostitución callejera en Noruega y Dinamarca ha aumentado de forma dramática. En el 2008, el número de personas que se prostituía en las calles de Noruega y Dinamarca se estimaba que era el triple que en Suecia, explicaba el informe.

“A la luz de las grandes similitudes que, en muchos aspectos, existen entre estos tres países, económica y socialmente, es razonable asumir que la reducción en las prostitución callejera en Suecia es resultado directo de la penalización”, concluía.

Además, no ha ocurrido que la prostitución simplemente se haya trasladado a otro lugar, como consecuencia de los cambios en Suecia. El informe descubría que la prostitución como resultado de un contacto a través de Internet es más frecuente en los países vecinos de Suecia. Así que la prohibición de la prostitución callejera en Suecia no la ha trasladado a Internet.

Por otro lado, el informe señalaba que no hay signos de que la prostitución en salas de masaje, clubs de sexo y en restaurantes y discotecas haya aumentado en los últimos años. No hay en general pruebas que sugieran que las prostitutas explotadas antes en las calles estén ahora involucradas en la prostitución en locales.

El informe decía también que, según la Policía Criminal del país, la prohibición contra la compra de servicios sexuales actúa como un desincentivo para los traficantes de personas y los proxenetas que se establecen en Suecia.

La información de la experiencia sueca ha reforzado también lo que muchos habían dicho tanto en este tema como en otros debates sobre la legalización de prácticas polémicas. Ha dejado claro que el prohibir la compra de servicios sexuales ha tenido un efecto normativo y que, tras la legislación, ha habido un cambio relevante en la actitud del público ante la compra de servicios sexuales. Ha significado un elemento eficaz de disuasión para quienes compran sexo.

Opresión

Otro de los documentos sometidos a la investigación de Canberra provenía de Collective Shout, que se describe a sí mismo como “un movimiento con campañas a pie de calle preocupado por la cosificación de las mujeres y la sexualización de las jóvenes en los medios, la publicidad y la cultura popular”.

Observaban que, en nombre de la minimización de daños, se legalizaron en la década de los noventa algunos sectores de la industria sexual en Australia y en países como Holanda y Alemania.

No se logró, sin embargo, el efecto deseado, y el documento presentado ante la comisión afirmaba que hay evidencias claras, tanto de estudios académicos como de los gobiernos, de que la postura de minimización de daños es en sí misma errónea al intentar regular la industria sexual.

Un ejemplo claro de esto estaba en relación con el uso de menores en la industria de la prostitución. Victoria fue el primer estado australiano en legalizar la prostitución.

Un estudio, que examinaba la información de 471 organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que trabaja con niños en Australia, mostraba que más de 3.100 niños australianos de entre 12 y 18 años habían tenido relaciones sexuales a cambio de dinero para sobrevivir, y Victoria tenía la cifra más alta de la nación con 1.200.

Otro de los puntos presentados fue que muchas mujeres prostituidas habían sufrido abusos sexuales en la infancia, abusos físicos, violencia doméstica y abuso de drogas.

“El modelo de minimización de daños – o legalización de la prostitución – permite, en esencia, la explotación de las personas más vulnerables de la sociedad”, afirmaba Collective Shout. “Es el momento de reconocer que la ‘profesión más antigua del mundo’ es en la actualidad la ‘opresión más antigua del mundo'”.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado

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La fertilidad sigue cayendo

Las consecuencias económicas de una población envejecida

Por el padre John Flynn, L. C.

ROMA, domingo 17 de abril de 2011 (ZENIT.org). – La baja tasa de natalidad y una población envejecida plantearán a Europa un enorme desafío económico. Esta es una de las conclusiones de un estudio publicado por la Comisión Europea a comienzos de mes.

El “Tercer Informe Demográfico” ha descubierto que el número de hijos por mujer ha aumentado desde el 1,45 del último informe de 2008 hasta el 1,6. Aun así, esta cifra sigue estando demasiado por debajo del nivel de 2,1 niños necesarios para mantener una población estable.

La esperanza de vida también ha aumentado, lo que acelera la tendencia a una población envejecida. En cuatro países – Bulgaria, Lituania, Letonia y Rumanía – la población ya está disminuyendo debido a que las personas fallecidas o emigradas superan el número de nacimientos.

El informe también mostraba que la media de edad de las mujeres para su primer parto se ha pospuesto de modo significativo durante las tres últimas décadas. La edad más alta para el parto en el 2009 se dio en Irlanda, con 31,2 años de media. Italia se hallaba muy cerca con 31,1 años, mientras que la edad más baja la tenía Bulgaria, con 26,6, y Rumanía, con 26,9. En 13 de los 27 países de la Unión Europea las mujeres tendían a tener hijos con 30 años o más.

Según el informe la fertilidad puede seguir aumentando de modo marginal, quizás un poco por encima de 1,7 niños por mujer. El documento observaba que, con esta tasa, aún se necesitaría una gran afluencia de inmigrantes para evitar que la población se redujera a largo plazo.

No es probable que la fertilidad suba lo suficiente como para alcanzar el nivel de reemplazo del 2,1, o que se invierta el envejecimiento de la población de Europa, concluía el informe.

Cerca de 5 millones de niños nacen cada año en los 27 estados que conforman la Unión Europea y cerca de 2 millones de personas emigran desde países extranjeros. Los nacimientos superan el número de muertes en sólo algunos cientos de miles de personas cada año. Con una inmigración neta que supera ampliamente el millón al año esto explica la mayor parte del crecimiento de la población de la Unión Europea.

Las naciones de la Unión Europea actualmente son el hogar de unos 20 millones de personas que no tienen la ciudadanía local. Hay también emigración interna, con otros 10 millones de nacionales de la Unión Europea que viven en otros estados miembros. Además, cerca de 5 millones de no nacionales han adquirido la ciudadanía de la Unión Europea desde el 2001.

Más ancianos

Tras las cifras de población total de la Unión Europea hay diferencias significativas entre los estados miembros. Por ejemplo, las poblaciones actualmente más ancianas, como las de Alemania y de Italia, envejecerán rápidamente durante los próximos 20 años, luego se estabilizarán.

Otros, con poblaciones más jóvenes, principalmente en el este de la Unión, envejecerán a una velocidad cada vez mayor y, para el año 2060, tendrán las poblaciones más ancianas de la Unión Europea.

El informe observaba que, en el 2014, la población en edad laboral, entre los 20 y 64 años, comenzará a disminuir rápidamente, al jubilarse los baby-boomers del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

De hecho, en la Unión Europea, el número de personas con 60 años o más ya está aumentando en más de dos millones cada año, lo que es el doble de lo observado hasta hace tres años.

La mitad de la población actual de los 27 estados de las Unión tiene 40,9 años o más. La edad media va desde los 34,3 años de Irlanda a los 44,2 de Alemania. Se prevé que la edad media suba hasta los 47,9 años para el 2060.

La población de 65 años o más se prevé que aumente desde el 17,4% del 2010 hasta el 30% en el 2060.

El resultado será una carga cada vez mayor sobre quienes están en edad laboral a la hora de proporcionar los ingresos para los gastos sociales que necesitará una población envejecida.

Esto resulta incluso más evidente cuando se consideran las previsiones del número de personas en edad laboral, entre 19 y 65 años, al compararlas con las personas dependientes, debido a su juventud o a que se han jubilado.

La Unión Europea tiene tres personas en edad laboral por cada dos dependientes. Para el año 2060 se prevé que será casi una persona en edad laboral por cada persona dependiente de menos de 19 años o por encima de los 65.

Estados Unidos

Europa no está ni mucho menos sola en cuanto a baja fertilidad se refiere. En Estados Unidos la tasa de natalidad ha descendido en el periodo 2007-2009, según las estadísticas publicadas en el informe de datos del Centro de Control de Enfermedades (CDC).

De 2007 a 2009, los nacimientos han caído un 4% hasta los 4.131.019; y la cifra provisional de nacimientos a junio de 2010 indicaba que el descenso continuaba, añadía el informe.

La tasa de natalidad ha caído un 9% para las mujeres de entre 20 y 24 años, hasta llegar al índice más bajo registrado para este grupo de edad, y el 6% para las de entre 25 y 29. También hay caídas para las mujeres en la treintena.

Un rasgo significativo de la información era que la tasa de fertilidad cayó entre las mujeres hispanas más que entre otros grupos de población. Mientras que la fertilidad caía en todos los grupos raciales y étnicos, entre las mujeres hispanas esta descendió en un 9%.

El Population Reference Bureau (PRB), una organización privada de Estados Unidos, publicaba hace poco datos que arrojaban más luz sobre las cifras de población.

Según estos datos, el número de bebés nacidos en Estados Unidos en 2009 bajó un 2,3%, y la cifra sigue descendiendo.

Esto significa que la media de nacimientos por mujer en el 2009 fue de 2,01, el número más bajo desde 1998. Con el descenso de nacimientos el índice de fertilidad total en Estados Unidos está por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 nacimientos por mujer.

Otro rasgo que resaltaba era que, por primera vez en muchos años, el índice de nacimientos entre las mujeres solteras había disminuido. No obstante, los nacimientos entre mujeres casadas habían descendido incluso más, lo que daba como resultado que el 41% de todos los nacimientos en Estados Unidos fuera de mujeres solteras, la cifra más alta hasta la fecha.

El Bureau aventuraba que este último descenso se debía a la actual crisis económica, lo que difería del informe del CDC, que señalaba que los datos de nacimientos por sí solo no son suficientes para sacar conclusiones sobre las razones del declive del índice de fertilidad.

Aún así, el PRB observaba, tanto en la Gran Depresión de los años treinta como en los difíciles momentos económicos de los setenta que siguieron a la “crisis del petróleo” hubo también periodos de baja fertilidad en Estados Unidos.

La cuestión es, insistía el PRB, si la fertilidad volverá cuando la economía mejore o estos bajos índices se convertirán en norma, como en el caso de Europa y Canadá.

Costoso

En Canadá la baja fertilidad ha sido norma durante mucho tiempo y, como apuntaba un artículo el 2 de abril en el periódico National Post, esto le ha costado caro al gobierno. Las últimas cifras presupuestarias calculan que el periodo 2010-11 a 2015-16 los gastos en prestaciones para los ancianos aumentarán un 30%.

Esta proyección de aumento anual estará muy por encima del crecimiento económico previsto para Canadá, observaba el artículo. De hecho, el texto citaba datos según los cuales el crecimiento económico puede caer hasta la mitad del nivel de las últimas décadas, debido al impacto de una población envejecida.

A pesar de los graves problemas causados por la baja fertilidad y el envejecimiento las Naciones Unidas siguen obsesionadas en su objetivo de reducir la fertilidad a toda costa. La 44 sesión de la Comisión de Población y Desarrollo se ha reunido la pasada semana, del 11 al 15 de abril en Nueva York.

El comunicado de prensa que anunciaba esta sesión ponía hincapié en la necesidad de ampliar la planificación familiar para reducir con rapidez la fertilidad en África y en Asia. En lugar de esto, quizá sería mejor considerar los graves problemas económicos que tal reducción causa en muchos países.

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